lunes, 13 de junio de 2011

Tema polémico: la corrupción como descrédito de la política


En las recientes semanas han salido a la luz pública varias noticias que ilustran la descomposición ética que existe entre las diversas personalidades que se han dedicado a la función pública.
Tenemos el caso de 29 Diputados que han solicitado que el GPS -que sirve para localizar en donde se encuentran los carros que utilizan- les sea removido de sus vehículos. Según dichos Diputados, el referido instrumento tecnológico atenta contra la dignidad de sus cargos. De igual forma, 5 Diputados solicitaron un aumento de su pensión de Educadores, con base al último sueldo que han recibido (este es el de la Asamblea Legislativa). Como se ve, el pudor no es algo que conocen estos padres de la patria. Por último, pero no por ello menos importante, se encuentra el paseíto de amor que se dio el Presidente de AyA por México con una subordinada y con fondos públicos.
Todo esto sirve para insistir en la importancia de las apariencias para la legitimación del sistema. No basta muchas veces con obrar apegados a la norma (igual este no es el caso), sino que es necesario hacerlo con decoro y dignidad. Además, es fundamental que los “peers” de estos funcionarios sean un mecanismo efectivo de presión de grupo. Es increíble como ante estos casos tan descarados y desvergonzados, no han existido condenas vehementes por parte de sus compañeros, ya sea de fracción o de gobierno.

Igualmente, se requiere activar los comités de ética de los partidos políticos, dándoles un peso real dentro de la estructura partidaria. La ciudadanía demanda, con razón y justicia, el manejo transparente de los dineros que le son confiscados coactivamente a través de los impuestos. Por ello es tan importante que, dentro del sistema, existan soluciones institucionales reales y efectivas para castigar y separar aquellos que, con sus actuaciones, no solamente causan un daño pecuniario, sino un daño aún mayor: el descrédito de la política.

No se trata de un moralismo mal entendido como lo hace el PAC. Se trata de la más básica responsabilidad y el más sencillo respeto a reglas de convivencia y actuación que le permitan a los ciudadanos seguir confiando en sus representantes. No olvidemos que es desde el desprestigio de la política que han surgido personajes mesiánicos estilo Chávez como ungidos salvadores de la transparencia en la función pública.

Como, desgraciadamente, esos remedios suelen ser peor que la enfermedad, es mejor tomar las previsiones del caso para evitar su aparición.

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