
Este día en ASOJOD quisiéramos referirnos a un tema de mayor importancia para analizar el nivel cultural que tienen en promedio los ciudadanos de un país: este es el de alfabetismo científico.
Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.
Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.
Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:
“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).
Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.
Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.
Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.
Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:
“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).
Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).
Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.
1 comentario:
ciencia sin tecnologia = tiempo perdido
tecnologia sin ciencia = peligro
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