martes, 22 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: la importancia de la educación


El énfasis que siempre respiré de joven en mi familia acerca de la educación como un factor preponderante en el crecimiento individual, en mucho se debió a mis antepasados maestros: a mi padre Edwin, a mis abuelos Solón y Talía y a mi tío abuelo Buenaventura. La educación siempre fue vista en mi hogar como una oportunidad, la cual no podía ser desperdiciada de manera alguna; que cualquier tipo de sacrificio debería de hacerse a fin de extraer el máximo que uno podía lograr en la escuela, el colegio y la universidad. Educarse no sólo evitaba la pobreza, sino también era fuente de enorme orgullo personal. Por ello en mi casa se dieron sacrificios económicos (principalmente de vanidades) con tal de que pudiera asistir y aprender en la escuela. Era la forma y medio en que uno podía mejorar en la vida; por ello tales sacrificios eran normalmente aceptados -sin quejarse, sin dolerse- en medio de muchas necesidades. Los hacíamos porque, con el paso del tiempo, podríamos percibir los buenos frutos que brindaba el árbol fecundo de la educación.

Escribo esta pensamiento introductorio con algún grado de tristeza cuando observo cómo, en ciertas ocasiones, aparecen estudiantes, padres de familia, burócratas del MEP y periodistas, tal vez al analizar porqué un alumno deja de asistir a clases, señalando como excusa la falta de apoyo monetario gubernamental. En otras palabras, se esgrime como justificación para ese abandono el que deban trabajar para llevar plata a sus casas (si es que hay tal oportunidad y si es cierto que la llevan a sus hogares), pues el Gobierno o el Estado “no les dan dinero y comida para que asistan a la escuela". Uno podría tener en mente que se trata de un caso extremo de necesidad y de miseria, en donde el niño para llenarse la boca debe trabajar. Pero francamente en muchas ocasiones no parece ser esa la razón: me da la impresión de que la queja se presenta en familias independientemente de sus niveles de ingresos. Me imagino que, en el caso de familias de ingresos relativamente más altos, no van a sacar un hijo de la escuela porque el Estado no les da fondos, aunque posiblemente habrá algunos vivos que sí soliciten tales recursos para ver si la pegan. Lo que más me preocupa es si en las familias de menores ingresos, ante falta de ayuda, sí deciden cometer el atentado contra el futuro de su hijo dejándolos de mandar a clases.

¿Qué habrá pasado para que en los hogares costarricenses, en donde lo primero era asegurar la educación de los hijos se trastocaran los valores para que, si nos les pagan por ello, ahora amenacen con retirarlos de las aulas? Incluso es lógico pensar que, en mi época de joven -hace ya muchos años-, los hogares costarricenses eran en promedio mucho más pobres que ahora, por lo cual uno pensaría que habría menores necesidades básicas que cubrir, además de la educación de los hijos. Al ser en promedio más ricos, menos necesidad se tendría de mandar a los hijos a ganar plata para traerla al hogar, en vez de que estudien en una escuela para luego poder ganar más (en idioma económico, hacer una inversión rentable).

Podría señalar la hipótesis de que hay un abandono gradual de aquel principio de tener confianza en sí mismo, pero realmente no lo sé. Lo único que puedo indicar es la mayor frecuencia con que padres, principalmente, apenas pueden reclaman en algún noticiero que el Estado no les da plata para mandar a sus hijos a la escuela. Tal vez es que la educación de los hijos ya no se considera como una responsabilidad de los padres, sino del Estado. Y de ser así, eso me entristece, porque es muestra de a lo que conduce el ideal socialista paternalista de Lord Beveridge, por el cual el ciudadano debería ser protegido por el Estado “desde la cuna hasta la tumba”. Así, la educación ha pasado a ser vista como una responsabilidad estatal y no del padre, de la familia y de los hijos.

Esta visión paternalista erosiona la importancia que la educación tiene para el progreso del individuo. Lo “libera” de la responsabilidad de que cuesta educarse, a lo cual debe dedicarse buen tiempo y atención, si es que se quiere progresar. La responsabilidad propia de estudiar lentamente se va sustituyendo por la creencia de que el Estado nos debe dar todo. Así, todo debe ser facilito para que aprender no implique un sacrificio de índole alguna. Ojalá el título o la carrera se otorguen simplemente por decreto. Cuando en un hogar la regla no es la necesidad de sacrificarse para que el hijo o la hija puedan ir a la escuela, sólo se debilitará el futuro de nuestros ciudadanos, porque desde jóvenes queda plantada en ellos la semilla de que en la vida se trata sólo de derechos y no de deberes. Que el sacrificio que hace un hogar para educarlos es sólo una pérdida de tiempo, pues sólo se trata de saber pedir: aprendida la lección de que hay un pater ajeno al hogar que debe encarar la responsabilidad por la educación de los hijos, abre las puertas a la miseria humana, pues de lo que se trata no es del mérito, del logro, sino de la existencia y la garantía de la manutención vital para que se siga la ley del mínimo esfuerzo.

Pero hay luces en este panorama tan oscuro: en días recientes he visto reportajes en Telenoticias del Canal 7 de cómo en Costa Rica hay escuelas en donde los alumnos asisten todo el día, en donde se ven obligados y estimulados a estudiar, en donde los maestros y padres son concientes de que es mediante la educación como sus alumnos pueden progresar. Es cierto que son pocos establecimientos educativos, pero tal vez basten para que el contraste con el resto surja evidente y nos impulse a que, de nuevo, veamos a la educación como el camino que nos puede conducir por la senda del progreso y individual. Lo lamentable es que esos jóvenes que hoy han escogido progresar verán luego cargar sobre sus hombros a las sanguijuelas hoy protegidas con impuestos y redistribución estatal, que han dejado en manos del estado su responsabilidad o la de sus familias para educarse, prefiriendo vivir de los demás.

Quienes hoy aprovechan cualquier oportunidad para decir que “si no les dan plata no mandan a sus hijos a la escuela“, deben saber que es hora de que asuman sus responsabilidades como padres. En gran parte el culpable es el mismo estado que les ha hecho saber que hay dinero a cambio de que manden a sus chiquitos a las aulas. Era, por tanto, de esperarse que ahora los vivillos pidan primero la plata para mandar a los hijos. Debemos estimular a los padres para que piensen en sus responsabilidades y que se liberen del yugo a que los conduce el paternalismo estatal. Para aquellos padres pobres que del todo no tienen dinero y que no pueden en verdad mandar a sus hijos a clases, si el estado fuera consecuente, lo que haría es dar un préstamo que se invertiría en la educación de los muchachos, no un regalo que estimula a vividores que no los necesitan, cosa a que lamentablemente conduce el sistema actual.

Tal vez lo mejor es ni mencionar este tipo de cosas, pues el tabú intelectual tratará de aniquilar a quienes nos atrevemos a pensar en el deterioro a que conducirá este paternalismo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Tema polémico: revolución árabe y algunas reflexiones para Latinoamérica


Con los últimos eventos acontecidos tanto en Egipto como en el resto del mundo árabe, especialmente en Libia, surge la obligación de preguntarse por las causas de los mismos: ¿será que las personas en estas latitudes están cansados de regímenes eternos al mejor estilo de los Castros, o más bien, es el mejoramiento de sus condiciones materiales lo que los motiva para realizar las revueltas?. Este tema polémico no pretende responder esta pregunta, ya que no somos expertos en los temas de esas latitudes, pero si queremos aprovecharnos de esa coyuntura para hacer una serie de reflexiones para Latinoamérica.

Como hemos escrito en otras oportunidades, en los últimos Latinobarometros se ha visto que en Costa Rica se ha desgastado la confianza en el sistema democrático y, de nuevo, vale preguntarse el por qué de esta situación. Nuestra hipótesis es que la población no tiene claro para qué diablos funciona esto que llamamos "democracia". Pues muy sencillo, la democracia es simplemente un instrumento que permite la alternancia en el poder a través de un mecanismo pacífico que se desarrolla bajo una serie de reglas establecidas. Así, la democracia es sólo eso, pero eso es mucho, cosa que no suele ser apreciada todo lo que se debiera. En este sentido, la democracia no es justicia, no es desarrollo, no es crecimiento económico, no es seguridad en las calles, etc. Pero, parece que muchos no se han percatado de esta distinción, así que juzgan la democracia por resultados que la misma no puede generar. La democracia es una institución política, no económica.

Esta es una distinción fundamental, ya que si le pedimos peras al olmo y nos molestamos porque el olmo no nos da peras, podríamos terminar vaciando al bebe con el agua de la tina. ¿Qué significa esto? Que para el buen desarrollo de las instituciones debemos saber exactamente para que funcionan y sirven las mismas. Si queremos alternancia en el poder eso nos lo puede brindar la democracia, pero si lo que deseamos en crecimiento económico, este no es un problema para que la democracia resuelva. Mientras no tengamos claras estas sutiles diferencias consecuencias conceptuales no iremos para ningún lado.

Hay que tener claro que los sistemas políticos sólo ofrecen un marco para el desarrollo de las conductas políticas de los ciudadanos y que, si bien pueden ser útiles para algunas cosas, no son ellos los que provocan determinadas consecuencias. Para conseguir elementos como desarrollo humano, crecimiento económico, progreso, etc. se requieren otras instituciones que, si bien es cierto, pueden acoplarse mejor en un sistema democrático, son diferentes: se trata del libre funcionamiento del mercado, de la transparencia, de la aplicación igualitaria de las reglas del juego, del papel del dinero, del respeto por los derechos individuales.

Esperamos que para el bien del futuro de los árabes estos sepan muy bien por lo que están luchando y cual es la institución propicia para alcanzarlo. De lo contrario, tememos que esta sea una revolución similar a la que describía Orwell en su célebre novela "Rebelión en la granja": aquella que crea un escenario peor que el que se dejó atrás.

viernes, 18 de marzo de 2011

Viernes de recomendación


Para este día les ofrecemos el ensayo "Laberintos de la razón práctica dos lecciones sobre ética y lenguaje en wittgenstein y su relevancia para las ciencias normativas." , de Minor Salas donde se examina la vida y obra de uno de los filósofos más influyentes del siglo XX: Ludwig Wittgenstein.

jueves, 17 de marzo de 2011

Paquete de impuestos no, reforma del Estado si!!!


La semana pasada fue el evento organizado por ANFE y la Academia de Centroamérica respecto a la reforma fiscal. Parece que entre la gran variedad de criterios y matices que fueron expuestos, al menos dos conclusiones claras pueden extraerse:

a) Definitivamente es el gasto desmedido el que nos tiene metidos en este hoyo.

b) El presupuesto costarricense es un presupuesto rígido que no permite de forma discrecional hacer los verdaderos recortes estructurales de gasto que se refieren.


Precisamente el día de hoy queríamos enfocarnos en el segundo punto. Tenemos un tremendo problema en nuestras manos, un déficit que crece sin posibilidad de hacer verdaderos recortes en el gasto. Entre los problemas que se señalaron a este respecto durante el evento es que los incentivos en el sector estatal solo crecen y crecen independientemente del rendimiento de las instituciones o del estado de la economía nacional. Las anualidades son un excelente ejemplo de esta situación. Por otro lado, tenemos el famoso estatuto de servicio civil que vuelve imposible la sola idea de despedir a un funcionario público. Y por último, tampoco podemos olvidarnos de los continuos y odiosos privilegios de las convenciones colectivas, que nunca suelen estar sometidas al más mínimo criterio de racionalidad o sensatez.


Así, los síntomas no dejan duda alguna para el diagnóstico: tenemos que empezar a hablar seriamente de una reforma del estado. Ya no podemos seguir con estas “soluciones” cosméticas y coyunturales. Para empezar, los temas que tienen que estar en la palestra son: a) una verdadera ley de empleo público que ponga orden dentro de la administración y que de beneficios reales y plausibles a los trabajadores, esto es, ajustados a los rendimientos de las instituciones y a la productividad de cada uno de ellos y no al mero estar calentando la silla. b) Un debate profundo acerca de que funciones que debe realizar el Estado. c) En relación al punto anterior establecer que instituciones del Estado deben cerrarse y que activos pueden venderse. d) Una reactivación económica que permita obtener más recursos a la luz del crecimiento real de la economía. Para dicha reactivación se deben tomar en cuenta aspectos como la tramitología que asfixia al empresario, mejoramiento de infraestructura (con concesiones que si funcionen), y la solución definitiva a los problemas inflacionarios de este país que tanto dañen a los pobres. d) Por último, una reforma fiscal que contenga tres elementos que son claves: 1) la eliminación de todas las exoneraciones (zonas francas incluidas), como buenos liberales creemos en la igualdad ante la ley y no en los privilegios y no hay razón porque unos paguen más o menos impuestos que otros. 2) Unificar las tasas impositivas para eliminar las distorsiones que provocan. 3) Reducir las tasas impositivas, dado que la base se está ampliando no hay razón por la cual las tasas tengan que seguir al mismo nivel. Estos puntos son meramente ilustrativos, no taxativos. Pero, definitivamente son un punto necesario para empezar a trabajar una solución.


Aun estamos a tiempo para corregir este problema y darle una solución real y de largo plazo. Esperamos que no tenga que ocurrir un verdadero shock económico que nos despierte y nos obligue a plantearnos estos temas. Desgraciadamente, conociendo la cultura política de este país no se pueden esperar muy buenos augurios en este respecto.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuestionar a los parásitos


La degradación moral de una sociedad tiene muchos síntomas. Pero misteriosamente algunos prefieren apuntar su artillería buscando culpables en retorcidos ámbitos, cuando en realidad las explicaciones están a la vuelta de la esquina, mucho más cerca de lo que creemos.

Y es que hemos naturalizado el concepto de que muchos, demasiados deben esforzarse, trabajar y producir, generando riqueza, para que otros, sin hacerlo puedan gozar de los beneficios del mérito ajeno. Estamos rodeados de parásitos, y lo más grave del caso es que nos estamos acostumbrando a ello. Convivimos a diario con gente que ha elegido la más fácil, la de no hacer, la de dejar que otros lo sostengan, la de victimizarse responsabilizando a cuanto monstruo real o imaginario tenga a su alcance.

Que los beneficiarios directos de ese magnífico negocio de vivir del esmero ajeno, aprueben esta actitud generalizada no debe sorprender. Después de todo, maximizan su propia ecuación. Mínimo sacrificio, largamente compensado por cuantiosas ventajas recibidas sin más merecimiento que el de autodefinirse como postergados, minusválidos y mártires del sistema.

Lo paradigmático, es que los esquilmados, los que se esfuerzan, los que han elegido el camino más complejo y agotador, pero más honroso por cierto, se hayan acoplado tan mansamente y acepten con tanta condescendencia esta nueva moralidad impuesta, convirtiéndose en verdaderos esclavos.

Los creadores, los que están dispuestos al riesgo, los que trabajan de sol a sol, poniendo en ello no solo su esfuerzo físico, sino fundamentalmente su cerebro, su ingenio y talento, su preocupación y compromiso, se vienen resignando a esa nueva posición, la de los expoliados, esos que trabajan para que otros disfruten de su empeño.

Hasta que punto hemos perdido el norte en esto, que quienes crean riqueza y producen, no solo son exprimidos, sino que además son fuertemente criticados, convirtiéndose en el blanco preferido de las ideologías dominantes.

Los parásitos han ganado la más importante de las batallas: la moral. Nos vienen convenciendo que son merecedores de este presente, que este es el camino adecuado, y que los esquilmados deben, además, aplaudir esta modalidad. Están ganando la contienda intelectual, al punto que ningún partido, movimiento político, ni sectores de la intelectualidad, se anima a cuestionar en voz alta, en público, esta atrocidad sistémica y estructural que ni siquiera propone retirarse progresivamente y ya ni precisa justificar su transitoriedad como en otros tiempos.

Cuando alguien intenta objetar esta realidad, lo hace con culpa, pisando como en terreno minado, eligiendo las palabras justas para no decir lo políticamente incorrecto. Definitivamente nos vienen torciendo el brazo, al punto de acallarnos. Nos están convenciendo de que lo moralmente adecuado es que algunos trabajen duro, para que otros disfruten de los frutos del esfuerzo ajeno.

Con esa lógica, no solo han conseguido la aceptación popular de que los que más tienen los deben sostener económicamente, sino que además deben hacerlo sin chistar. La represalia es automática y la amenaza constante es ser considerados indecentes, insensibles, avaros y ambiciosos. Es que los aprovechadores no admiten cuestionamiento alguno a su forma de vida.

Y a no equivocarse, cuando hablamos de parásitos no solo nos referimos a los que reciben la dádiva estatal del eufemístico concepto de las políticas sociales, también hablamos de los pseudoempresarios que viven de la prebenda y crecen a la sombra de los favores públicos, a los que han elegido como medio de vida a la política para financiarse con puestos públicos, porque son incapaces de triunfar en sus profesiones u oficios y a los buscadores de privilegios que pululan por doquier.

Alguna vez Ayn Rand dijo “El hombre que produce mientras los demás disponen de su producto es un esclavo“, y un poco más profundamente valdrá recordar otra de sus reflexiones “Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario."

El escenario es difícil no porque ellos vengan ganando la disputa, sino porque los que financian esta fiesta con su esfuerzo han decidido callarse, entregarse dócilmente, casi como esclavos, asumiendo que deben trajinar incansablemente no solo para sí mismos, sino también para mantener este perverso sistema que se profundiza cotidianamente sin indicios de modificar su rumbo un solo centímetro.

Habrá que juntar coraje para dar la batalla donde corresponde, en el campo de las ideas, perdiéndole el miedo a los fantasmas, a las corporaciones y al intimidante poder del discurso hegemónico.

Será importante tomar fuerzas, y para ello es relevante asumir quienes están haciendo lo correcto, y quienes no. Porque los parásitos podrán seguir esquilmando a la sociedad por algún tiempo, le podrán quitar sus recursos, sus esfuerzos, vivir de sus talentos e inteligencia, y al mismo tiempo criticarlos con vehemencia. Lo que no podrán obtener nunca de ese modo es dignidad, respeto y autoestima. Eso solo se consigue cuando se tiene integridad moral.

Por algún lado debemos empezar. Tal vez sea buena idea, al menos dejar de aplaudir a los parásitos. Ellos también se alimentan de la aprobación de todos. Señalarlos con un dedo puede ser el camino. Identificarlos todos los días en vez de adularlos puede ser un primer paso. Tal vez sea hora de cuestionar a los parásitos.

Alberto Medina Méndez

martes, 15 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: breves comentarios sobre el transporte interno


1.- Los últimos arreglos en el puente de la General Cañas.
Después de meses de tortura, los costarricenses esperábamos ansiosamente que las últimas reparaciones a la platina del puente en la autopista General Cañas concluirían exitosamente. A veces creo que debe haber algún tipo de maldición gitana que ha impedido su arreglo definitivo, pero otro lado más racional me hace pensar que todo se ha debido a la incapacidad gubernamental. La última restauración se creyó la definitiva, pero los acontecimientos señalan que seguiremos soportando la incapacidad del Estado para resolver lo que, presumiblemente, es algo relativamente fácil de solucionar. No soy profesional de ingeniería y menos de puentes, pero honestamente creo que los profesionales de esas áreas le han quedado debiendo a la opinión pública.

La última reparación costó más de 800 millones de colones y a los diez día de haberse terminado, presenta defectos que exigen su reparación… otra vez. Ciertas autoridades han dicho, como una justificación, que el concreto que se instaló no preveía un volumen tan elevado de vehículos transitando, pero tal excusa es totalmente inaceptable, pues lo que muestra es la incapacidad de los funcionarios para estimar algo para lo cual, se supone, están capacitados. La empresa portuguesa encargada de las obras aceptó su responsabilidad y no cobrará por ellas (¿diay?, ¡por supuesto!), pero tendremos que esperar aún más para poder movilizarnos sin problemas. Hay sí un progreso: hemos evolucionado de un simple puente de la platina a un moderno puente del salpullido (o sarpullido, como decimos por aquí).

2. El puente Bailey en Cambronero.
Todos conocemos el relajo sucedido con el tránsito en la cuesta de Cambronero por la falta de un puente Bailey: una presa que dura horas, principalmente al regreso dominical de quienes viajan al Pacífico o a Guanacaste. Si fuera que de pronto, de la nada, inesperadamente, hubiera surgido el problema, se podría excusar la presa sucedida, pero lo cierto es que ella era perfectamente predecible. De haberse tenido funcionarios más eficientes en la toma de decisiones, tal relajo se habría evitado.

Desde hace mucho tiempo se sabía que la carretera llamada Autopista del Sol se tenía que cerrar para reparar toda un área dañada. No me voy a referir a esta otra tragedia de la Autopista del Sol: ya me venció el cansancio. Pero sí a que a finales de febrero se cerraría el paso para hacer las reparaciones, en un camino provisionalmente abierto gracias a un puente Bailey.

Era obvio que, al cerrase la Autopista del Sol, su flujo de vehículos en gran parte se trasladaría a la vieja ruta a Puntarenas (la alternativa por el Monte del Aguacate sabemos que es muy estrecha y no permite el paso de grandes camiones). El problema es que en la cuesta de Cambronero existía otro puente Bailey -¡qué haríamos sin la invención del señor Bailey, quien debe estar en la Gloria!- y que por ello el paso era en una sola vía. Por supuesto que, con el mayor flujo de tránsito, la ruta iba a colapsar, de manera que era necesario solucionar ese problema antes de que se cerrara a autopista del Sol para repararla. En lugar de hacerlo así, pudiendo haberse puesto otro puente Bailey paralelo, simplemente cerraron la Autopista del Sol y a ver qué pasaba. Sucedió lo esperado y miles de ciudadanos tuvieron que sufrir en carne propia el resultado de la incapacidad de las autoridades Ante el tortón, ahora corren, eso sí apurados, a hacer lo que deberían haber hecho antes.. En resumen: este es otro ejemplo que demuestra la incapacidad de las autoridades encargadas de nuestro sistema vial.

3.- La concesión portuaria en Moín.
Miro con buenos ojos, ante la intransigencia de los sindicalistas de JAPDEVA, la decisión de otorgar en concesión al sector privado el nuevo puerto de Moín. Ojalá, y nada más de paso, que las autoridades gubernamentales ya hayan aprendido a hacer bien las cosas después del relajo con la concesión de la Autopista del Sol. Así deseo que las cosas salgan bien y considero mi deber plantear un par de preguntas, para evitar críticas futuras -que no tardarán- de los opositores de siempre a cualquier cosa que signifique competencia y mejores posibilidades de hacer las cosas.

Dado que para otorgar la concesión tan sólo se presentó un oferente y que una de las virtudes de los esquemas de concesión de obra pública es que se puede contar con diversos oferentes, entre los cuales es posible escoger la mejor, más económica y de forma transparente, ¿no hay ya posibilidad de buscar oferentes en un mayor número que uno sólo para otorgar esta concesión? Se suele decir que “no sólo hay que serlo, sino también parecerlo”, por lo cual me temo, y podría estar equivocado, que pronto los enemigos tradicionales de los esquemas de concesión se lanzarán contra ella por esta ausencia de oferentes competidores. Es más, dado que el costo anunciado por los servicios que se cobraría con la concesión es mayor que lo que actualmente JAPDEVA cobra, creo que pronto alguien argüirá que la concesión no es económicamente conveniente y que lo mejor podría ser tener otras opciones. Aquí dejo el tema, pero me siento satisfecho de opinar sobre lo que podría surgir, que espero no dé al traste con una apertura en competencia, impostergable y necesaria, de nuestro puerto en el Atlántico.

4.- Comparecencias ante la Asamblea Legislativa.
El pasado 1 de marzo, la ex Ministra de Obras Públicas y Transportes, Karla González, acudió a la Asamblea para referirse a lo sucedido con la Autopista del Sol. Allí dijo lo siguiente, a manera de pregunta: “¿Es mejor esta carretera con muchas fallas que corregir, que no tener carretera del todo…? Definitivamente sí”. Me parece que la pregunta y la respuesta que brinda la ex Ministra no sólo dejan mucho que desear, sino que más bien suenan a una autojustificación por la forma en que actuó en cuanto a su responsabilidad por vigilar todo lo sucedido con la Autopista del Sol, la cual no ha llegado a un buen final. Ante ello, me permito, replantear la pregunta en mención, esperando mostrar así la forma equivocada en que lo hizo con el propósito de desviar la atención al meollo del asunto: ¿Qué tal si nos dijera lo siguiente?: “¿Es mejor este trillo mal hecho con muchas fallas que no tener un camino del todo?.” ¿Definitivamente sí? Me imagino que jamás pasó por la mente de los ciudadanos que esa autopista, a construir después de tantos años de indecisión y problemas, se hiciera con tantas fallas “por corregir“, como para aceptar la premisa de que con ella se estaba mejor que sin nada, como antes. El punto esencial es que los ciudadanos esperábamos, ni más ni menos, una carretera aceptable sin “defectos por corregir”, sino bien hecha. Lo que debemos pagar debe corresponder con la calidad del producto que hemos recibido. Y éste parece estar muy fallido, gracias en mucho a la irresponsabilidad de quienes tuvieron a cargo el proyecto. Este es el meollo del asunto y de la responsabilidad.

5.- La responsabilidad que debe asumirse.
Francamente el desfile de excusas por la ineficiente actuación de diversos funcionarios involucrados en la desafortunada concesión de la Autopista del Sol me ha mostrado, después de los descargos, las excusas, los remilgos y las quitadas de tiro, de toda índole, de los irresponsables, que hay alguien que puede ser responsabilizado por del desaguisado. Como nadie de los que se han presentado ante la Asamblea la ha aceptado, mencionaré a quien, en mi opinión, debería de responsabilizarse por la plata botada y cobrada a los ciudadanos con la Autopista Circo del Sol: FUE TETÉ.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de marzo de 2011

Tema polémico: el riesgo


Cualquier decisión que se toma lleva consigo un riesgo: se pueden obtener resultados positivos y, por supuesto, resultados negativos. El fracaso es aquella frustración que se obtiene cuando un objetivo o un proyecto no concluye en la forma esperada. Contemplar la idea del fracaso no es placentero, sin embargo, éste puede ser uno de los factores más importantes de un eventual éxito. Tanto en la vida cotidiana como en los negocios, el aprendizaje que se obtiene como resultado de una frustración, puede conllevar una oportunidad para sacar un resultado exitoso, tal vez aún mejor que el que se esperaba obtener originalmente. Por ejemplo, la famosa pastilla para tratar la disfunción eréctil Viagra originalmente fue desarrollada para tratar la hipertensión arterial. No dio los resultados esperados, pero terminó siendo utilizada, con éxito, para tratar otro padecimiento y, hoy, genera millones de dólares en ganancias. Por eso, cualquiera que sea el resultado, tomar riesgos es parte fundamental de una economía de mercado.

En 1921, en economista Frank H. Knight expuso que parte esencial del empresario es asumir el riesgo de la actividad económica. El beneficio económico es la recompensa de haber asumido el riesgo. Sin embargo, el Estado, en su erróneo propósito de regular el mercado y distribuir la riqueza, puede desincentivar o eliminar este factor tan importante, generando perversas distorsiones.

Uno de los casos más típicos es el de los impuestos. El impuesto, como lo hemos discutido en otros artículos, no es sino un arrebato de la riqueza de los individuos resultado de su esfuerzo personal. Como habíamos mencionado antes, parte fundamental de tomar riesgos es el incentivo de la recompensa, pero si de antemano sabemos que el Estado nos arrebatará esta recompensa por medio de impuestos es probable que no queramos tomar el riesgo. En otras palabras, por medio de los impuestos, el Estado desincentiva la generación de riqueza.

Peor aún, el Estado utiliza muchos de esos recursos para subsidiar aquellas personas y aquellos negocios que no han obtenido resultados positivos luego de sus decisiones. Al hacer esto, basado en la política del "pobrecito", elimina la cuota de responsabilidad a la hora de tomar riesgos y esto es muy negativo, ya que como mencionamos antes, parte de las malas decisiones es aprender de las mismas. Si el Estado está dispuesto a hacerse cargo de las posibles pérdidas es como una invitación a seguir tomando malas decisiones. El Estado en su política de distribuir la riqueza les arrebata el premio a las personas que han asumido riesgos y han sido exitosos para dárselo a personas que han asumido riesgos y no han obtenido resultados beneficiosos.

Para que una economía de mercado funcione adecuadamente, es normal que haya ganadores y perdedores. Ese impulso de seguir tomando riesgos para obtener mayor grado de riqueza produce que un beneficio generalizado. Por ejemplo, a inicios del año pasado, la compañía Apple sacó al mercado su revolucionario producto llamada iPad, una combinación entre computador portátil y smarthphone . Un riesgo claramente, pues se trataba de un producto nada parecido a cualquier otro en el mercado. El resultado fue un éxito e incentivó a que otras compañías quisieran acapara ese nuevo mercado, como por ejemplo Motorola con su Xoom o Samsung con su Galaxy. Esta dinámica de competencia luego genera que las compañías perfeccionen sus productos y bajen el costo, todo lo cual se traduce finalmente en beneficios para los consumidores.

Sin lugar a dudas, en ASOJOD consideramos que, como lo muestra la historia de la humanidad, el progreso depende de una sucesión de éxitos y, sobre todo, fracasos. La tecnología, el conocimiento, el bienestar, la riqueza y todo lo bueno que hoy conocemos es resultado de intentos, a veces fructíferos y a veces no, de personas que tuvieron el valor para innovar, crear, producir y pensar. Por eso, como bien enseña Ayn Rand, el mundo es del ser productivo, del empresario.

En un mundo donde no sea posible asumir riesgos y, fundamentalmente, donde el éxito o fracaso no sea asumido exclusivamente por el sujeto que actúa, es imposible que se avance. Por ello, cada vez que el Estado pretende definir ganadores y perdedores sin que el resultado sea una derivación lógica de la acción, está generando distorsiones que terminarán perjudicándonos a todos por igual.

En razón de lo anterior, en ASOJOD invitamos a nuestros lectores a que tomen riesgos y que demanden cuando estos riesgos se puedan ver limitados por ese grupo de burócratas que se dicen llamar Gobierno. Hay que interiorizar ese valor de justicia, donde cada quién obtiene lo que cosecha, en lugar de ese antivalor popularmente conocido como "justicia social", donde algunos obtienen lo que no merecen.

viernes, 11 de marzo de 2011

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, queremos ofrecerles un interesante artículo de Bruce Caldwell, donde conmemora los cincuenta años de "Los fundamentos de la libertad", una de las obras más exitosas de Friedrich Hayek y que ha servido para explicar, de forma amena y acertada, la importancia de los valores liberales en la vida política de la humanidad.

jueves, 10 de marzo de 2011

Jumanji empresarial: irresponsabilidad gubernamental


La economía de un Estado es muy similar a la de un individuo; al fin y al cabo, aquel se encuentra conformado por un conjunto de estos. En ese orden de ideas, el sentido común indica que cuando estamos profundamente endeudados tratamos de limitar nuestros gastos en lugar de endeudarnos más. Así, antes de solicitar un nuevo crédito para asumir nuestras responsabilidades, trataríamos, por ejemplo, de evitar salir los fines de semana al cine, dejaríamos de lado los viajes y, en definitiva, nos propondríamos dejar de consumir aquellos bienes o servicios que consideramos suntuosos, para hacer frente a la apremiante situación.

Sin embargo, esta lógica no aplica cuando quien está profundamente endeudado es el Estado de Costa Rica. Contrario al sentido de orden y correcta conducción de las finanzas públicas, el actual Gobierno no da pasos firmes para reducir el gasto, sino que busca, a través de un aumento de impuestos y el endeudamiento, satisfacer su voraz apetito.

Y es que mientras gobiernos como el brasileño y el británico realizan recortes del gasto, y en España se anuncia un recorte histórico, al tiempo que el propio Barack Obama presentó un proyecto de presupuestos para el ejercicio 2012 con el que busca reducir el déficit federal del país en 1,1 billones de dólares en los próximos 10 años, en Costa Rica, la Presidenta Chinchilla y el Ministro de Hacienda han suscrito una tímida directriz para recortar el gasto público.

En dicha directriz se contempla el no uso de plazas vacantes y no creación de nuevas, la no concreción de nuevos contratos de dedicación exclusiva y promueve la movilidad horizontal, la venta de activos innecesarios, el financiamiento de servicios a través del cobro directo a los usuarios y la reducción del 20% de presupuesto a las instituciones. Sin embargo, esta timorata directriz adolece por múltiples razones: deja el portillo abierto a interpretaciones, excluye de su aplicación a varias instituciones públicas, no plantea cómo y quién se encargará de operacionalizarla, pero sobre todo, no enfrenta de lleno el grave problema del gasto publico. En definitiva, los políticos criollos no tienen intención de parar la fiesta y dejar de meterle la mano en el bolsillo a los costarricenses.

En contraposición a la directriz, se debe considerar con toda seriedad las propuestas esbozadas por partidos políticos de oposición que sugieren tomar los superávits de las instituciones autónomas como alternativa para enfrentar el déficit. El Diputado Fishman ha señalado la existencia de un superávit consolidado en el sector público que se ha venido arrastrando a lo largo del tiempo, y que en el 2010 llegó a la suma de un billón trescientos setenta y nueve mil ochocientos dieciséis millones de colones. De ser ciertas las estimaciones del diputado, (que se ampara, según indica, en información proporcionada por la Contraloría General de la República), no sería necesario incurrir en nuevos impuestos. Esta es, sin duda, una mejor opción para sanear las alicaídas finanzas públicas.

Por su parte, la fracción del Movimiento Libertario presentó, a inicios de esta semana, un conjunto de proyectos tendientes a recortar el gasto público, ponerle freno a la irresponsabilidad fiscal y reactivar la economía. Un "rosario de proyectos", como lo catalogó un medio de comunicación, que ofrece una alternativa viable, efectiva y muy útil al paquetazo de impuestos.

Además, los diferentes actores y sectores que han comparecido ante la Comisión de Asuntos Hacendarios del Congreso (UCCAEP, CADEXCO, CONCASOL, ABC, Cámara de Bancos, Sindicatos, etc.) han coincidido en que este mal llamado proyecto de "Solidaridad Tributaria" no sólo es un adefesio elaborado a la carrera sino que carece de elementos rescatables pues perjudicará a todos. Sin duda, como hemos dicho en ASOJOD, lo único de solidario que tiene esta ocurrencia gubernamental es que nos hará más pobres a todos.

Para nosotros, es hora de hacer verdaderas transformaciones al Estado costarricense si se quiere resolver el déficit fiscal. Hay que poner coto a las trasferencias a instituciones que hace décadas dejaron de tener razón de ser (si es que alguna vez la tuvieron), y es imperativo realizar una revisión integral, profunda y consciente de todas las partidas y programas existentes, para obtener los recursos necesarios. El endeudamiento tiene que reducirse, los gobernantes tienen que ser castigados por el despilfarro y la irresponsabilidad y el Gobierno debe dejar de estorbarle a los empresarios en su tarea de producir riqueza. En definitiva, es hora de poner en orden la casa, ser responsables y hacer lo que cualquier individuo medianamente organizado haría.

La pregunta es, ¿existe voluntad y capacidad –moral e intelectual- para emprender dicha tarea? Por lo que le hemos visto a doña Laura y a su Gabinete, la triste respuesta es un NO.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Aniversario de ASOJOD


Este día, celebramos el 4° Aniversario de ASOJOD. Fue en marzo de 2007 cuando empezamos con este proyecto de defensa y difusión de las ideas de la libertad, la filosofía de Ayn Rand, la praxeología de la Escuela Austriaca y otros aportes téoricos que hemos utilizado para analizar los acontecimientos en nuestro país y otros lugares.

Han sido cuatro años de mucho trabajo y dedicación para ofrecerle a los lectores un enfoque diferente al que normalmente pueden acceder. Han sido esfuerzos extraordinarios, discutiendo, leyendo, pensando e, incluso, intentando ofrecer argumentos para que otras personas cambien sus premisas, lo cual esperamos haber conseguido.

Seguiremos trabajando duro para lograr impulsar un cambio en la mentalidad de los costarricenses y avanzar hacia un país donde el respeto a la libertad, la propiedad privada, la racionalidad, la honestidad intelectual y otros valores, sea posible.

martes, 8 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: se vislumbra un aumento en la inflación


Hay ciertas indicaciones de que posiblemente se está en presencia de un recrudecimiento de la inflación observada en nuestro país. Ya en algunas encuestas, los economistas señalan su impresión de que la inflación anticipada para este año será mayor que la del año pasado, pasando la expectativa inflacionaria de un promedio de cerca de un 7% a algo más de un 8%. Pero también hay otras señales del problema. Es cierto que fácilmente esos economistas podrían estar equivocados, como ha sucedido en otras ocasiones, pero hay algunos resultados recientemente publicados acerca del comportamiento de los precios en el país que también indican presiones inflacionarias en ciernes.

A todo esto debemos agregar la mayor expectativa de crecimiento de los precios para este año anunciada recientemente por el mismo Banco Central. Pero deseo ser más enfático: es muy claro el comportamiento alcista tan fuerte que se está dando en los mercados internacionales, principalmente de las materias primas, pero también de diversos bienes terminados. Y no me refiero tan sólo al petróleo, sin duda impactado por los acontecimientos políticos del Medio Oriente, pues aún cuando su incremento puede ser temporal, también hay alzas importantes de los precios de bienes claves como el azúcar, café, maíz, trigo, soya, además de otros artículos importados en un alto monto por nuestro país.

El panorama anterior no sólo se habrá de reflejar en la situación de nuestra balanza comercial, lo cual posiblemente también afectará el tipo de cambio, sino que las mediciones de la inflación se verán influidas por estas variaciones provenientes del exterior, en tanto haya una monetarización que permita trasladar su impacto. Traigo todo esto a colación porque ya empiezan a vislumbrarse explicaciones públicas de por qué en el país están aumentando los precios más rápidamente que antes y de cómo el comportamiento del sector externo es siempre un factor que aparece en la discusión. Hemos escuchado en otras ocasiones cómo, para justificar el recrudecimiento de la inflación, las autoridades indican que ésta se debe al alza internacional de ciertos precios “claves”, particularmente de granos básicos y del petróleo. El paso que luego sigue en la línea de justificaciones ad hoc que se suelen mencionar, es que la inflación es mayor ahora por causas externas a las políticas anti-inflacionarias que, alegan, ha proseguido el Banco Central. Con ello esperan que la gente diga que la inflación ya no es culpa de las políticas monetarias del Banco Central, sino de factores externos sobre los cuales no se puede hacer nada.

Esta última línea de justificaciones siempre me ha llamado la atención. Nada más formulo una pregunta: ¿por qué cuando los precios internacionales de esos bienes claves venían bajando, como sucedió en estos tres años recientes de recesión económica, no nos dijeron que la menor inflación medida observada se debía precisamente a esos factores externos a la baja y, en cambio, más bien nos comentaron que la reducción lograda se debía las políticas monetarias restrictivas que el Banco Central venía llevando a cabo? A mi me encantan las justificaciones asimétricas usadas para responder esta pregunta a que son tan dados los políticos.

Echarle los muertos a alguien por el aumento de la inflación doméstica es un cuento muy socorrido. El último cuento es que, sino se aprueba el paquete tributario, va ha haber una mayor inflación. Ello será así siempre y cuando el Banco Central prosiga políticas monetarias expansionistas. Si escoge este camino para seguir financiando un excesivo y desaforado gasto público más allá de nuestras posibilidades tributarias -lo cual espero que no sea así, para bien de los ciudadanos del país- entonces sí veremos un recrudecimiento de la inflación. Si no lo hace, no tendríamos tales incrementos inflacionarios, aunque sí alzas en las tasas de interés, si es que se decide financiar el exceso de gasto gubernamental mediante un mayor endeudamiento.

Hace poco, ante una pregunta que un periodista le hizo al presidente del Banco Central, en la cual le solicita su opinión acerca de la sugerencia de grupos empresariales de que, antes que poner más impuestos se mejore la recaudación y se frene la evasión tributaria, además de reducir el gasto estatal como medio para allegar mayores recursos al fisco, respondió algo así como que esa propuesta era “ilusoria”.

A mi me preocupa -y ya he escuchado algo similar al Ministro y al Viceministro de Hacienda- que se diga que no se puede disminuir o controlar la evasión tributaria, porque si tal incapacidad es cierta, el incentivo a los evasores es muy claro: “sigan evadiendo, pues no podemos frenarlos”. En años de bonanza fiscal anteriores, cuando dijimos que ella en mucho se debía al crecimiento de la economía, oportunamente don Guillermo Zúñiga, entonces Ministro de Hacienda, enfatizó que la mejor recaudación se debía también a las mejoras sustanciales en la recaudación y al control de la evasión, lo cual parece indicarnos que, entonces, “sí se puede”. Lo que pasa es que ahora parecen preferir el camino fácil de simplemente ponernos más y más impuestos para -dicen- reducir el déficit.

En todo caso, quiero enfatizar esa otra posibilidad de lograr la estabilidad fiscal, aunque no dudo que alguien tratará de descalificarla como “´ilusoria”. Se trata de reducir el gasto del Estado, pero en serio. Y hago una propuesta (para empezar, pues tengo otras que me guardo bajo el tintero), copiando algo de lo que se ha hecho en Europa para enfrentar crisis de exceso de gasto, que, de paso, en mucho esos mismos gobiernos provocaron: ¿qué tal una reducción del 10% de los salarios de los funcionarios públicos (en todas las instituciones del Estado) para quienes ganen más de, digamos, millón y medio al mes, extensible también a aquellos contratados bajo la figura de servicios profesionales?. Esta medida demostraría que no es cierto lo que creo, cual es que muchos de quienes nos proponen mayores impuestos lo que tienen en mente es obtener más recursos para seguir manteniendo sus altos salarios y remuneraciones.

He venido diciendo en diversos comentarios que, si se le da más dinero al fisco, será para gastarlo luego, con lo cual no se reducirá el déficit, como arguyen para proponer el paquetazo tributario. La última demostración de esa conducta dispendiosa engranada en el aparataje gubernamental es el proyecto del Poder Ejecutivo para traspasar a las municipalidades un monto significativo de los ingreso que tributariamente percibe. Uno podría alegar que nada pasará, pues se le quita la plata al Gobierno Central y se traslada a las municipalidades, con lo que el gasto total del Estado hipotéticamente quedaría igual. Pero, ¡esto sí es “ilusorio”!: ¿creen ustedes que el Gobierno Central va a reducir su gasto, cerrando actividades, despidiendo su gente, parando su proyectos? Mirala, como dice mi amigo campesino. El hecho es que el Poder Ejecutivo pretende aumentar la carga tributaria del país en un 2.5% del PIB con el paquetazo que impulsa y esa transferencia que está proponiendo en la Asamblea Legislativa se aproxima a un 1.5% de los ingresos ordinarios que percibe. Esto es, ya casi gastaron más de la mitad de lo que pretenden recaudar.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 7 de marzo de 2011

Tema polémico: la prohibición del fumado


Recientemente, varios diputados del PAC le solicitaron a la Presidente de la República la convocatoria del expediente N° 17.371, Control del Tabaco y sus Efectos o mejor conocida como "Ley Antitabaco". El día de hoy no vamos a discutir sobre los efectos dañinos del tabaco en el cuerpo humano, pues en este tema no hay espacio para debate: el consumo de tabaco, al igual que otras drogas, genera daños irreparables en la salud de las personas. El tema que queremos discutir es sobre la libertad que tenemos los individuos de decir la forma en que vamos a tratar nuestro cuerpo y cuál debería ser el papel del Estado en esto.

Esta discusión, al igual que muchas otras que hemos presentado los lunes, se basa en el principio fundamental de que todos somos responsables de nuestra propia vida y nadie debería obligarnos a hacer o dejar de hacer algo. La decisión de fumar cigarros le corresponde a cada individuo y este se debe hacer responsable por cualquier consecuencia que esto conlleva.

Sin embargo, pareciera ser que en este tema, hasta los liberales tienen diferencias. Para algunas personas -liberales o colectivistas- el fumado no es un problema individual sino colectivo, porque el humo afecta los derechos de otras personas. En términos de una externalidad negativa que afecta los derechos de otros individuos, esas personas consideran que el fumado debería prohibirse, pues en cualquier caso, los no fumadores se ven perjudicados por el humo y, en el caso de países con seguridad social colectiva como Costa Rica, el pago del tratamiento médico del fumador se le endilga a todos los ciudadanos por igual.

Si bien el primer punto -problema colectivo- podría ser cierto, no lo es la conclusión: el Estado NO debe intervenir. El argumento del pago del tratamiento es rebatible fácilmente y nos lleva a la propuesta que en ASOJOD siempre hemos defendido: es necesario que cada quién pague por su propia atención médica, independientemente de si fuma, es obeso, tiene predisposición a alguna enfermedad, etc. Para nosotros, nunca será justificable que unos paguen por otros. Si bien nos tildarán de ilusos y nos dirán que, ante la imposibilidad de cerrar la CCSS, nuestro punto se cae, la discusión, tarde o temprano, nos llevará allí. La situación del régimen de pensiones, insostenible por el cambio demográfico, y la caída del modelo de bienestar en países europeos, así como el rotundo fracaso al que se dirige la propuesta de crear una seguridad social universal en Estados Unidos, parecen darnos la razón. El único sistema financiera y moralmente sostenible es el de un seguro individual del que, quizá, no estemos tan lejos, a causa de los impuestos por el cigarrillo.

Si bien en ASOJOD estamos completamente en desacuerdo con los impuestos, nos parece que la existencia de tributos sobre los cigarros podría ser útil para avanzar hacia un seguro individual. El problema actual en Costa Rica es que los tributos existentes generan recursos que van a parar al IMAS, al IAFA y a un sin fin de instituciones que pocas veces tienen funciones relacionadas con la atención de las enfermedades provocadas por el tabaco.

Lamentablemente, el cigarro, el licor, el juego y otras actividades, se han convertido en el "pato de la fiesta" para los políticos de doble moral en nuestro país. Mientras lo condenan por los daños y le ponen cuanto impuesto pueden, ven como el Estado y la ciudadanía en general se benefician enormente de una industria que genera millones de colones al fisco y miles de empleos directos e indirectos. Por supuesto, ninguno de esos políticos tiene empacho en proponer que el dinero recaudado por los impuestos a esos productos sea usado para dar vivienda o para subsidiar a los pobres.

Sin embargo, si los impuestos sobre el cigarrillo fueran usados única y exclusivamente para la atención de las enfermedades producidas por el cigarro, podríamos tener un esquema donde el fumador esté, efectivamente, asumiendo la responsabilidad por su acto. De esta forma, cada vez que compra cigarrillos, estaría generando recursos para que, posteriormente, él o los no fumadores reciban atención. Sería, entonces, como una especie de prima de aseguramiento por riesgo, donde el que más riesgo tiene, paga más y el no fumador, simplemente no pagaría esos impuestos.

El otro aspecto -afectación de los derechos de los no fumadores- también tiene una solución que no requiere del Estado. Quienes argumentan que los derechos individuales de los no fumadores se ven afectados por los fumadores tienen razón, pero pocas veces aciertan en la forma en que se puede resolver el problema. Frente a una externalidad como esta, que en la teoría clásica sería considerada una "falla de mercado", el Public Choice y la Escuela Austriaca nos han enseñado que la intervención estatal siempre termina creando más problemas de los que pretendía resolver. En otras palabras, siempre que el mecanismo de compulsión y coerción se entromete, estamos ante una "falla del Estado".

¿Por qué decimos eso? Simplemente porque si el Estado prohibe el fumado, no sólo generaría un mercado negro, muy lucrativo, que fomentaría la corrupción, el contrabando y la actuación del ciudadano al margen de la ley, elementos todos muy nocivos para la institucionalidad y el Estado de Derecho. También estaría limitando la libertad y cuando eso sucede, aunque sea de forma solapada y poco perceptible, se abre la puerta para que el monstruo entre y se apodere de todo. Como hemos dicho en reiteradas ocasiones, la libertad entra por rendijas, pero también se escapa por ellas.

Las limitaciones a la libertad, por pequeñas que sean, si se toleran y legitiman, terminan influyendo en los valores y cultura de los individuos, de forma tal que, poco a poco, van aceptando que el Estado sea el que defina lo permitido y lo no permitido, lo aceptable y lo inaceptable y, cuando se percatan, el totalitarismo está al frente. Todas las sociedades que han caído en tiranías y colectivismos han sido endebles en la defensa de su libertad: permitieron algunas restricciones y el valor de la libertad fue perdiendo importancia, hasta el punto que se convirtió en accesorio, cediendo paso a elucubraciones colectivistas como la igualdad, la solidaridad, etc.

Siendo así, posiblemente los lectores se preguntarán entonces qué proponemos para resolver esa externalidad. Pues bien, nosotros consideramos que la solución está en más mercado. ¿Qué significa esto? El mercado es, simplemente, un conjunto de individuos decidiendo libre y voluntariamente sus interacciones materiales, intelectuales y sentimentales. Es la gente actuando sin coerción. Esto quiere decir, para el caso que nos atañe, que es la misma gente la que puede encontrar una solución al problema del perjuicio causado por los fumadores a los no fumadores.

Ejemplos simples de esta idea sobran. Cuando las personas van a un local comercial donde hay fumadores y, por las molestias causadas se retiran, le están dando una señal al propietario: o separa a las personas o no vuelven. De ahí que, desde hace años, muchos negocios han optado por tener zonas para fumadores y no fumadores. Pero esa no es la única opción: muchos propietarios pueden decidir si prohiben el fumado en su negocio. La diferencia es que esta es una decisión privada en un espacio privado, donde el Estado no tiene que intervenir. Así, podría darse el caso que el dueño decida que su local va a ser exclusivo para no fumadores o, por el contrario, únicamente para fumadores. Con base en la señales que le envía el mercado -las personas decidiendo y actuando en libertad-, el propietario puede tomar medidas que le permitan seguir ganando dinero y, a la vez, no afecten la libertad de los individuos.

Otra opción es la simple tolerancia. Cuando un no fumador desea reunirse con sus amigos en un bar, por ejemplo, sabe de antemano que podría encontrarse con fumadores, sea en su propia mesa o en la de al lado. Como la gente actúa con base en la información que tiene, el sujeto de nuestro ejemplo decide si va o no a ese sitio: está en completa libertad para decirle a sus amigos que se vean en ese bar o que busquen un lugar donde no estén expuestos al humo. Si decide ir y hay fumadores, nuestro amigo sabía lo que se iba a encontrar: hizo una elección y asume las consecuencias.

Otra posible respuesta, ante los daños provocados por el humo del cigarro, la dan los métodos alternativos de resolución de conflictos. Mediante el diálogo, la negociación y la conciliación o el arbitraje, entre otros, las personas pueden dar fin a un problema. Puede darse el caso que uno le pida al otro dejar de fumar en su presencia o, a la postre, busque una compensación económica por el daño causado. Si estos mecanismos no dieran frutos, siempre están los Tribunales, donde el no fumador puede demandar al fumador por los daños causados.

Como puede verse, las soluciones existen: requieren creatividad y, sobre todo, tener presente que se debe defender la libertad y evitar la intervención del Estado.

viernes, 4 de marzo de 2011

Viernes de Recomendación


El día de hoy queremos compartir con ustedes el ensayo llamado Ensayo sobre Liberalismo de Miguel Santos Luparelli. En este texo, Luparelli explica los fundamentos básicos del liberalismo y aclara los principales errores que se cometen cuando se habla de liberalismo.

jueves, 3 de marzo de 2011

Jumanji Empresarial: salud y educación privadas e IVA


Probablemente uno de los temas que más roncha ha generado del mal llamado proyecto de “solidaridad” tributaria, ha sido la descabellada idea de gravar con el impuesto de valor agregado a la educación y salud privada.

Para nadie es un secreto que tanto la educación y salud pública de este país dan pena (por supuesto no faltará gente que salga a defenderla, pero sin duda, dada la opción entre obtener estos servicios de forma privada o pública, la mayoría de las personas optaría por la solución privada, excepto tal vez en el caso de las universidades). Por ello, resulta una gran ayuda que un sector de la población pague por estos servicios, alivianando así la carga al erario público. En este sentido las personas que utilizan servicios de educación y salud privada realizan una doble contribución a la sociedad, a saber: a) pagan impuestos que ayudan al financiamiento de los servicios estatales, b) no utilizan dichos servicios estatales lo cual hace que se tenga una mayor inversión per capita en dichos servicios. Pero, los políticos no parecen estar nunca satisfechos con los esfuerzos de los ciudadanos, por ello, han decidido que es “justo” y ¿necesario? que no solamente tributen lo que hoy en día tributan, sino que también se les saque de la bolsa un dinero extra por medio del IVA.

Como se ve de lo anterior, no existe razón alguna para gravar estos servicios que tanto bien le hacen al país, la pregunta del millón de dólares es hasta cuándo los tax payers seguirán soportando que los gobiernos de turno les extraigan por la fuerza sus recursos, para financiar los problemas que los propios políticos han creado a través del despilfarro, la corrupción y el clientelismo político. Debemos hacer un alto en el camino, y tomar como ejemplo lo que hoy en día ocurre en Estados Unidos, la gente ya se está cansando que el ogro filantrópico se las pase hipotecando su futuro, esperamos que a nosotros nos llegue pronto nuestra hora de despertar del letargo y status quo que respiramos.

martes, 1 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: otro viaje innecesario


A propósito del nuevo paquete tributario que se nos pretende imponer y debido a la muy justificada reacción ciudadana en contra de un innecesario y excesivo gasto público, la reacción de los “gastones” no se ha hecho esperar: ahora nos prometen que esta vez sí cumplirán con su promesa, siempre oída pero incumplida, de reducir los gastos estatales.

Tal acto de contrición lo menos que puedo es calificarlo de falso, porque si el interés del gobernante fuera cumplir responsablemente con el ciudadano costarricense, lo que ya debería haber hecho desde hace buen tiempo -y no oportunistamente ahora- es reducir ese gasto innecesario y excesivo que paga toda la ciudadanía. Pero, bueno, seamos optimistas y pensemos que la hora del propósito de enmienda ha llegado y que el gobierno ha decido frenar el voluminoso gasto estatal (cuando hablo de gobierno, incluyo a las instituciones descentralizadas, que al respecto no han dicho “ni cuío”).

Siendo positivo, espero que, antes de pensar en elevar las cargas sobre el trabajador, el consumidor, el ahorrante, el pulseador y demás seres comunes y corrientes de este país, el Estado efectivamente vaya a reducir su gasto. El problema es que -y discúlpenme por mi escepticismo- me da la impresión de que lo que más bien está esperando el Estado es la aprobación de más impuestos para proceder de inmediato a gastarlos. Como prueba de honor, de que lo que promete, lo cumple, el Gobierno debería de reducir sustancialmente ya ese exceso de gasto, tal como lo ha indicado apropiadamente el grupo de diputados del Partido Unidad Social Cristiana con su propuesta para reducir el déficit fiscal (el que estén políticamente muy “rebajados” no quita que públicamente alguien les reconozca ese mérito).

Hoy comento un asunto que ilumina la conducta que ante el gasto público muestran las autoridades de gobierno. Ya se anunció que un equipo nutrido del Ministerio de Relaciones Exteriores viajará a Holanda para estar presente el 8 de marzo, en la sesión en que la Corte Internacional de la Haya brindará su veredicto ante la acusación costarricense de invasión a su territorio por el ejército nicaragüense. En ningún momento me opondría a que funcionarios de nuestra Cancillería viajaran allá, si eso fuera necesario, indispensable, para la toma de decisión de los jueces de dicha Corte, pero me parece que éste no es el caso, pues los jueces decidirán, no en función de la presencia de más funcionarios de nuestro país, sino de acuerdo con sus convicciones propias sobre el asunto.

En todo caso, si fuera necesaria tal presencia jurídica, para encargarse de ello están allá destacados abogados que representan a nuestro país, como lo han hecho desde su inicio los licenciados Edgar Ugalde y Jorge Urbina, costarricenses que nos honran con su labor, quienes me imagino están acompañados por abogados especialistas en derecho internacional contratados para darles asesoría, como son el británico James Crawford y el argentino Marcelo Cohen, al igual que, tal vez, por los abogados ticos Sergio Ugalde, Arnoldo Brenes, Ricardo Otárola, Christian Guillermet y el embajador Manuel Dengo. El viaje que el “equipo” de Cancillería haría desde Costa Rica para el día en que los jueces de La Haya den su fallo no agrega nada de valor, aunque deben haberse imaginado que les serviría para echarse encima lauros políticos, tal vez hasta inmerecidos por lo descuidados que fueron algunos en el momento oportuno.

La presencia de ese grupo ampliado de funcionarios de la Cancillería en tal ocasión es totalmente innecesaria, a menos que hayan pensado en que se tiene un alto grado de certeza de que el asunto ya está ganado y quieren, como buenos políticos que son, que las candilejas los iluminen allá en el momento de victoria gloriosa (¡Hay que saber adónde estar!). No dudo de que un triunfo de la tesis costarricense nos alegrará a todos y que apreciaremos la labor de los abogados que cité anteriormente. El resto de burócratas mejor que se quede aquí, celebrando con nosotros si es que triunfa la tesis nacional.

De paso, el que no haya viajadera sería un gran ahorro de gasto público, pues dicho visitación no resultar nada barata. No hacerlo ayudaría en algo a paliar el enorme déficit gubernamental, pero eso parece no importar: lo verdaderamente apreciado es vivir gastando lo que tanto le cuesta producir a los ciudadanos. Ojalá que recapaciten desistan de ese nuevo viaje; que piensen por un momento en que no es necesario gastar esos dineros que los ciudadanos pagan con impuestos.

Jorge Corrales Quesada