
Recién concluyó la VI Cumbre de las Américas 2012, en donde jefes de Estado y de Gobierno se reunieron para discutir temas de interés para el continente americano.
No sorprende para quienes estuvimos al tanto del transcurso de las discusiones, que no se alcanzara ningún acuerdo productivo entre los representantes de cada uno de los países. Después de todo, estas cumbres más bien se distinguen por su intrascendencia. Sin embargo llamó la atención y advertimos la importancia de que se ponga sobre el tapete de la discusión el tema de la improductiva lucha contra las drogas y el combate al narcotráfico, que lejos de erradicar el problema en nuestra región lo ha exacerbado.
Consideramos que ya es hora que los países de nuestra región empiecen a debatir seriamente sobre este problema y las políticas que se deben implementar para que la venta y el comercio de sustancias no sólo se despenalice, sino que se legalice. El Presidente Obama ha señalado su disconformidad con cualquier posibilidad de legalizar o despenalizar la venta de este tipo de sustancias; sin embargo, el mandatario del país que representa el principal mercado para las drogas no tiene autoridad moral para señalar a los países suramericanos, centroamericanos y México, la forma en que deben ajustar sus marcos legales para que deje de correr innecesariamente la sangre de cientos de miles de ciudadanos, que hoy mueren en una guerra que no debería ser.
Hace varios meses el Presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, valientemente abrió el debate de las políticas antidrogas. Él, antes que presidente fue general del ejercito, y sabe muy bien cómo luchar las guerras y distinguir cuándo una esta perdida. La lucha contra las drogas, tal como se ha librado es una guerra perdida. En ASOJOD hemos señalado en reiteradas ocasiones que existen suficientes razones económicas y éticas para que nuestro país emule las exitosas experiencias de los países europeos que han abierto totalmente el mercado para estas sustancias, y creemos que la región centroamericana debería unirse, junto a México y los países del sur, a una iniciativa de este tipo.Seguramente no será algo que podamos ver en los próximos años, pero creemos firmemente que esta es la mejor alternativa.
Creemos además que ningún mandatario de la región debería tolerar presión alguna que determine el futuro tratamiento del comercio de las drogas. Después de todo, si a este o cualquier otro Presidente de los Estados Unidos no le parece este tipo de debate e iniciativas, debería estar dispuesto a que sea su país el que ponga los muertos y la violencia que hoy carcome a Centroamérica.
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