viernes, 31 de agosto de 2007

Sin empleos no hay medicinas


Un tema poco comprendido, la propiedad intelectual de los medicamentos, ha sido usado, más bien se ha abusado de él, para argumentar en contra del TLC. ¿Por qué se ensañan en atacar la propiedad intelectual, cuando más bien quienes defienden a los ciudadanos de escasos recursos deberían estar preocupados por defender las iniciativas que retienen las fuentes de trabajo o las que generan oportunidades nuevas de empleo?

Decir no a un TLC con el mercado más importante para Costa Rica atenta contra la capacidad de comprar medicamentos, de nutrirse adecuadamente, de motivarse para tener mejor infraestructura y mejores canales de distribución. Sin financiamiento para las instituciones sociales, mediante aportes crecientes de los empleadores y empleados, difícilmente mejoraremos la salud de nuestra gente.

Parte de la solución. Las patentes y los datos de prueba no son parte del problema que auguran los detractores, son parte de la solución. Las patentes estimulan la competencia en formas que contribuyen a que haya un entorno en el cual los medicamentos nuevos, mejores y más efectivos, reemplacen a los más viejos y menos efectivos.

Al otorgarse una patente, posibilidad vigente desde el 2000, Costa Rica brinda al inventor una exclusividad temporal sobre el producto o el proceso objeto de la patente. Se entiende que la protección generalmente es muy limitada porque, previamente al lanzamiento al mercado, se han consumido muchos años (más de 10 en muchos casos) en la investigación de nuevas medicinas para males sin solución actual o con soluciones apenas parciales.

El problema en la discusión del TLC radica en que unos cuantos productores de genéricos en Costa Rica desean copiar los productos nuevos antes de que venzan las patentes o los 5 años de datos de prueba. Lo hacen sin invertir los más de $500 millones que cuesta desarrollar solo un medicamento innovador y, como resultado, hay jugosas ganancias, particularmente en los negocios grandes de la CCSS.

No en vano, hoy un puñado de empresas nacionales venden a la CCSS muchos millones de dólares y desean, naturalmente, preservar los privilegios de incumplir con las reglas de propiedad intelectual. Estos intereses comerciales se han aliado a los de grupos ideológicos y políticos que insisten en atacar al TLC con falsas afirmaciones sobre su impacto en la CCSS.

Información temeraria. Los costarricenses están siendo bombardeados con información temeraria que les pretende formar la idea de que la propiedad intelectual restringe el acceso a las medicinas y otras tecnologías en salud. Esto es un error, ya que, al analizar lo que sucede en países menos desarrollados, nos damos cuenta de que, si la gente no tiene acceso a las medicinas, no es por la propiedad intelectual, es porque no han podido financiar adecuadamente los sistemas de salud, ya que más del 98% de las medicinas de la lista esencial de medicamentos de la OMS no tienen patente.

Costa Rica ha sido un modelo exitoso en la construcción de un sistema de seguridad social, cuya amenaza principal es que mermen la producción, el empleo y la formalidad del sector privado. Sabemos que hay empresas que piensan hoy en trasladarse o generar inversiones en otros países si Costa Rica no aprueba el TLC. Como dicen popularmente, ojalá no le llenen la cabeza de humo con desinformación sobre los medicamentos y el TLC, y puedan tomar la mejor decisión para preservar y acrecentar los empleos en el país.

El acceso a medicamentos es un tema serio, que merece un análisis comprensivo que incluya planes para asegurar calidad, ahorros en el sistema por el uso de nuevas tecnologías y productos, la sanción contra los proveedores que en repetidas ocasiones cometen faltas graves en la entrega de medicamentos a la CCSS y, por supuesto, dimensionar adecuadamente el tema de las protecciones de la propiedad intelectual, considerando que solamente un número muy reducido de medicamentos en Costa Rica gozarán de ese tipo de protección en el marco del TLC, y por ello el impacto es menos del 1% de la décima parte del presupuesto de la CCSS, que se destina a comprar medicinas.

Por Sylvia Varela
Tomado de la Nación

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