El pasado 15 de septiembre los costarricenses celebraron el Día de la Independencia. La antorcha de la independencia cruzó calles y avenidas mientras se alumbraba la noche con los tradicionales faroles. Miles cantaron el Himno Nacional y otros tantos desfilaron. Múltiples formas de celebrar la historia pero, en la mayoría de los casos, conmemoraciones carentes de sentido crítico que invite a pensar sobre el significado de ser independientes en la actualidad.
Es, también, época en que retumban los discursos ligeros, aludiendo al “sentido profundo de la patria”, a los “valores comunes” que le son propios y le da identidad. “Hacer patria es subordinar el interés individual al interés supremo de la nación” dijo la señora Presidenta de la República, demostrando hasta dónde el colectivismo ha calado hondo en la mentalidad de nuestros gobernantes, en perjuicio de los derechos y valores individuales.
En ASOJOD no podemos tomar con ligereza tales conceptos y declaraciones. Hemos señalado en diversas ocasiones el peligro existente en conceptos aparentemente bien intencionados y loables: el bien común, la patria, el pueblo y otros tantos de tinte tan difuso como colectivista, pero cuya amenaza yace, precisamente, en su carente objetividad de contenido y, por ende, en la facilidad con que cada quien (generalmente quienes detentan el poder) los dota del significado más ventajoso. ¿Cuántas políticas públicas diseñadas para favorecer el “bien común” han terminado por afectar a cada uno de los costarricenses?
Pero, más allá de la forma en que la independencia se llena de contenido, debemos preguntarnos por la vigencia del concepto mismo ¿Qué significa ser independientes bajo el paradigma de la interdependencia global?
La era de las redes nos convierte en ciudadanos del mundo donde las fronteras tradicionales territoriales carecen completamente de sentido. Ser independiente es antítesis del sometimiento, sin embargo, dependemos más que nunca de las decisiones, aparentemente insignificantes, tomadas en cualquier parte del mundo. Particularmente los gobiernos lucen inútiles para atender, y mucho menos, regular los problemas nacionales o globales, cediendo, en muchos casos, el protagonismo ante instancias supranacionales o transnacionales.
En definitiva, entendemos la independencia bajo la lógica de la aldea cuando vivimos en la era de las redes. Celebramos contemplando al pasado, pero enfrentando los desafíos que nos impone la actualidad.
Conviene entonces preguntarnos ¿de qué somos realmente independientes? Tal vez nos demos cuenta que la independencia carece de toda validez empírica y que su significado nos remite, cada vez más, a un pasado romántico de nuestra historia, cuya celebración no es otra cosa que la excusa perfecta para invocar un colectivismo contrario a la libertad individual.
Es, también, época en que retumban los discursos ligeros, aludiendo al “sentido profundo de la patria”, a los “valores comunes” que le son propios y le da identidad. “Hacer patria es subordinar el interés individual al interés supremo de la nación” dijo la señora Presidenta de la República, demostrando hasta dónde el colectivismo ha calado hondo en la mentalidad de nuestros gobernantes, en perjuicio de los derechos y valores individuales.
En ASOJOD no podemos tomar con ligereza tales conceptos y declaraciones. Hemos señalado en diversas ocasiones el peligro existente en conceptos aparentemente bien intencionados y loables: el bien común, la patria, el pueblo y otros tantos de tinte tan difuso como colectivista, pero cuya amenaza yace, precisamente, en su carente objetividad de contenido y, por ende, en la facilidad con que cada quien (generalmente quienes detentan el poder) los dota del significado más ventajoso. ¿Cuántas políticas públicas diseñadas para favorecer el “bien común” han terminado por afectar a cada uno de los costarricenses?
Pero, más allá de la forma en que la independencia se llena de contenido, debemos preguntarnos por la vigencia del concepto mismo ¿Qué significa ser independientes bajo el paradigma de la interdependencia global?
La era de las redes nos convierte en ciudadanos del mundo donde las fronteras tradicionales territoriales carecen completamente de sentido. Ser independiente es antítesis del sometimiento, sin embargo, dependemos más que nunca de las decisiones, aparentemente insignificantes, tomadas en cualquier parte del mundo. Particularmente los gobiernos lucen inútiles para atender, y mucho menos, regular los problemas nacionales o globales, cediendo, en muchos casos, el protagonismo ante instancias supranacionales o transnacionales.
En definitiva, entendemos la independencia bajo la lógica de la aldea cuando vivimos en la era de las redes. Celebramos contemplando al pasado, pero enfrentando los desafíos que nos impone la actualidad.
Conviene entonces preguntarnos ¿de qué somos realmente independientes? Tal vez nos demos cuenta que la independencia carece de toda validez empírica y que su significado nos remite, cada vez más, a un pasado romántico de nuestra historia, cuya celebración no es otra cosa que la excusa perfecta para invocar un colectivismo contrario a la libertad individual.
3 comentarios:
Aunque pertenezco al área de Estudios Sociales, y en lo personal le doy a la independencia un interés histórico (en el sentido de comprender lo que ocurrió en el pasado para entender el presente de la sociedad costarricense), a la celebración y a toda la parafernalia en sí, no le encuentro mucho valor. Este año fui a la celebración del 14 de setiembre como parte de la actividad del colegio, y eso se resume en que es un simple y llano Consejo de Gobierno. Se hace el canto del himno a las 6 p.m. y el resto es pura propaganda política del Gobierno. Y lo del 15 de setiembre es un dique desfile para que las estudiantes adolescentes se luzcan con trajes -algunos muy cortos-y se den una bailada de dos horas como bastoneras. Y los estudiantes marchando en lo que parece una celebración del Partido Fascista.
El problema central de esto es asimilar como individuos conceptos abstractos como "amor a la patria", "orgullo de pertenecer a este país", "nacionalismo", "identidad nacional". Se hace como si fuera un acto de fe, siendo el fundamento para creerselos casi asimilables a creerse los dogmas o creencias de una religión.
En el fondo está celebración tiene como fin, para el gobierno de turno, sacarle provecho político, y que el Estado se entronice más en la vida de los individuos.
Roroob
Gracias por su participación, me parece que como usted bien dice todos estos eventos deben ponerse en su justa dimensión y significado.
Saludos
Manuel
Ando medio bruto, pero no entendi nada.
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