En días recientes, en ocasión de la
presentación del presupuesto de la República para el próximo año, el
Ministro de Hacienda Ayales hizo pronunciamientos importantes que
merecen toda consideración. En primer lugar, se nota un esfuerzo por
reducir el crecimiento del gasto público, al menos el del gobierno
central. En segunda instancia, se deberá apoyar el esfuerzo
gubernamental de poner algún grado de orden en las remuneraciones de los
empleados públicos de la mayor parte del estado costarricense. Estas
dos son razones poderosas para mantener algún grado de optimismo de que
las cosas en el orden fiscal podrían ir por un camino mejor, a
diferencia de lo que hasta ahora ha sucedido con este gobierno. Pero, a
riesgo de que no gusten opiniones que divergen de la oficial, tal como
en cierto momento lo expresó el Ministro Ayales en el programa de doña
Amelia Rueda, quiero hacer mi comentario, en el contexto más general de
buscar efectivamente que se logre un ordenamiento de las finanzas
públicas del país.
El
paso dado del presupuesto enviado recientemente parece ser el
apropiado. Sin embargo, sigue siendo insuficiente para quitarnos de
encima el fardo de un presupuesto deficitario en alto grado. Debe
tenerse presente que la oposición política representada en la Asamblea
Legislativa ha sido altamente magnánima en el ámbito financiero con este
gobierno. No se si en privado, como a veces sucede, así se lo
agradecieron los funcionarios del actual gobierno. Pero, si al menos lo
hicieron en público, fue poquito lo que se habló de la enorme cantidad
de recursos obtenidos, que dispondrá el gobierno proveniente del
endeudamiento con el exterior, en que incurrirá el ciudadano
costarricense por la voluntad legislativa. En sencillo, me atrevo a
decir que el gobierno ya tiene, con ese endeudamiento externo, los
recursos requeridos para salir del apuro financiero, que de no existir
lo habría obligado a reducir significativamente el gasto público, a fin
de poder emparejar las cuentas fiscales.
Lo
expuesto significa que, con esa nueva circunstancia, han cambiado los
incentivos para que el gobierno ponga sus finanzas en orden. Esto hace
más meritorio el esfuerzo señalado del Ministro de Hacienda para reducir
el crecimiento previo tan abultado del gasto estatal, al menos en
aquella relativamente pequeña porción que del total significa el del
gobierno central.
Un
factor importante que juega en nuestra actualidad fiscal, y recordado
constantemente por el Ministro Ayales, es lo sucedido en muchas de las
economías europeas, a causa de un exceso de gasto gubernamental
destinado a suplir cuantas cosas se les puede ocurrir a los grupos de
presión. Estos esgrimen tener el derecho impostergable e indeclinable a
cualquier ocurrencia, sin pensar en que son las personas quienes deben
trabajar para conseguir lo que pueden desear obtener. Alegan que se
tiene un “derecho” sobre la más diversa gama de bienes y servicios y
privilegios, que de alguna manera debe ser satisfecho mediante la acción
pública; esto es, acudiendo al gasto público. Eso en mucho ha provocado
los enormes déficits fiscales de ciertas naciones de Europa. Ahora, al
tener que tomarse medidas para arreglar la grave situación, casi que el
costo es la defunción de sus economías. Salarios gubernamentales
desproporcionados y muy superiores a los que se pagan por labores
similares en la actividad privada; regímenes de pensiones a burócratas
totalmente desfinanciados, que ante el insuficiente aporte de sus
beneficiarios, últimamente son cargados sobre los presupuestos públicos;
pocas horas laborales y largas, muy largas, vacaciones para los
empleados públicos, son otros ejemplos del abuso. Pero también el gasto
público se utiliza en mantener monopolios estatales ineficientes o
empresas poco competitivas internacionalmente. Ni qué se diga de
ciertos tratamientos especiales en el sector bancario de esas naciones,
que ahora buscan que en el riesgo privado en que incurrieron y que
muchos les dio en su momento, sea ahora cargado tributariamente sobre
las espaldas de cada trabajador de sus países.
Los políticos de hoy se han podido dar cuenta del alto grado de culpa que en esa situación han tenido políticos anteriores. Políticos de todos los colores, pero, en verdad, principalmente de lo que conocemos como social-demócratas o socialistas europeos, quienes, proclives al gasto, ideológicamente se aferraron a aquella idea de un estado que protegiera a los individuos “desde la cuna hasta la tumba”, con lo cual les cercenaron la obligación que tenían de lograr su bienestar mediante su esfuerzo propio. Al caerse las finanzas públicas en esas naciones europeas, al haberse agotado el expediente de acudir a la deuda externa para obtener fondos, pues ya nadie les quiere prestar barato para que puedan seguir en la gastadera sin límite, tienen que poner en orden a su economía, lo cual, sin duda, que será algo doloroso. Sólo así podrán sobrevivir como naciones.
Los políticos de hoy se han podido dar cuenta del alto grado de culpa que en esa situación han tenido políticos anteriores. Políticos de todos los colores, pero, en verdad, principalmente de lo que conocemos como social-demócratas o socialistas europeos, quienes, proclives al gasto, ideológicamente se aferraron a aquella idea de un estado que protegiera a los individuos “desde la cuna hasta la tumba”, con lo cual les cercenaron la obligación que tenían de lograr su bienestar mediante su esfuerzo propio. Al caerse las finanzas públicas en esas naciones europeas, al haberse agotado el expediente de acudir a la deuda externa para obtener fondos, pues ya nadie les quiere prestar barato para que puedan seguir en la gastadera sin límite, tienen que poner en orden a su economía, lo cual, sin duda, que será algo doloroso. Sólo así podrán sobrevivir como naciones.
Si
esa experiencia europea sirve de lección en nuestro medio, debemos
aprender ya que la solución a nuestro problema fiscal no pasa por seguir
acudiendo al endeudamiento externo, como hemos hecho recientemente,
pues en un momento dado dejaremos de ser “sujetos de crédito” adecuados,
además de que tendremos que pagar lo que se nos ha prestado. También
hemos de aprender que la solución no va por aumentar los impuestos,
principalmente a quienes son los mismos que siempre deben pagarlos. No
entiendo cómo todavía se tienen dudas acerca de las razones de nuestro
relativamente poco crecimiento interno (no de la inversión externa,
afortunadamente exenta del pago de muchos impuestos), si aún persiste en
el país una enorme incertidumbre entre los ciudadanos privados, quienes
temen más impuestos, mayores alzas en las tasas de interés y
posiblemente inflación a cierto plazo. Todo ello por el mal manejo
fiscal de un gasto dispendioso. Lo cierto es que nuestro sector privado
mira con perplejidad el futuro de la economía y teme realizar sus
decisiones de ahorro e inversión, en tanto persista ese mal manejo de
las finanzas del estado.
En particular, el esfuerzo del Ministro de Hacienda para poner cierto orden en las remuneraciones del sector público debe ser apoyado. Quienes en esa tarea le apoyamos, a pesar de ser casi conversos a un escepticismo pleno, sentimos que es necesario advertir que es, en ningún momento, la propuesta de reforma a las remuneraciones en el sector público se han de traducir en un mayor gasto gubernamental. Hemos visto como, en nombre de la reducción del gasto, se termina negociando uno mayor con los grupos sindicales del sector público, a fin de lograr que acepten alguna propuesta. Si se trata de reducir privilegios, que sea hacia abajo y hacia el promedio. Privilegio es privilegio, tanto en los altos como en los bajos. Si no se pueden eliminar, entonces reducirlos al mínimo posible. Lo esencial es evitar el maléfico camino fiscal europeo, de cuyos daños ya estamos enterados.
Jorge Corrales Quesada
No hay comentarios.:
Publicar un comentario