Hacia la segunda mitad del siglo
XX Corea del Sur era uno de los países más miserables del planeta. Con una
economía netamente
agrícola, su PIB per cápita era de alrededor $82, siendo tras la Guerra de Corea (1950-1953) más
pobre que la mayoría de las naciones latinoamericanas.
65 años después las cosas han
cambiado mucho para el país asiático: hoy su PIB per cápita es de casi 20 mil
dólares, constituyéndose en una de las potencias económicas más sofisticadas del mundo, siendo
además el único país que ha logrado dar el salto de ser receptor a donante de ayuda al
desarrollo.
Varios son los factores y las claves que explican este vertiginoso progreso,
pero sin duda, el elemento clave del cual podemos obtener más lecciones tiene que ver con la apuesta coreana por el
desarrollo de su capital humano, como piedra angular de su estrategia de
desarrollo de largo plazo.
Y es que a diferencia de nuestro país, en
donde la oferta académica universitaria ha crecido históricamente desvinculada
del desarrollo nacional, sorda a las demandas de la industria y ajena a las
necesidades de la pequeña y mediana empresa, en Corea del Sur el desarrollo del
capital humano se ha centrado en una educación
técnica, una articulación entre industria y la academia, y la capacitación de sus trabajadores.
En Costa Rica contamos con un sistema público y
privado de formación profesional-técnica que si bien es limitado e imperfecto,
ha permitido suplir el recurso que muchas empresas está demandando, pero
ciertamente el país adolece de un sistema de capacitación y programas
efectivos de formación profesional para jóvenes dentro y fuera del sistema
educativo. La experiencia coreana nos muestra como entre los años 60 y 70 el
país cambió su orientación hacia la educación técnica, establecimiento
de cuotas máximas de ingreso a la educación superior.
Asimismo, en Corea del Sur, la
estrategia educativa ha sido orientada por las habilidades
requeridas por las industrias nacientes. Muy lejos estamos nosotros de una orientación de este tipo. Hace
30 años nuestra economía inició un proceso de inserción en los mercados y de
atracción de inversiones que requerían un nuevo perfil de capital humano, sin
embargo, la oferta educativa el país ha respondido lentamente a ese cambio.
Seguimos graduando más cientistas sociales y abogados que profesionales en
matemática, física, química, biología o computación, acrecentando la brecha
entre oferta y demanda laboral. Para empeorar las cosas, las universidades
están atadas a los lentos procesos del Consejo de Educación Superior (Conesup) para
crear nuevas carreras cercanas a las demandas del mercado.
Corea del Sur nos recuerda que cualquier
economía que desee seriamente alcanzar índices de competitividad y
prosperidad de primer mundo, debe centrar su atención en la calidad de su
recurso humano y la vinculación formativa de éste con las áreas estratégicas del desarrollo y las
necesidades reales del sector productivo.
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