lunes, 20 de agosto de 2007

El mito de la asimetría


Una de las preocupaciones que manifiestan los que se oponen al Tratado de Libre Comercio con EE. UU. (TLC) es que el trato es asimétrico o desigual entre las diferentes partes que se involucran en el tratado. Si bien es cierto que EE. UU. es nuestro principal socio comercial, no somos más que un socio marginal para ellos, y eso es lo que hace la negociación asimétrica por naturaleza y, por lo tanto, que no se espere un resultado diferente de ella.

Sin embargo, cuando hablamos de comercio, por fortuna, el concepto de asimetría se debe utilizar con cuidado, ya que los beneficios no se deben medir en dimensiones absolutas sino en forma relativa. Y eso es precisamen- te lo que hace del comercio un arma tan potente para el desarrollo y bienestar de las naciones.

Aún cuando Estados Unidos haya usado todo su poder de negociación, Costa Rica puede firmar un tratado comercial que le sea favorable e inclusive asimétrico a su favor. La asimetría no se debe ver en términos de que un país se comprometió a ciertas disposiciones y otro no, o que un país exportará más que el otro, sino en cuanto al valor de las oportunidades que creará vs los costos que acarreará para nuestro país.

Acceso preferencial. Los tratados de libre comercio son acerca de acceso preferencial a un mercado, y esa asimetría a favor de los países firmantes (vs los no firmantes) también puede contribuir a crear un tratado a nuestro favor.

Si buscáramos TLC solo con los países con los que podríamos negociar de igual a igual, evitando todo tipo de asimetrías, no negociaríamos ninguno o terminaríamos negociando con países que no nos agregarían mucho valor.

Un ejemplo útil para ilustrar esto es comparar dos empresas, una estadounidense y otra costarricense, que exportan toda su producción al otro país. La empresa extranjera genera utilidades mayores que la costarricense, lo que nos llevaría a pensar (en términos absolutos) que son los estadounidenses los que se benefician más de la relación. Sin embargo, lo realmente importante es cuánto capital aportaron los dueños de las empresas para generar dichos beneficios, y en ese sentido (en términos relativos) la empresa costarricense, aún con beneficios (absolutos) mucho menores, podría estar generando rendimientos mucho mayores.

El éxito de una estrategia comercial que comprende la negociación de TLC como instrumento para fomentar el crecimiento y el bienestar está en la selección de los países con los que se pueda maximizar esa asimetría “relativa”, y no necesariamente en buscar socios que quieran negociar “en términos justos”.

Conclusiones erróneas. Asimismo, valorar un TLC basándonos solo en el monto de exportaciones, importaciones o de la balanza comercial entre los socios comerciales (dimensiones absolutas), puede llevarnos a conclusiones erróneas, ya que solo incluyen algunos de los elementos para un análisis costo-beneficio completo. Por ejemplo, se excluye el impacto que tiene sobre la balanza de pagos el hecho de que se reciba más capital por inversión extranjera directa, la que puede permitirnos sostener un déficit comercial por periodos prolongados. Se excluyen las exportaciones que las empresas que se establecen en el país harían a terceros mercados, o las exportaciones que se hubieran perdido porque EE. UU. firmó acuerdos comerciales con otros socios.

Por desgracia, no existe una forma de valorar beneficios y costos de manera certera para tomar una decisión precisa por tratarse de un tratado extremadamente complejo. Para tomar una decisión acerca del TLC, debemos pensar en la Costa Rica que deseamos para el futuro, las oportunidades que queremos para nuestros hijos, y debemos pensar siempre en términos relativos, no absolutos.


Marco Pacheco, tomado del periódico La Nación

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