jueves, 20 de enero de 2011

Jumanji empresarial: ¿Solidaridad Tributaria?


El Poder Ejecutivo la "sacó del estadio", como se dice popularmente: en la presentación del paquetazo de impuestos el pasado lunes 17 de enero en la Asamblea Legislativa, el Ministro de Hacienda puso la fanfarria y develó el tan "secreto" proyecto diciendo cosas realmente irrisorias.

Primero, empezó con el típico gráfico de la carga tributaria en Costa Rica, el cual usan los charlatanes para decirnos que en el país no se paga nada comparado las naciones miembro de la OCDE. Pero nunca nos dicen que esos países tienen ingresos per cápita 5 o 10 veces mayores que los nuestros ni que los ciudadanos allá ganan en monedas estables y no en una moneda de "Gran Banco". Mucho menos nos dicen que Suecia, la meca socialdemócrata, ya no es el "paraíso" que ellos imaginan. En ASOJOD hemos señalado, en reiteradas ocasiones, que ese país hace rato inició un proceso de reforma para abandonar las ideas retrógradas basadas en altos impuestos y alto gasto público y, así, dar paso a un esquema donde exista más iniciativa privada, mayor respeto por la propiedad y menos intervención estatal.

Los suecos entendieron las cosas: hasta antes de 1950, la carga tributaria en ese país era de 22% y, curiosamente, cuando era más baja, esa nación registró el segundo crecimiento económico promedio más alto de Europa. Pero luego de ese año y hasta los noventa, en el apogeo del "modelo socialdemócrata" y con una carga tributaria del 56% del PIB, el crecimiento económico de ese país fue uno de los más lentos del continente. Por supuesto que una atrocidad así era insostenible y, fieles al adagio que dice "no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo soporte", los suecos comenzaron, a inicios de la década de los 90, una verdadera revolución que ha permitido que en muchos ámbitos surja una cultura de la libertad de escogencia.

Sin embargo, los idiotas criollos nunca aprenden de las desgracias ajenas y por eso ahora pretenden subirnos los impuestos a los costarricenses, creyendo que la "magia tica" hará que las cosas sean diferentes al resto de los países. Por alguna razón que aún no entendemos, el Gobierno costarricense cree que un incremento de los impuestos no hará que las empresas extranjeras piensen en irse a otro lugar, no provocará más pobreza, mejorará la competitividad y permitirá el tan ansiado desarrollo antes del 2021.

Esos charlatanes que creen que pagamos pocos impuestos jamás se han puesto a pensar que el frío no está en las cobijas. El Ministro Herrero apuntó que Costa Rica tiene uno de los déficits fiscales más grandes de América Latina, pero no señaló a los culpables: un gasto público desmedido, un irresponsable crecimiento del empleo público (3 de cada 4 empleos creados en 2009 fueron plazas para el Sector Público), un ineficiente sistema de recaudación que permite que la evasión llegue al 70%, un régimen clientelista de exoneraciones para favorecer a algunos amigos y un endeudamiento de altísima magnitud. En síntesis, nunca quiso decirle a los costarricenses que el gran responsable de ese déficit es el mismo Estado y, por supuesto, no va a hacer gran cosa por acabar con esto. Entre las medidas que propone el Gobierno para "reducir el crecimiento del déficit" se encuentran algunas cositas enfocados a evitar que el hueco se haga más grande, pero nunca a taparlo: no hay cierre de instituciones, venta de activos del Estado o eliminación de grandes gastos en esa propuesta.

Por el contrario, según él, aumentar los impuestos es la panacea: arguye que las medidas propuestas -básicamente subir el impuesto de ventas al 14%, gravar las ganancias y réditos de capital con un impuesto del 15%, incrementar el impuesto a los vehículos en 10% y casi duplicar el impuesto de los traspasos de bienes inmuebles- generarán recursos para tapar el hueco en las finanzas públicas y hará de nuestro país el paraíso económico. ¡Cuidado amigos lectores, que el mundo está patas arriba!

Lamentablemente, en ASOJOD no creemos en la "isla de la fantasía" que propone el Gobierno actual. Por el contrario, como siempre lo hemos dicho, repudiamos los impuestos por ser un robo institucionalizado, una forma por la que el Estado -sin merecerlo- le quita la riqueza a los individuos.

Pero además de nuestra crítica moral, queremos apuntar hacia las consecuencias no previstas de este paquetazo de impuestos y que, contrario a lo que piensa don Fernando Herrero, no mejorarán la competitividad del país. Los funcionarios de Gobierno no nos dicen que los costarricenses tendrán que pagar más por bienes y servicios, así como tributar por sus ahorros, muchas veces exigüos para resolver el embrollo en que nos han metido ellos, ni que la producción y el consumo se verán fuertemente afectados, perjudicando el dinamismo de la economía que, de por sí, luego de una época de recesión apenas está intentando recuperarse.

Para empezar el análisis, centrémonos en la afectación hacia la competitividad. Al aumentar el impuesto de ventas, los productos se encarecen porque cada insumo que se requiera para su elaboración, también tendrá un precio mayor. En sencillo, esto quiere decir que el azúcar, los colorantes, el agua, la electricidad, la maquinaria y demás cosas que requiere la empresa que produce refrescos serán más caras al subir el impuesto de ventas. ¿Quién pagará los platos rotos? Inicialmente, uno podría pensar que el consumidor de refrescos, pues es al que le van a trasladar esos costos. La respuesta es correcta pero el recuento de los daños no acaba ahí: el propio empresario es también consumidor de esos insumos que requiere para la producción, por lo que el aumento en el precio también le perjudicará. Esto hará su actividad menos competitiva, sea porque tendrá que subir los precios de su producto para mantener la ganancia o porque tendrá que recortar gastos. Y adivinen por dónde revienta la cuerda cuando hay que reducir costos: por los empleados.

Veamos con más detalle. Si el refresco se encarece, es muy probable que la gente consuma menos, reduciendo las ganancias del empresario. A eso hay que agregarle que el impuesto a las ganancias y réditos de capital contribuirá a que esas ganancias sean aún menores. Algunos considerarán que es positivo que el empresario pierda dinero pues, "de por sí tiene mucho", pero no se han detenido a pensar qué significa eso: si él pierde, perdemos todos.

Si aumenta el precio de todos los insumos, aumenta también el del producto final -el refresco-. Así, los consumidores tendremos que pagar más por adquirir lo que necesitamos o deseamos. Si no quiere incrementar el precio para no perder competitividad, el empresario tendrá que reducir costos y, normalmente, esto significa que despedirá trabajadores o innovará menos en tecnología, maquinaria, capacitación de su personal, incentivos por productividad, expansión, etc. Al final, también perderá competitividad.

Esas personas que perderán su empleo pasarán a engrosar las filas de la pobreza. Con un sinnúmero de empresarios en situaciones similares al del ejemplo, podemos imaginarnos que miles de familias perderán su fuente de ingresos. Eso se traduce en menos oportunidades de educación, salud, vestido, recreación, etc. es decir, en menos consumo. Si se consume menos en cada empresa en el país, el resultado es simplemente lo mismo del ejemplo pero con una magnitud mayor.

La gente no guarda su dinero debajo del colchón; por el contrario, la pone a trabajar y con eso, muchos ganan. Cuando se tiene riqueza, se puede ir a comer a restaurantes, se puede comprar más ropa, más equipos de cómputo; se puede viajar más y pagar mejores servicios. En otras palabras, se puede dinamizar la economía, permitiendo que otros adquieran riqueza, generando empleo y abriendo un sinfin de oportunidades.

Pero no, esos idiotas criollos que nos gobiernan pretenden reducir esos beneficios. Procuran quitarnos la riqueza, hacernos más pobres, menos competitivos; desean ahuyentar a los empresarios extranjeros y suprimir a los nacionales, acabar con las oportunidades para los jóvenes que hoy se preparan en las universidades, institutos, etc, cerrarle la puerta a los que quieren salir de la pobreza. Menuda "solidaridad tributaria" la que pretende Laura Chinchilla.

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