
Walter Robinson renunció como presidente ejecutivo de Japdeva y su renuncia se recibió con vítores y aplausos en el círculo de los más fervorosos enemigos del progreso de Limón: los dirigentes sindicales. Esta reacción representa un honor para él.
He aquí otro episodio de la tortuosa historia de esta institución pública, nacida con las mejores intenciones, pero que, atrapada por el clientelismo político, los dirigentes sindicales, las convenciones colecti- vas, la falta de autoridad de no pocas juntas directivas y los temores de diversos Gobiernos, no ha podido desarrollar la magnitud de su cometido. La extensión, contenido y sonoridad de su nombre: Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica ha sido inversamente proporcional a sus logros. ¿Cuánto nos ha costado Japdeva? Un uno y todos los ceros del mundo.
¿Pruebas? Una es suficiente: los frutos ubérrimos de la concesión portuaria en Caldera. Esta concesión ha desnudado a Japdeva, a Gobiernos, políticos, profesionales y, sobre todo, a los sindicalistas, que han mamado a doble carrillo en esta institución. Merecen reconocimiento los que, fuera o dentro de Japdeva, antes y ahora, se han afanado por su liberación y progreso. Sin embargo, las fuerzas que, dentro y fuera, se entrecruzan para neutralizarla y degradarla han sido tan poderosas que este noble propósito no ha cristalizado. Japdeva, como dijo un presidente ejecutivo, ha sido una piñata y un botín de logreros y mercaderes políticos.
¿Es que se requieren más pruebas que las ofrecidas por Caldera en solo 16 meses, en el orden económico y social, para bien de la economía nacional y provecho de Puntarenas? ¿Es que se necesita más prueba que el atraso portuario de nuestro país, ante el empuje e innovación de otros, en particular de Panamá? ¿Es que puede un país desenvolverse con visión y eficiencia, en el campo portuario, en el marco de la globalización, la férrea competencia y la apertura, con puertos anacrónicos y endebles?
Hay dos polarizaciones en Costa Rica: el 18% de los pobres y los demás, y los que luchan seriamente por el progreso del país y los otros, sindicalistas y políticos, expertos en esgrimir palabras mágicas, por sus efectos mediáticos, como privatización, Estado solidario, neoliberalismo y otras para atemorizar y chantajear. Limón ha sido una de las víctimas explotadas de esta alianza entre el oportunismo, el chantaje y la incapacidad de una minoría sindical y política, pese a disfrutar de oportunidades espléndidas, en su riqueza y en los proyectos propuestos en estos años, para salir de su letargo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario