
Decía Richard Lamm que "La navidad es una época en que los niños le piden a Papá Noel lo que quieren y los adultos pagan por ello. El déficit del Estado es cuando los adultos le piden al gobierno lo que quieren y los niños pagan por ello".
Esta atinada frase refleja muy bien la realidad que vivimos los costarricenses. La reciente aprobación del Presupuesto de la República -financiado en un 45% con deuda- nos tiene que poner a reflexionar seriamente acerca de lo que se vendrá. Ya el Gobierno avisó que propondrá un nuevo paquetazo de impuestos para "arreglar" las finanzas. Inclusive, uno de esos impuestos ya avanza en el trámite legislativo, como lo es el impuesto a las personas jurídicas, y el otro -aumento del impuesto de ventas- está listo para ingresar.
Con la intención de dotar de recursos a la seguridad ciudadana -una de las promesas de campaña de doña Laura Chinchilla- y con la excusa de que las sociedades anónimas inactivas se utilizan para la evasión fiscal, el Gobierno pretende cazar a todo aquel que tenga una, cobrándole $200 anuales. Y como no es capaz de cobrar lo que ya existe -la evasión fiscal en nuestro país ronda el 70%- ni de revisar adecuadamente la contabilidad de los evasores, el Leviatán decidió, salomónicamente, castigar a todos cobrándoles más. A eso hay que agregarle que el "impuesto estrella" de la Administración Chinchilla Miranda será elevar del 13% al 15% el impuesto sobre las ventas, para tener más recursos y así financiar sus demás ocurrencias. O sea, castigar a los ciudadanos aumentándole los costos de ir al dentista, al peluquero, al mecánico, al abogado, al contador, etc.
De lo anterior se concluye que todos los subsidios, las becas de Avancemos, de las pensiones del Régimen No Contributivo, de los bonos de vivienda, el aumento del empleo público (3 de cada 4 empleos creados en los años 2008 y 2009 fueron estatales) y el elevadísimo gasto público de los últimos años, sintetizado en la burda y llana aplicación de los postulados keynesianos, nos pasarán la factura. Lo que los adultos pidieron, como decía Lamm, lo tendremos que pagar nosotros: los nuevos profesionales que apenas estamos empezando a ganar nuestro sueldo y nuestros futuros hijos, a los que sin duda les tocará cargar con el pesado fardo de la deuda.
A propósito de esto, vale destacar una pequeña curiosidad: desde hace días viene sonando en la radio un campaña ambientalista donde una voz indica que de no cuidad el medio ambiente, en el futuro nuestros hijos preguntarán en qué estábamos pensando entonces. Pues bien, lamentablemente a nadie se le ha ocurrido hacer esa misma pregunta cuando el Gobierno nos quita más dinero para despilfarrarlo.
Ahora que estamos en tiempos navideños, donde muchos gastan todos sus ahorros y su aguinaldo en regalos, y luego tienen que afrontar la cuesta de enero con los bolsillos vacíos, es cuando debemos preguntarnos si el Estado no pasa todo el año en una Navidad, con la diferencia que nos pasa la factura a los tax payers.
Así como algunos propugnan por el "derecho de las futuras generaciones a tener un medio ambiente sano", ¿por qué no lo harán también por el "derecho de las futuras y actuales generaciones a no tener que pagar por una deuda que no desean"?
Esta atinada frase refleja muy bien la realidad que vivimos los costarricenses. La reciente aprobación del Presupuesto de la República -financiado en un 45% con deuda- nos tiene que poner a reflexionar seriamente acerca de lo que se vendrá. Ya el Gobierno avisó que propondrá un nuevo paquetazo de impuestos para "arreglar" las finanzas. Inclusive, uno de esos impuestos ya avanza en el trámite legislativo, como lo es el impuesto a las personas jurídicas, y el otro -aumento del impuesto de ventas- está listo para ingresar.
Con la intención de dotar de recursos a la seguridad ciudadana -una de las promesas de campaña de doña Laura Chinchilla- y con la excusa de que las sociedades anónimas inactivas se utilizan para la evasión fiscal, el Gobierno pretende cazar a todo aquel que tenga una, cobrándole $200 anuales. Y como no es capaz de cobrar lo que ya existe -la evasión fiscal en nuestro país ronda el 70%- ni de revisar adecuadamente la contabilidad de los evasores, el Leviatán decidió, salomónicamente, castigar a todos cobrándoles más. A eso hay que agregarle que el "impuesto estrella" de la Administración Chinchilla Miranda será elevar del 13% al 15% el impuesto sobre las ventas, para tener más recursos y así financiar sus demás ocurrencias. O sea, castigar a los ciudadanos aumentándole los costos de ir al dentista, al peluquero, al mecánico, al abogado, al contador, etc.
De lo anterior se concluye que todos los subsidios, las becas de Avancemos, de las pensiones del Régimen No Contributivo, de los bonos de vivienda, el aumento del empleo público (3 de cada 4 empleos creados en los años 2008 y 2009 fueron estatales) y el elevadísimo gasto público de los últimos años, sintetizado en la burda y llana aplicación de los postulados keynesianos, nos pasarán la factura. Lo que los adultos pidieron, como decía Lamm, lo tendremos que pagar nosotros: los nuevos profesionales que apenas estamos empezando a ganar nuestro sueldo y nuestros futuros hijos, a los que sin duda les tocará cargar con el pesado fardo de la deuda.
A propósito de esto, vale destacar una pequeña curiosidad: desde hace días viene sonando en la radio un campaña ambientalista donde una voz indica que de no cuidad el medio ambiente, en el futuro nuestros hijos preguntarán en qué estábamos pensando entonces. Pues bien, lamentablemente a nadie se le ha ocurrido hacer esa misma pregunta cuando el Gobierno nos quita más dinero para despilfarrarlo.
Ahora que estamos en tiempos navideños, donde muchos gastan todos sus ahorros y su aguinaldo en regalos, y luego tienen que afrontar la cuesta de enero con los bolsillos vacíos, es cuando debemos preguntarnos si el Estado no pasa todo el año en una Navidad, con la diferencia que nos pasa la factura a los tax payers.
Así como algunos propugnan por el "derecho de las futuras generaciones a tener un medio ambiente sano", ¿por qué no lo harán también por el "derecho de las futuras y actuales generaciones a no tener que pagar por una deuda que no desean"?
3 comentarios:
Esto no es un tema polemico chicos es una odioa y horrible realidad, yo creo que CR es la futura Grecia
Hola Cucho:
Gracias por su participación. A pesar que coincidimos en que es una odiosa y preocupante realidad, yo creo que sí es polémico porque pocas personas se han planteado las consecuencias del Estado de bienestar.
Por lo general, los costarricenses creen que el financiamiento es infinito y, por eso, ven con buenos ojos cada vez que se crea un programa para subsidiar, regalar o financiar.
De hecho, lo más alarmante, es que cuando uno hace el ejercicio con otras personas de preguntarles qué debería hacerse para reducir la pobreza, casi todos coinciden en que el Estado debe gastar dinero en programas sociales, sea para igualar las oportunidades o para igualar los resultados.
Esto quiere decir que, de una u otra forma, la gran mayoría de costarricenses tienen interiorizado el Estado de bienestar y sus políticas.
Sin embargo, lo que no se han puesto a pensar es que cada vez que piden más políticas asistencialistas, incrementan el problema del financiamiento y nos condenan a las generaciones futuras a tener menos recursos disponibles para consumir, producir, ahorrar e invertir.
Saludos
Alejandro
Alejandro, es correcto, todos creen que es como pedirle a papa noel, es mejor que me den el pez a que me enseñen a pescarlo.
Por cierto no habia vuelto a comentar porque la cricis me hizo cortar por un tiempo el internet y el estado no me lo regalo ;)
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