Sin duda alguna, el evento político de la semana pasada fue la presentación del "Plan País" del escurridizo José María Figueres. De más está decir que el mismo generó las más diversas opiniones, favorables y desfavorables, pero nuestro interés no es centrarnos en su contenido ni intención, sino en la actitud del electorado respecto a la figura del exmandatario.
En primer lugar, cabe destacar un hecho lamentable acerca de la expectativa provocada por el "plan Figueres": el evidente mesianismo político que caracteriza a buena parte de los costarricenses, que siguen creyendo que con la venida cuasi milagrosa del caudillo, se resolverán los problemas. "Ahora sí hay norte", "ahora sí hay propuestas para combatir los problemas del país" habrán pensado los más incautos. Prensa, políticos, académicos y ciudadanos en general se comieron las uñas durante las semanas de espera que duró el mediático exPresidente, un genio -debemos reconocerlo- en las labores histriónicas, en las artes mediáticas para absorber y convencer, como ya lo había demostrado en aquella lacrimógena entrevista realizada por Ignacio Santos. En ese momento, entre sollozos y lamentos, todo se confabuló como para pensar que habían hecho una mancuerna para lograr el perdón y la lástima de los costarricenses. Y, por lo visto, parece que lo lograron, presunción confirmada por la encuesta publicada ayer por La Nación, en la que declara un empate técnico para la candidatura presidencial del PLN entre Arias, Araya y Figueres (a pesar de que éste ni siquiera se ha anunciado como precandidato).
En ASOJOD encontramos impresionante e increíble que buena parte del electorado se haya comido el cuento de Figueres o que, contrario a lo que inocentemente pensamos, sean votantes cínicos, sin pudor, vergüenza ni conciencia histórica, a los que no les importan las serias dudas que pesan sobre el accionar de Figueres en el trístemente célebre caso de ICE-Alcatel. Al menos, buena parte de los miembros del PUSC se alejaron de ese partido cuando dos de sus figuras fueron declaradas culpables por participar en actos de corrupción. Pero eso es mucho pedir para los liberacionistas, que llevan años justificando lo injustificable, defendiendo lo indefendible o guardando silencio ante los abrumadores hechos deleznables que recaen sobre los miembros de ese partido y, por los cuales, la Fiscalía no ha movido un solo dedo, como si lo ha hecho contra otras organizaciones políticas acusadas por hechos iguales o menos graves que los cometidos por algunos verdiblancos.
Quienes han estado esperando la venida del Mesías liberacionista, se comieron las uñas por el famoso "plan" que bajaba, cuales tablas de Moisés, con los mandamientos que deben seguir para alcanzar la felicidad y quienes están dando su apoyo a Figueres, sin siquiera cuestionarse los hechos que nublan sus aspiraciones y otros tantos que no han tenido tanta resonancia mediática pero que son igual de criticables, dejan mucho que desear y siembran de desesperanza el futuro político de Costa Rica. Esperemos que sean minoría y no puedan llegar al poder, pero si por la víspera se saca el día, las opciones en otras aceras no son moral ni políticamente muy diferentes.

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