miércoles, 5 de septiembre de 2007

Consecuencias de un NO


Además de los efectos de la desviación del comercio y de la inversión, que ocurriría si no se ratificara el TLC (máxime que todos los países asiáticos entraron en una carrera por realizar TLC entre ellos por el horror de quedarse por fuera de la red de países que tienen tales acuerdos en todo el mundo), desaprovecharíamos las ventajas del TLC con Europa (en términos de inversiones europeas en el país con miras a entrar en el mercado de EE. UU. sin pagar aranceles) y comprometeríamos nuestro ingreso a la Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), debido a que en ese foro solo se aceptan países comprometidos con el libre comercio.

Productividad y demanda externa. Si los costarricenses decimos NO al TLC, tendremos también que asumir las siguientes consecuencias (aunque se mantuviera la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, como algunos suponen que sucedería): 1) Habrá que competir con EE.UU. en los mercados de Centroamérica, República Dominicana, Chile, Panamá y, eventualmente, Perú y Colombia. 2) Habrá que competir con EE. UU. también en los mercados con los que tiene TLC (o tendrá en el futuro) en Asia y otras regiones. 3) Para competir eficientemente en esos mercados (y en el de EE. UU., en el caso de que no nos renueven las preferencias arancelarias que vencen en el 2008, pues a Colombia y Perú se las renovaron por tiempo limitado hasta que se apruebe su TLC en EE. UU.), los trabajadores costarricenses tendrán que ser más productivos.
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El aumento de la productividad (mayor producción por hora) significa mejores salarios y nivel de vida de los trabajadores, solo si se cumplen ciertas condiciones: 1) Aumento de la demanda para los productos que exportan o venden las empresas costarricenses, aquí y en el extranjero. 2) Aumento de la inversión local y extranjera. 3) Aumento del valor agregado de lo que producen las empresas en el país.

Cuando aumenta la productividad de los trabajadores sin que, simultáneamente, aumente la demanda de los productos o servicios que las empresas costarricenses exportan o venden, la consecuencia sería el despido de trabajadores redundantes. Cuando hay desempleo, bajan los salarios y el nivel de vida de los asalariados.

Existe una correlación de causalidad lineal, comprobada por estudios sobre el caso chino (Narayan & Smith, Granger Causality Test), entre el aumento y mejoramiento de la educación y capacitación el aumento de la productividad, el aumento de la inversión extrajera el mejoramiento del nivel de vida del trabajador. (Esta causalidad no opera en sentido contrario).

Dani Rodrik, de Harvard, sostiene que, para que un país pueda crecer sostenidamente y realizar lo que W. W. Rostov llamaba el “despegue” hacia el desarrollo, se requiere que tenga cierto grado de equidad, de educación y de desarrollo de las fuerzas productivas.

Costa Rica tiene precisamente esas características y debemos aprovechar las ventajas que nos da la globalización, que permite a pequeñas empresas del mundo en desarrollo participar en el proceso de producción de los bienes finales de las grandes empresas, fabricando componentes que requieren cierto grado de conocimiento tecnológico. Esta es una oportunidad para el desarrollo del Tercer Mundo nunca antes vista en la historia.

No obstante, si no tenemos las seguridades de un mercado garantizado para nuestros productos con el nivel de productividad actual, que es alta, ¿cómo vamos a generar un mejor nivel de vida para la población, si de pronto faltara el punto de arranque en ese nexo causal que es la demanda externa?

Además de la alusión al aumento de las exportaciones que generan los elementos mencionados, existe un factor adicional que mejora todavía más dicho nivel de vida, y es la posibilidad de consumir productos importados baratos. Un país que no puede darse el lujo de importar lo que necesita o desea es un país pobre.

Valor agregado. Muchos creen que un país en desarrollo puede darse el lujo, por seguridad alimentaria, de producir todos los alimentos que necesita su población. Si ocupamos la fuerza laboral, por ejemplo, en producir maíz o cualquier otro grano, lo que requiere trabajadores de baja calificación, estaremos condenados, como los países africanos, a producir bienes de bajo valor agregado, lo que no genera el ingreso requerido para elevar el nivel de vida de la población.

Si queremos aumentar el nivel de vida del costarricense, tendremos que ser más productivos, lo que implica la utilización de mayor capital y menos mano de obra. Si un país en desarrollo quiere ser competitivo en producir granos mediante una agricultura mecanizada, que permite mejores ganancias, tendrá desempleo. Por esta razón es que los países desarrollados se han abocado a producir bienes de mayor valor agregado en productos industriales, servicios y agricultura más intensiva en conocimientos, aunque empleen menos gente en agricultura.

Si dedicáramos nuestras llanuras a la producción de granos (que es lo que subsidian los países desarrollados), existe también el costo de oportunidad (u oportunidad perdida) de emplear a nuestra población en trabajos mejor remunerados.

Un país como el nuestro debe realizar un esfuerzo por mejorar la educación y capacitación de la fuerza laboral porque, solo produciendo bienes de mayor valor agregado, se puede generar un aumento en el nivel de vida y reducción de la pobreza. Esta es la única realidad que tenemos. Sobre otras opciones, la Unión Soviética y China demostraron, en su momento, su inviabilidad. No hay más teorías vigentes y con resultados comprobados en el mundo de cualquier otra opción. Esto explica la ausencia de un programa de desarrollo del NO.

Patricia Rodríguez Hölkemeyer, tomado del periódico La Nación

martes, 4 de septiembre de 2007

¿Todas son manipuladas?


Hoy en Telenoticias entrevistaron a Alfredo Volio y a Sonia Marta Mora para preguntarles sobre la encuesta de UNIMER publicada hoy en el periódico La Nación, en donde la intención de voto para el "SÍ" es de un 56% y para el "NO" de un 36%. En alguna otra ocasión comentaré otros datos que vienen en este sondeo, pero por ahora quisiera referirme a lo que ví hoy en Telenoticias. Volio simplemente se limitó a decir que las encuestas son una fotografía del momento y que lo que vale para el resultado final es trabajar duro hasta las 6 de la tarde del 7 de octubre. Me pareció una posición de lo mas mesurada, incluso rigurosa, aun cuando las encuestas efectivamente son fotografías de un momento, pero también pueden develar tendencias en una dirección u otra.

En contraste a la mesura exhibida por el coordinador de la Alianza por el Sí, me extrañó la reacción de la exrectora de la Universidad Nacional, que de entrada desestimó los resultados como una muestra más de la manipulación de las cifras que según ella hacen las casas encuestadoras. Y me extraña porque conozco a doña Sonia Marta y sé que es una persona sensata y rigurosa, por lo que me sorprende que emita un criterio tan ligero sobre todo a la luz de lo que han revelado, en la misma dirección de los datos de UNIMER, las dos últimas encuestas de la Escuela de Estadística de la UCR, con cifras, sobre todo la última, tan similares a las que publica hoy La Nación que parecieran hechas por la misma entidad.

Si los resultados de UNIMER son manipulados también lo son los de Estadística de la UCR. Yo me imagino que doña Sonia Marta no conoce la encuesta de la UCR, porque de lo contrario no habría acudido a un argumento tan peligroso como el que utilizó hoy en su intento de deslegitimar lo que aparentemente es una tendencia estadística claramente identificable, y que ha sido ratificada por todas las encuestas publicadas hasta ahora, menos la sui géneris encuesta de la Escuela de Matemática.

Por Roberto Gallardo

El que no quiere caldo, dos tazas


Aquel viejo adagio popular, hoy se cumple de manera contundente: resulta que ahora Perú está interesado en firmar un TLC con Centroamérica, apenas para hacerle la boca agua a los Albinos, los Fabio Cháves, los Jorge Arguedas, los Eugenio Trejos, los Rolando Araya, los PAC y todos los demás patriota amantes de la autarquía nacionalista. Como si no tuvieran suficiente con el TLC con Estados Unidos, ahora se les presenta una nueva oportunidad para que empiecen a vociferar sus ya conocidas diatribas contra el libre comercio. Justo ahora que están poniéndo toda la carne en el asador para intentar traerse abajo el TLC (no importa que de paso se traigan abajo la decisión soberana de un pueblo que votará Sí al TLC en su mayoría), se les presenta esta nueva adversidad. ¡Pobrecitos!

Así las cosas, cabe destacar dos puntos: 1) si el libre comercio es tan malo (tanto que es el único que ha logrado disminuir la pobreza en las últimas décadas en prácticamente todos los países que lo aplican) entonces el grupo del NO, fiel a sus principios, debería rechazar este TLC con Perú. ¿O es que sólo se trata de llevarle la contraria a los Estados Unidos diciéndoles No, mientras le decimos Sí a todos los demás? 2) luego de tanta lucha contra el TLC con Estados Unidos, ¿le quedarán fondos y fuerzas a los del No para oponerse al TLC con Perú? Si no es así, ¿empezarán a llover petrodólares bolivarianos en la lucha contra el "imperialismo inca", tan sólo como venganza porque la guacamaya de Hugo Chávez no pudo sentar en el trono (que se habría convertido en inodoro político) a Ollanta Humala? ¿Será que ahora sí los del NO comenzarán a recibir dineros sucios (como si no los estuvieran recibiendo ahora)? No me diga, querido lector (a), que ud es de los que cree que los corazoncitos, los volantes a todo color, las cimarronas y los comités patrióticos se financiaban tan sólo con el bolsillo de los directamente involucrados? !Qué inocencia!

Pero hay algo más interesante aún: ¿le alcanzará la fuerza y la plata los del No por el No para seguir luchando contra todos los TLC que se vienen en Costa Rica (Unión Europea, China, Mercosur, por mencionar algunos)? Ya no dan a basto, las encuestas demuestran que cada vez el apoyo al TLC crece, como también crece el empeño y la estrechez mental de los del No. Justo cuando se cansen de berrear contra el TLC, se les vendrán muchos otros tratados encima. Y todos más o menos iguales, porque se basan en las reglas de la OMC. Para el que no quiere caldo, dos tazas. ¡Qué salado!

Alejandro Barrantes

Cinco razones para el SÍ


Existen cinco razones primordiales por las que los costarricenses debemos ir a las urnas el próximo 7 de octubre a decir SÍ al TLC:

1. Consolida la apertura comercial en Costa Rica. A inicios de la década de 1980, el país decidió cambiar el modelo de desarrollo de sustitución de importaciones, por uno basado en la apertura comercial.

Para ello nos propusimos atraer inversión extranjera, promover exportaciones de productos no tradicionales, reducir sustancialmente los impuestos de importación y suscribir tratados de libre comercio con otras naciones para tener reglas de comercio claras (ya tenemos con Canadá, México, Chile y 15 países del Caribe).

Esa apertura comercial ha creado miles de puestos de trabajo directos relacionados con la exportación de más de 3.600 productos diferentes, y cientos de miles de empleos indirectos en el resto de la economía. También ha mejorado la calidad de vida de los consumidores a través de productos más variados, más baratos y de mejor calidad.

El TLC con Centroamérica, República Dominicana y EE. UU. consolida la apertura comercial y nos permitirá aumentar el bienestar de los costarricenses.

2. Tendremos reglas claras y permanentes para comerciar con Estados Unidos. Este país es el principal socio comercial de Costa Rica. Un 40% de nuestras exportaciones y la gran mayoría de la inversión extranjera que llega a nuestro país proviene de esa nación. Sin embargo, actualmente la mitad de los productos que exportamos a Estados Unidos entran libres de impuestos a ese país gracias a una concesión que nos hicieron los norteamericanos en los años ochenta, y que podría desaparecer en cualquier momento, llamada Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

El 80% de las empresas que exportan a Estados Unidos lo hacen a través de ese programa. En el caso de los textiles y los productos del mar, gozan hasta el 30 de septiembre del año entrante del privilegio de no pagar impuestos cuando ingresan a los Estados Unidos. A partir de esa fecha, si no hay una extensión del plazo para ese privilegio, deberán pagar impuestos. Con el TLC, estamos formalizando esta relación de tal forma que no tengamos que depender más de concesiones unilaterales. Lo que antes era un privilegio será ahora un derecho.

Con el TLC no dependeremos de una decisión unilateral del Gobierno de Estados Unidos. Tendremos un contrato exigible ante organismos internacionales. Esa seguridad en las reglas para comerciar con Estados Unidos nos permitirá atraer más inversión orientada a la exportación a ese gran mercado, lo que significará más puestos de trabajo y oportunidades para los costarricenses.

3. Podremos exportar más productos libres de impuestos a Estados Unidos. Actualmente, el 80% de los productos que exportamos a Estados Unidos no pagan impuestos para entrar a ese mercado. Con el TLC, prácticamente todas las exportaciones costarricenses no pagarían impuestos de manera inmediata, y aquellos sujetos a cuotas, como la leche, el azúcar y la carne, tendrán el beneficio de que estas fueron aumentadas con el TLC.

Esto beneficiará a sectores que son sumamente importantes como el textil y el atunero, debido a que brinda miles de empleos en zonas del país que desesperadamente necesitan de fuentes de trabajo.

4. Contaremos con servicios de telecomunicaciones y seguros más eficientes. Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la competencia en telefonía celular, Internet y seguros. Esto significa que, además del ICE y el INS (que seguirán en manos del Estado), se permitirá la operación de otras empresas en estas áreas que vengan a ofrecer sus servicios a los consumidores costarricenses.

Este proceso será muy similar al que experimentó el país hace como 20 años con la apertura bancaria. Recordemos que durante muchos años los bancos estatales funcionaron en monopolio. No era de extrañar que en ese entonces el servicio en los bancos del Estado fuera muy malo, caracterizado por las largas filas y el tortuguismo, así como por los horarios de atención, de 9 a. m. a 3 p. m. A mediados de los ochenta empezó un proceso para abrir ese monopolio estatal y permitir la competencia con la banca privada. Esto hizo que la misma banca estatal tuviera que mejorar sus servicios para conservar la clientela. El beneficiado de esa competencia ha sido el consumidor.

La apertura en telecomunicaciones y seguros, al igual que la de los bancos hace unos años, traerá servicios más modernos y de mayor beneficio para todos los costarricenses.

5. Los pobres tendrán acceso a bienes de la canasta básica más baratos. En nuestro país se protege a ciertos productores de la competencia internacional mediante altos impuestos de importación, lo que hace que los productos para los consumidores sean más caros. Esta protección es principalmente para bienes de consumo básico como el arroz, la leche, el pollo y el azúcar, lo que afecta más a los más pobres (un millón de personas), quienes gastan una importante parte de sus escasos ingresos para comprar esos productos. Si esos bienes no tuvieran esa protección, su precio sería más barato, y con esa reducción en el precio las personas podrían contar con dinero extra para otros gastos, como una mejor alimentación, salud, vestido, vivienda, y transporte.

Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la entrada libre de impuestos de esos productos. Pero, con tal de darles suficiente tiempo a los productores para ajustarse a la competencia, esa reducción de impuestos no resultará efectiva hasta en un plazo que va de 15 a 20 años.

Como vemos, el TLC ofrece una gran oportunidad para mejorar el bienestar de todos los costarricenses.


Otto Guevara Guth y Juan Carlos Hidalgo (Movimiento Libertario)

lunes, 3 de septiembre de 2007

A los jóvenes de Costa Rica


La juventud es una etapa de cambios, de vivir la vida intensamente, de querer experimentar al máximo, pero, a la vez, de protesta. Los que ya peinamos canas nos oponíamos a nuestros padres y de este modo empezamos a usar el pelo largo y a volvernos mediohippies (más polos que otra cosa).

También estábamos en contra de los gringos y fue grande la fiesta cuando los echaron de Vietnam y cuando los sandinistas ganaron la guerra en Nicaragua. Con el tiempo entra finalmente la madurez, vienen los hijos, y las prioridades son otras. Hay que comer, vestirse, comprar una casita, un carro si se puede, pero, sobre todo, asegurar a los retoños la educación y un porvenir.

Nuestros jóvenes de ahora tienen parecidas inquietudes, me parece que con un poco menos de preocupación por los problemas del país y del mundo, pero, sin duda alguna, para muchos los gringos siguen siendo los malos de la película, aunque cada vez los imitemos más.

De corazones y pulperos. Muchachos: tienen un gran dilema por delante y el próximo 7 de octubre pueden hipotecar su futuro si piensan con el corazón y botan NO en el referéndum sobre el TLC, solo por llevar la contraria o por no querer a los gringos. Es como si el pulpero decida no vender a los ricos del barrio porque le caen mal. De seguro ni cuenta se darían de tan singular protesta (la empleada de la casa va y compra en otro lado y punto). Por favor, utilicen el cerebro, el TLC no tiene nada que ver con el corazón, es para pensar, es un asunto de números y nada más. No vaya a ser, como dijo don Óscar Arias en Ciudad Neily, hace unos días, que los ticos hagamos la gracia de recetarnos un autoembargo con los Estados Unidos. Tienen una gran responsabilidad con ustedes mismos, si es que quieren progresar y ver a sus hijos crecer con mejores oportunidades que las que tuvimos nosotros.

Mario Camacho Herrera, tomado del periódico La Nación

Siguen las encuestas


Hace poco fue la encuesta de Estadística de la UCR, la cual daba un 52,6% por el Sí y 33,4% para el No entre votantes decididos. Ahora le toca el turno a la nueva encuesta de UNIMER sobre el TLC, la cual señala que, entre los votantes decididos, el 56% va con el Sí mientras el No tiene un apoyo del 36%. Para los del No posiblemente esta encuesta no represente gran cosa, sino tan sólo una muestra de la gran conspiración de las encuestas privadas "compradas por el gran capital trasnacional profilibustero". Pero para cualquier persona, en especial, académico, que se respete y que use regularmente sus neuronas, estas cifras demuestran que, a lo largo de este año, las cifras marcan una tendencia favorable respecto al TLC por parte de los costarricenses.

En ASOJOD seguiremos haciendo hincapié en este tipo de datos pues algo dice si todas las encuestas (salvo la tristemente célebre encuesta de matemáticas)revelan tendencias de resultados similares. Ellas son muestra de que la mayoría de los costarricenses están convencidos que este próximo 7 de octubre lo mejor que podemos hacer por nuestro futuro y por el de las nuevas generaciones, es darle un Sí al cambio, a la libertad, al progreso, a la competencia, a la innovación y al trabajo duro. En ASOJOD estamos seguros que los costarricenses votarán por el Sí al TLC. Únase estimado lector (a) para construir la Costa Rica del mañana

domingo, 2 de septiembre de 2007

No desperdiciemos oportunidades


En la sección de Opinión del sábado 11 de agosto, don Ottón Solís efectúa un conjunto de comentarios sobre mi artículo “El TLC: Una oportunidad para avanzar” , publicado el 17 de junio pasado en esa misma sección. Por el respeto que merecen los lectores, considero oportuno referirme a algunos de los temas planteados por don Ottón, sin perjuicio de que podamos ahondar sobre el tema en algún conversatorio organizado con tal fin, tal como él lo sugiere.

El argumento central de mi artículo es que la decisión que adoptaremos el 7 de octubre cambiará el rumbo del país, en especial para la población joven, al alterar los espacios de desarrollo. Una votación a favor del SÍ nos abre la puerta a mayores oportunidades para el crecimiento, la generación de empleo y la reducción de la pobreza. Una votación por el NO, por el contrario, nos reduce los espacios de acción y nos hace más difícil la tarea. Una votación por el SÍ consolida el acceso de nuestras exportaciones al mercado más grande del mundo. Una decisión por el NO nos deja en estado de incertidumbre sobre dicho acceso en el mediano plazo.

Don Ottón trata de argumentar que las cosas no empeorarán, caso de rechazarse el TLC. Para justificar su posición, indica que ha conversado con políticos norteamericanos y con el presidente del BID, quienes le afirmaron que no variarían su postura sobre Costa Rica en el eventual caso de que el NO triunfe en el referéndum. Me parece, sin embargo, que ese no es el tema relevante. ¿Preguntó don Ottón a los empresarios sus percepciones respecto a la inversión futura en Costa Rica, con TLC y sin él? ¿Le garantizaron los políticos que los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe nunca nos serían retirados, aunque ellos ya no ocupen sus cargos? ¿Preguntó al presidente del BID qué consideraría mejor para Costa Rica?

Enemigos de Costa Rica. La mayor parte de la oposición al TLC en los Estados Unidos no se produce porque afecta negativamente a Costa Rica, como trata de sugerir don Ottón; es porque les reduce oportunidades de empleo. Basta analizar las críticas formuladas por organizaciones no gubernamentales de ese país, incluida la confederación sindical AFL-CIO, sobre los tratados de libre comercio suscritos por su Gobierno. El artículo de Patricia Rodríguez “Egoísmo y prepotencia”, publicado en esta sección el domingo 12 de agosto, es muy claro. Los dirigentes sindicales norteamericanos no piensan en los trabajadores costarricenses; piensan en sus afiliados y en los empleos que eventualmente se perderían en los Estados Unidos de aprobarse el SÍ en Costa Rica.

Don Ottón conoce muy bien la política. Ha estado en ella por más de veinte años, como ministro, diputado y dos veces candidato a la Presidencia de la República. Por ello me extraña su pregunta al presidente del BID y a los miembros de la Comunidad Europea, referente a si cambiarían su relación con nuestro país de rechazarse el TLC. La respuesta a esa pregunta es obvia. Van a respetar la decisión que adopte el pueblo costarricense. Pero eso no quiere decir que les sea indiferente, como tampoco lo es para nosotros.

Don Luis Alberto Moreno, presidente del BID, dijo en declaraciones a la prensa costarricense, citadas en La Nación del 12 de febrero de este año: “Lo mejor que le puede pasar a Costa Rica es aprobar el TLC rápido”. Estoy seguro, porque así lo he conversado con varios de sus dirigentes y representantes, de que tanto el BID como la Comunidad Europea ciertamente preferirían tratar con una Costa Rica que haya aprobado el TLC, que con una que lo haya rechazado, puesto que es mejor asociarse con un país que aprovecha sus oportunidades para mejorar, que con uno que se niega a hacerlo.

Crecimiento e inversión. Don Ottón reconoce la capacidad mostrada por el país para atraer inversión extranjera directa, la cual se ha podido alcanzar porque se ha seguido una política clara para aprovechar las oportunidades que se presentan y potenciar nuestras fortalezas. Pero, contrariamente a lo que parece desprenderse del argumento de don Ottón, a mí no me deja satisfecho que atraigamos más inversión extranjera que el resto de los países de la región firmantes del TLC juntos. Eso es conformarse con muy poco.

Yo aspiro a que Costa Rica logre captar mucho más inversión local y extranjera de lo que está haciendo ahora, porque así se pueden generar más y mejores empleos. La relación de inversión al PIB en Costa Rica es, todavía, baja. Para crecer más, debemos incrementar la inversión. No creo que sea cerrándonos a las oportunidades como lo vayamos a lograr. El mensaje de los empresarios brasileños que acompañaron al presidente Lula a Nicaragua fue muy claro: contar con acceso al mercado de los Estados Unidos, gracias al TLC, es un factor importante para pensar en invertir en un país de la región.

Como indiqué en mi artículo anterior, el TLC “no será la solución de todos los problemas del país ni la causa de todos sus males”. Pero es una excelente oportunidad para aprovechar nuestras ventajas y potenciarlas aún más de lo que hemos hecho. Como afirmó el Dr. Franklin Chang, al comentar por qué votará por el SÍ al TLC en el referéndum del 7 de octubre, “al sumar todas las cosas que tiene, la mayoría es buena para el país, aunque tenga cosas malas. No es un instrumento perfecto, pero es mejor tenerlo”.

Actual política de EE. UU. En reiteradas ocasiones don Ottón ha señalado la necesidad de renegociar el Tratado. Lo vuelve a hacer en su artículo del 11 de agosto. Es un argumento políticamente atractivo, porque, en teoría, siempre podrían lograrse más beneficios. Pero es un argumento que carece de viabilidad, pues el Tratado ya fue aprobado por seis de los siete países signatarios y el nuevo balance político en los Estados Unidos no favorece este tipo de acuerdos. Además, caso que fuera posible una renegociación, no hay garantía que las condiciones que lograríamos fueran mejores que las ya alcanzadas, pues los grupos de interés que se oponen a este tipo de acuerdos tienen ahora un mayor peso en la política norteamericana.

El próximo 7 de octubre los costarricenses debemos tomar una decisión pensando en el futuro del país. El 8 de octubre, sin distinción de grupos, debemos retomar juntos el trabajo para adoptar las acciones que más nos convengan en la construcción de una Costa Rica más próspera y más solidaria. Creo que aprobando el TLC la tarea se nos facilitará y tendremos mayores oportunidades para mejorar el bienestar de nuestros ciudadanos, al abrirse espacios para generar más y mejores empleos, en especial para nuestras generaciones jóvenes. Estoy seguro de que esa es también la creencia de los grupos sindicales de EE. UU. Por eso, ellos se oponen al Tratado. Por eso, yo lo apoyo.

Por Francisco de Paula Gutiérrez
Tomado de la Nación

Por qué escribo sobre política


Porque es mi deber. Como artista, como intelectual y como costarricense. Abstenerme de pronunciarme en torno al TLC sería infinitamente más fácil: no quedar mal con nadie. Pero lo he dicho antes y lo repetiré de nuevo: mi ambición en la vida no es llegar a ser campeón mundial de la popularidad. Más me interesa expresar mis ideas que ser universalmente amado.

La misión de un artista no se limita a improvisar sublimes cánticos en dorada arpa eólica, la frente ceñida por el laurel de Virgilio. Miengagement ha sido siempre activo, mi posición, explícita. Participo del debate porque no creo que ningún costarricense esté eximido de hacerlo. Soy enfático al decir que el TLC no es únicamente –quizás ni siquiera fundamentalmente– un asunto de economistas y expertos en derecho constitucional. Quienes en el mundo saben solo de una cosa terminan por no saber ni siquiera de ella.

Quiero ver manos levantarse en la clase: ¿Hay quien entienda a cabalidad todas las derivaciones políticas, económicas, sociales, éticas, constitucionales, históricas –en suma, humanas– del TLC? Y lo que es más importante: ¿Será alguien capaz de integrarlas y crear luego una síntesis transdisciplinaria generadora de certezas? ¡Curioso: no veo en el horizonte manos ansiosas por responder!

Prudencia contra intolerancia. Y ya que hablo de certezas, me pregunto: ¿puedo honestamente decir que mi fe en el TLC sea absoluta y desprovista por completo de fisuras? No. Creo en el TLC dentro de la ponderación de beneficios y concesiones inherente a todo tratado. Mi posición es mucho más que una mera corazonada, pero bastante menos que una certeza total (una “verdad cartesiana”, la llamarían los filósofos). Pero llegó el momento de tomar la decisión, y Costa Rica ya conoce la mía.

Este es un punto llamativo: he observado que los partidarios del SÍ tienen, en general, una actitud más tamizada, más prudente, más saludablemente equilibrada por la duda. Hablan de balance, no de certezas. Algunos militantes del NO son en cambio intransigentes, furibundos, compactos como colonias de insectos. Actúan gregariamente, tal como un solo animal animado por miles de cabezas. No consideran –o pretenden no hacerlo– la posibilidad (¡tan solo la posibilidad!) de estar equivocados, o siquiera ligeramente sobremodulados. Son certezas ambulantes, paladines de la Verdad, con respecto a la cual todo lo demás son máscaras y embustes. ¡Dichosos! ¡Cuánto envidio su infalibilidad para el diagnóstico social y su don de la certeza! Yo, en cambio, tengo dudillas sobre mi propia posición, ¡qué vergüenza!

Algunos lectores entran en convulsiones cada vez que escribo sobre política: tal cosa “no me luce”, y buscan protegerme contra “el repudio del país”. Otros optan por el poco original método de la descalificación epistemológica: “¡Qué puede saber don Jacques sobre estas cosas! ¡Zapatero, a tus zapatos!” (vayan ustedes, señores y señoras, a vivir dentro de un zapato si así les place; yo lo encuentro constrictivo, insalubre y maloliente).

Lo divertido es esto: si yo estuviese respaldando el discurso del “peligro de entregar la soberanía nacional”, o de “la amenaza a nuestra identidad cultural”, entonces sí aplaudirían frenéticos mi participación en la política. En tal caso la “intromisión” del pianista sería considerada “un modelo de responsabilidad cívica”. Esto significa que el problema no consiste en que “nuestro artista se nos haya ensuciado metiéndose en política”, sino en que no se enrolara en el bando “correcto”. La irritación es en este caso generada por razones estrictamente ideológicas. No es elengagement per se el que genera la urticaria de mis críticos, sino el hecho de que dichoengagement no fuera el mismo que el de ellos. ¡Bonita manera de juzgarme!

Razones, no coces. Decir que todos aquellos que apoyamos el TLC estemos derivando sórdidos beneficios de él no es un razonamiento: es una coz. Cosa estéril, dialogar con jumentos. ¿Es esto mala fe o ignorancia? Platón diría que la segunda es siempre origen de la primera.

¡Y algunos de los “argumentos” esgrimidos! Ignotos depósitos de gas natural custodiados en nuestros mares por una invisible flotilla de botes guardianes, caídas de sistemas planeadas mefistofélicamente para alterar datos clasificados… Ambas historietas han sido ya usadas en sendas películas de James Bond: “El Doctor No” y “El mañana nunca muere”, para ser precisos. Amigos: la paranoia comienza ahí donde capitula el razonamiento. Es a través del terror como mejor se manipula a los pueblos; eso lo sabemos todos, pero a ustedes se les ha ido la mano en truculencia y hollywoodismo.

Es mi profundo sentir que las universidades públicas no han estado a la altura de la circunstancia histórica que vive el país. No por su posición ideológica que, como la de toda persona o institución, es perfectamente respetable. Tampoco por el uso unilateral de sus recursos para propagar sus puntos de vista, cosa autorizada por el inviolable principio de autonomía universitaria. Menos aún por el ejercicio de la libertad de cátedra, que siempre he defendido. Nada de eso, no. El problema ha sido más bien de tipo formativo y pedagógico.

¿Una universidad? ¿De qué sirve hablar de autonomía institucional cuando se conspira contra la autonomía del pensamiento? Recuerden, señores, que la libertad de cátedra conlleva la responsabilidad inherente a todas las libertades. Y esa responsabilidad es la siguiente: enseñar no es adoctrinar, transferir al educando la suma de fobias, terrores, resentimientos y antipatías del educador. ¿Segregar o burlarse de un estudiante que se atreve a discrepar del profesor o de sus compañeros? ¿Es eso una universidad? ¿Responde esta forma de aplastar la disensión al concepto subyacente a la palabra universidad: universal?

No tengo ni la más remota intención de callar. El silencio no es precisamente mi vocación natural. ¿Para qué escribir si no es para decir lo que se piensa? Hacer las veces de la termita que avanza a contrapelo del resto de la colonia no es cosa que me preocupe. Lo he hecho toda mi vida y a estas alturas estoy bien entrenado para ello. Las ocasionales caritas que me han sido “infligidas” durante mis visitas a la Universidad de Costa Rica, los e-mails que, entre espeluznantes faltas de ortografía, pretenden insultarme… nada de eso es democracia. Porque el espíritu de la democracia no es solo la tolerancia, sino la capacidad de considerar el punto de vista del otro, de permitir que este inspire una saludable revisión del nuestro; en suma, de considerar la posibilidad de que uno esté equivocado e integrar a nuestras convicciones los puntos de vista de los demás.

El TLC no representa la entrada triunfal al nirvana económico. La verdad es que con él tendremos que trabajar más y mejor, porque nos vamos a ver obligados a poner en práctica dos conceptos que nos sumen en el terror: la eficacia y la competencia. En el fondo larval donde se arrastran miserablemente los temores subconscientes estas son dos de las moti- vaciones del NO hermético, bravucón y desafiante que hoy confunde al país con filmes de ciencia ficción y apocalípticas visiones.

Si por expresar mi opinión voy a malquistarme con personas que otrora me respetaran, pues ¡qué le vamos a hacer! ¿Quiénes estarían en tal caso pecando de intolerancia? Tengo buenas enzimas espirituales para digerir la censura de que en ciertos círculos seré objeto. Las muecas callejeras están asumidas, aceptadas, más aún: debidamente catalogadas. A la patética necesidad de aceptación universal preferiré siempre la libertad.

Por Jacques Sagot
Tomado de la Nación

sábado, 1 de septiembre de 2007

Falsedades y manipulaciones


Con motivo de la apertura a la competencia de las telecomunicaciones que propicia el TLC, en varias ocasiones opositores del tratado me han atribuido afirmaciones falsas o se ha tergiversado mi dicho para beneficiar sus tesis. Esta vez me refiero a las alusiones del expresidente Rodrigo Carazo Odio a la revistaFortuna, Negocios y Finanzas, y del señor Gerardo Fumero Paniagua, funcionario del ICE, en su artículo “La falacia de la competencia en las redes de telecomunicaciones”.

Sobre los precios. En declaraciones dadas a la citada revista, el expresidente Carazo atribuye a una investigación, que supuestamente yo elaboré, la conclusión de que “con la desintegración de un monopolio natural del sistema de telecomunicaciones (tal y como está integrado el ICE), los costos de competencia para el país tendrán un aumento inicial de más del 20 por ciento”.

Al respecto, debo aclarar que es absolutamente falso que yo haya elaborado una investigación que concluya lo que el señor Carazo indica. Todo lo contrario. Creo en los beneficios de la libre competencia en todos los ámbitos del sistema económico en que sea posible, bajo el control del Estado. Además, como lo entendió la Sala Constitucional al resolver la consulta referida al TLC, estimo que “el texto del Tratado se convierte en una garantía para los consumidores en materia de telecomunicaciones” entre otras razones, en tanto estos “van a tener la oportunidad de escoger el proveedor de servicios que más les convenga a sus intereses, en atención a lo dispuesto en el numeral 46 de la Constitución Política”. Por otro lado, es posible demostrar la tendencia a la baja de los precios que propició la apertura de las telecomunicaciones, previa definición de una legislación balanceada garante de una igual y libre competencia, por ejemplo, en España.

En efecto, según un estudio de Ariño y Noriega (2004) que hace un balance de los resultados de la apertura de las telecomunicaciones entre 1998 y el 2003 en España, se prueba que sucedió todo lo contrario a lo que dice el señor Carazo. En ese estudio se señala que, luego de la apertura del mercado de las telecomunicaciones, con excepción de los servicios subvencionados, todos los servicios presentaron “un fuerte descenso de precios”. Aún más, según ese estudio, dicha baja de precios durante esos 5 años, supuso “una importante transferencia de rentas de los accionistas e inversores a los usuarios finales, que asciende, según estimaciones del Ministerio de Economía, a 35.971 millones de euros”.

No es monopolio natural. Por su parte, en el referido artículo, el señor Fumero acude a una cita salida de contexto, de mi ensayo sobre el artículo 46 en la Constitución Política Comentada de Costa Rica, Mc Graw-Hill, 2001, para intentar justificar que en el mercado de las telecomunicaciones prevalece un monopolio natural. De hecho, toma del aludido texto, la definición de monopolio natural de los autores Fischer, Dornbusch y Schmalensee que cito de forma literal, si bien en su manipulación, me pone a decir, implícitamente, lo que nunca he dicho y, lo que es más grave, obvia señalar mi frase de cierre en ese tema, conforme a la cual “la existencia de un monopolio natural es relativa y dependerá de su demostración según las diversas variables de tiempo, espacio y tecnología al alcance, en un determinado momento y por ello está sujeto a constante revisión”. Precisamente en el caso de las telecomunicaciones, hoy es indiscutible que no existe un monopolio natural. La discusión ha estado en el diseño de la legislación que permita la igual y libre competencia y beneficie al usuario con más variedad, mejor calidad y menores precios.

Por la honestidad en el debate, lamento mucho la falsa y manipulada alusión de mi dicho que hacen, respectivamente, los señores Carazo y Fumero. La opinión pública es merecedora de respeto. La discusión debe ser seria y de buena fe.

Por María Lourdes Echandi
Tomado de la Nación

viernes, 31 de agosto de 2007

En defensa del mecanismo de solución de disputas de la OMC


El libre comercio es uno de los aspectos más visibles de la globalización y su alcance está creciendo a un paso muy acelerado. De acuerdo a algunos cálculos, las exportaciones mundiales como un porcentaje del PIB están bordeando el 25 por ciento, mientras que en 1970 constituían el 15 por ciento.1 Alrededor del mundo, los países están eliminando las barreras comerciales y están adhiriéndose a un flujo más libre de productos y servicios.

Sin embargo, esto no es un fenómeno nuevo. A fines del siglo XIX, el mundo experimentó un aumento dramático en el comercio mundial como el que estamos viviendo hoy. En su libro Consecuencias Económicas de la Paz, John Maynard Keynes describía el impacto que el comercio tuvo en la primera década del siglo XX:

“El habitante de Londres podía ordenar por teléfono, mientras tomaba su té mañanero…los varios productos de toda la Tierra, en la cantidad que él desee y esperar que estos sean entregados razonablemente pronto a su puerta”.2

Desafortunadamente, todo terminó con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, demostrándose así que el libre comercio y la globalización no son inevitables.

Casi dos décadas después, el ambiente político había cambiado. Los políticos de hecho evitaron que el comercio se encargara de generar prosperidad, con consecuencias terribles. Mientras que los países sufrían los primeros años de la Gran Depresión, los gobiernos comenzaron a imponer restricciones punitivas sobre las importaciones, iniciando con los aranceles Smoot-Hawley de 1930. El colapso del comercio mundial y la amargura que estas restricciones provocaron en algunos países contribuyeron a crear las condiciones que eventualmente condujeron a las Segunda Guerra Mundial. Como el senador Patrick Moynihan indicara, “Si usted fuese a hacer una lista corta de cinco eventos que condujeron a la Segunda Guerra Mundial, los aranceles Smoot-Hawley sería una de esas cosas”.3

La necesidad de un árbitro multilateral

Cuando las hostilidades cesaron en 1945, era dolorosamente obvio que había una necesidad de una organización comercial internacional que evitara que los mismos errores sucedieran de nuevo. Así como el comercio se suponía que debía ser el eje de la reconciliación y reconstrucción europea luego de la guerra, lo mismo sucedería en el resto del mundo. Este fue el principio detrás de la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), el cual se consumó el 10 de abril de 1947. Mientras su principal objetivo era el de servir como un foro para la negociación de la reducción de aranceles, el GATT eventualmente también tuvo que hacer de árbitro en las disputas comerciales entre los estados miembros, dado el rechazo del senado estadounidense a la Organización Comercial Internacional, la cual se suponía que debía servir este propósito, entre otros.

Por lo tanto, desde su inicio el GATT sufrió de deficiencias institucionales considerables para lidiar con las disputas comerciales. Específicamente, en sus primeros años la resolución de disputas bajo el auspicio del GATT fue esencialmente un proceso diplomático que dependía de la buena voluntad de los estados miembros. Las disputas eran resueltas a través de negociaciones y de la diplomacia. Una gran debilidad del sistema de resolución de disputas del GATT era el hecho de que las decisiones se tomaban en base al consenso, incluyendo la opinión de las partes involucradas, lo cual resultaba en un sistema más difícil de operar puesto que la parte afectada podía simplemente vetar la decisión. Dadas estas circunstancias, en las primeras décadas el mecanismo de resolución de disputas no era eficiente ni utilizado con frecuencia.

A pesar del requisito de consenso, a través de los años el sistema obtuvo una naturaleza más judicial con las disputas siendo resueltas a través de adjudicación en lugar de diplomacia. Los paneles comenzaron a utilizar principios legales de precedente y reglas de interpretación tradicionales, de esta manera ayudando a que el sistema ganara credibilidad ante los estados miembros. La adjudicación también demostró ser un método más eficiente para resolver las disputas. Robert Hudec, un experto en el mecanismo de resolución de disputas del GATT, calculó que entre 1948 y 1989, la tasa de éxito del sistema en general era de casi 90%. Como el indicó, “los logros a estas alturas, si no son únicos, por lo menos son extraños dentro de la historia de las instituciones legales internacionales”.4

Sin embargo, a fines de los ochenta y principios de los noventa, el sistema se volvió cada vez más problemático debido a la limitación del consenso. Peter van den Bossche, profesor de comercio internacional de la Universidad de Maastricht, indica que: “El hecho de que la parte que perdía podía prevenir la adopción del reporte del panel significaba que los paneles muchas veces estaban tentados a arribar a una conclusión que sería aceptable para todas las partes, sin importar si esa conclusión era legalmente sólida o convincente”.5 Había un riesgo de que el sistema de resolución de disputas fuese descalificado como un mecanismo eficiente y confiable de resolver las disputas comerciales controversiales.

Por lo tanto, reformar el sistema era una de las principales prioridades de las negociaciones de la Ronda de Uruguay, las cuales eventualmente derivaron en la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Sin duda, librarse del requisito de consenso fue el asunto más controversial de las negociaciones. Los países miraban con escepticismo el hecho de que podrían ser “forzados” a tomar decisiones con las cuales no estaban de acuerdo. El comercio, después de todo, es uno de los asuntos más controversiales en el debate de política interna de cualquier país. Los estados miembros del GATT no estaban listos para renunciar a su soberanía de decidir qué políticas comerciales podían mantener.

Irónicamente, era la amenaza de una acción unilateral por parte de Estados Unidos lo que convenció a los miembros del GATT acerca de los beneficios de un método multilateral. Frustrado por la debilidad del requisito del consenso, el Congreso estadounidense aprobó una legislación durante los años ochenta que permitía la imposición de sanciones comerciales unilaterales en contra de países a los que se encontraba culpables de violar las responsabilidades d el GATT. Si se dejaba en su lugar, esta legislación podría haber socavado considerablemente el sistema comercial multilateral mientras que los demás países probablemente hubiesen tomado represalias contra de Estados Unidos. Podría haberse repetido el incidente de Smoot-Hawley.

Nace el sistema de resolución de disputas


Afortunadamente, el realismo dio paso al institucionalismo y un nuevo sistema fue adoptado bajo los auspicios de la OMC en 1995. El requisito de consenso fue eliminado de manera predecible, pero, como van den Bossche indica, bajo el nuevo sistema estaba claramente establecido que “los estados miembros de la OMC no podrán determinar unilateralmente que se ha dado una violación de las leyes de la OMC ni vengarse unilateralmente en el caso en que se haya dado una violación de la ley de la OMC”.6

Por lo tanto, nació un nuevo sistema que valora el multilateralismo por sobre el unilateralismo. Desde su origen, el sistema de resolución de disputas ha sido considerado la joya de la OMC. De manera simplificada, el mecanismo funciona de la siguiente manera: Cuando un país se siente perjudicado por las acciones de otra nación que considera que es inconsistente con sus compromisos con la OMC, puede pedir que se realicen consultas con el otro país para intentar resolver el problema de manera amigable. Si esto falla, entonces la parte afectada puede llevar el asunto ante un panel de adjudicación. El panel reporta sus descubrimientos luego de seis meses. El reporte del panel puede ser apelado ante el Órgano de Apelados, el cual tiene 60 días para emitir un nuevo reporte que afirme, modifique o anule las conclusiones o recomendaciones del primer panel. Una vez adoptado un reporte y si el defensor es declarado culpable de violar las disposiciones de la OMC, se le recomendará adoptar los designios del Órgano de Solución de Disputas (OSD). Si el acusado decide ignorar estas recomendaciones, el OSD puede autorizar al país afectado para que tome medidas de retaliación con medidas comerciales hasta una cantidad similar al daño original, pendiente la completa implementación.

Hay una serie de ventajas: En primer lugar, todavía hay una etapa a principios del proceso de resolución en la que la diplomacia puede ser utilizada para resolver las disputas, dejando suficiente espacio para que los países logren un acuerdo por su propia cuenta. En segundo lugar, es importante enfatizar la naturaleza no-obligatoria de las decisiones del OSD. Una de las principales preocupaciones acerca de adoptar un sistema de resolución de disputas más fortalecido bajo la OMC era el de tener “jueces extranjeros” decidiendo acerca de las leyes comerciales que un país podría mantener. Esto también era una de las principales razones por las cuales algunos grupos en Estados Unidos, un país conocido particularmente por su escepticismo hacia las cortes internacionales, se opusieron—y todavía se oponen—a la OMC.

Bajo el nuevo sistema, el OSD recomienda a los países adoptar sus decisiones. Los miembros de la OMC luego deciden si obedecen al panel o lo ignoran y se enfrentan a las consecuencias —incluyendo la posibilidad de una represalia. Sin embargo, todavía es la decisión soberana de un país si modifica sus leyes comerciales o no. Esto fortalece la legitimidad del OSD como un mecanismo para resolver las disputas comerciales. En este punto, debe indicarse que como una organización multilateral creada a través de un acuerdo internacional, la OMC deriva su legitimidad de los gobiernos nacionales que la conforman, he ahí la importancia de tener un mecanismo de resolución de disputas que no erosione la confianza de los gobiernos nacionales en el sistema.

También, a pesar de las esperadas críticas y quejas, cuando una decisión va en contra de un país, el OSD también ha desempeñado el papel político de difusor de presiones proteccionistas domésticas, permitiendo que los gobiernos “culpen” a la OMC de adoptar políticas comerciales que son impopulares en casa. Como Ernst-Ulrich Petersmann señaló, “muchos gobiernos valoran esta ‘función de política doméstica’…[que] asiste a los gobiernos a vencer a las presiones proteccionistas en casa”.7

Hasta ahora va bien


El sistema de resolución de disputas ha funcionado razonablemente bien desde su inicio. A principios de abril del 2007, 363 casos habían sido sometidos al OSD. El cumplimiento de las recomendaciones sigue siendo alto, aunque menor que aquel que había bajo el sistema del GATT. Esto es comprensible puesto que como se indicó arriba, el requisito de consenso bajo el mecanismo anterior derivó en que algunos paneles adoptaran conclusiones que eran aceptables para todas las partes involucradas y así evitaban los vetos. Desde la adopción del nuevo mecanismo de resolución de disputas, los paneles se han vuelto más asertivos en hacer cumplir las leyes de la OMC. Aún así, en los primeros 10 años del OSD, la tasa de cumplimiento es de un 83 por ciento.8

Hay dos razones por las cuales los países hallan conveniente obedecer a las decisiones del OSD. La primera es la reputación. En las palabras de Hudec, “otros gobiernos interesados en mantener la integridad legal de sus compromisos están dispuestos a hacer sacrificios considerables para exponer al gobierno acusado a la crítica por no mantener su palabra”.9 Más importante, “ser hallado en incumplimiento con las obligaciones propias es perder el derecho de pedir que otro respete esa obligación, por lo tanto, se pierden oportunidades comerciales específicas”.10 Como podemos ver, el cumplimiento exitoso de las decisiones del OSD depende de una supervisión firme llevada a cabo por los mismos estados miembros. No obstante, es el OSD es el que últimamente decide si un país ha cumplido o no.

Segundo, la retaliación —o la amenaza de hacerlo— puede ser un incentivo poderoso para cumplir. Si un país no ha implementado las recomendaciones hechas por el OSD, la parte afectada puede pedir autorización para vengarse suspendiendo sus obligaciones bajo la OMC con el país acusado por una cantidad similar al daño original. Esto usualmente implica un aumento sustancial de los aranceles sobre las importaciones. El Profesor van den Bossche justamente indica que “la retaliación… ejerce presión económica y política sobre el país ofensor para que este cumpla con sus recomendaciones y decisiones. Los productores y comerciantes de los productos afectados por los aranceles aumentados —que típicamente no son los beneficiarios de la medida que no es consistente con la OMC— ejercerán presión furiosamente para que esa medida se remueva”.11

Un ejemplo apropiado de esta dinámica puede ser encontrado en el 2003 cuando el OSD autorizó a la Unión Europea a tomar represalias en contra de Estados Unidos debido al incumplimiento de su decisión respecto a los aranceles sobre las importaciones de acero. La lista de productos que la Unión Europea pensaba atacar—lo cual hubiera representado un aumento en los impuestos aduaneros—incluía al jugo de naranja de Florida, al queso de Wisconsin, y a una amplia gama de otros productos de los “estados indecisos”, los cuales jugarían un papel crítico en la reelección del Presidente Bush en el 2004. El gobierno republicano de inmediato se retractó y eliminó los aranceles ilegales.

Es importante enfatizar que no es la OMC la que castiga a los países por no cumplir —como es el caso con otras entidades multilaterales.12 Aquí, la supervisión y el cumplimiento de la ley está a cargo de los mismos países, y la OMC sirve únicamente de árbitro.

No es perfecto


A pesar de su desempeño satisfactorio, el OSD ha sido el blanco de críticas a lo largo de los años, algunas de las cuales tienen fundamento. En primer lugar, se dice que hay asimetría en el acceso al sistema de resolución de disputas. Los países pobres no pueden cargar con el costo de denunciar a un país ante el OSD, especialmente cuando es contra países ricos o bloques como la Unión Europea. Una investigación conducida en el 2004 descubrió que “los países de altos ingresos son los principales usuarios del sistema de resolución de disputas”.13 Esto puede que esté cambiando. Mientras que se consolida el sistema, más países de bajos ingresos están comenzando a utilizar el OSD para denunciar a sus contrapartes más ricos, como lo indica el mismo estudio.

Esto conduce a una segunda crítica: Aún cuando los países pobres pueden acceder al mecanismo de resolución de disputas y ganar un caso en contra de un país de ingresos más altos, no están en una posición fuerte para vengarse a través del aumento convencional de aranceles aduaneros, debido a que esto perjudicaría a sus economías más que a la del país ofensor. Hay varios casos en los que los países ricos simplemente han ignorado las decisiones del OSD a pesar de la amenaza de represalias.14 Afortunadamente, hay un mecanismo casi nunca utilizado dentro de las reglas de la OMC llamado la “represalia cruzada” que podría aumentar la presión sobre los países ricos para que obedezcan las decisiones. Esto consiste en permitir que los países suspendan sus obligaciones en contra del país ofensor bajo los tratados de la OMC, incluyendo el Acuerdo General sobre Comercio y Servicios (GATS, por sus sigla en inglés), y más importante aún, el Acuerdo sobre los Aspectos Relacionados al Comercio de Propiedad Intelectual (TRIPS, por sus sigla en inglés). Así que aún cuando los aranceles convencionales puede que sean una amenaza pequeña por parte de un país pobre, la posibilidad de meterse con las leyes de propiedad intelectual podría afectar los intereses de empresas farmacéuticas poderosas —entre otras— lo que contribuiría a convencer a los países ricos a ceder.

Una tercera crítica está relacionada con la transparencia y legitimidad del OSD. Sin embargo, los críticos no reconocen que el actual sistema es más transparente que el GATT, su antecesor, en el cual, como lo indica Jagdish Bhagwatti, las disputas eran decididas “mediante política en cuartos llenos de humo en los que la transparencia era físicamente imposible y diplomáticamente poco astuta”.15 El OSD es ahora un cuerpo legalista en el que las reglas se imponen ante la política y cuyos razonamientos son accesibles para cualquiera.

Mucho mejor que la alternativa


A pesar de las críticas, el sistema de resolución de disputas es muy superior que la mayoría de las alternativas. En particular, siendo un mecanismo basado en las reglas, el OSD es más legítimo que un enfoque realista en el que los países imponen sanciones comerciales de manera unilateral unos a otros. También, cuando se compara el record abismal de los aranceles Smoot-Hawley de los años treinta, el OSD parece ser mucho más eficiente y transparente a la hora de resolver disputas comerciales que un escenario en el que los países dependen de la diplomacia unilateral y de las represalias para llegar a un acuerdo, especialmente si cuando bajo la diplomacia se manejan usualmente otros asuntos no comerciales. Finalmente, el OSD juega un papel crítico como árbitro en la supervisión de la resolución apropiada de disputas, mientras que bajo un sistema realista la obediencia a las reglas comerciales quedaría en manos de las percepciones de cada país.

Como demuestra la historia, el comercio libre no puede darse por un hecho. Un mecanismo eficiente y legítimo para resolver las disputas comerciales puede ser lo que determine la diferencia entre un mundo más próspero y uno que simplemente se desliza hacia el conflicto y el empobrecimiento. Afortunadamente para todos, el OSD ha desempeñado su papel satisfactoriamente hasta ahora.

Referencias


1. Ian Goldin y Kenneth Reinert, Globalization for Development: Trade, Finance, Aid, Migration, and Policy (Washington, DC: The World Bank and Palgrave MacMillan, 2006), p. 10.

2. John Maynard Keynes, Economic Consequences of Peace, citado en Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, The Commanding Heights: The Battle for the World Economy (New York: Touchstone, 2002), p. 386.

3. Patrick Moynihan, Congressional Record: 5 de septiembre de 2000 (Senate), p. S7975. Disponible en: http://www.dailyimmigration.com/immigdaily/news/2000,0907-china.shtm.

4. Robert Hudec, “A Statistical Profile of GATT Dispute Settlement Cases: 1948-1989,” Minnesota Journal of Global Trade (1993), p. 353.

5. Peter van den Bossche, The Law and Policy of the World Trade Organization: Text, Cases and Materials (Cambridge: Cambridge University Press, 2005), p. 180.

6. Peter van den Bossche, The Law and Policy of the World Trade Organization: Text, Cases and Materials, p. 183.

7. Ernst-Ulrich Petersmann, The GATT/WTO Dispute Settlement System: International Law, International Organisations and Dispute Settlement (Kluwer Law International, 1998), pp. 85-6.

8. William F. Davey, “The WTO Dispute Settlement System: The First Ten Years,” Journal of International Economic Law Vol. 8 (2005), p. 47.

9. Robert Hudec, “Does the Agreement on Agriculture Work? Agricultural Disputes After the Uruguay Round.” International Agricultural Trade Research Consortium Working Paper No. 98-2 (Abril 1998), p. 36. Disponible en: http://agecon.lib.umn.edu/cgi-bin/pdf_view.pl?paperid=1154&ftype=.pdf.

10. Ibid.

11. Peter van den Bossche, The Law and Policy of the World Trade Organization: Text, Cases and Materials, p. 221.

12. Por ejemplo, la Comisión Europea puede imponer sanciones a los países dentro de la Eurozona que incumplan con las estipulaciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el cual establece ciertas reglas con respecto a la conducción de la política fiscal de los estados miembro.

13. Kara Leitner and Simon Lester, “WTO Dispute Settlement 1995-2003: A Statistical Analysis,” Journal of International Economic Law Vol. 7 (2004), p. 172.

14. Por ejemplo, EC-Bananas III, U.S. Shrimp, Canada-Diary, entre otros.

15. Jagdish Bhagwati, In Defense of Globalization (New York: Oxford University Press, 2004), pp. 104-5.

Por Juán Carlos Hidalgo
Tomado del Instituto Cato

Azúcar y TLC


Un país caribeño ha solicitado a un congresista de EE. UU. que la cuota extra de 11.000 toneladas de azúcar que nos otorga el TLC sea trasladada a ese país, ya que durante dos cosechas Costa Rica no lo ha ocupado por no tener su tratado aprobado. Ante la indignación del sector azucarero se comenta que Costa Rica se compara al cuento de la liebre y la tortuga. ¡Hemos avanzado muy rápidamente, pero ahora nos detenemos y hasta las tortugas lentas nos alcanzan! Al no aprobarse el TLC el país se detiene y otros países avanzan.

Interesantes estudios señalan que el precio mínimo de compra del azúcar por parte de EE. UU. es de $19 por quintal (46 kilos) y hoy está a $21,50. Lo que producimos y tenemos que vender por fuera del lucrativo mercado norteamericano se regala a otros compradores a $9,50 por quintal. Gracias al TLC por tiempo indefinido, esa cuota se aumenta en un 2% cada año. Costa Rica y sus 12.000 productores de caña necesitan vender a precios altos y por tiempo ilimitado.

Triunfo. Cuando nuestros representantes de LAICA se hicieron presentes en las negociaciones del TLC, lograron vencer al gremio azucarero norteamericano, cuando exigían a su propio Gobierno que no permitieran entrar ni un kilo más de azúcar costarricense al mercado del norte. Cuando Australia negoció su tratado con EE. UU., exigió una fuerte cuota para su azúcar, pero no logró introducir ni un solo grano. Exportar a otros países sin tratado significa hasta un 400% de impuestos de entrada, o como Japón que, para no responder negativamente, simplemente impone una licencia de importación. En el mundo actual, EE. UU. es el mercado desarrollado de excelencia con mayor capacidad de pago.

Hoy la venta de alcohol se vuelve muy importante, tanto la producción de alcohol en los ingenios como la deshidratación de alcohol maquilado para reexportación. Lastima que hace 35 años el ingenio CATSA, destinado exclusivamente a la producción de alcohol, fue inaugurado y cerrado el mismo día por el expresidente Carazo. Si esto no hubiera ocurrido, estaríamos a un nivel de conocimiento y utilización del etanol parecido al de Brasil, donde tienen prácticamente resuelto el problema energético por medio de este proceso.

Inversión. Políticos desinformados comentan que toda la negociación se hizo a puerta cerrada para encubrir quién sabe qué tipo de intereses personales. ¡Pero se sabe que LAICA y los entes azucareros transparentemente invirtieron mucho esfuerzo y recursos para participar activamente en las negociaciones y defender a capa y espada los intereses de la industria azucarera costarricense!

Los resultados de su inteligente y dedicada participación se evidencian en el tratado. Lograron una cuota de 11 millones de kilos de azúcar a precio especial y 2 millones de kilos de azúcar orgánico. Por encima de este magnifico regalo, lograron una cuota de 31 millones de galones de alcohol que produce una utilidad neta de $2.300 millones que por cada tonelada de caña producida paga $427 al productor. Con la cuota extra, se calcula un pago adicional de $280,92 por tonelada para cada productor. El beneficio total es de $707 más por tonelada. Estos resultados son bienestar, ganancia, vida para todos los costarricenses por el trabajo y el crecimiento de la economía.

Por Fraser Pirie
Tomado de la Nación

Entravista a Francisco Chacón ex viceministro de COMEX


¿Por qué es importante y bueno hacer negocios con Estados Unidos?

Si uno vuelve a ver para atrás se dará cuenta de que Costa Rica ha sido un país vinculado al comercio internacional toda la vida y muy exitoso en los últimos 20 años en materia de política comercial y el que más provecho le sacó, a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC).

Luego de una relación regulada por una concesión unilateral inestable y frágil como la ICC, lo lógico es que a estas alturas se entre de lleno en una relación más estable como es un TLC, siendo Estados Unidos un país con el que ya existe una gran cantidad de inversión, muchas exportaciones van hacia allá y de ese país proviene una importante cantidad de importaciones,
En el extranjero nos ven con extrañeza, se preguntan qué es lo que sucede con Costa Rica que se tarda tanto en tomar una decisión que parece fácil. Todo el mundo entiende que en el mercado internacional necesita integrarse con una nación pequeña necesita aliarse a una grande y poderosa, porque ese país pequeño es el que puede sacar provecho de ese mercado, hay otras razones, como las geopolíticas, que pueda justificar ese acercamiento.

¿Es cierto que con el TLC, los ticos deberán pedirle permiso al resto de países centroamericanos si tenemos algún litigio internacional, con alguna compañía norteamericana?


Absolutamente erróneo es el concepto de que el ordenamiento jurídico costarricense quede eliminado con el TLC o que los tribunales del país no pueden aplicar la ley o que la legislación costarricense deja de existir por el TLC. Es simplemente un complemento, uno más entre un conjunto de leyes y no afecta una gran cantidad de legislación interna que ya existe y podemos cambiar como queramos, tanto a nivel laboral, como ambiental, con leyes mucho más efectivas. La prohibición de comerciar armas, puede darse. Es decir el sistema jurídico se ve fortalecido por el TLC, pero no es sustituido por el TLC.

Hay personas que insisten en que Costa Rica no fue defendida durante las negociaciones del TLC. ¿Cómo explicarles a los costarricenses de que eso no fue así?
Todas las personas que estuvieron en las mesas de negociaciones, reconocen el trabajo tesonero y patriótico de los negociadores durante ese proceso, fue un esfuerzo de muchos años, de muchas noches sin dormir, hay que reconocer eso a don Alberto Trejos y su equipo ese esfuerzo. Los grupos negociadores centroamericanos y estadounidenses, reconocen la excelente labor de la negociación del TLC con Estados Unidos que el balance positivo para Costa Rica, no es que Estados Unidos no va a sacar provecho del TLC, más bien los dos se beneficiarán.

El trabajo del equipo negociador de Costa Rica, es reconocido en todas partes del mundo y es necesario que aquí se haga de la misma forma.

¿De dónde cree usted que surge el grupo dirigente que adversa el TLC?

A mí me parece que hay varios grupos, yo no podría decir que hay un solo grupo de
opositores al TLC. Por un lado está la gente que se opone a cualquier relación con los Estados Unidos, simplemente porque consideran que sería un socio imperialista y piensa que nosotros deberíamos seguir otro camino, como la Chávez de Venezuela y la Cuba de Fidel. Por otro lado los sindicatos, que se oponen al TLC, porque ven en él, una amenaza a los privilegios que han tenido hasta ahora, no porque el TLC los elimine, sino porque si el ICE tiene que competir con un nuevo proveedor tiene que ordenarse y las cosas que se han venido haciendo deben parar. También muchos vieron en este TLC la oportunidad de renacer políticamente, como José Miguel Corrales, Rolando Araya, que estaban casi muertos y ven en esto su última opción para resucitar. No puede ser que Rodrigo Carazo nos dé lecciones de política comercial, porque fue el presidente que llevó a Costa Rica a la quiebra y a un empobrecimiento nunca antes visto.

¿Por qué considera usted que la votación para la aprobación del TLC en Estados Unidos fue tan apretada?


Precisamente porque ellos vieron en primer lugar que se dio en una época de política efervescente, acababa de pasar o en medio de las elecciones, el candidato John Kerry decía que los Estados Unidos se dedicaba a exportar trabajos a los demás países del mundo a través del TLC y ellos veían políticamente rentable oponerse al TLC con Centroamérica, no porque nos defendieran a nosotros, sino más bien porque defendían los intereses políticos de su momento.

Aquí nadie puede engañar a nadie, porque todo es muy claro para cualquiera que le dé seguimiento a la política estadounidense.

¿Cuánto protege este TLC a los pequeños exportadores?


Un TLC a quien más beneficia es a los pequeños y medianos exportadores, a las pequeñas y medianas empresas, las grandes compañías siempre tienen mucha plata, siempre pueden contratar muchos equipos de especialistas que los ayuden a sobrellevar todos los obstáculos al comercio que los países se inventan de vez en cuando. Para un pequeño y mediano exportador sobrellevar esas barreras implica un costo muy grande y cuando un TLC lo que hace es eliminar barreras, poner reglas más claras, bajar aranceles, son esas las que más se benefician. Aquí hay que ser enfáticos, esos son lo que más tienen que ganar, las empresas grandes y están en muchos países, ya tienen cómo resolver sus problemas.

Cuando se habla de los miles de empleos que generaría el TLC... ¿Qué calidad de trabajos se ofrecen?


La inversión produce más empleo. Si se hace un análisis de las condiciones laborales de las empresas extranjeras que se han venido a radicar a Costa Rica, llegamos a la conclusión de que la calidad de las condiciones laborales es mejor que las nuestras, sin que eso represente que las nacionales no se vayan superando, sino que al tener estándares más altos, estas otras empresas cada vez van a asumir más responsabilidades y pagar mejores salarios, porque la haber mas inversión hay más demanda de trabajo y con ello mi servicio, mi trabajo vales más, porque se lo pelearán dos o tres empresa y no dependo de solo una.

Solo alguien que nunca ha buscado trabajo puede decir que la inversión extranjera no genera empleo en las regiones donde se instala.

Obviamente esa inversión extranjera estaría sometida a las leyes laborales costarricenses. No hay posibilidad de que se la salten, hay que seguir los mismos trámites, sacar permisos y las mismas responsabilidades, todos los derechos de los trabajadores siguen vigentes.

¿Cuánto varía este TLC con Estados Unidos, en relación con los que firmó el país anteriormente, por ejemplo con México, Chile y Canadá?


Es el mismo molde, no hay mucho que inventar. Todos los países tienen regulaciones, como de bienes, servicios, propiedad intelectual, contratación administrativa, ente otros. Es decir, sigue la misma línea de los Tratados anteriores.

Ahora dicen mucho que la tarifa de los celulares se dispararía, pero eso es falso, si se logra una institución reguladora a favor de los consumidores, por eso lo que hoy se debería discutir es cómo se va a regular ese mercado y cuáles reglas se aplicarían a la competencia.

Tomado del Diario Extra

Sin empleos no hay medicinas


Un tema poco comprendido, la propiedad intelectual de los medicamentos, ha sido usado, más bien se ha abusado de él, para argumentar en contra del TLC. ¿Por qué se ensañan en atacar la propiedad intelectual, cuando más bien quienes defienden a los ciudadanos de escasos recursos deberían estar preocupados por defender las iniciativas que retienen las fuentes de trabajo o las que generan oportunidades nuevas de empleo?

Decir no a un TLC con el mercado más importante para Costa Rica atenta contra la capacidad de comprar medicamentos, de nutrirse adecuadamente, de motivarse para tener mejor infraestructura y mejores canales de distribución. Sin financiamiento para las instituciones sociales, mediante aportes crecientes de los empleadores y empleados, difícilmente mejoraremos la salud de nuestra gente.

Parte de la solución. Las patentes y los datos de prueba no son parte del problema que auguran los detractores, son parte de la solución. Las patentes estimulan la competencia en formas que contribuyen a que haya un entorno en el cual los medicamentos nuevos, mejores y más efectivos, reemplacen a los más viejos y menos efectivos.

Al otorgarse una patente, posibilidad vigente desde el 2000, Costa Rica brinda al inventor una exclusividad temporal sobre el producto o el proceso objeto de la patente. Se entiende que la protección generalmente es muy limitada porque, previamente al lanzamiento al mercado, se han consumido muchos años (más de 10 en muchos casos) en la investigación de nuevas medicinas para males sin solución actual o con soluciones apenas parciales.

El problema en la discusión del TLC radica en que unos cuantos productores de genéricos en Costa Rica desean copiar los productos nuevos antes de que venzan las patentes o los 5 años de datos de prueba. Lo hacen sin invertir los más de $500 millones que cuesta desarrollar solo un medicamento innovador y, como resultado, hay jugosas ganancias, particularmente en los negocios grandes de la CCSS.

No en vano, hoy un puñado de empresas nacionales venden a la CCSS muchos millones de dólares y desean, naturalmente, preservar los privilegios de incumplir con las reglas de propiedad intelectual. Estos intereses comerciales se han aliado a los de grupos ideológicos y políticos que insisten en atacar al TLC con falsas afirmaciones sobre su impacto en la CCSS.

Información temeraria. Los costarricenses están siendo bombardeados con información temeraria que les pretende formar la idea de que la propiedad intelectual restringe el acceso a las medicinas y otras tecnologías en salud. Esto es un error, ya que, al analizar lo que sucede en países menos desarrollados, nos damos cuenta de que, si la gente no tiene acceso a las medicinas, no es por la propiedad intelectual, es porque no han podido financiar adecuadamente los sistemas de salud, ya que más del 98% de las medicinas de la lista esencial de medicamentos de la OMS no tienen patente.

Costa Rica ha sido un modelo exitoso en la construcción de un sistema de seguridad social, cuya amenaza principal es que mermen la producción, el empleo y la formalidad del sector privado. Sabemos que hay empresas que piensan hoy en trasladarse o generar inversiones en otros países si Costa Rica no aprueba el TLC. Como dicen popularmente, ojalá no le llenen la cabeza de humo con desinformación sobre los medicamentos y el TLC, y puedan tomar la mejor decisión para preservar y acrecentar los empleos en el país.

El acceso a medicamentos es un tema serio, que merece un análisis comprensivo que incluya planes para asegurar calidad, ahorros en el sistema por el uso de nuevas tecnologías y productos, la sanción contra los proveedores que en repetidas ocasiones cometen faltas graves en la entrega de medicamentos a la CCSS y, por supuesto, dimensionar adecuadamente el tema de las protecciones de la propiedad intelectual, considerando que solamente un número muy reducido de medicamentos en Costa Rica gozarán de ese tipo de protección en el marco del TLC, y por ello el impacto es menos del 1% de la décima parte del presupuesto de la CCSS, que se destina a comprar medicinas.

Por Sylvia Varela
Tomado de la Nación

La riqueza de la globalización


Aun cuando resulta reiterativo decirlo, la globalización, con el ciberespacio, arrasó, simbólicamente, con las fronteras de todos los países, grandes y pequeños, desarrollados o no, o en vías de desarrollo, como el nuestro, y no nos deja otra alternativa que entrar de lleno en ella.

Ya los tiempos que evocan bucólicos recuerdos de un pueblito alejado del resto del mundo pasaron, y hay que saber afrontar la realidad.

Esta mundialización tiene muchos y sobrados beneficios, si sabemos aprovechar su impetuosidad en la calidad de vida humana.

Hace no mucho, quizás 25 años, nuestros agricultores han sabido diversificar sus actividades y ya ven en otras fuentes, como el turismo o productos no tradicionales, como los minivegetales o el café de primerísima calidad y muy bien cotizado por lo que dejan mayores ganancias, pues los mercados internacionales se han abierto y ello, sin duda alguna, beneficia a todos estos nuevos productores y exportadores.

Desarrollo total. Hay que aprovechar las ventajas de la globalización económica y permitirnos salir de nuestros “solares” y mercaditos hacia otros países, donde nuestra producción es bien recibida y pagada. Debemos permitirnos ser un país totalmente desarrollado, sabiendo que nuestros productos son tan competitivos o más que los de cualquier otro país.

Debemos avanzar hacia la riqueza y no quedarnos ahí, como pulpería de pueblo, vendiendo al menudeo y hasta fiado con libreta.

¡Ya es hora de Costa Rica! Ya lo dijo el presidente Arias el 8 de mayo: “Dar la espalda a la integración económica, regresar al proteccionismo comercial y menospreciar la atracción de inversión extranjera constituyen, hoy por hoy, las vías más seguras para condenar a la juventud costarricense al desempleo y a Costa Rica al subdesarrollo. Constituyen, también, la forma más segura de desaprovechar el capital humano e institucional que ha acumulado el país en los últimos 50 años, que nos permite integrarnos exitosamente en la economía mundial...”.

Apoyo a esfuerzos. Por eso, si queremos pasar de país pobre, con tasas de desempleo altísimas y un ingreso per cápita errático, debemos apoyar los esfuerzos que el Gobierno quiere impulsar.

Y dejemos de poner oídos a la sarta de mentiras que, con sus consignas desgastadas y huecas, nos traen los políticos y sindico-políticos, a quienes solo sirve un país pobre y alicaído, para justificar su patética existencia.

¡Arriba, costarricenses!, que hoy está en juego no solo el bienestar de nuestros hijos y el propio, sino el de nuestros nietos y futuras generaciones, que nos agradecerán haber optado por el desarrollo y la prosperidad del país.

Por Wilbert Arroyo Álvarez
Tomado de la Nacióne

Una encuesta más


En la nueva encuesta de la Escuela de Estadística de la UCR sobre ¨Confianza del Consumidor¨, se muestra una intención de voto para el "SÍ" de 52,6% (un aumento de casi 3 puntos respecto a la encuesta efectuada por esa misma unidad académica en mayo), y de 33,4% para el "NO", una disminución de 4,2% en el mismo período.

Aparentemente siguen existiendo más ¨antipatriotas¨, que esos seres bondadosos desinteresados como los sindicatos que se encuentran en contra del TLC. Sigamos adelante costarricenses no le tengamos miedo al progreso, no escuchemos las voces de odio en contra de la libertad y la modernización.