
Recientemente ha trascendido a los costarricenses la decisión que tomaron los Comités Ejecutivos del Partido Frente Amplio y Partido Acción Ciudadana, de unirse para las elecciones municipales del 7 de febrero del 2016, autorizando la negociación de candidaturas conjuntas en los 81 cantones del país, ya sea mediante alianzas o coaliciones.
Los principales dirigentes de ambas
agrupaciones políticas han reconocido la coincidencia de agendas y valores que
los distinguen. En palabras de la presidente y diputada del Frente Amplio,
Patricia Mora, “Somos compañeros de luchas y además compartimos los principios
éticos, por lo cual todos sus candidatos cuentan con nuestra confianza”. Ya lo
advertía ‘Beto’ Cañas, cuando señalaba que en el PAC se habían infiltrado
grupos chavistas, que tienen en el Frente Amplio su hogar. Para verdades el
tiempo.
Así, los costarricenses que estamos
advertidos de cara a las próximas elecciones municipales. No podemos tropezar
dos veces con la misma piedra. No podemos permitir que el error de elegir al
PAC para presidir al gobierno se multiplique en 81 municipios. Tampoco
debemos ignorar cómo el Frente Amplio busca desarrollar alianzas con partidos
locales, para conquistar el mayor número de alcaldías posibles.
Los costarricenses debemos entender que
cualquier puesto de alcalde, vicealcalde, regidor, síndico o concejal de
distrito en manos de esta alianza representará un obstáculo al desarrollo
local, un lastre para el emprendedurismo y una piedra en el zapato para
los pobladores de su cantón.
¿Imaginan ustedes la cantidad de obstáculos
e influencias que movería un alcalde del FAC (Frente Amplio+PAC) para impedir los
permisos municipales para la construcción de un desarrollo en las zonas
costeras del país? ¿Ven ustedes a algún representante del FAC facilitando la
creación de empresas generadoras de empleo en su entorno local?
En momentos en los que el país requiere
facilitar la creación de nuevas fuentes de empleo nacional o extranjera,
otorgar espacios de poder a grupos políticos contrarios al desarrollo
socioeconómico representa un suicidio económico.
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