El economista Henry Hazlitt en su libro “Economía en una Lección” (uno de los libros de economía más vendidos en la historia) expone que el arte de la economía consiste en mirar no solo los efectos inmediatos sino también aquellos que surgen a mediano y largo plazo de cualquier política y no sólo para un grupo sino para todos los grupos de personas. ¡Que maravilloso hubiera sido que don Oscar Arias se hubiese leído este libro antes de sacar adelante su famoso Plan Escudo!
Con la excusa de la crisis financiera mundial en el 2008, Arias incrementó el gasto del Gobierno en forma desmedida y, peor aún, aumentando partidas de gasto como empleos y pensiones que luego no se pueden revertir con facilidad. Esto trajo como consecuencia un déficit fiscal que cerrará este año por encima del 5% del PIB y que será uno de los más altos de todo Latinoamérica. Lo que en un principio se veía como algo bueno, dado que con este Plan se dotaría de empleo a muchas personas despedidas por la empresa privada a causa de la crisis, luego de un tiempo vislumbró las consecuencias a mediano y largo plazo: estas contrataciones implicaron un aumento en el gasto del Estado injustificado que, ahora, en el gobierno de doña Laura Chinchilla pretenden resolver incrementando los impuestos.
El principal problema del empleo público es que, en muchas ocasiones, es generado no en respuesta de una necesidad clara (por ejemplo, las calles no son seguras y es necesario contratar más policías) sino que el empleo por sí mismo el fin y nada más. Se le da empleo a la gente con el simple propósito de que sigan obteniendo salario para que puedan seguir gastando. Lo que no se considera es que ese empleo no genera valor alguno a la sociedad y obliga a los contribuyentes a pagar por algo sin sentido. Si no le hubieran quitado ese dinero a los contribuyentes para empleos sin sentido, probablemente esa misma plata la hubieran gastado en necesidades reales que hubieran colaborado con la economía verdaderamente y hubiera surgido la necesidad de contratar a esas personas que estaban desempleadas en un principio. En otras palabras, el Plan Escudo no favoreció al crecimiento de la economía.
Ahora doña Laura pretende financiar este gasto totalmente ineficiente cargándole más impuestos a los costarricenses y desincentivando aún más el crecimiento de la economía. Esto es un clarísimo fomento a la ineficiencia. Contrario a esto, lo que debería hacer doña Laura es quitar los empleos, instituciones y demás gastos que no generan ningún valor agregado en el sector público. De esta manera se podría disminuir la carga tributaria sobre las personas y este dinero adicional lo podrían utilizar en necesidades reales que fomenten la generación de mayor empleo (empleo de verdad). Lo que necesitamos en este país es una mejor administración del gasto público, no más gasto ni más impuestos.
Lástima que algo tan sencillo no quepa en la cabeza de los políticos costarricenses.
Con la excusa de la crisis financiera mundial en el 2008, Arias incrementó el gasto del Gobierno en forma desmedida y, peor aún, aumentando partidas de gasto como empleos y pensiones que luego no se pueden revertir con facilidad. Esto trajo como consecuencia un déficit fiscal que cerrará este año por encima del 5% del PIB y que será uno de los más altos de todo Latinoamérica. Lo que en un principio se veía como algo bueno, dado que con este Plan se dotaría de empleo a muchas personas despedidas por la empresa privada a causa de la crisis, luego de un tiempo vislumbró las consecuencias a mediano y largo plazo: estas contrataciones implicaron un aumento en el gasto del Estado injustificado que, ahora, en el gobierno de doña Laura Chinchilla pretenden resolver incrementando los impuestos.
El principal problema del empleo público es que, en muchas ocasiones, es generado no en respuesta de una necesidad clara (por ejemplo, las calles no son seguras y es necesario contratar más policías) sino que el empleo por sí mismo el fin y nada más. Se le da empleo a la gente con el simple propósito de que sigan obteniendo salario para que puedan seguir gastando. Lo que no se considera es que ese empleo no genera valor alguno a la sociedad y obliga a los contribuyentes a pagar por algo sin sentido. Si no le hubieran quitado ese dinero a los contribuyentes para empleos sin sentido, probablemente esa misma plata la hubieran gastado en necesidades reales que hubieran colaborado con la economía verdaderamente y hubiera surgido la necesidad de contratar a esas personas que estaban desempleadas en un principio. En otras palabras, el Plan Escudo no favoreció al crecimiento de la economía.
Ahora doña Laura pretende financiar este gasto totalmente ineficiente cargándole más impuestos a los costarricenses y desincentivando aún más el crecimiento de la economía. Esto es un clarísimo fomento a la ineficiencia. Contrario a esto, lo que debería hacer doña Laura es quitar los empleos, instituciones y demás gastos que no generan ningún valor agregado en el sector público. De esta manera se podría disminuir la carga tributaria sobre las personas y este dinero adicional lo podrían utilizar en necesidades reales que fomenten la generación de mayor empleo (empleo de verdad). Lo que necesitamos en este país es una mejor administración del gasto público, no más gasto ni más impuestos.
Lástima que algo tan sencillo no quepa en la cabeza de los políticos costarricenses.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario