
Los Estados latinoamericanos, y en especial los surgidos a la luz del mítico disparate del socialismo del siglo XXI, se han caracterizado por una serie de políticas repletas de subsidios a los "menos favorecidos”, que surgen de la creencia en que la riqueza es un pastel que hay que dividir de mejor manera, pues históricamente, los ricos se han dejado la mejor tajada y los pobres apenas los sobros. Entonces, la pomada canaria es aplicar el código moral de Robbin Hood: robarle a los ricos para dárselo a los pobres, por medio del impuesto progresivo, que consiste en que "paguen más los que más tienen". Para los defensores de esta tesis, una vez que se disminuya la brecha social, todo será felicidad, legitimidad y paz social, volviendo al estado original donde no es necesario quitarle más a nadie. Ello porque, mágicamente, una vez que los "menos favorecidos" tuvieron dinero en sus manos, lo invirtieron, produjeron y aumentaron la riqueza "social".
Ya decía Milton Friedman que no hay nada peor que las buenas intenciones ni nada más eterno que los programas temporales. Puede que los paladines de la redistribución crean que obran bien al darle a aquellos que nada tienen para que en adelante vivan mejor. No obstante, no se dan cuenta del círculo vicioso que está implícito en esas políticas públicas: si se le quita a "A" porque es rico para darle a "B" que es pobre, entonces es obvio que, en la medida que esa cooptación sea constante, "B" se convertirá en rico y "A" en pobre, siendo necesario ahora quitarle a "B" para darle a "A" y así sucesivamente, siendo imposible que sean "medidas temporales". Además, no contemplan la simple y obvia posibilidad de que muchos de esos "menos favorecidos" no pondrían a trabajar los ingresos que adquieren, sino que los gastan en cosas que ellos desean.
Pero estas no son las únicas deficiencias del "razonamiento" redistributivo. Hay más: Mascaró Rotgers señala que crear condiciones especiales en favor de un grupo social en desventaja, llámese pobres, indígenas, discapacitados, dementes o carmelitas descalzas, genera grandes problemas, tanto a nivel económico como cultural, jurídico y político. Desde el punto de vista jurídico-político:
- Fomenta la evasión fiscal, pues los ricos pueden pagar mejores asesores fiscales, mejores contadores, mejores abogados, presionar a los políticos para cambiar las leyes, adquirir instrumentos para maquillar cuentas o, en el peor de los casos, sobornar a funcionarios.
- Si el rico es amigo del "político de turno", tiene mayores posibilidades de que esos recursos, que supuestamente iban dirigidos a beneficiar a los pobres, acaben financiando otro tipo de actividades: subsidios a la producción, contención de tasas bancarias, proyectos particulares cuya naturaleza es clientelista, etc. Basta con pensar ¿quién tiene más influencia para dirigir los recursos?
- Viola la estructura del Estado de Derecho, en tanto irrespeta los principios de igualdad ante la ley, y afecta los derechos de propiedad privada pues jurídicamente superpone a un grupo social y porque una serie de funcionarios estatales se autodesignan como los "elegidos" para decidir qué hacer con el dinero de otros
- Crea una estructura clientelista a nivel electoral, pues le deja claro a los ciudadanos que, si quieren "premios" deberán votar por el partido que más prebendas le otorgue. Ya no se da una competición sana entre organizaciones partidarias, sino que se compran los votos con recursos que no le pertenecen a los partidos, pues son fondos públicos.
- Genera un serio problema de ingobernabilidad y de legitimidad. Arbós y Giner han definido la gobernabilidad como “la cualidad propia de una comunidad política según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficientemente dentro de un espacio considerado legítimo por la ciudadanía, permitiendo el libre ejercicio de la voluntad política del poder mediante la obediencia”. Véase que se enfatiza en un espacio considerado como legítimo por la ciudadanía y la legitimidad, como Urcuyo lo explica, puede bifurcarse en dos: legitimidad de origen, que es la razón por la cual se obedece al poder, en tanto su naturaleza es aceptada por la ciudadanía, y legitimidad en ejercicio, que tiene que ver con la gestión gubernamental y con sus resultados, siendo estos los objetos de valoración directa por parte de los ciudadanos. Así las cosas, hablar de un espacio legítimo implica que las personas obedezcan porque el poder político no sólo es válido sino porque sus resultados son satisfactorios. Pero un Estado cuya acción sea la de cooptar la propiedad privada (en este caso el dinero de las personas) no puede ser considerado como legítimo.
- Provoca situaciones de violencia a lo interno: la gobernabilidad no sólo se puede ver afectada por la gente que ya no quiere seguir siendo víctima de exacciones monetarias del Estado, sino también por los mismos beneficiarios de las políticas distributivas o de discriminación positiva. Piénsese, por ejemplo, en los pobres: si se le da a los de la zona "X" porque viven en condiciones de miseria, entonces pueden suceder dos cosas: por un lado, que quienes deben soportar la carga fiscal que financia las políticas de discriminación positiva a favor de los pobres, muy probablemente comenzarán a ver con desprecio a estas personas por considerarlas parásitos; esto consecuentemente generará una ola de rechazo y violencia contra ellos. Por otro lado, la violencia se dará entre los distintos grupos beneficiarios pues comenzarán a competir ferozmente por ver cuál obtiene más prebendas del Estado, lo cual generará una lucha con resultados poco deseables.
Respecto a lo económico:
- El impuesto progresivo desincentiva la riqueza, toda vez que crea un sistema de incentivos y desincentivos, de forma tal que le dice al pobre que no se esfuerce sino que espere el premio y le dice al rico que no podrá disfrutar de toda la riqueza que produce, sino que una parte de ella irá a manos de gente que no ha aportado nada al proceso de su creación. En ese sentido, resulta útil introducir la Curva de Laffer, misma que explica que cuanto mayor sea la tasa impositiva menor es la recaudación, esto por dos razones: porque la gente busca evitar el pago o porque simplemente ya no tiene más riqueza para permitir la exacción. En ese sentido, o se evade o se desestimula la acumulación de capital
- Se destruye el tejido empresarial de una sociedad pues ¿quién va a querer trabajar y enriquecerse si sus recursos van a ser absorbidos por otros? El incentivo es más bien para no producir, innovar, crear ni asumir riesgos, sino para ser simplemente subordinados de alguien. Y ese alguien, en una sociedad sin empresarios, es el Estado, el cual se convierte en la única fuente de trabajo. Resulta lógico que una sociedad no puede progresar si todos los individuos que la componen trabajan para el mismo patrón, aunque sea ejerciendo diferentes labores, puesto que ese patrón, el Estado, no produce recursos como para pagarle a sus empleados. El dinero lo obtiene fundamentalmente de impuestos y sería un absurdo cobrar impuestos a sus propios empleados para luego devolvérselos en el siguiente pago.
En el plano moral, estas políticas:
- Generan un Estado que decide qué hacer con la propiedad de las personas. Es decir, ya no es quien produce el que determina hacia donde dirige sus recursos, sino que el aparato de compulsión y coerción distribuye lo creado y, de paso, se deja una comisión. Se trata entonces de un Estado que reparte la riqueza que no le pertenece y que no ha producido, de forma tal que utiliza a unas personas como medios para alcanzar ciertos fines.
- Crea una sociedad de ladrones: apuntaba Locke que "la gente no puede delegar en el Estado el poder de hacer algo que sería ilegal hacerlo por ellos mismos”. Si el robo está penalizado cuando lo comete un individuo, ¿por qué varía si lo comete una organización estatal? En tanto sea "legal" que se use un aparato como el Estado para robarle a algunas personas, entonces se estará fomentando una sociedad que avale el robo como un medio de obtener las cosas que necesita.
- Origina una sociedad de parásitos: con el código moral de Robbin Hood, si no se crean ladrones que usen la fuerza para obtener lo que desean, se crean parásitos que usen la necesidad como medio para obtener lo que desean. El argumento es sencillo: necesito, ergo, debo tener. Y en tanto exista una sociedad de ese tipo, resulta necesario que alguien produzca para los demás. Entonces no es ya el empresario el que explota a los trabajadores, como pregona la vulgata marxista, sino todo lo contrario: los trabajadores explotan al empresario, le succionan su riqueza, le destruyen su capacidad productiva.
Por las razones anteriores, cuando escuchamos a alguien decir que es necesario quitarle a unos para darle a otros, estamos en presencia de alguien que pide que los primeros sean animales de sacrificio en favor de los segundos. Una vez más Rand ilustra de manera extraordinaria esta idea: "el hombre que habla de sacrificio, habla de esclavos y amos. Y piensa ser el amo".
6 comentarios:
Srs. Alejandro Barrantes Requeno y Manuel Echeverría Echeverría:
En días recientes he tenido que soportar sus repetidas e injustificadas ofensas e insultos hacia mi persona, los cuales sólo reflejan su bajeza moral, su fanatismo, su intolerancia y su mediocridad.
Les advierto que de continuar con estos insultos tomaré las acciones judiciales corresopondientes.
Atte:
Jerry Espinoza Rivera.
Sr. Jerry Espinoza:
Como un individuo libre, ud puede hacer lo que desee. Vea que maravilloso resulta el valor de la libertad.
Sin embargo, nos interesa destacar su contradicción. Afirma que lo hemos insultado y ofendido, pero al mismo tiempo nos acusa de bajeza moral y nos llama fanáticos, intolerantes y mediocres. Todos esos calificativos son, evidentemente, insultos y ofensas injustificadas, mismas que nos facultan para también advertirle sobre la posibilidad que tenemos nosotros en ASOJOD, si lo consideramos oportuno y en el ejercicio de nuestra libertad, para tomar las acciones judiciales correspondientes.
Atte:
Alejandro Barrantes y Manuel Echeverría
Eto si es un verdadero tema polémico
Saludos
Quién se hubiera imaginado que un tema como el impuesto prograsivo desatara tantas pasiones...
Anónimo:
En efecto, el tema de los impuestos progresivos desata mucha discusión en tanto se enfrentan dos códigos morales: el del ser humano creador que quiere que lo dejen libre y que sólo trata con los demás por medio del intercambio de valor por valor, despreciando la riqueza no ganada y los bienes no adquiridos por su propio esfuerzo, frente al parásito que desea vivir a costa de los demás y que considera como virtuoso el sufrimiento y el sacrificio.
Alejandro
Uyyyyyyyyy Jerry tanto q critica a Bush y ahora el tambien esta amenazando. aSOJOD, ya no solo Ivan los amenaza, ahora tambien el compinche intelectual de el. Tengan cuidado, capaz que les hechan alguna maldicion socialista
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