miércoles, 25 de abril de 2012

Desde la tribuna: el gatito blanco y el gatito negro, relatos de la crisis económica



Un relato o una narración, si bien se refieren a algo-un hecho o varios-desarrollan una trama. Hay, no solo una sucesión de eventos o acontecimientos, sino una causalidad. Los relatos, en torno a la crisis económica de 1920 o bien de 1929 o la actual,  presentan un tejido causal, una trama, desde la cual, los ciudadanos y los agentes políticos, proponen conductas para enfrentar las causas.  De allí deriva la importancia de analizar, cuidadosamente, no solo la línea temporal de acontecimientos, sino esa trama, incluso las maquinaciones, que se ofrecen abierta o implícitamente como causas originarias de la crisis y de su desarrollo.  

Hace algunos años, la ciencia económica se olvidó de los relatos acerca del ciclo económico. Las explicaciones debidas a la actividad de las manchas solares;  las crisis de “inventarios” excesivos de bienes y una gran cantidad de hipótesis, fueron cayendo en descrédito cuando los teóricos del keynesianismo-algunos lo califican de bastardo- imaginaron que, con ajustes en las tasas de interés para “enfriar” una sobrecalentada economía o bien, bajas en las mismas tasas, para” calentar” cuando la economía estuviera ralentizada y con otros  instrumentos de “afinamiento”, el ciclo económico se podía declarar, cosa del pasado.  La realidad, sin embargo, ha sido testaruda y los ciclos económicos siguen golpeando.  

Algunos economistas, nostálgicos aún, por la fe en el afinamiento económico gestionado desde el gobierno, dejaron de llamar a las depresiones así y ahora son recesiones, cuando no meros enfriamientos o resfríos.  Sin embargo, los hechos recientes han revelado que el instrumental de “ajustes” no ha logrado superar el ciclo económico, ni las crisis episódicas, aunque aún se tenga el recato de no llamarlas depresiones. 

Una característica de las depresiones, por otro lado, es que están precedidas de una burbuja, un alegrón o fiestón económico.  El dinero sobra, el crédito abunda, las tasas de interés-precio del crédito-son muy bajas o nulas, incluso negativas. El endeudamiento y el gasto se estimulan. El ahorro es inconveniente y la riqueza se alcanza gastando y consumiendo todo lo posible, tanto desde el sector privado como, muy especialmente, desde el gasto público. El ahorro no es  asunto de cigarras ni, mucho menos, de seres humanos. Paradójicamente, quienes predican, desde la macroeconomía, el consumo y desprecian el ahorro, se desgalillan contra el consumismo y la falta de austeridad personal.    

Para la última crisis hay que hacer, al menos, una distinción. En los Estados Unidos de América, bajas tasas de interés, durante muchos lustros y el crédito abundante, inflaron los precios de viviendas de modo generalizado. Se supuso, además, que existían medios para que el crédito hipotecario de viviendas, no tuviera riesgos. Se elaboraron complicados modelos matemáticos y probabilísticos basados en distribuciones “normales”, para evaluar riesgos, en las que la probabilidad de eventos extremos, fue declarada improbable. Algunos autores de las hipótesis que llevaron a estos dislocados modelos, recibieron premios Nobel de Economía. Con ello, se daba  sello de garantía a una fé ciega en las modelaciones de las finanzas modernas.  Por otra parte, en Europa, el endeudamiento público, creció y creció, también con bajos costos y suponiéndose que, por tratarse de deuda soberana, carecía de riesgos, a pesar de la evidencia acerca de los incumplimientos históricos de los estados. Así, se daba por superado y obsoleto el ciclo económico, y se podía confiar en un mundo con pequeños resfríos económicos, casi libre de gripes y, totalmente, ajeno a los padecimientos de la pulmonía. Todo, eso sí, a pesar de la historia. 

Para la crisis que aún vivimos y que, según algunos, ya ha sido superada, se han ofrecido tres relatos principales. De modo muy resumido, se presentan a continuación. El primero, responsabiliza a la intervención estatal en tasas de interés, crédito y  a sus políticas e instituciones para el fomento del crédito hipotecario y el aseguramiento de riesgos. El segundo, responsabiliza a los bancos e instituciones financieras, a la avaricia y la desregulación. El tercero, a una larga  y compleja combinación de factores provenientes del sector privado financiero y del gobierno.

Estos relatos no son irrelevantes. La trama de causalidad del segundo y tercero, ha prevalecido para efectos de nueva intervención gubernamental. “De una cosa se está absolutamente seguro: el gatito blanco no tuvo nada que ver en aquel desaguisado. Toda la culpa fue del gatito negro”, dice Lewis Carroll en su cuento “Alicia a través del Espejo”. Desechar, sin más, un rol protagónico del intervencionismo financiero del gobierno, el clientelismo y la demagogia, puede resultar muy caro. Este relato debe ser atendido, so pena de tropezar, nuevamente, con una testaruda realidad. 

Mario Quirós Lara

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