El día de hoy, hemos visto con pesar y asombro un artículo del Ministro de Planificación, Roberto Gallardo, titulado "Mejor un debate informado", el cual nos parece un aberrante compendio de inconsistencias y cinismo.
Dice don Roberto que "don Jorge y sus compañeros libertarios se han opuesto fervorosamente al aumento de la carga tributaria, no es posible pagar mejores salarios en la administración pública". Primer horror: Gallardo pretende ahora trasladar la responsabilidad de los problemas financieros de la Administración Pública a quienes se oponen a más impuestos y no quiere ver (por ignorancia o mala fe) que la verdadera razón de ser de estos problemas radica en el mal manejo y la peor aún ejecución de fondos del sector público costarricense. De hecho, resulta curioso que don Roberto soslaye la información publicada hace poco tiempo donde se consigna que dicho sector cerró el primer cuatrimestre del 2008 con un superávit de ¢131.000 millones. Le preguntamos don Roberto: ¿para qué aprobar más impuestos si hay tanto dinero sobrando? Conociendo los constantes problemas de ejecución presupuestaria del sector público, ¿para qué quiere dotarlos de más fondos? El recurso de buscar chivos expiatorios para tratar de salvar el pellejo, nos parece, no sólo un recurso de política partidaria tradicional (¿dónde queda el cambio del UPC don Roberto?) sino una de las formas más bajas de evadir la responsabilidad y seriedad en la gestión política, nociones tan difundidas por los profesores de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica. ¿Qué pasó don Roberto? ¿Dónde quedaron aquellos tiempos?
Gallardo también argumenta que "cuando se quiera contar sobre todo con la experiencia y el conocimiento especializado, se deba acudir a consultores. Es lo mismo que hacen las empresas o instituciones que contratan a don Jorge como consultor, sin que haya nada ilegal o inmoral en ello". Segundo error: no confunda lo público con lo privado don Roberto: las empresas de las que ud habla, si son privadas, pueden contratar a cualquier consultor y pagarle lo que las partes acuerden sin que haya, como ud bien dice, nada ilegal ni inmoral. Pero le recordamos que lo mismo no aplica para el sector público: si en la empresa privada el dinero es de los accionistas, en el sector público el dinero pertenece a los pax tayers, en una dimensión temporal inmediata -cuando se trata de dinero proveniente de impuestos- o en una dimensión temporal de largo plazo -cuando se trata de préstamos, empréstitos, etc. que solicita el sector público, pero que deberán pagar los contribuyentes-.
En ese sentido, si el Gobierno quiere contar con la experiencia y el conocimiento especializado, eso está muy bien. Pero si lo quiere hacer por medio del pago de consultorías, debe hacerlo apegado no sólo a la legalidad formal, sino a los principios de racionalidad y proporcionalidad. Más especificamente, sabemos que cada gasto que haga el sector público debe ser fiscalizado y debe existir una rendición de cuentas. Por eso, le preguntamos don Roberto: ¿cuáles son los informes de rendición de cuentas sobre el uso de esos fondos? ¿Dónde están las justificaciones de cada uno de los gastos, los motivos y fines que dejan claro por qué y para qué eran necesarios esos fondos?
"Segundo, los fondos de cooperación internacional no se utilizan sin control, porque, para que los organismos donantes otorguen estas ayudas, se suscriben convenios en los que se establece claramente el destino que se le dará a esos recursos". Tercer error don Roberto: si bien estamos de acuerdo que existen estrategias de evaluación y seguimiento de ejecución de los proyectos financiados con recursos provenientes de la cooperación internacional, sabemos que no siempre eso es así. Si no, le recordamos el caso de Taiwán, que donó dinero para, aparentemente, la construcción de viviendas y se usó para otra cosa. ¿Y el principio de legalidad, don Roberto? ¿Y la fiscalización taiwanesa? ¿Y la responsabilidad ética y política de los encargados de administrar ese dinero? ¿Se usó ese dinero para lo que decía el convenio? Hasta donde sabemos, estos recursos taiwaneses entran en la categoría que ud denomina como "donación de dineros" a partir del pronunciamiento de la Procuraduría.
Puede o no haber un "uso solapado de fondos públicos al margen de la ley", pero esa no es la cuestión. El problema está en que hay que preguntarse si es necesario usar los fondos provenientes de cooperación internacional, especialmente los que son producto de préstamos, habiendo dinero de sobra en el presupuesto nacional (superávit). Asimismo, cabe preguntarse si muchas de las consultorías pagadas, no ahora, sino a lo largo de muchos años, se justifican. ¿Necesita de verdad el gobierno a tantos profesionales para diseñar políticas públicas que pocas veces abandonan el papel y se materializan? ¿Necesita tantos profesionales para implementar una política pública que, puede variar y en efecto, muchas veces lo hace, por criterios político-partidarios? ¿Necesita el gobierno profesionales en evaluación de políticas públicas cuyos informes son (y lo decimos por conocimiento de casos particulares) archivados y olvidados, sin que haya procesos de responsabilidad civil, penal o admistrativa contra funcionarios que incumplieron sus labores?
Don Roberto, ud sabe que uno de los fundadores de ASOJOD fue su alumno y que siempre ha discrepado con sus posiciones. Pero si en algo siempre coincidió con ud era en la ética dentro de la política y en la búsqueda de las soluciones reales a los problemas. Por favor, no decepcione a aquellos que creemos en la Ciencia Política y en la ética con una defensa a ultranza de algo que sabemos no es correcto.
Dice don Roberto que "don Jorge y sus compañeros libertarios se han opuesto fervorosamente al aumento de la carga tributaria, no es posible pagar mejores salarios en la administración pública". Primer horror: Gallardo pretende ahora trasladar la responsabilidad de los problemas financieros de la Administración Pública a quienes se oponen a más impuestos y no quiere ver (por ignorancia o mala fe) que la verdadera razón de ser de estos problemas radica en el mal manejo y la peor aún ejecución de fondos del sector público costarricense. De hecho, resulta curioso que don Roberto soslaye la información publicada hace poco tiempo donde se consigna que dicho sector cerró el primer cuatrimestre del 2008 con un superávit de ¢131.000 millones. Le preguntamos don Roberto: ¿para qué aprobar más impuestos si hay tanto dinero sobrando? Conociendo los constantes problemas de ejecución presupuestaria del sector público, ¿para qué quiere dotarlos de más fondos? El recurso de buscar chivos expiatorios para tratar de salvar el pellejo, nos parece, no sólo un recurso de política partidaria tradicional (¿dónde queda el cambio del UPC don Roberto?) sino una de las formas más bajas de evadir la responsabilidad y seriedad en la gestión política, nociones tan difundidas por los profesores de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica. ¿Qué pasó don Roberto? ¿Dónde quedaron aquellos tiempos?
Gallardo también argumenta que "cuando se quiera contar sobre todo con la experiencia y el conocimiento especializado, se deba acudir a consultores. Es lo mismo que hacen las empresas o instituciones que contratan a don Jorge como consultor, sin que haya nada ilegal o inmoral en ello". Segundo error: no confunda lo público con lo privado don Roberto: las empresas de las que ud habla, si son privadas, pueden contratar a cualquier consultor y pagarle lo que las partes acuerden sin que haya, como ud bien dice, nada ilegal ni inmoral. Pero le recordamos que lo mismo no aplica para el sector público: si en la empresa privada el dinero es de los accionistas, en el sector público el dinero pertenece a los pax tayers, en una dimensión temporal inmediata -cuando se trata de dinero proveniente de impuestos- o en una dimensión temporal de largo plazo -cuando se trata de préstamos, empréstitos, etc. que solicita el sector público, pero que deberán pagar los contribuyentes-.
En ese sentido, si el Gobierno quiere contar con la experiencia y el conocimiento especializado, eso está muy bien. Pero si lo quiere hacer por medio del pago de consultorías, debe hacerlo apegado no sólo a la legalidad formal, sino a los principios de racionalidad y proporcionalidad. Más especificamente, sabemos que cada gasto que haga el sector público debe ser fiscalizado y debe existir una rendición de cuentas. Por eso, le preguntamos don Roberto: ¿cuáles son los informes de rendición de cuentas sobre el uso de esos fondos? ¿Dónde están las justificaciones de cada uno de los gastos, los motivos y fines que dejan claro por qué y para qué eran necesarios esos fondos?
"Segundo, los fondos de cooperación internacional no se utilizan sin control, porque, para que los organismos donantes otorguen estas ayudas, se suscriben convenios en los que se establece claramente el destino que se le dará a esos recursos". Tercer error don Roberto: si bien estamos de acuerdo que existen estrategias de evaluación y seguimiento de ejecución de los proyectos financiados con recursos provenientes de la cooperación internacional, sabemos que no siempre eso es así. Si no, le recordamos el caso de Taiwán, que donó dinero para, aparentemente, la construcción de viviendas y se usó para otra cosa. ¿Y el principio de legalidad, don Roberto? ¿Y la fiscalización taiwanesa? ¿Y la responsabilidad ética y política de los encargados de administrar ese dinero? ¿Se usó ese dinero para lo que decía el convenio? Hasta donde sabemos, estos recursos taiwaneses entran en la categoría que ud denomina como "donación de dineros" a partir del pronunciamiento de la Procuraduría.
Puede o no haber un "uso solapado de fondos públicos al margen de la ley", pero esa no es la cuestión. El problema está en que hay que preguntarse si es necesario usar los fondos provenientes de cooperación internacional, especialmente los que son producto de préstamos, habiendo dinero de sobra en el presupuesto nacional (superávit). Asimismo, cabe preguntarse si muchas de las consultorías pagadas, no ahora, sino a lo largo de muchos años, se justifican. ¿Necesita de verdad el gobierno a tantos profesionales para diseñar políticas públicas que pocas veces abandonan el papel y se materializan? ¿Necesita tantos profesionales para implementar una política pública que, puede variar y en efecto, muchas veces lo hace, por criterios político-partidarios? ¿Necesita el gobierno profesionales en evaluación de políticas públicas cuyos informes son (y lo decimos por conocimiento de casos particulares) archivados y olvidados, sin que haya procesos de responsabilidad civil, penal o admistrativa contra funcionarios que incumplieron sus labores?
Don Roberto, ud sabe que uno de los fundadores de ASOJOD fue su alumno y que siempre ha discrepado con sus posiciones. Pero si en algo siempre coincidió con ud era en la ética dentro de la política y en la búsqueda de las soluciones reales a los problemas. Por favor, no decepcione a aquellos que creemos en la Ciencia Política y en la ética con una defensa a ultranza de algo que sabemos no es correcto.
3 comentarios:
que barbaro este gallardo!!! ¿Asi o más arista?
Una de las cosas que siempre he tratado de enseñarles a mis alumnos es el rigor. Se puede decir lo que sea, siempre que se haga a partir de hechos probados y no de lo que oímos en la calle o nos dicen los amigos que piensan igual. Para rebatir argumentos lo mejor es mantenerse dentro de lo que sabemos, y no entrar en una discusión pretendiendo que la valoración subjetiva de los argumentos puede ser más importante que la ineludible necesidad de contar con toda la información necesaria para emitir una opinión.
Un amigo me contó sobre esta carta y decidí, dado que este es un lugar que tiene pretensiones de seriedad, echarle una ojeada. Lo que me encontré, aparte de un cuestionamiento moral que no viene al caso y que no les acepto, es una colección de afirmaciones demasiado atrevidas para el escaso conocimiento que exhiben sobre la materia. Trataré de referirme a las que considero más gruesas, en el entendido que ideológicamente estamos separados por abismos insuperables.
Sobre la necesidad de aumentar la carga tributaria en el país ni siquiera voy a entrar a valorar los argumentos presentados. Solo un puñado de personas en Costa Rica no cree en que sea necesario aumentar impuestos, sobre todo a los que más tienen. Y esto no es política tradicional ni se trata de un dilema moral, es una discusión técnica y política que tiene referentes en todo el mundo desarrollado.
Dice la carta: “Gallardo también argumenta que "cuando se quiera contar sobre todo con la experiencia y el conocimiento especializado, se deba acudir a consultores. Es lo mismo que hacen las empresas o instituciones que contratan a don Jorge como consultor, sin que haya nada ilegal o inmoral en ello". Segundo error: no confunda lo público con lo privado don Roberto: las empresas de las que ud habla, si son privadas, pueden contratar a cualquier consultor y pagarle lo que las partes acuerden sin que haya, como ud bien dice, nada ilegal ni inmoral.”
El ejemplo era para ilustrar el punto de la necesidad de contar con el conocimiento especializado. Por supuesto que los ámbitos públicos y privados son diferentes, el tema es que las instituciones públicas deberían tener la misma posibilidad de contratar la experiencia y el conocimiento especializado cuando lo necesiten. Para eso son los convenios de cooperación técnica no reembolsable, para dotar a los gobiernos de recursos para, en lenguaje que entenderán claramente en este blog, acudir al mercado y contratar a precios de este. Porque, finalmente, el Estado no puede pagar los honorarios de estos profesionales.
Agrega el anónimo autor en otro lado: “en ese sentido, si el Gobierno quiere contar con la experiencia y el conocimiento especializado, eso está muy bien. Pero si lo quiere hacer por medio del pago de consultorías, debe hacerlo apegado no sólo a la legalidad formal, sino a los principios de racionalidad y proporcionalidad. Más especificamente, sabemos que cada gasto que haga el sector público debe ser fiscalizado y debe existir una rendición de cuentas. Por eso, le preguntamos don Roberto: ¿cuáles son los informes de rendición de cuentas sobre el uso de esos fondos? ¿Dónde están las justificaciones de cada uno de los gastos, los motivos y fines que dejan claro por qué y para qué eran necesarios esos fondos?”
Primero que nada, ni los fondos del BCIE ni los fondos taiwanesas son públicos, como lo explicaré más adelante; segundo, las respuestas a sus preguntas se encuentran en los convenios que se suscriben para establecer los proyectos de cooperación. Ahí se especifica cuales son las condiciones para el pago de los honorarios (normalmente informes escritos o el desarrollo de ciertas actividades) y se explican las razones por las cuales se solicitan los recursos, es decir, cuáles son las necesidades que se quieren atender. Los donantes valoran esos requerimientos y otorgan o no la ayuda. Así de simple. Pero claro, quien no sabe es como quien no ve.
Y aun hay mas: "tercer error don Roberto: si bien estamos de acuerdo que existen estrategias de evaluación y seguimiento de ejecución de los proyectos financiados con recursos provenientes de la cooperación internacional, sabemos que no siempre eso es así. Si no, le recordamos el caso de Taiwán, que donó dinero para, aparentemente, la construcción de viviendas y se usó para otra cosa. ¿Y el principio de legalidad, don Roberto? ¿Y la fiscalización taiwanesa? ¿Y la responsabilidad ética y política de los encargados de administrar ese dinero? ¿Se usó ese dinero para lo que decía el convenio? Hasta donde sabemos, estos recursos taiwaneses entran en la categoría que ud denomina como "donación de dineros" a partir del pronunciamiento de la Procuraduría.”
Rigor, muchachos, rigor. No es posible que lleguen a conclusiones tan audaces si “aparentemente” Taiwan donó los recursos para construir viviendas, y si “hasta donde sabemos” esos recursos son donación de dineros. Mejor haberse tomado el tiempo de verificar antes de afirmar ciertas cosas. Les doy algunas pistas: lean el proyecto de cooperación aprobado en el caso de Taiwan y ahí encontrarán, sin ninguna duda, los componentes que se ejecutaron. Nada se gastó en algo que no estuviera determinado en el convenio. Ahora bien ¿sabían ustedes que los taiwanesas fueron quienes solicitaron que se estableciera un fideicomiso para la administración de estos fondos? Precisamente porque ese país, socio extrarregional del banco, podía ejercer dentro de la institución la fiscalización que a ustedes tanto les preocupa. ¿De dónde creen que salió la información sobre estos recursos?
Respecto a la naturaleza pública de los fondos fue la Contraloría, en respuesta a una solicitud hecha por el Ministerio de Vivienda, la que denominó estos recursos como no sujetos a la fiscalización pública, por la simple y sencilla razón de que NUNCA ingresaron en las arcas del Estado, cosa que me imagino que es positivo desde la perspectiva ideológica de los responsables de este blog. El pronunciamiento de la Procuraduría es para un caso específico en que los recursos SÍ entraron en el erario público. ¿Notan la diferencia?
“Puede o no haber un "uso solapado de fondos públicos al margen de la ley", pero esa no es la cuestión. El problema está en que hay que preguntarse si es necesario usar los fondos provenientes de cooperación internacional, especialmente los que son producto de préstamos, habiendo dinero de sobra en el presupuesto nacional (superávit).”
¡Claro que es necesario! En países como Costa Rica el dilema económico fundamental de recursos limitados y necesidades ilimitadas es una realidad cotidiana. Tengan la seguridad de que el superávit, producto de una gestión fiscal responsable, será utilizado para atender alguna de esas necesidades. Y los recursos de la cooperación internacional, sobre todo los préstamos, serán utilizados para atender otras necesidades, incluida la de contratar profesionales que colaboren con la gestión pública.
“Asimismo, cabe preguntarse si muchas de las consultorías pagadas, no ahora, sino a lo largo de muchos años, se justifican. ¿Necesita de verdad el gobierno a tantos profesionales para diseñar políticas públicas que pocas veces abandonan el papel y se materializan? ¿Necesita tantos profesionales para implementar una política pública que, puede variar y en efecto, muchas veces lo hace, por criterios político-partidarios? ¿Necesita el gobierno profesionales en evaluación de políticas públicas cuyos informes son (y lo decimos por conocimiento de casos particulares) archivados y olvidados, sin que haya procesos de responsabilidad civil, penal o admistrativa contra funcionarios que incumplieron sus labores?”
Finalmente esas son las preguntas realmente relevantes. Pero no hay nada ético ni moral en este debate. Ideológico y político sin duda. Pero confundir lo ámbitos no nos llevará a nada.
“Don Roberto, ud sabe que uno de los fundadores de ASOJOD fue su alumno y que siempre ha discrepado con sus posiciones. Pero si en algo siempre coincidió con ud era en la ética dentro de la política y en la búsqueda de las soluciones reales a los problemas. Por favor, no decepcione a aquellos que creemos en la Ciencia Política y en la ética con una defensa a ultranza de algo que sabemos no es correcto.”
No he cambiado mi manera de pensar ni de comportarme. No será un blog anónimo el que cuestione mi conducta ética, mucho menos a partir de premisas tan poco informadas. Creer en la Ciencia Política y en la ética es también ser riguroso y no emitir criterios poco sustentados, estando la información a la mano. Estoy seguro que Alejandro Barrantes, mi exalumno que ustedes mencionan, coincidirá conmigo.
Don Roberto:
Lamento desilucionarlo en varios aspectos.
En primer lugar, este NO es un blog anónimo. Tiene los nombres de sus responsables en un lugar totalmente visible (espacio denominado ¿quiénes somos?): Alejandro Barrantes Requeno y Manuel Echeverría Echeverría.
Segundo, cada artículo publicado en ASOJOD tiene el nombre de su autor. Si no lo tiene, es porque es escrito como editorial del blog, razón por la cual los responsables somos Manuel o yo.
Como ud bien sabrá, siempre me he caracterizado por decir las cosas de frente, le guste o no a la gente. No me escondo en el anonimato para lanzar la piedra, sino que cada persona apedreada puede ver mi rostro. Voy de frente, por lo que no acepto esas acusaciones suyas.
En tercer lugar, lamento decirle que yo, su ex alumno, no coincido con ud en este caso. Si bien estamos de acuerdo que la Ciencia Política implica no sólo ética, sino rigurosidad científica, no puedo estar de acuerdo con ud en cuanto al contenido de su comentario, por varias razones:
a) "Sólo un puñado de personas en Costa Rica no cree en que sea necesario aumentar impuestos". Cierto, somos pocos pero con buenos argumentos: desde el punto de vista técnico porque, parafraseando a Locke, no permitimos que lo que se le prohibe al individuo (robar) sea válido para el Estado. El impuesto es una coacción, una exacción basada en un código moral negasto: el brillantemente denominado por Rando como altruista.
Desde el punto de vista técnico y especialmente politológico, no es necesario aumentar impuestos cuando es harto conocida la incapacidad de ejecución del Estado costarricense. Al respecto, lo invito a revisar una moción preparada por mi persona en el despacho del Dip. Mario Quirós donde demuestro que en la liquidación presupuestaria del 2006, más de 3.000 millones de colones se gastaron en nimiedades y cuyas partidas no eran lo suficientemente claras. Asimismo, lo invito a revisar mi TCU, llevado a cabo en la Contraloría General de la República, donde demuestro el enorme desperdicio de recursos en la estructura paralela del sector social durante la Administración Rodríguez Echeverría, así como el documento elaborado por mi compañero Paulo Hidalgo, sobre el mismo tema pero durante la Administración Pacheco de la Espriella.
b) A partir de información de acceso público que pudimos obtener, logramos concluir que el manejo de fondos de muchas de esas consultorías ha sido desastrozo. Dinero cuyo destino está especificado en un documento determinado, es desviado sin ningún problema. Tan es así que el mismo exMinistro Zumbado aceptó en la Comisión Legislativa en que compareció que desvió dinero taiwanés sin avisar al presidente para "no molestarlo".
c) Estamos al fin de acuerdo en algo: hay buenos profesionales que no trabajan directamente con el Estado pero que se les puede contratar por medio de consultorías. Ud bien sabe que yo estoy de acuerdo con las consultorías, máxime que es, quizá, la principal fuente de empleo de los politólogos. Pero en lo que no estoy de acuerdo es en que 1) se contrate convenientemente a una serie de profesionales con vinculaciones partidistas, 2) se contrate a profesionales con quienes pueda existir un nexo -formal o informal- con el Gobierno (en el sentido de conflicto de intereses) y 3) se contrate gente para programas que ni tienen pies ni cabeza y que no van a producir resultados efectivos en gestión pública, mucho menos si la evaluación es deficiente (respecto al temor de evaluación, debo confesar que nos fue inculcado por muchos profesores de la carrera, por lo que pareciera ser que yo NO soy el único "paranoico" en la materia).
d) La catalogación como fondos públicos a la que ud hace mención no rebasa el sentido formal-legal. Es cierto que es la CGR la que determina, en función de su ley orgánica, sobre cuáles recursos ejerce sus competencias de fiscalización. No obstante, la denominación como recurso público hecha en este artículo va más allá de esa concepción formalista y legalista para retrotraerse a los orígenes de los pagos compensatorios. Si el dinero es producto de un préstamo o cualquier figura fiduciaria que implique un reembolso, es claro que alguien va a tener que pagar los millones. ¿Quién va a ser? Evidentemente, don Roberto, seremos los ciudadanos, de una u otra manera. Si el dinero es resultado de una donación, que como tal no implica reembolso, es cierto que los ciudadanos no tendremos que pagarlo directamente, pero sí indirectamente. ¿Cómo? Pues bien, al perder Costa Rica el buen nombre como destino de fondos de cooperación, las personas van a tener menos oportunidades de ser beneficiadas por dineros de la cooperación internacional.
e) Concuerdo en lo de recursos limitados pero no así necesidades ilimitadas. Me parece que esa consideración suya abre muchas puertas que, luego, no podremos cerrar. ¿Cuáles son esas necesidades? Yo no veo necesarias muchas de ellas; es más, las veo absolutamente prescindibles (salvo infraestructura y seguridad).
Sigo insistiendo en racionalidad fiscal: es necesario reducir el enorme gasto público (deshacerse de varias instituciones no quedaría nada mal) y usar esos recursos para necesidades objetivas. El problema está en que los partidos políticos han prometido regalos y ahora nos trasladan a los tax payers la obligación de cumplirlos.
f) Claro que hay todo un contenido ético y moral en este tema. Por favor, don Roberto, no lo soslaye de esa manera. Acá no estamos discutiendo sólo cosas ideológicas y "políticas". COmo ud bien sabe, la política está, indudablemente, ligada a la ética, como bien había demostrado Weber en su texto "el científico y el político". Obviar la ética dentro de la política es lo que ha provocado las más aberrantes experiencias fácticas en la historia política de la humanidad.
Se trata aquí de honestidad, no sólo en el manejo de recursos sino en la gestión pública. Se trata aquí de legitimidad en ejercicio, como bien lo llama Urcuyo, donde hay una valoración directa de la ciudadanía acerca de la acción gubernamental y una consideración de validez dentro de la esfera de actuación pública que está indefectiblemente ligada a la noción de gobernabilidad.
Le recuerdo la definición de este concepto aportada por Arbós y Giner: "la cualidad propia de una comunidad política según la cual las instituciones de gobierno actuán eficazmente dentro de un espacio considerado como legítimo por la ciudadanía, permitiendo así el libre ejercicio de la voluntad política del Gobierno mediante la obediencia cívica del pueblo".
Note, don Roberto, que al perderse la legitimidad sobre la actuación en ese espacio del que hablan los autores, se pierde también el incentivo a obedecer y brotan las manifestaciones de desobediencia. ¿No le preocupa que estemos llegando, poco a poco, a ese punto?
Las teorías de la desobediencia civil (Walzer, Klymlicka, Rawls y otros) no surgieron en vano.
Alejandro Barrantes Requeno
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