viernes, 11 de abril de 2008

Estupidez posmoderna


Don Juan José Romero (La Nación, 5 de abril) , yo no me refería a gente como usted, que busca la excelencia académica. Yo pensaba en los vulgares y trasnochados pseudointelectuales posmodernos, que pululan como una infección en nuestros contextos universitarios, con ideas que van desde la negación de cualquier noción de verdad, hasta la de cualquier conocimiento. Pero, contradictoriamente, ya esta sentencia es una verdad. Un grupo de “doctos” que olvidan algo que usted apunta muy bien, o sea, la necesidad de dudar, como elemento fundamental de cualquier ciencia (Wissenschaft).

Plaga filosófica. Pseudointelectuales que reproducen como el perico el discurso de “la plaga filosófica” (Luis Camacho) llamada posmodernidad y que asumen tal paradigma como insuperable, atrincherándose tras el concepto de dialogía, creyendo que es posible reducir la realidad a un discurso esquizofrénico y esquizofrenizante. Pseudointelectuales que se amarran a la moda, creyendo que es simplemente una cuestión epistémica (concepto de Foucault) y sumidos en la ignorancia de no saber que, si tal concepto fuese correcto, en un periodo histórico coexisten varias y diferentes épistèmes .

Yo me refería a esas mafias “intelectuales” que colman la academia con un metalenguaje, que presenta como novedad la decadencia de la reflexión filosófica y la persistencia de un neocolonialismo europeo vestido de respeto a la différence , que, por un lado, nos discursea sobre la igualdad y, por el otro, nos viola con sus subsidios.

Terroristas del pensamiento que secuestran la academia para escudar sus flaquezas detrás del discurso de moda, sintiendo que “están en todas”. Terroristas sin consistencia intelectual que ayer fueron estructuralistas, luego postestructuralistas y mañana, tal vez, sean chamanes o algún otro tipo de charlatán. Ignorancia academizada que asume, en su diario quehacer, la moda como un criterio científico. Pseudointelectuales que verborrean sobre su pestilente diarrea dialógica, en seminarios, conferencias y otros mecanismos de colegitimación, citándose y adulándose mutuamente, en un rito que de científico no tiene nada.

Chamanes dogmáticos. Chamanes de una posmodernidad que reniega del pensamiento fuerte (Denken) que busca comprender y analizar la realidad. Chamanes que se cierran en el pensamiento débil (Meinen) de la doxa de una fenomenología ya superada, y que hoy predica el reino del significante. Chamanes que se presentan como científicos tras eufemismos disciplinarios como estudios poscoloniales o estudios culturales.

La estupidez posmoderna ha encontrado en nuestro país un buen suelo donde crecer; las condiciones eran idóneas, ya que, algunos “doctos” no lo son tanto. Solo san Francisco de los Palmares (un nuevo santo) podría sostener tal paradigma posmoderno. Cuídese, Don Juan José Romero, porque el fantasma posmoderno sabe que no existe diferencia entre ciencias sociales y ciencias naturales. Pronto podría ver este fantasma vestido de teoría novedosa.

Yo hablaba de algunos pseudo-intelectuales que amenazan a un estudiante, cuyo único pecado habría sido pensar diferente. No obstante, esta reacción era comprensible. De alguna manera, su fantasía se estaba cayendo. En el fondo, su fantasía siempre fue un puro cuento chino. Finalmente, Don Juan José, su frase “no me gustaría ser su profesor” podría contravenir su cientificidad, debido a que mi crítica es producto del dudar, de no aceptar como real el discurso academicista. Piénselo, su comentario podría tener vicios de represividad. Y recuerde la enseñanza psicoanalítica, lo que se reprime, enferma. Aunque, en lo básico, coincidimos.

Ahora, solo queda rezar así: “Padre nuestro que estás en el cielo, líbranos de la estupidez posmoderna, amén”.

Roy Alfaro

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