Bueno, por dación divina, nuestra casa nacional se está recomponiendo. Fabio Chaves renunció (¡¡) como líder sindical del ICE. Su especialidad era el boxeo. Jorge Nery Carvajal hizo mutis obligado –¡ay dolor!– del CON, después de 23 años de educación deportiva. Su vacío es un hoyo negro. Ottón Solís ya está de vuelta entre nosotros, tras su experiencia de padre y profe en Florida, y descubrir, en afanes caseros, cuán duro es el trabajo de las mujeres y cuán rico es vivir en una ciudad sin presas en las calles. Retornaron también los dispersos legionarios del futbol prestos a enfren- tar a Granada, al mando de Medford, recién casado.
Es hora de recogernos y de pensar. El tema primordial quedó estampado en el discurso de Ottón Solís a su llegada, eco de acuerdos universitarios, artículos profesorales y estribillo de los Comités Patéticos, así bautizados por el aguerrido diputado Óscar López. Conclusión: la tragedia social de Costa Rica es obra demoníaca del neoliberalismo, que se implantó aquí el 8 de mayo de 1986, a mediodía, con los hermanos Arias. Antes nuestra patria era la geografía de la bienandanza, la honradez, la igualdad, el estudio, la máquina de escribir, los viajes a Puntarenas y el amor, pero…
Irrumpió el neoliberalismo, parte de la farmacopea política y económica de países avanzados, pero culpable aquí del desalmado huracán Alma, de la inseguridad ciudadana, de la pobreza, de las presas, de la suciedad, de las maltrechas vías públicas, del tetracampeonato del Saprissa, de la orfandad del C. S. Herediano, del colonialismo gringo, de las malditas inversiones extranjeras, del desvanecimiento de nuestra cultura, de la inicua construcción china del nuevo estadio nacional, de la violencia, del precio de la gasolina y, en fin, de todas nuestras desventuras. Nosotros, los ticos, no somos, por ello, culpables de nada.
La ventaja de este planteamiento tan simple y nítido es que no obliga a pensar en la complejidad de los problemas sociales o económicos. ¿Para qué pensar en un país donde la escuela, por décadas, no ha enseñado a pensar? De aquí que, si la causa de nuestros males es el neoliberalismo, la solución es liquidarlo y con él a los hermanos Arias, sus heraldos. Y si, además, se le prende fuego a La Nación , el 13 de junio próximo, según la campaña de ciertos grupos de intelectuales, patriotas y profesionales, ante nosotros se abre un porvenir radiante.
La solución nacional, ahora que estamos junticos, es volver atrás. ¿Entendieron, jóvenes animosos e intrépidos, intelectuales de veras, científicos de veras, empresarios de veras, educadores de veras, ticos de veras? La consigna: Cien pasos atrás y uno adelante…
Julio Rodríguez
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