Tanto en los debates de precandidatos del Partido Acción Ciudadana como del Partido Liberación Nacional, hubo un tema que estuvo siempre presente: el “problema” de la desigualdad. En general, es común que se hagan afirmaciones como “la brecha social crece cada día más” con tono preocupante y otras por el estilo. En clases universitarias, artículos periodísticos, e incluso en informes especializados como el Estado de la Nación, el tema de la desigualdad tiene un lugar prominente entre los problemas que hay que resolver.
Por eso, en ASOJOD hemos decidido discutir este “problema” desde varios ángulos: en primer lugar, veremos las razones que aparentemente motivan a los varios actores a considerar la desigualdad como un problema. En segundo lugar, intentaremos refutar estas argumentaciones. Finalmente, explicaremos las razones por las que nos parece que la desigualdad no es un problema, sino una mera consecuencia natural.
En relación con el primer punto, nos parece que la desigualdad es considerada un problema por dos razones, la primera de ella por ignorancia pura y simple. Por ejemplo, si uno discute con ciertas personas que afirman que la desigualdad es indeseable, veremos que en realidad de lo que hablan es de pobreza; confundir desigualdad con pobreza es algo sorprendentemente común, lo cual demuestra una falta de claridad conceptual de parte de quien lo dice. La desigualdad se refiere a la manera en que la riqueza está distribuida en términos relativos. Por lo tanto, afirmar que una sociedad es desigual implica reconocer que unas personas tienen relativamente más que otros. Nótese que para hablar de desigualdad, siempre es necesario contemplar al menos a dos sujetos para enfrentarlos y obtener la conclusión.
Mientras tanto, la pobreza es una categoría que se relaciona con el nivel de ingreso pero que no necesariamente necesita la metodología comparativa para determinarse sino que, en nuestra opinión, es una definición de necesidades y carencias que un individuo tiene en un momento específico. En este sentido, consideramos que es inoperante medir el nivel de pobreza en función de una comparación entre individuos pues, siendo esta un conjunto de carencias, sólo cada individuo puede conocer qué le hace falta.
La segunda razón por la que nos parece que la desigualdad es vista con desdén es la adhesión a una ideología particular o a un ideal de justicia tal que busque que todos tengan un nivel más o menos igual de riqueza. Uno de los problemas más graves de esta visión es que implica que haya alguien, un “distribuidor” que definirá cuándo se logra y cómo se debe lograr esta distribución igualitaria. Friedrich Hayek explica en su obra Derecho, Legislación y Libertad que se podría naturalmente partir de este punto si la distribución de la riqueza fuera hecha de manera deliberada por alguien. Lo cierto es que este tipo de planificación no es posible como bien explicó Ludwig von Mises en su artículo “El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista”.
El mismo problema surge cuando se trata de pobreza: siendo que, a nivel académico, se le mide en función del ingreso, afirmar que una persona es pobre porque recibe menos de $1 o $2 diarios y esto le impide satisfacer ciertas necesidades, implica tanto que alguien conoce las necesidades de esa persona, el costo en que debe incurrir para satisfacerlas y la naturaleza y frecuencia con que deben ser satisfechas. En otras palabras, requiere a un burócrata que sepa, independientemente de las circunstancias individuales, qué y cuánto necesita una persona para poder vivir tranquilamente.
En ASOJOD somos del criterio que la desigualdad, más que ser un problema, es una consecuencia natural, la cual es simplemente reflejada por la economía de mercado. Un orden cataláctico, como el mercado, emite que los individuos tengan jerarquías de valor propias. Estas valoraciones, además de ser individuales, cambian de manera constante. Por esta razón, no tiene sentido ni es posible, intentar definir escalas de valores comunes. Al tener escalas de valores distintas, los distintos individuos toman decisiones que subjetivamente consideran mejores para mejorar su situación. Estas distintas escogencias necesariamente causan desigualdad de riqueza material.
De este modo, la desigualdad viene a ser una consecuencia de las transacciones libres y voluntarias de los distintos individuos. Quienes tiene más no lo consiguen costa de quienes tienen menos, como erróneamente pretenden hacernos creer los colectivistas, sino que lo logrado es producto de cientos de circunstancias diferentes como lo son mayor productividad, mayor eficiencia, mayor capacidad para satisfacer las necesidades de consumo de otros individuos, diferente estilo de vida, diferente experiencia de vida, etc.
Exigir la reducción de esa desigualdad, requiere interferir en las decisiones voluntarias de los individuos, implica que un tercero imponga una escala de valores específica a los demás, lo cual, a su vez, resulta en una necesaria violación a la libertad y a la propiedad. Porque para reducir la brecha de desigualdad, hay que quitarle a unos para darle a otros y en mayor o menor magnitud, cuando este hecho se ha presentado en los distintos experimentos políticos que se han realizado hasta el momento, el resultado siempre ha sido el mismo: fracaso, inmoralidad, mediocridad, corrupción, violencia, esclavitud.
A lo mismo llevan los intentos por reducir la pobreza. El político o el burócrata simplemente determinan que alguien es pobre y por tanto, desarrollan programas para "mejorar su situación". Pero para hacerlo, aplican la misma fórmula: deben robarle a unos (impuestos) para darle a otros (subsidios), consiguiendo los mismos resultados antes mencionados.
Por eso, en ASOJOD hemos decidido discutir este “problema” desde varios ángulos: en primer lugar, veremos las razones que aparentemente motivan a los varios actores a considerar la desigualdad como un problema. En segundo lugar, intentaremos refutar estas argumentaciones. Finalmente, explicaremos las razones por las que nos parece que la desigualdad no es un problema, sino una mera consecuencia natural.
En relación con el primer punto, nos parece que la desigualdad es considerada un problema por dos razones, la primera de ella por ignorancia pura y simple. Por ejemplo, si uno discute con ciertas personas que afirman que la desigualdad es indeseable, veremos que en realidad de lo que hablan es de pobreza; confundir desigualdad con pobreza es algo sorprendentemente común, lo cual demuestra una falta de claridad conceptual de parte de quien lo dice. La desigualdad se refiere a la manera en que la riqueza está distribuida en términos relativos. Por lo tanto, afirmar que una sociedad es desigual implica reconocer que unas personas tienen relativamente más que otros. Nótese que para hablar de desigualdad, siempre es necesario contemplar al menos a dos sujetos para enfrentarlos y obtener la conclusión.
Mientras tanto, la pobreza es una categoría que se relaciona con el nivel de ingreso pero que no necesariamente necesita la metodología comparativa para determinarse sino que, en nuestra opinión, es una definición de necesidades y carencias que un individuo tiene en un momento específico. En este sentido, consideramos que es inoperante medir el nivel de pobreza en función de una comparación entre individuos pues, siendo esta un conjunto de carencias, sólo cada individuo puede conocer qué le hace falta.
La segunda razón por la que nos parece que la desigualdad es vista con desdén es la adhesión a una ideología particular o a un ideal de justicia tal que busque que todos tengan un nivel más o menos igual de riqueza. Uno de los problemas más graves de esta visión es que implica que haya alguien, un “distribuidor” que definirá cuándo se logra y cómo se debe lograr esta distribución igualitaria. Friedrich Hayek explica en su obra Derecho, Legislación y Libertad que se podría naturalmente partir de este punto si la distribución de la riqueza fuera hecha de manera deliberada por alguien. Lo cierto es que este tipo de planificación no es posible como bien explicó Ludwig von Mises en su artículo “El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista”.
El mismo problema surge cuando se trata de pobreza: siendo que, a nivel académico, se le mide en función del ingreso, afirmar que una persona es pobre porque recibe menos de $1 o $2 diarios y esto le impide satisfacer ciertas necesidades, implica tanto que alguien conoce las necesidades de esa persona, el costo en que debe incurrir para satisfacerlas y la naturaleza y frecuencia con que deben ser satisfechas. En otras palabras, requiere a un burócrata que sepa, independientemente de las circunstancias individuales, qué y cuánto necesita una persona para poder vivir tranquilamente.
En ASOJOD somos del criterio que la desigualdad, más que ser un problema, es una consecuencia natural, la cual es simplemente reflejada por la economía de mercado. Un orden cataláctico, como el mercado, emite que los individuos tengan jerarquías de valor propias. Estas valoraciones, además de ser individuales, cambian de manera constante. Por esta razón, no tiene sentido ni es posible, intentar definir escalas de valores comunes. Al tener escalas de valores distintas, los distintos individuos toman decisiones que subjetivamente consideran mejores para mejorar su situación. Estas distintas escogencias necesariamente causan desigualdad de riqueza material.
De este modo, la desigualdad viene a ser una consecuencia de las transacciones libres y voluntarias de los distintos individuos. Quienes tiene más no lo consiguen costa de quienes tienen menos, como erróneamente pretenden hacernos creer los colectivistas, sino que lo logrado es producto de cientos de circunstancias diferentes como lo son mayor productividad, mayor eficiencia, mayor capacidad para satisfacer las necesidades de consumo de otros individuos, diferente estilo de vida, diferente experiencia de vida, etc.
Exigir la reducción de esa desigualdad, requiere interferir en las decisiones voluntarias de los individuos, implica que un tercero imponga una escala de valores específica a los demás, lo cual, a su vez, resulta en una necesaria violación a la libertad y a la propiedad. Porque para reducir la brecha de desigualdad, hay que quitarle a unos para darle a otros y en mayor o menor magnitud, cuando este hecho se ha presentado en los distintos experimentos políticos que se han realizado hasta el momento, el resultado siempre ha sido el mismo: fracaso, inmoralidad, mediocridad, corrupción, violencia, esclavitud.
A lo mismo llevan los intentos por reducir la pobreza. El político o el burócrata simplemente determinan que alguien es pobre y por tanto, desarrollan programas para "mejorar su situación". Pero para hacerlo, aplican la misma fórmula: deben robarle a unos (impuestos) para darle a otros (subsidios), consiguiendo los mismos resultados antes mencionados.
Nosotros creemos que si bien la pobreza existe, esta sólo la puede determinar cada individuo en función del conocimiento que tiene sobre su situación particular. Y para resolver su problemática, defendemos esfuerzos no gubernamentales sino individuales: que cada quién aplique su libertad y sus posibilidades para desarrollar emprendimientos con los que pueda mejorar su condición de vida.
6 comentarios:
Centrándome en el tema de la desigualdad, es algo simple y complejo a la vez. Lo simple es que las desigualdades existieron, existen y existirán siempre. Lo complejo es ver las razones de esa desigualdad. El recurso fácil, como lo hacen ciertos intelectuales o docentes de universidad o secundaria (máxime si son de Estudios Sociales) es echarle la culpa a los ricos y a la clase dominante, o al manido sistema neoliberal, que impiden que se "distribuya" la riqueza generada por el país para poder reducir la desigualdad. Hay que considerar muchos aspectos a la hora de tratar las desigualdades entre las personas, como factores personales (carácter, inteligencia, grado de activismo o pasividad, saber detectar o aprovechar oportunidades), familiares (responsabilidad de padres en la crianza, su situación económica y laboral), geográficos (si se es de zona urbana o rural, con mucha o poca activación económica, si se nace o vive en un lugar que genera empleo o es una ciudad dormitorio), políticos (tipo de regimen político, medidas económicas, grado de burocratización, etc.), pero ante todo, y como ustedes lo recalcan, las decisiones y acciones que toman los individuos son las que determinan en gran parte sus diferencias económicas y materiales con respecto a otras personas. Conozco casos de personas que vienen de hogares de clase media, tirando a alta, que están luego en la calle mendigando o de cuidacarros. Olvidar estos factores, es dejar de lado la responsabilidad individual a la hora de conseguir el propio bienestar y de vivir relativamente bien en relación con otras personas.
Muy cierto su punto Rodman: el problema radica en varias consideraciones, como señalamos.
El típico discurso de "reducir las desigualdades" es un absurdo porque estas siempre han existido y siempre existirán. Cualquier intento por reducirlas termina en violaciones a la propiedad privada y a la libertad, así como con el traslado de responsabilidades, de los pobres por su vida a la gente que no tiene responsabilidad por la pobreza de otros pero que termina pagando los platos rotos.
Esto se demuestra con el problema metodológico señalado: al confundir desigualdad con pobreza y al basar esta última en consideraciones de ingreso (y no necesidades individuales) se justifican políticas públicas nefastas.
Alejandro
Una vez leí un artículo (no recuerdo el nombre del autor) donde se hacía una parodioa de la distribución. El tipo contaba que siendo profesor universitario, realizó un examen, en el cual una parte del grupo obtuvo buena calificación y la otra no.
Y como en las clases constantemente discutían sobre la redistribución y la reducción de brechas, de forma tal que prácticamente TODO el grupo decía que era necesario quitarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen, el profesor hizo un experimento luego de entregar las pruebas: propuso que se creara un "Fondo solidario de calificaciones", según la cual, estas se iban a repartir equitativamente, de modo que todos tuvieran una calificación similar. De inmediato, los estudiantes que obtuvieron una buena, se negaron rotundamente, pues no les parecía que su esfuerzo, dedicación y estudio, premiara a otros que no habían puesto de su parte para el examen.
Esta pequeña anécdota refuerza muy bien el punto de la contradicción, de la doble moral que juega en las ideas de redistribución y reducción de desigualdades.
Alejandro
Qué cinismo más vulgar, primero que nada ya sabemos de donde viene la desigualdad, y no es precisamente producto del "carácter, inteligencia, grado de activismo o pasividad, saber detectar o aprovechar oportunidades" de los oligarcas de turno, sino más bien producto de la herencia que los mismos han recibido de sus ancestros conquistadores, los cuales obtuvieron sus riquezas a punta de violaciones a la propiedad privada y libertad de los pueblos indígenas, para ponerlo en términos de su misma parafernalia.
Ahora bien, es evidente que algo de la riqueza que ellos tienen, o quizás la mayoría, no tiene nada que ver con estos despojos sino más bien por producto de la plusvalía generada por poner a "trabajar" este capital y en menor medida por intercambio voluntario, ya que los sistemas de producción de por estos lados eran una combinación de mercantilismo y feudalismo a lo interno con ligeros matices de libre mercado entre los mismos sectores medios y pudientes(minoría ambos).
Pero el asunto aquí es que la estructura de la sociedad en los momentos en que se originan estas desigualdades no era nada justa ni respetuosa de las libertades de la mayoría, por lo que esta se veía obligada a bretear en condiciones infrahumanas por una miseria mientras que el "emprendedor" llenaba sus arcas no a punta de innovación sino a pura y llana explotación.
Entonces sabiendo esto me parece que justificar el estado de las cosas actual como mero producto de libre intercambio entre individuos es una manifestación de una gran ignorancia, o si por el contrario se conocen los orígenes de las distintas sociedas y sus respectivas relaciones de producción y aun así se sigue con las peroratas del libre cambio, estamos ante unos intelectualoides cegados por su fanatismo o recibiendo un sueldo para defender esas tonteras(cosa poco probable).
Ahora con respecto a la analogía de los estudiantes, me parece que ya estamos grandecitos para estar cayendo en esos sofismas que sólo son capaces de convencer a un mocoso de secundaria o de escuela, ya que cualquiera que tenga conocimientos mínimos en economía debe reconocer que el capitalismo es el sistema de producción más eficiente y que lleva más prosperidad, pero que el mismo no tiene una relación de causalidad entre trabajo o esfuerzo con prosperidad, sino que la misma depende de los vaivenes del mercado en su totalidad que podría propiciar ya sea fortuitamente un enriquecimiento repentino o un empobrecimiento de la misma manera a pesar de todo el trabajo y la innovación, así como del mismo modo también podría premiar el trabajo y el esfuerzo; pero el meollo del asunto es que existe un divorcio o "enajenación extrema" como decía Marx, entre la persona que trabaja y su recompensa respectiva por esta acción, es decir,todo depende de la asignación de recursos que el mercado propicia, lo cual de paso repito que no es del todo mala pero que no guarda relación alguna con el trabajoo el esfuerzo, y ni siquiera con la innovación.
Anónimo: lea bien los mensajes. Usted agarra una parte de lo que escribo y me califica de cínico (que significa mentir desvergonzadamente)por el gran pecado de mencionar unos aspectos que no son nada marginales ni simplistas a la hora de ver las desigualdades generadas en una sociedad. Las desigualdades existirán en la sociedad humana, no lo estoy relacionando con sistemas económicos o políticos en específico. Y en ello hay múltiples factores, donde menciono incluso el tipo de sistema político y económico imperante en una sociedad, aspectos que su pedantería al escribir ignora con lo que simplifica lo que pongo.
Con respecto a la plusvalía, para hacer valer esa posición debe demostrarse que el capitalista no contribuye al proceso de producción, para que sea válido afirmar de manera absoluta que este se apropia de manera incorrecta de la labor de los trabajadores. Considero que tanto el capitalista como el trabajador aportan al proceso de producción y ambos tienen derecho a utilidades, no como lo hace el marxismo, donde el capitalista siempre es el malo de la película. El capitalista -o empresario- asume riesgos, tiene una incertidumbre generada de si su producto va a ser vendido o no, o si recibirá los ingresos por lo que se va a producir. Ver solo la problemática del trabajador como el explotado -considerando que recibe su salario antes de que el capitalista reciba el pago por la venta de lo producido- es ver solo una cara de la moneda y es caer en un reduccionismo, igual que menospreciar o dejar de lado los aspectos que cité sobre el por qué se generan desigualdades en la sociedad.
Anónimo:
El sistema capitalista es el más eficiente en creación y asignación de la riqueza. No se basa en criterios de "justicia", "equidad", etc. sino del más alto valor: de la satisfacción del consumidor. Es el sistema donde cada individuo tiene el poder de votar, con sus recursos, por quién debe hacerse rico.
Estamos de acuerdo que la riqueza no siempre tiene relación con el trabajo. Hay personas que no hacen gran cosa pero que ganan millones de dólares. Tal es el caso de una/un modelo o una/un deportista que gana gran cantidad de dinero tan sólo por sonreír o jugar un par de horas a la semana.
Pero ese dinero, lo gana porque otros -los consumidores-libremente desean asignárselo. Veamos el caso de una modelo X que gane, digamos, un millón de colones a la semana, mientras una maquillista gana treinta mil colones en ese mismo tiempo. Esto obviamente provocará desigualdad en materia de ingreso, pero tal hecho responde a una causa sencilla: la gente, libremente y haciendo uso de su propio dinero, prefiere pagar por el trabajo de la modelo que por el de la maquillista porque valora más aquel que este.
Nótese que no existe relación de explotación entre la modelo y la maquillista, es decir, que la primera no "extrae parte de la retribución" de la segunda. Entonces, cómo gana más la modelo? Simplemente porque sus jefes (digamos, la agencia de publicidad que la contrata) valora más su trabajo que el de la maquillista. Por qué esto es así? Porque a su vez, los consumidores -esos individuos que libremente asignan sus recursos de acuerdo con sus valoraciones- consideran pagar más por el trabajo de la modelo que por el de la maquillista.
Esos "vaivenes del mercado" como ud los llama, son simples jerarquías de preferencia de los millones de individuos que interactuan por medio de transacciones económicas, esto es, que participan en el mercado. Lógicamente, la estructura de esa jerarquía de preferencias no es estática; por el contrario, es algo de lo más mutable, tanto entre los individuos como en cada uno de ellos. Lo que la gente prefiere hoy, no necesariamente es lo mismo que prefiere mañana o la otra semana.
Cuando tal estructura cambie, el individuo simplemente deja de hacer determinadas transacciones: cuando se canse del lápiz labial que promociona la modelo del ejemplo, sencillamente deja de comprarlo. Cuando millones de personas se cansa de lo mismo, dejan de comprar el lápiz y, por tanto, a la agencia de publicidad no le sirve seguir contando con los servicios de la modelo, razón por la cual la despiden. En otras palabras, los individuos deciden no seguir asignándole más de sus recursos a la modelo.
Y así, en cientos de millones de ejemplos, se demuestra el funcionamiento del mercado.
Alejandro
Alejandro
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