Hay momentos en que una persona enferma se encuentra en una situación donde se le desahucia, es decir, se le indica que no tienen posibilidad alguna de recuperación y que les queda poco tiempo de vida. Otras veces, sucede que una persona sufrió un accidente y quedó en condiciones totalmente discapacitado y sus funciones más elementales dependen de la ayuda de otra gente.
Es en ese tipo de situaciones donde se habla de la posibilidad de aplicar la eutanasia, es decir, un procedimiento para acelerar la muerte de la persona que se encuentra en una situación de irreversibilidad, con tal de evitarle sufrimiento y dolor. En ASOJOD pensamos que es ese procedimiento debería ser legal, de forma tal que la persona o, en su defecto, su familia, pueda decidir si se somete a él.
En la película española Mar adentro -basada en una historia real- Javier Bardem estelariza a un individuo que sufrió un accidente mientras disfrutaba en una playa. Como resultado del mismo, quedó totalmente cuadrapléjico, de forma tal que sólo podía mover su boca y ojos. Para todo dependía de su cuñada, quien lo bañaba, vestía, alimentaba, cuidaba, etc. Así estuvo durante 28 años, hasta que tomó la decisión de solicitarle al ayuntamiento de La Coruña que lo dejaran someterse a la eutanasia, pedido que fue rechazado en dos ocasiones. Al final, el individuo pide a sus amigos que cada uno de ellos colabore con el proceso de eutanasia, ejecutando partes por las cuales no podrían ser acusados.
Contamos esta breve reseña porque ante tal drama humano, hay gente que, basada en la creencia de dios, tiene el descaro de proclamar amor al prójimo mientras se niega a legalizar la eutanasia. Dicen que "nadie tiene derecho a acabar con la vida de otro, que esa es una labor de dios" y no tienen el más mínimo sentimiento respecto a ver a alguien retorcerse del dolor y la frustración en una cama durante años. Eso es sencillamente atroz.
Nosotros en ASOJOD consideramos que el ser humano es dueño de su cuerpo, su mente y su vida. Que ejerce derechos de propiedad sobre sí mismo y que puede decidir que hacer con su vida. No hay ninguna justificación moral para impedirle decidir cómo vivir, ni tampoco para impedirle decidir cómo morir. Y este derecho aplica en todo momento: no es necesario que se esté en una situación de desahucio. Para nosotros, cualquier persona tiene la libertad para decidir cuándo pone fin a su vida, siempre y cuando con su acto no atente contra la vida de otras personas.
Hay que tener claro que el concepto de vida desde el punto biológico no debe equipararse a vida desde el punto de vista existencial. Los órganos pueden funcionar y la sangre fluir y no por eso una persona está viva. La vida comporta un deseo de actuar en determinada dirección para obtener objetivos específicos, de modo que, para algunos, cuando existe una imposibilidad manifiesta para tratar de alcanzar esos objetivos, cuando no resulta posible actuar, se pierde la condición de vida. Es por ello que esas personas deben tener el derecho de, si así lo desean, morir.
Tal como lo hemos explicado en temas como el derecho al aborto o al consumo de drogas: el hecho de que una situación como estas sea válida jurídicamente hablando no quiere decir que todos estén obligados a aplicarla en sus vidas. Es una cuestión de no prohibición y no de obligación a hacer. Si alguien desea seguir atado a una cama como un vegetal hasta que "dios" se lo lleve, perfecto, puede hacerlo. Pero si alguien desea someterse a la eutanasia, también debe permitírsele.
No hay cosa más atroz que obligar a alguien a vivir cuando no tiene deseos de hacerlo. Cada quien escoge las batallas que desea luchar pero cada quien también debe decidir cuándo dejar de luchar. Esperamos que nuestra sociedad avance hacia la aprobación de este verdadero derecho humano y que, con ello, nos alejemos cada vez más del fundamentalismo religioso.
Es en ese tipo de situaciones donde se habla de la posibilidad de aplicar la eutanasia, es decir, un procedimiento para acelerar la muerte de la persona que se encuentra en una situación de irreversibilidad, con tal de evitarle sufrimiento y dolor. En ASOJOD pensamos que es ese procedimiento debería ser legal, de forma tal que la persona o, en su defecto, su familia, pueda decidir si se somete a él.
En la película española Mar adentro -basada en una historia real- Javier Bardem estelariza a un individuo que sufrió un accidente mientras disfrutaba en una playa. Como resultado del mismo, quedó totalmente cuadrapléjico, de forma tal que sólo podía mover su boca y ojos. Para todo dependía de su cuñada, quien lo bañaba, vestía, alimentaba, cuidaba, etc. Así estuvo durante 28 años, hasta que tomó la decisión de solicitarle al ayuntamiento de La Coruña que lo dejaran someterse a la eutanasia, pedido que fue rechazado en dos ocasiones. Al final, el individuo pide a sus amigos que cada uno de ellos colabore con el proceso de eutanasia, ejecutando partes por las cuales no podrían ser acusados.
Contamos esta breve reseña porque ante tal drama humano, hay gente que, basada en la creencia de dios, tiene el descaro de proclamar amor al prójimo mientras se niega a legalizar la eutanasia. Dicen que "nadie tiene derecho a acabar con la vida de otro, que esa es una labor de dios" y no tienen el más mínimo sentimiento respecto a ver a alguien retorcerse del dolor y la frustración en una cama durante años. Eso es sencillamente atroz.
Nosotros en ASOJOD consideramos que el ser humano es dueño de su cuerpo, su mente y su vida. Que ejerce derechos de propiedad sobre sí mismo y que puede decidir que hacer con su vida. No hay ninguna justificación moral para impedirle decidir cómo vivir, ni tampoco para impedirle decidir cómo morir. Y este derecho aplica en todo momento: no es necesario que se esté en una situación de desahucio. Para nosotros, cualquier persona tiene la libertad para decidir cuándo pone fin a su vida, siempre y cuando con su acto no atente contra la vida de otras personas.
Hay que tener claro que el concepto de vida desde el punto biológico no debe equipararse a vida desde el punto de vista existencial. Los órganos pueden funcionar y la sangre fluir y no por eso una persona está viva. La vida comporta un deseo de actuar en determinada dirección para obtener objetivos específicos, de modo que, para algunos, cuando existe una imposibilidad manifiesta para tratar de alcanzar esos objetivos, cuando no resulta posible actuar, se pierde la condición de vida. Es por ello que esas personas deben tener el derecho de, si así lo desean, morir.
Tal como lo hemos explicado en temas como el derecho al aborto o al consumo de drogas: el hecho de que una situación como estas sea válida jurídicamente hablando no quiere decir que todos estén obligados a aplicarla en sus vidas. Es una cuestión de no prohibición y no de obligación a hacer. Si alguien desea seguir atado a una cama como un vegetal hasta que "dios" se lo lleve, perfecto, puede hacerlo. Pero si alguien desea someterse a la eutanasia, también debe permitírsele.
No hay cosa más atroz que obligar a alguien a vivir cuando no tiene deseos de hacerlo. Cada quien escoge las batallas que desea luchar pero cada quien también debe decidir cuándo dejar de luchar. Esperamos que nuestra sociedad avance hacia la aprobación de este verdadero derecho humano y que, con ello, nos alejemos cada vez más del fundamentalismo religioso.
3 comentarios:
No considero que la eutanasia sea un asesinato o un suicidio en el sentido convencional como lo califica mucha gente, dado que implica una
decision voluntaria por parte de una persona que quiere morir de
manera digna si se llega al extremo de una enfermedad sumamente
dolorosa en lo físico y emocional. Debe constituir un derecho humano
contemplado desde la libertad individual. Vivir no puede convertirse
en un deber absoluto.
Apoyar la eutanasia no significa, como comentó en una ocasión Guillermo Malavassi Vargas en La Nación, que entonces hay que cerrar los hospitales o desestimular
la investigacion medica. No, por supuesto que la investigacion
medica seguirá y tiene que seguir avanzando para la mejora de la
calidad de vida de las personas y para afrontar mejor las
enfermedades y de ahi los cuidados paliativos, los cuales son
complementarios con la posibilidad de eutanasia. Incluso, percibo
que el hecho de que la eutanasia sea legalmente posible, podría
conllevar un efecto psicológico tranquilizador, ya que un enfermo que
está sufriendo, si sabe que en algún momento empeora su enfermedad y
va a quedar como un vegetal, puede solicitar la eutanasia. Es decir,
seguirá luchando por su vida y por recuperarse, pero si las cosas
empeoran a un grado intolerable, podrá terminar dignamente su vida.
Para concluir, no considero que porque la eutanasia sea legal
entonces tiene que practicarse o estimularla indiscriminadamente,
como podria creer mas de uno, sino que la eutanasia seria una
posibilidad, que en un caso extremo podria ser una salida para tener
una vida sin dolor extremo -no me interesa la visión religiosa del
dolor o el sufrimiento como una redención obligada-.
Desde el ámbito cinematográfico un buen ejemplo de eutanasia justificada y bien aplicada
se presenta en la película "Invasiones barbaras", donde precisamente se da un
caso de eutanasia, que ejemplifica en buena parte lo que puse en mi
mensaje.
Rodman:
Totalmente de acuerdo con ud. Resulta increible que haya gente que impida a otros morir con dignidad tan solo por una cuestión religiosa. ES gente que busca imponer su fe a la fuerza.
Yo en lo personal siempre he pensado que, si llegara a pasarme algo, preferiría que me apliquen la eutanasia. Yo no quisiera vivir siendo una carga para otros ni soportaría saber que mi existencia implica el sacrificio de alguien que tenga que cuidarme las 24 horas del día.
Además, me resultaría terrible no poder si quiera realizar mis actividades más elementales. Es lo que en ASOJOD hemos discutido siempre: estar en esa situación no es vivir.
Alejandro
yo tambien estoy de acuerdo ya que cada uno tiene derecho a decidir sobre su propia vida
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