miércoles, 2 de mayo de 2012

Desde la tribuna: el Estado como botín

Algunos han salido a decir que son cacerías de brujas (o sea, una especie de mito, pues las brujas no existen y, entonces, salir a cazarlas es buscar algo que no existe), pero la pura verdad es que ha sido un mero muestreo.  

Unas cuantas maniobras familiares y de amigos han trascendido y dejan en evidencia unos cuantos trucos para sacarle la leche al Estado.  Un contratito por aquí, un contratote por acá, un alquiler de casita por allá y un olvido de declaración de ingresos por el otro lado.

Si la investigación sigue, aparecerá la molécula de relaciones. Una pariente que trabaja con el compa, un aumento a los combustibles, una esposa contratada, unas ferreterías convocadas, el olvido de alguna regla de contratación y el reconocimiento de relaciones comerciales y de negocios que tal vez no ha sido actualizado.  Luego un viceministro por ahí, un asesor por allá … y así seguimos.

¡No es cacería de brujas!  Es una mera averiguación, un muestreo un apenas lo que se ve.  Tras todo ello a un equipo de apoyo a la toma de decisiones, un equipo de una universidad pública que funciona como asesores, unas contrataciones por aquí y otras por allá, una gran rutina de turismo por cuenta ajena  y sería deseable que apareciese la parte sumergida del iceberg.

Lo que quiero destacar es que ahora entiendo porqué no hay propuestas de racionalidad del gasto público, por qué se aumenta irresponsablemente la planilla pública, por qué no hay interés en hacer las cosas con austeridad, por qué aumentan constantemente los precios de bienes y servicios regulados. Es evidente que hay gente trabajando en hacer el gasto más grande, la recaudación enorme, la administración gruesa … es el Estado-botín.

Se trata de construir una botija, una concentración de oportunidades propias.  Por supuesto no interesa la razón, la proporción, la eficiencia y los resultados.  Es un tema diferente:  a más Estado, más botín.  A más desorden, más posibilidades.  A más empleomanía, más favores que cobrar.  A más favores que cobrar, más para repartir.

Si aplico la “revelación” a la realidad, entonces entenderé mucho.  ¡Ingenuo que era yo!  Ahora entendiendo porqué promesas, porqué entidades gigantescas, porqué muchos van a la comisión de hacendarios y no se preocupan por el control presupuestario, porqué en la Asamblea no dan tanta atención a la liquidación del presupuesto, porqué en el sector público no se preocupan por el exceso de tamaño y las duplicaciones.    El Estado ha sido tomado como un botín en sí mismo.  Hay que engordarlo, cebarlo, alimentarlo, dotarlo, darle tarjeta para que gaste, animarlo a consumir … 

¡Claro! Y cuando salimos a hablar de austeridad, de mejorar los programas, de utilizar bien los recursos con que se cuenta, a inventariar recursos para evitar duplicaciones, a mejorar el desempeño, a iniciar estudios para obtener la eficacia, a meterle competencia al Estado … ¡resultamos aguafiestas! 

Federico Malavassi Calvo

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