Ayer cumplió 81 años el eterno Fidel Castro. Definitivamente hierba mala nunca muere. El otrora temible revolucionario hoy se le escurre por entre los dedos a la muerte y se rehúsa a dejar este mundo de una buena vez por todas. Ahí está: inutil y senil, diciendo estupideces (bueno, eso lo hace desde que estaba joven)a diestra y siniestra, pero ya sin la efusividad de las históricas diarreas verbales de antaño.
Eso ha sido siempre Fidel: una triste caricatura de ser humano, un psicópata, narcicista, un megalómano cuyos sueños de grandeza y trascendencia histórica sólo pudieron ser satisfechos a punta de sangre y encarcelamientos, de torturas y de negaciones sistemáticas de la libertad. Y a pesar de tantas cosas, miles de perfectos idiotas en todos los rincones del mundo llegan a un orgasmo intelectual cada vez que escuchan al comandante o leen los editoriales de Granma. Miles de idiotas queman sus manos en aplausos cada vez que el viejo barbudo vomita insultos contra el imperialismo.
Pero todos esos idiotas que hoy recuerdan tienen algo en común además de pocas neuronas, amor por más idiotas y odio por el "neoliberalismo", el imperialismo y todo lo que huela a progreso, desarrollo y libertad. El común denominador es que casi todos los idiotas que están vivos hoy nacieron al amparo del líder cubano. Parafraseando a Monterroso, cuando despertaron, el dinosaurio estaba allí y al día siguiente y el que le sigue y así por los siglos de los siglos, el dinosaurio siempre les ha dado la bienvenida al mundo, siempre ha sido su partera ideológica.
Y a los 81 años de edad, todavía conserva fuerzas, no ya para lograr la revolución socialista latinoamericana, pero sí para traer al mundo a más idiotas. Todavía balbucea palabras para que sus digitadores las integren a Granma, todavía sigue dando la bendición a cada nuevo idiota nacido, todavía aparece en los sueños mojados de estudiantes revolucionarios que, para imitar a su amor platónico, dejan crecer sus barbas en cada rincón de América porque saben que aunque el tiempo siga su recorrido inexorable, la mala hierba nunca muere. Y que si físicamente fallece, su papel será retomado por la pintoresca y folclórica guacamaya bolivariana: Hugo Chávez
Al menos en ASOJOD tenemos la esperanza que para el 2008, el tristemente célebre papá de los idiotas haya dejado este mundo. Y que de la tristeza, como los periquitos de amor, o más bien, las guacamayas de amor, el teniente coronel Hugo Chávez lo siga derechito al infierno. Feliz cumpleaños Fidel, esperamos que no cumpla más.
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