jueves, 27 de noviembre de 2008

Gobierno y corrupción


Todos lamentamos la corrupción, pero ella siempre crece a la par de la intervención del gobierno en la vida de la gente. Las autoridades nacionales e internacionales lamentan y prohíben la corrupción, pero sigue campante en todas partes porque no aciertan sobre su causa principal.

Inclusive en los países sajones, donde es menor, la corrupción está aumentando en la medida que los gobiernos intervienen más en asuntos económicos. Es un hecho histórico que en los países socialistas, donde esa intromisión gubernamental es mucho mayor, la corrupción abarca las más altas esferas del gobierno.

La causas principales de la corrupción tienen que ver con la autoridad discrecional del funcionario, la intromisión del gobierno en asuntos privados, la excesiva reglamentación y la necesidad de pedir permiso para llevar a cabo actividades lícitas y pacíficas, como el simple hecho de abrir una tienda.

Hay dos formas de control y de organización social. Una es cuando los ciudadanos pueden hacer sólo lo que es previamente aprobado por funcionarios, requiriéndose un permiso. La otra es cuando los ciudadanos son libres de llevar a cabo cualquier actividad lícita, con el único límite de respetar el derecho ajeno y sujeto a certero castigo por violarlo. En este caso no se necesita permiso alguno de funcionarios y, en consecuencia, no hay que corromper a nadie. La realidad es simple: donde hay ocasión de corromper, surge la corrupción y donde no hay ocasión de corromper, no hay corrupción.

Se pueden promulgar cientos de leyes y reglamentos para prohibir la corrupción, pero como sucede actualmente en China y en muchos países latinoamericanos, la corrupción envuelve al poder judicial y a los fiscales, cuando la ambición o el mero deseo de sobrevivir requieren una solución expedita a complicados trámites y permisos.

En Guatemala se estableció en el Código Penal el delito de cohecho, donde se castiga a quien da una compensación ilegal y también a quien la recibe. Pero eso no disminuyó la corrupción, sino que la aumentó, porque no es posible ponerle una trampa al corrupto, ya que para comprobar corrupción es necesario que ocurra y, entonces, se castiga a quien pone la trampa.

Si no hay a quién corromper, no habrá corrupción. Por más lamentos y gimnasia legal, en una sociedad que vive bajo permisos habrá más corrupción que en una en que se vive bajo derecho. Mientras más burócratas con poder haya, más corrupción habrá, inclusive entre funcionarios y fiscalizadores. Por eso, la economía dirigida y el socialismo son inherentemente corruptores.

Manuel Ayau

No hay comentarios.: