La semana pasada fue el evento organizado por ANFE y la Academia de Centroamérica respecto a la reforma fiscal. Parece que entre la gran variedad de criterios y matices que fueron expuestos, al menos dos conclusiones claras pueden extraerse:
a) Definitivamente es el gasto desmedido el que nos tiene metidos en este hoyo.
b) El presupuesto costarricense es un presupuesto rígido que no permite de forma discrecional hacer los verdaderos recortes estructurales de gasto que se refieren.
Precisamente el día de hoy queríamos enfocarnos en el segundo punto. Tenemos un tremendo problema en nuestras manos, un déficit que crece sin posibilidad de hacer verdaderos recortes en el gasto. Entre los problemas que se señalaron a este respecto durante el evento es que los incentivos en el sector estatal solo crecen y crecen independientemente del rendimiento de las instituciones o del estado de la economía nacional. Las anualidades son un excelente ejemplo de esta situación. Por otro lado, tenemos el famoso estatuto de servicio civil que vuelve imposible la sola idea de despedir a un funcionario público. Y por último, tampoco podemos olvidarnos de los continuos y odiosos privilegios de las convenciones colectivas, que nunca suelen estar sometidas al más mínimo criterio de racionalidad o sensatez.
Así, los síntomas no dejan duda alguna para el diagnóstico: tenemos que empezar a hablar seriamente de una reforma del estado. Ya no podemos seguir con estas “soluciones” cosméticas y coyunturales. Para empezar, los temas que tienen que estar en la palestra son: a) una verdadera ley de empleo público que ponga orden dentro de la administración y que de beneficios reales y plausibles a los trabajadores, esto es, ajustados a los rendimientos de las instituciones y a la productividad de cada uno de ellos y no al mero estar calentando la silla. b) Un debate profundo acerca de que funciones que debe realizar el Estado. c) En relación al punto anterior establecer que instituciones del Estado deben cerrarse y que activos pueden venderse. d) Una reactivación económica que permita obtener más recursos a la luz del crecimiento real de la economía. Para dicha reactivación se deben tomar en cuenta aspectos como la tramitología que asfixia al empresario, mejoramiento de infraestructura (con concesiones que si funcionen), y la solución definitiva a los problemas inflacionarios de este país que tanto dañen a los pobres. d) Por último, una reforma fiscal que contenga tres elementos que son claves: 1) la eliminación de todas las exoneraciones (zonas francas incluidas), como buenos liberales creemos en la igualdad ante la ley y no en los privilegios y no hay razón porque unos paguen más o menos impuestos que otros. 2) Unificar las tasas impositivas para eliminar las distorsiones que provocan. 3) Reducir las tasas impositivas, dado que la base se está ampliando no hay razón por la cual las tasas tengan que seguir al mismo nivel. Estos puntos son meramente ilustrativos, no taxativos. Pero, definitivamente son un punto necesario para empezar a trabajar una solución.
Aun estamos a tiempo para corregir este problema y darle una solución real y de largo plazo. Esperamos que no tenga que ocurrir un verdadero shock económico que nos despierte y nos obligue a plantearnos estos temas. Desgraciadamente, conociendo la cultura política de este país no se pueden esperar muy buenos augurios en este respecto.
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