jueves, 24 de enero de 2008

Dos buenas noticias


El valor de las exportaciones de bienes de Costa Rica se incrementó un 14% durante el 2007 respecto al año anterior, al pasar de $8.196 millones a $9.343 millones.

La industria manufacturera aportó $6.297 millones del total (subió un 13%), mientras el agro añadió otros $1.865 millones (subió un 9,2%), según datos de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer), presentados ayer al Comex.

La industria alimentaria produjo al país $994 millones en divisas y presentó el comportamiento más dinámico de todos los sectores, al aumentar un 33% durante el año calendario 2007.

Al divulgar los datos, Ruiz resaltó que el sector pecuario y pesca presentó de nuevo un incremento. El valor de sus ventas subió un 8% hasta los $186,6 millones, con lo cual se recupera de la caída registrada en el 2006.

Otra buena noticia proviene del sector turismo donde la inversión foránea en turismo ascendió a $800 millones en el 2007.

La cifra representa el 42,44% del total de la inversión extranjera directa (IED) percibida por el país el año pasado. La IED cerró en $1.885 millones, según datos del Banco Central de Costa Rica.

En ASOJOD celebramos ambos logros económicos y esperamos que el país profundice su inserción en la economía mundial así como las reformas que el Estado requiere para mejorar la competitividad del país y con ello aprovechar de mejor forma el proceso de globalización.

En Vela


Decíamos que si, en verdad, se impone y fructifica el proyecto del MEP para enseñar a pensar en escuelas y colegios, nos libraríamos de muchos males. Atreverse a pensar, ponerse a pensar –gráfica expresión– y pensar rectamente. He aquí la cuestión y, a la vez, el gran déficit de nuestro sistema educativo.

Hace unos años, vino a Costa Rica Fernando Savater, quien insistió, al hablar de la educación, de la reconquista de la razón, del raciocinio, primeramente como arma de supervivencia, como insumo indispensable de la prudencia (pensar antes de hablar y de actuar), autodefensa frente al embuste y la demagogia, escudo contra las metidas de pata y el ridículo, iluminación para la voluntad. ¿Cuántos disparates y horrores habríamos evitado aquí si el arte de razonar hubiera arraigado y florecido en escuelas, colegios y universidades?

¿Qué son, en nuestro país, los accidentes de tránsito en las carreteras, sino la renuncia a la razón, el triunfo de la sinrazón y de la estupidez? Así lo muestran el exceso de velocidad, el sobrepasar a otro vehículo en curva, el furgón que se abalanza contra vía, el falso adelantamiento y el trago más otro trago más otro… En lo que va del año ya casi llegan a mil los partes por ebriedad. Las muertes, las lesiones, la orfandad, la viudez no dejan lección alguna.

Un diputado, urgido por su líder y asesorado por encargados de imagen y abogados, presentó recientemente un proyecto de ley para intervenir políticamente el Ministerio Público. El ridículo fue históri- co. La abdicación de la razón pues ni se tuvo en cuenta lo elemental: el efecto bumerán. Y ¿qué decir del TLC? Académicos, políticos y profesionales aseguraron que Costa Rica perdería el agua potable, que “se llevarían” la isla del Coco, que se esfumaría el aguinaldo, que se construirían fábricas de armas, que era posible una renegociación, que se montaría un negocio ilegal de órganos, que se amputaría el territorio nacional y que el TLC pecaminoso nos alejaría de Dios… Conclusión: la razón debe retornar a las escuelas, colegios y universidades.

Y no podía faltar el futbol. ¿No son, acaso, los errores mentales la causa principal de los mediocres espectáculos y de los fracasos? Tampoco China. Un personaje dijo: “China es potencia mundial sin TLC”. Y con más razón todos aquellos que, apremiados por un cargo público, no se formulan la pregunta elemental: ¿Tendré yo condiciones básicas para este cargo o esta curul?

Pongámonos a pensar rectamente… por espíritu de supervivencia y de solidaridad humana. Una campaña firme y sostenida en un mundo descaminado.

Julio Rodríguez

martes, 22 de enero de 2008

Valores Familiares - Penn and Teller

En este video Penn and Teller atacan una de las concepciones que ASOJOD ha criticado desde sus inicios como lo son las mal llamadas familias "tradicionales". Desde sus inicios ASOJOD ha buscado derribar todo monumento al conservadurismo y con ello asumir los valores de una verdadera sociedad abierta y dinámica. Nos repugna la idea de que el Estado se pueda meter en la cama y vida privada de los individuos, por ello en ASOJOD siempre se defenderá a todas aquellas personas que sin importar sus preferencias sexuales deseen formar una familia y estén dispuestos a asumir todas las responsabilidades que ello conlleva. Bien lo decía Stuart Mill: "la única parte de la conducta de cada uno por la que el (individuo) es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás. En la parte que le concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano".


Tierra de nadie


En Costa Rica hay una realidad que se repite en todo el mundo en desarrollo: las zonas más pobres del país son aquellas en donde sus pobladores no cuentan con títulos de propiedad sobre los terrenos que habitan. En nuestro caso, se trata de las reservas indígenas, las costas, las islas, las fronteras y los asentamientos urbano-marginales.

Hace casi 8 años Hernando de Soto publicó su best-seller El Misterio del Capital, en donde documenta cómo cientos de millones de personas en todo el planeta no logran salir adelante en la economía de mercado no porque carezcan de habilidades o destrezas, sino porque no cuentan con títulos de propiedad sobre las propiedades donde viven. De esta forma, estas personas no tienen acceso a créditos, seguros para sus cosechas, protección jurídica, etc. El capital está ahí, pero se encuentra muerto.

En Costa Rica miles de compatriotas viven esta tragedia. Hoy La Nación trae un reportaje sobre una gran parte del país en la zonas Atlántico-Norte donde los habitantes de 66 pueblos no cuentan con derechos de propiedad ya que toda esta área le pertenece a JAPDEVA. Sus testimonios no son propios de economistas (y menos de "filósofos" sabelotodos de la UNED), pero reflejan la realidad documentada por de Soto:

"La propiedad es el patrimonio de mi familia, pero sin el título de propiedad es poco lo que puedo hacer o dejarles a ellos”.

Damaris Chollette Vecina de Barra Parismina

“Hay personas y dinero para invertir en el Caribe norte. El problema es que, mientras no se titule, seguiremos estancados”.

Fernando González Administrador de hotel

“Tengo un lote, pero no vale nada. No podemos ponerlo a responder y llevo 13 años de andar de una casa a otra por no contar con el título de propiedad”.

María Luisa Cruz Vecina de Barra Parismina


Sin embargo, cualquier intento por titular sus tierras y darles el derecho a la propiedad privada que todos disfrutamos en el resto del país encuentra gran resistencia por parte de políticos e intelectuales (usualmente de izquierda) quienes afirman que estas pobres gentes son muy tontas y que venderán sus terrenos a extranjeros apenas tengan la oportunidad (Por supuesto que quienes dicen eso sí se reservan el derecho de vender sus propiedades a quienes quieran). De esta forma se condena a miles de compatriotas a una existencia de ciudadanos de segunda clase.

Son políticas como estas las que nos mantienen en el subdesarrollo. Situaciones como estas son las que generan mayor desigualdad (mientras unos tenemos derechos de propiedad a otros se les niegan). Debemos diagnosticar bien las causas de la pobreza con el fin de brindar las recetas adecuadas para que la gente salga de esta situación. De nada sirven los programas populistas de dar dinero a familias si antes no se resuelven estos problemas estructurales.

Juan Carlos Hidalgo

lunes, 21 de enero de 2008

Capital humano y eficiencia


En el largo plazo el desarrollo económico depende de la acumulación de capital humano en educación y salud. Esto es cierto, pero ¿por qué hay países que han crecido y crecen a tasas mucho más altas que lo que puede crecer su educación?

Hay tres razones por las cuales algunos países pueden crecer más rápido que su capital humano: Primero, esto pasa en países que dependen de productos primarios y experimentan una subida en los precios de éstos. Este es el caso de Latinoamérica en los años más recientes. Este crecimiento, sin embargo, no es sostenible porque eventualmente los precios de los productos primarios caen, y estos países crecen más lentamente que el promedio.

Segundo, esto pasa cuando un país sufre la destrucción de su capital físico pero conserva su capital humano, como Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Estos países pasaron muchas pobrezas porque su capital físico —las fábricas, la infraestructura en general— estaba destruido. Pero al final de la guerra crecieron a tasas muy rápidas porque tenían los científicos, los ingenieros, los hombres de negocios y los obreros especializados que necesitaban; sólo tenían que ocuparlos.

El tercer caso en el que puede crecerse a tasas más que las justificadas por el crecimiento del capital humano se da cuando la economía se libera después de haber funcionado por muchos años bajo un sistema que destruye valor. Este ha sido el caso de China. Este país vivió desde 1948 bajo un régimen económico comunista que destruía valor, reprimiendo su crecimiento muy por debajo del potencial que la educación de su población le hubiera permitido.

De pronto, a fines de los años ochenta, aunque el partido comunista siguió imponiendo su tiranía política, China empezó a liberalizar su economía hasta convertirla en una de las más libres en el mundo. China comenzó a crecer a tasas increíblemente altas, utilizando el potencial de su capital humano, que había estado reprimido por casi cuarenta años.

Consideren las trayectorias del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por persona en términos reales (es decir, ajustado para eliminar la inflación) de China y otros dos países con poblaciones muy similares en términos raciales, culturales y de educación, pero que liberalizaron sus economías mucho antes que China: Hong Kong y Singapur. Verán cómo estos dos países crecieron mucho más rápido que China de 1960 a 1990, con el mismo capital humano inicial. Sólo fue a partir de 1990 que la liberalización económica destapó el potencial de China. Este país está alcanzando el nivel de ingresos que hubiera tenido hace muchos años si no hubiera sufrido el comunismo. A pesar de que después de su liberalización ha crecido más que los otros dos países, su ingreso todavía es sólo un 20% del de Hong Kong y el 25% del de Singapur (recuerde que estos le tomaron ventaja a China desde 1948).

Estas y similares experiencias muestran que la inversión en capital humano es necesaria pero no suficiente para el desarrollo económico y social. También es esencial situar el capital humano en un contexto de eficiencia que le permita desarrollar plenamente su potencial. La historia de todos los países que han crecido a tasas mucho más altas que el promedio mundial, incluyendo a China, Irlanda, India, Finlandia y otros países similares, demuestra que esta ganancia en eficiencia se logra liberalizando la economía. Es importante anotar esto en piedra porque en estos días abundan los que creen que lograrán el desarrollo sin tener que invertir en capital humano, sino a través de eliminar la libertad económica. Es al revés. Hay que invertir en capital humano y liberalizar aún más la economía.

Manuel Hinds

viernes, 18 de enero de 2008

La fatal arrogancia


Esta es una respuesta a un escrito de Iván Villalobos del miércoles 16 de enero donde ataca a ASOJOD y a sus ideas. Como parte del compromiso con la racionalidad y la libertad, hemos elaborado esta respuesta.
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Agradecemos a Iván la enorme ola de publicidad que nos da y que tanto bien hace a la difusión de nuestras ideas. Su odio hacia nosotros hace recordar las palabras de Jacinto Benavente: “el enemigo sólo empieza a ser temible cuando comienza a tener razón”. Si no ¿por qué nos hemos convertido en parte de la cruzada que Iván ha desarrollado? Hasta nos ha dedicado sus últimos dos post. Él no puede aceptar nuestras ideas y por eso debe descalificarnos tachándonos de “pseudoilustrados”, “inmaduros” e “ignorantes”. Vaya mística de profesor. Menudo intelectual: apenas para matricular con él. Alexander Pope decía que "ocurre con la gente de mente pequeña lo mismo que con las botellas de cuello estrecho: cuanto menos contienen, más ruido hacen al vaciarlas". Iván evidentemente ha hecho un escándalo y en ASOJOD no podemos dejar que pisotee impunemente la realidad y la racionalidad, por lo que vamos a debatir sus erradas argumentaciones.

Vamos por orden. Dice Iván que “el llamado ‘individualismo metodológico’ es la posición de un grupo de economistas austríacos”. Esperamos que lo que haya querido decir es que los austriacos retoman el individualismo metodológico y no que ellos son sus creadores, porque hacer esto demostraría una enorme ignorancia para alguien que en su perfil se dice interesado en Teoría y filosofía políticas. Resulta que ASOJOD fue fundada por un abogado y un politólogo, ambos con conocimientos en Teoría y filosofía políticas. El individualismo metodológico tiene su verdadero origen en la tradición de la Grecia preclásica, especialmente a partir de los cínicos, los epicúreos y los estoicos. Pero es en los siglos XVII y XVIII donde se da el mayor desarrollo teórico del individualismo con Stuart Mill, Bentham, Spencer, Smith, Ricardo y otros, así como por las circunstancias previas y posteriores a las revoluciones liberales de la época (Inglaterra, Francia y Estados Unidos). La economía austriaca, que nace hasta 1871 con Los Principios de Carl Menger, retoma esa tradición no sólo dentro de la teoría del valor que desarrolla, sino también para toda la filosofía que posee. Mises, en Human Action (libro que respetuosamente le recomendamos leer a Iván), explica que “la acción humana es siempre acción de seres individuales. Lo social o el aspecto social es sólo una orientación determinada que adoptan las acciones individuales” (Mises, Ludwig. La acción humana: Tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 174). Así pues, para los austriacos, la acción es individual pero, al ser seres racionales, los seres humanos entienden que pueden desarrollar de mejor manera sus actividades y pueden alcanzar un mayor cumplimiento de sus fines por medio de la cooperación social, específicamente si están inmersos en el marco de la división del trabajo. Resulta evidente, aunque no parece que Iván lo comprenda, que la acción social no existe porque para ello habría que presuponer no sólo la existencia física de una entidad llamada sociedad, con características antropomórficas, sino que también la presencia de un interés monolítico. No vemos que la sociedad coma, camine, estudie, vote o viaje, pero en cambio sí lo hacen los individuos. Así pues, resulta que lo social es tan sólo una manifestación de acciones individuales coincidentes en un momento y lugar dado precisamente porque existe una concordancia en los intereses, sea a nivel de medios o de fines. Obviar esa verdad de Perogrullo es un tremendo error conceptual en que cae Iván así como muchos colectivistas. El término colectivista no se usa a la luz de la Guerra Fría. El debate entre colectivistas e individualistas trasciende esa coyuntura y se retrotrae a la época griega, especialmente luego de que con Sócrates los filósofos creyeran que podían hacer algo positivo en el terreno de la acción social.

Mises explica al respecto que:

“Según las tesis del universalismo, del holismo, del colectivismo y de algunos representantes de la Psicología de la Forma (Gestalppsychologie), la sociedad es una entidad que tiene existencia autónoma, independiente y separada de la vida de los diversos individuos que la integran, actuando por cuenta propia hacia la consecución de precisos fines distintos de los que persiguen los individuos que la componen. De ahí que pueda surgir un grave antagonismo entre los objetivos sociales y los individuales, lo que conduce a la necesidad de domeñar el egoísmo de los particulares para proteger la existencia y desenvolvimiento de la sociedad, obligando a aquellos a que, en beneficio de esta, renuncien a sus designios puramente personales. Una vez llegadas a tal conclusión, todas esas doctrinas se ven forzadas a dejar de utilizar el análisis científico y el razonamiento lógico, desviándose hacia puras profesiones de fe, de índole teológica o metafísica. Han de suponer que la Providencia, por medio de profetas, apóstoles y carismáticos jerarcas, constriñe a los hombres, de por sí perversos, a perseguir fines que estos no desean, haciéndoles caminar por las buenas sendas que Dios, el Weltgeist o la Historia desean que sigan”.

(…)El universalismo y el colectivismo son necesariamente sistemas de gobierno tecnocráctico. Nota común a todas sus diferentes variedades es la de predicar la existencia de una entidad sobrehumana la que los individuos deben someterse. Lo único que distingue entre sí a dichas doctrinas es la denominación dada a dicha entidad y el contenido de las leyes que proclaman su nombre. El gobierno dictatorial de la minoría no puede justificarse más que apelando al supuesto mandato recibido de una autoridad suprema y sobrehumana. Poco importa que el gobernante absoluto pretenda basar su poder en el derecho divino de los reyes o en la misión histórica de la vanguardia proletaria; igualmente carece de importancia que el supremo ser se denomine Geist (Hegel) o Humanité (Comte). Los términos sociedad y Estado, tal como de ellos se sirven los modernos defensores del socialismo, de la planificación y del control público de todas las actividades individuales, también tienen su significado sobrenatural. Los sacerdotes de estos nuevos cultos atribuyen a sus respectivos ídolos todas aquellas perfecciones que los teólogos reservan para la divinidad: omnipotencia, omnisciencia, bondad infinita, etc.

En cuanto se admite la existencia de una entidad que opera por encima y con independencia de la actuación individual, persiguiendo fines propios distintos de aquellos a los que los mortales aspiran, se ha formulado ya el concepto de una personalidad sobrenatural. Ahora bien, planteadas así las cosas, es preciso enfrentarse resueltamente con el problema de qué fines u objetivos, en caso de conflicto, deban prevalecer: si los del estado y la sociedad o los del individuo. (…) Admitida la existencia de una entidad que ex definitione es superior, más noble y mejor que el individuom no cabe duda alguna de que sus aspiraciones deben prevalecer sobre las de los míseros mortales”. (Mises, Ludwig. La Acción Humana: un tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 176-182)

Como podrán ver, colectivista no necesariamente es sinónimo de comunista sino que con dicho término se hace referencia a cualquier movimiento político o sistema de gobierno que pretenda subordinar al individuo a una serie de intereses que no son los suyos sino los de un ente mayor. Así las cosas, hasta gobiernos de derecha (aclaramos que el término es inadecuado pero es la manera más fácil de que la gente sepa a que nos referimos) pueden ser gobiernos colectivistas. Mises nos aclara sobre esto al decir:


“La moderna reaparición de la idea colectivista –causa principal de los desastres y dolores que nos afligen- ha triunfado de tal modo que ha logrado relegar al olvido de las ideas básicas en que se funda la filosofía social liberal. Hoy en día desconocen este pensamiento incluso muchos de los partidarios de las instituciones democráticas. Los argumentos que esgrimen para justificar la libertad y la democracia están plagados de errores colectivistas; sus doctrinas más bien constituyen una tergiversación que una defensa del liberalismo auténtico. Las mayorías, en su opinión, tienen siempre la razón simplemente porque gozan de poder bastante para aplastar al disidente; el gobierno mayoritario equivale a la dictadura del partido más numeroso , no teniendo la mayoría que refrenarse a sí misma en el ejercicio del poder”. (Mises, Ludwig. La Acción Humana: un tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 184


Parece que para Iván no existen individuos que actúan sino entidades metafísicas que los trascienden. Menciona al mercado y cree haber descubierto la contradicción en Hayek. Nos acusa de no comprender lo que leemos pero el mismo nos da la razón, probando que ni siquiera entiende lo que cita. Dice “según ellos, no existe ningún tipo de estructura que trascienda al individuo, lo que choca frontalmente con la tesis de Hayek según la cual precisamente el mercado ‘trasciende’ al individuo como instancia de decisiones”. Iván mismo da la razón al individualismo metodológico cuando alega que el mercado trasciende al individuo como instancia de decisiones. Veamos por qué: El mercado no existe como entidad física per se, como tampoco la sociedad, sino que es un conjunto de personas que realizan transacciones mutuamente beneficiosas. Es obvio que el mercado, es decir, el conjunto de personas, tiene más información que el individuo aislado, por lo que lo “trasciende” como instancia de decisión. Se trata de una superior cantidad y calidad de la información, pues el mercado es precisamente un flujo dinámico de información. Pero Iván cree que Hayek le atribuye una concepción política a esa trascendentalidad. Cree que el mercado es, para Hayek, fin último y no ve que es, antes bien, es un medio para alcanzar los fines de las personas, fines que sólo cada quien conoce. Por eso Hayek introduce la noción de orden espontáneo, que consiste en un estadio en que las preferencias de los individuos tienden a alcanzar acuerdos sin necesidad de que una instancia superior haya tenido que intervenir para ello.


Puede llamársele a ese orden espontáneo como quiera (parece que Iván gusta llamarlo Dios) pero eso resulta irrelevante. Mas Iván cree que además de panfletarios somos acríticos, de modo que nuestro querido filósofo presupone que la coincidencia con las ideas de un autor implica siempre una subordinación total a sus tesis. Pero, en realidad, al ser seguidores del racionalismo crítico popperiano, siempre hemos sometido al riguroso análisis cada una de los argumentos de cualquier persona, lo que nos ha llevado a discrepar en varios puntos con varios autores. Por ejemplo en Hayek siempre hemos criticado la visión de safety net que propugna, ya que la misma promueve un intervencionismo en la actividad económica del individuo dando paso al Camino de la Servidumbre que el mismo temía. El punto es que si Hayek o Smith querían llamarle Dios al orden espontáneo, el problema era de ellos no nuestro. No comprendemos la manía de Iván de responsabilizar a unos de las acciones y palabras de otros.


Para ASOJOD no es Dios o la mano invisible la que logra el orden espontáneo, sino el proceso de concertación a nivel de fines y medios a que llegan diversos individuos en virtud de la suficiente inteligencia que tienen como para comprender que el sistema de especialización e intercambio es el más eficiente para lograr lo que se proponen, precisamente porque son ellos quienes mejor saben qué es lo que desean. Tan inoportuna es la creencia divina que tanto Iván como muchos otros le atribuyen al mercado que Mises se había tomado su tiempo para explicar que “la teoría científica desarrollada por la filosofía social del racionalismo dieciochesco y el liberalismo y por la economía moderna no se basa en milagrosas intervenciones de poderes sobrenaturales. Cada vez que el individuo recurre a la acción concertada abandonando la actuación aislada se produce una clara mejora en sus condiciones materiales”. (Mises, Ludwig. La Acción Humana: un tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 176)


Puede que Iván haya leído Pretensión de conocimiento de Hayek, pero es obvio que no sólo no entendió el texto, sino que lo manipuló. Cita a Hayek pero lo hace de forma descontextualizada. Por eso queremos completar la cita, pues uno no puede pretender extraer una parte de un texto sin relacionarlo con el hilo lógico que tenía. Pero Iván no aprendió eso y en Bremen parece que tampoco se lo están enseñando. Por tanto, queremos completar la frase descontextualizada que él emplea, misma que Hayek en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Economía, en donde ataca la “pretensión del conocimiento”, recordándonos las grandes limitaciones que tiene la ciencia económica para conocer las acciones humanas y los grandes problemas que se desarrollan al actuar sobre este tipo de supuestos que pretender ser conocimiento:

“Ilustraré este punto con un bosquejo breve de lo que considero la principal causa real del desempleo generalizado, una descripción que explicará también por qué tal desempleo no puede ser corregido en forma duradera por las políticas inflacionarias recomendadas por la teoría que ahora está de moda. Me parece que esta explicación correcta es la existencia de discrepancias entre la distribución de la demanda en los diversos bienes y servicios y la asignación de la mano de obra y otros recursos en la producción de tales bienes y servicios. Poseemos un conocimiento "cualitativo" bastante bueno de las fuerzas que producen una correspondencia entre la demanda y la oferta en los diversos sectores del sistema económico, de las condiciones en que se logra tal correspondencia y de los factores que tenderán a impedir tal ajuste. Los diversos pasos de la descripción de este proceso descansan en hechos de la experiencia diaria, y pocos de quienes se tomen el trabajo de seguir el argumento cuestionarán la validez de los supuestos empíricos o la correlación lógica de las conclusiones obtenidas de ellos. Tenemos en efecto buenas razones para creer que el desempleo indica que la estructura de los precios y salarios relativos ha sido distorsionada (de ordinario por la fijación monopólica o gubernamental de los precios), y que para restaurar la igualdad entre la demanda y la oferta de la mano de obra en todos los sectores se requerirán cambios de los precios relativos y algunas transferencias de la mano de obra.

Pero cuando se nos piden pruebas cuantitativas de la estructura particular de los precios y salarios que se requeriría para asegurar una venta continua y regular los productos y servicios ofrecidos, debemos admitir que no tenemos tal información. En otras palabras, conocemos las condiciones generales en que se establecerá por sí solo lo que llamamos, en forma un tanto equívoca, un equilibrio; pero nunca sabemos cuáles son los precios o salarios particulares que existirían si el mercado produjera tal equilibrio. Sólo podemos señalar cuáles son las condiciones en que podemos esperar que el mercado establezca los precios y salarios en que la demanda se igualará a la oferta. Pero nunca podremos producir información estadística que indique la medida en que los precios y salarios prevalecientes se desvían de los que asegurarían una venta continua de la oferta de mano de obra actual. Aunque esta descripción de las causas del desempleo es una teoría empírica en el sentido de que podría demostrarse su falsedad si, por ejemplo con una oferta monetaria constante, un aumento general de los salarios no condujera al desempleo, esta no es ciertamente la clase de teoría que podríamos utilizar para obtener predicciones numéricas específicas acerca de las tasas de salarios, o la distribución de la mano de obra, que deban esperarse.” (…) Pero en virtud de que nosotros, los científicos observadores, no podemos conocer entonces todos los determinantes de tal orden, y en consecuencia tampoco podemos saber en cuál estructura particular de precios y salarios será igual en todas partes la demanda a la oferta, no podremos medir las desviaciones de ese orden; tampoco podremos verificar estadísticamente nuestra teoría de que las desviaciones de ese sistema de "equilibrio" de precios y salarios son las que vuelven imposible la venta de algunos de los productos y servicios a los precios a que se ofrecen.

Hayek es claro al decir que existe un punto en que se igualan oferta y demanda pero que es imposible predeterminar cuál es. Justamente es imposible porque, al ser el mercado un conjunto de individuos tomando decisiones no es posible que alguien prevea el resultado porque para ello debería saber qué piensan todos y cada uno de los involucrados (por eso no hay equilibrio ni competencia perfecta). Además, Hayek en ningún momento intenta vendernos la idea de que el mercado camina en forma inexorable hacia el equilibrio, como sucede con el historicismo que preconiza como destino final la dictadura del proletariado. Para Hayek, la palabra equilibrio se encuentra entrecomillada por obvias razones y en ningún momento el texto le atribuye al mercado una vida propia o carácteristicas super naturales que están más alla de las reglas de este mundo.

Decía Coase que: he pensado que es el resultado de que los economistas utilicen un enfoque al que me he referido como ‘economía de pizarrón’. La política bajo consideración es aquella que sólo puede ser implementada en el pizarrón, donde se asume que toda la información requerida se encuentra a disposición y el ingeniero social actúa como todas las partes. Él arregla los precios, impone los impuestos y distribuye los subsidios (todo esto en el pizarrón) para promover así el bienestar general” (Coase, Ronald. The firm the market and the law. USA: The University of Chicago Press, 1990. P. 19). Hayek niega precisamente ese tipo de “economía de pizarrón” no sólo desde el punto de vista técnico, sino desde cualquiera pues resulta impensable que pueda existir, toda vez que nadie puede conocer todos los pensamientos de los individuos que transaccionan. No importa si Hayek cifra sus esperanzas en la mano invisible o en Dios, porque nosotros no lo hacemos. Sin embargo, Iván cree que es imposible que discrepemos respecto a Hayek: somos “ovejas” de un rebaño educado para no cuestionar dogmas. Las condiciones a que se refiere Hayek en que se puede esperar el “equilibrio” por supuesto que son las condiciones del mercado capitalista; más específicamente las del libre mercado. Y ello tiene su razón de ser: en ningún otro sistema puede llegarse a una igualdad entre oferta y demanda porque la intervención del Estado hace que, de una u otra manera, alguno de los dos elementos sea insuficiente. Un breve repaso por la historia económica (que dicho sea de paso no se encuentra en Wikipedia) le permitiría a Iván saber esto.

Alega Iván: “Hayek no prueba lo que tendría precisamente que probar, es decir, que el mercado tiende al equilibro, y como no puede probarlo, lo supone como principio”. Iván no fue más allá del laxo texto donde obtuvo las críticas a Hayek, pues si entendiera a dicho autor y a la escuela austriaca, sabría que no hay nada más antiestático, tan anti statu quo que el mercado. El mercado no tiende a un equilibrio absoluto y definitivo; tiende a pequeños “equilibrios” en la oferta y demanda de un bien, pero tanto oferta y demanda son dinámicas, por lo que constantemente están cambiando; ergo, el equilibrio cambia. Y eso no se trata de fe como afirma Iván, sino de sentido común, pues en caso de que sobre o falte demanda de un bien, los oferentes deberán buscar un punto donde lo que venden sea comprado por ejemplo.

Una vez aclarado esto debemos dar paso a otra de sus dos críticas: el orden espontáneo, noción desarrollada por Hayek así como la mano invisible, colocadas por Iván en el plano de la “metafísica” y la “fe”. En cuanto a la noción de orden espontáneo primero se hace necesario ilustrarlo para aquellos que no se encuentren familiarizadas con el término.

Dice Hayek:

“El problema peculiar del orden económico racional es determinado precisamente por el hecho de que el conocimiento de las circunstancias que debemos utilizar nunca se encuentran en forma integrada o concentrada sino como gotas dispersas de conocimiento que suele ser disperso y contradictorio, conocimiento que cada individuo posee (…) Existe sin ninguna duda un cuerpo de conocimiento muy importante que se encuentra desorganizado, el cual no puede ser considerado como científico en el sentido de conocimiento de leyes generales. Es en este sentido en que todo individuo posee una ventaja sobre otros a partir de una información única que le puede resultar beneficiosa, beneficio el cual solo podrá obtener si la decisión queda en sus manos o si la misma se toma con su cooperación activa. (…) Si estamos de acuerdo en que el problema económico de la sociedad es principalmente un problema de adaptarse rápidamente a los cambios en las circunstancias específicas de tiempo y lugar, de ahí se sigue que las decisiones últimas deben dejarse a las personas que conocen estas circunstancias; que conocen directamente los cambios significativos y los recursos que están directamente a la mano para hacerles frente. No podemos esperar que este problema sea resuelto comunicando primero todo este conocimiento a una oficina central que, después de integrarlo, envía órdenes. Debemos resolverlo por medio de alguna forma de descentralización. (..)Fundamentalmente, en un sistema en el cual el conocimiento de los hechos pertinentes está disperso entre muchas personas, los precios pueden coordinar las diversas acciones de diferentes personas de la misma manera que los valores subjetivos ayudan al individuo a coordinar las partes de su plan. (…)Debemos ver el sistema de precios como un mecanismo para comunicar información si deseamos comprender su verdadera función (…)sólo la información más esencial es comunicada, y es comunicada sólo a aquellos que les concierne. Es más que una metáfora la descripción del sistema de precios como un tipo de mecanismo para consignar cambios o como un sistema de telecomunicaciones que permite al productor individual sólo observar el movimiento de unos pocos indicadores: como un maquinista puede observar las agujas de unos cuantos relojes, para adaptar sus actividades a cambios de los cuales puede ser que nunca conozca más que su reflejo en el movimiento de precios. Desde luego, estas adaptaciones probablemente nunca son "perfectas", en el sentido en que el economista las concibe en sus análisis de equilibrio. Pero me temo que nuestros hábitos teoréticos de aproximarnos al problema dando por sentada la posesión de conocimiento más o menos perfecta de parte de casi todos, no ha cegado un poco respecto de la verdadera función del mecanismo de precios y nos ha hecho aplicar patrones engañosos al juzgar su eficacia. (Hayek, Friedrich. The use of knowledge in society. The libertarian reader. P. 216-222).


De nuevo acá se puede ver la crítica que Hayek realiza a los análisis de equilibrio por más que Iván quiera seguir creyendo en forma dogmática que Hayek los práctica; también se puede notar su crítica a esas visiones racionalistas de la economía, las cuales hasta la fecha Iván sigue pensando que son parte de la economía austriaca a pesar de la infinidad de veces que le hemos explicado que no es así. Parece que los panfletos de ANFE no son los únicos que carecen de información; los panfletos de economía de bolsillo que usa Iván para hacerse “experto por un día” tampoco son recomendables. No entiende nuestro querido profesor Villalobos que el orden espontáneo no es algo metafísico. Ya se lo explicamos antes, el orden espontáneo es el proceso de concertación a nivel de fines y medios a que llegan diversos individuos en virtud de la suficiente inteligencia que tienen como para comprender que el sistema de especialización e intercambio es el más eficiente para lograr lo que se proponen, precisamente en virtud de que son ellos quienes mejor saben qué es lo que desean. En sencillo: el orden espontáneo es el conjunto de acuerdos a que llegan los individuos que están tomando decisiones en el mercado. Esos individuos son interdependientes de tal modo que las decisiones que tomen en el presente crean una especie de marco informal que delimita las futuras decisiones. Ese orden espontáneo transmite información, información que los agentes económicos usarán para adaptar sus acciones. Vamos a poner un ejemplo sencillo para que Iván pueda entenderlo: Juan vende lápices y Roberto los compra; pero una peste de termitas acaba con grandes cantidades de madera, por lo que ahora la oferta de madera es menor que la demanda. Juan, entonces debe “equilibrar” esa demanda adquiriendo menos madera. Al hacerlo, deberá vender sus lápices más caros. A Roberto no le interesa si fueron termitas o si los aserraderos entraron en huelga. Lo que le importa es que ahora deberá pagar más dinero por los lápices y esa información le ayudará a decidir si valora tanto los lápices como para pagar el nuevo precio o si usa sus recursos para comprar otras cosas. Es decir, esa información delimita las acciones futuras de Roberto. Esa información es lo que mejor se conoce como “mano invisible”. Si Smith o Iván querían atribuirle el nombre de Dios a esa información, pueden hacerlo, pero nosotros no somos culpables de ello.

Iván ataca a Hayek y a Popper por considerar que no es posible pensar la sociedad como un “todo” porque no es válido planificar la economía. Volvemos al punto antes mencionado: para planificar la economía se necesitaría que un individuo o un grupo tengan toda la información necesaria pasada, presente y futura. Cualquier persona con una neurona en uso sabría que esto es imposible: nadie puede conocer toda esa información. Ella está, como señaló Hayek, dispersa en cada individuo, de manera tal que sólo cada persona conoce sus circunstancias específicas (esperamos que no pretenda Iván decirnos que él conoce cuáles son las circunstancias de cada uno y que él sabe lo que es mejor para nosotros, por lo que deba decidir en nuestro lugar). Si resulta imposible pensar en una entidad capaz de concentrar toda esa información, entonces es totalmente lógico que no se pueda pensar la sociedad de otra forma que un conjunto de individuos que piensan y actúan (además de otras acciones). La visión antropomórfica de la sociedad es un gigantesco disparate. Si se cree que la sociedad pueda tener intereses diferentes a los de las partes que la conforman, entonces habría que aceptar que la sociedad tiene una existencia independiente. Pero lo curioso es que, insistimos, no vemos a la sociedad decirnos buenos días, subirse a un autobús, votar por un candidato presidencial o postularse para ser Diputado. Todas esas acciones sólo las pueden realizar individuos.

La gran pregunta que hay que hacerle a Iván es: ¿es posible planificar el “todo”? En teoría de relaciones internacionales (¡que macabro Iván, tenemos conocimientos en varias áreas!) existe lo que se denomina el realismo político, el cual no se debe confundir con el desarrollo de Maquiavelo que deriva en los orígenes de la Ciencia Política, sino que fue un conjunto de postulados muy en boga durante la guerra fría. Un postulado central del realismo político es que las naciones son cuerpos monolíticos que tienen un interés definido y preciso. Es decir, acá no hay grupos de presión ni disidentes a lo interno de la nación, sino que todos los habitantes tienen lo que se llama un “interés nacional” que, casi siempre, resulta contradictorio con los de otros países. Sólo dentro de la “lógica” del realismo político sería posible hablar de un “todo” que se mueve en una sola dirección. Para poder planificar el “todo” sería necesario que no existiesen divergencias en los intereses, pero sólo en dos escenarios eso resulta posible: en una ficción o en un totalitarismo. En el caso de la ficción, no procede acá analizarlo pues resulta inoperante; pero en el totalitarismo sí puede haber una especie de “interés nacional”: la dictadura del proletariado en la URSS o el dominio de la raza aria en el régimen nazi son buenos ejemplos. Sucede que un totalitarismo, lo que se hace con los disidentes es simplemente silenciarlos (muchas veces por métodos violentos). Eso es lo que Hayek y Popper querían dejar claro en Camino de Servidumbre y La sociedad abierta y sus enemigos: todo proceso de planificación centralizada termina en una dictadura. La pregunta que le hacemos a Iván entonces ya no sólo es si resulta posible planificar el “todo” sino también que si es recomendable planificarlo a sabiendas de lo que va a derivarse de ello. Porque rogándole a Iván que nos disculpe por la ignorancia, no conocemos un solo experimento de planificación centralizada como mandaban los manuales del partido único en que el ser humano haya vivido libre y feliz. Por eso, quisiéramos saber qué recomienda Iván hacer con los disidentes en un régimen tal. ¿Ser misericordiosos y permitirles libertad tanto así que transmitiendo su mensaje puedan desestabilizar el régimen? ¿O propone eliminarlos como alimañas traicioneras?

Iván nos ilumina argumentando que “ni a Hayek ni a Popper les interesa someter a crítica sus argumentos, sino parapetarse ideológicamente consolidando una serie de estereotipos”. O sea, para Iván Popper traicionó su propia tesis del racionalismo crítico pues no somete a refutación sus propias ideas políticas sino que se esconde tras la macabra ideología (en la concepción marxista del término) y la utiliza para defender lo indefendible. ¿Puede haber algo más ridículo que esto?

En palabras de Popper:

(…) Sugiero que el objeto de la ciencia consiste en dar con explicaciones satisfactorias de todo aquello que nos parece precisar una explicación. Por explicación se entiende un conjunto de enunciados mediante los cuales se describe el estado de la cuestión a explicar (el explicandum) sirviéndose para ello de otros, los enunciados explicativos, que constituyen la “explicación” en sentido estricto (el explicans del explicandum).

(…) Para que el explicans sea satisfactorio (la satisfactoriedad es cuestión de grado) tiene que reunir ciertos requisito. En primer lugar, ha de implicar lógicamente al explicandum. En segundo lugar, el explicans ha de ser verdadero, aunque en general no lo sepamos; en cualquier caso, no hemos de saber que es falso hasta después del examen más crítico (…) En otras palabras, lo consideraremos más satisfactorio cuanto más rigurosas sean las contrastaciones independientes de las que haya salido indemne.

(…) De este modo, la conjetura según la cual el objeto de la ciencia es dar con explicaciones satisfactorias nos conduce a la idea de mejorar el grado de satisfactoriedad de las explicaciones mejorarndo su grado de contrastabilidad; es decir, yendo hacia teorías que tengan un contenido cada vez más rico, un grado de universalidad cada vez más elevado y un grado de precisión cada vez mayor”. (Popper, Karl. Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista. Cuarta Edición. Madrid: Tecnos, 2005. P. 180-182)


Como verán Popper proponía falsear las ideas, es decir, someterlas a rigurosos exámenes, evadiendo aquello que la probara y enfatizando en lo que la negara. Si no existía algo que la falseara, entonces se convertía en una verdad científica. Pero esa verdad científica no era absoluta, sino que al cambiar las condiciones y el conocimiento, podría ser refutada y quizá rechazada. Ergo, el conocimiento y la verdad científicas no son estáticas, no están dadas de una vez y para siempre sino que deben ser sometidos a exámenes de falsabilidad, aceptándolos si salen airosos y rechazándolos si no pasan la prueba. Por eso resulta irrisorio que Iván crea que Popper no quería someter a crítica sus ideas. Eso habría sido negar la obra a que dedicó su vida. De nuevo se observa como sale a relucir la ignorancia de Iván, que parece haber obtenido su conocimiento sobre Popper tomando café con algún profesor. En lo que sí acierta Iván es cuando dice que tanto Hayek como Popper son “de los principales representantes del antiutopismo contemporánero”. Popper siempre se declaró un antiutopista, fundamentalmente de aquellas utopías que involucraban cualquier clase de ingeniería social, concepto íntimamente ligado con el de planificación centralizada. Señalaba Popper que “toda
ingeniería social, por mucho que se enorgullezca de su realismo y de su carácter científico, está condenada a quedarse en un sueño utópico” (Popper, Karl. La miseria del historicismo. Madrid: Alianza Editorial. P. 61).


Además de ignorar a Popper y la esencia de su obra, Iván carece de información sobre economía. Una y otra vez se lo hemos mencionado y él sigue apostando a su omnisciencia para refutarnos. ¿Cómo puede Iván ignorar algo? ¿Es posible? Jamás. Nuestro filósofo, ahora convertido en experto economista luego de leer Economics for dummies, sigue cacareando que “Hayek no puede renunciar a la referencia al modelo de competencia perfecta, y continúa remitiéndose a él como tendencia”. A pesar de que le hemos explicado varias veces que el concepto de competencia perfecta es neoclásico y no austriaco, Iván se cierra y no permite que nueva información le llegue a su inmaculado y virginal cerebro. Pero en ASOJOD no desistimos de la lucha por sacarlo de la ignorancia y le explicamos una vez más en qué consiste la diferencia a nivel de esa noción y de paso para que entienda que los austriacos rechazan la idea de equilibrio:

“La función empresarial es la fuerza protagonista en la teoría económica austríaca, mientras que, por el contrario, brilla por su ausencia en la ciencia económica neoclásica. Y es que la función empresarial es un fenómeno propio del mundo real que siempre está en desequilibrio y que no puede jugar ningún papel en los modelos de equilibrio que absorben la atención de los autores neoclásicos. (…)Los economistas neoclásicos suelen ignorar en sus modelos de equilibrio la fuerza coordinadora que para los austriacos tiene la función empresarial. En efecto, ésta no sólo crea y transmite información sino que, lo que es aún más importante, impulsa la coordinación entre los comportamientos desajustados de la sociedad. Toda descoordinación social se plasma en una oportunidad de ganancia que queda latente para ser descubierta por los empresarios. Una vez que el empresario se da cuenta de esa oportunidad de ganancia y actúa para aprovecharla, la misma desaparece y se produce un proceso espontáneo de coordinación. Para Mises no tiene sentido la construcción de la Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio y en el que se supone que toda la información relevante para construir las correspondientes funciones de oferta y demanda se considera “dada”. El problema económico fundamental para los austriacos es otro bien distinto: estudiar el proceso dinámico de coordinación social en el que los diferentes individuos empresarialmente generan de manera continua nueva información (que jamás está “dada”) al buscar los fines y los medios que consideran relevantes en el contexto de cada acción en que se ven inmersos, estableciendo con ello, sin darse cuenta, un proceso espontáneo de coordinación. Para los austriacos por tanto, el problema económico fundamental no es de naturaleza técnica o tecnológica, como lo suelen concebir los teóricas del paradigma neoclásico, al suponer que los fines y los medios están dados, planteando el problema económico como si se tratara de un mero problema técnico de optimización. (…)En todo caso, los economistas neoclásicos han convertido el modelo de equilibrio en su centro focal de investigación. En él se supone que toda la información está dada (bien en términos ciertos o probabilísticos) y que existe un ajuste perfecto entre las diferentes variables. Desde el punto de vista austríaco, el principal inconveniente de la metodología neoclásica es que, al suponerse la existencia de un ajuste perfecto entre las variables y parámetros, muy fácilmente puede llegarse a conclusiones erróneas en cuanto a las relaciones de causa-efecto que existen entre los diferentes conceptos y fenómenos económicos. De esta manera, el equilibrio actuaría como una especie de velo que impediría al teórico el llegar a descubrir la verdadera dirección que existe en las relaciones de causa y efecto que se dan en las leyes económicas. Y es que, para los economistas neoclásicos, más que leyes de tendencia unidireccionales, lo que existe es una mutua determinación (circular) de tipo funcional entre los diferentes fenómenos, cuyo origen inicial (la acción humana) permanece oculto o se considera carente de interés. (…)El formalismo matemático es especialmente adecuado para recoger los estados de equilibrio que estudian los economistas neoclásicos, pero no permite incorporar la realidad subjetiva del tiempo ni mucho menos la creatividad empresarial que son características esenciales del discurso analítico de los austriacos. (…)En suma, las principales críticas que los economistas austriacos hacen a los neoclásicos son las siguientes: en primer lugar, concentrarse exclusivamente en estados de equilibrio a través de un modelo maximizador que supone que está “dada” la información que necesitan los agentes en cuanto a sus funciones objetivo y a sus restricciones; segundo, la elección, en muchos casos arbitraria, de variables y parámetros, tanto en cuanto a la función objetivo como en cuanto a las restricciones, tendiéndose a incluir aquellos aspectos más obvios, con olvido de otros de gran transcendencia, pero que tienen una mayor dificultad en cuanto a su tratamiento empírico (valores morales, hábitos, etc.); tercero, centrarse en modelos de equilibrio que tratan con el formalismo de las matemáticas y que ocultan cuáles son las verdaderas relaciones de causa y efecto: cuarto, elevar a nivel de conclusiones teóricas lo que no son sino meras circunstancias concretas pero que no pueden admitirse que tengan una validez teórica universal, puesto que tan sólo conllevan un conocimiento históricamente contingente”. (Huerta de Soto, Jesús. La escuela austriaca moderna frente a la neoclásica. Documento electrónico disponible en la página www.jesushuertadesoto.com)


Moraliza Iván: “las reflexiones filosóficas que Hayek realiza al final de su vida, le acercan por lo demás directamente a las ideas nietzscheanas, y toda la rebelión que representan contra los valores humanistas de la modernidad. No es necesario tampoco referirse ni repetir aquí los de todos conocidos puntos de contacto entre el pensamiento nietzscheano y el nacional-socialismo.” Totalmente de acuerdo con Iván respecto a las coincidencias entre Nietzsche y los nazis, pero de ahí a relacionarlo con Hayek es un sinsentido. Nos encantaría que Iván cite rigurosamente esas últimas reflexiones pues nunca antes algún liberal ha sabido de ellas: serían un éxito de publicación. Resulta sumamente curioso que alguien que dice tener por intereses a la filosofía y a la teoría política trate de hacer una conexión implícita entre Hayek y el Nazismo. Para afirmar eso se requiere un total desconocimiento de la historia así como del pensamiento de Hayek. No podemos olvidar que el Nazismo nace como una reacción a la democracia liberal y al capitalismo del siglo XIX y que además tiene fuertes nexos con el socialismo, de ahí su nombre. Si bien es cierto el Nazismo nunca abolió la propiedad privada si creó una economía altamente dirigida y centralizada que por supuesto contrasta claramente con conceptos hayekianos como los de orden espontáneo que Iván dice conocer y entender. Pero lo mejor de todo es pretender alguna conexión entre el pensamiento de Nietzsche y el de Hayek, obviando que este último debió huir de Alemania por la persecución nazi. Lo que Iván hace con esto es utilizar vulgarmente la falacia ad hominen pues propone rechazar a Hayek no por sus ideas sino por unas supuestas “reflexiones” que lo acercan a Nietzsche y, por consecuente, de Nietzsche al nazismo.

Otra clara diferencia entre Hayek y cualquier cosa relacionada con el nazismo es el positivismo jurídico extremo, el cual Hayek siempre refutó al ser un defensor del Estado de Derecho. Sobre esto menciona:

“sobre dichas bases al comienzo del Siglo XIX se desarrolló sistemáticamente la concepción teórica del estado de derecho, el Rechtsstaat, que llegó a ser, justamente con el ideal del constitucionalismo, el principal objetivo del nuevo movimiento liberal (…) el estado de derecho significa que el gobierno no debe ejercer nunca coacción sobre el individuo excepto para hacer cumplir una ley conocida, ello constituye una limitación al poder de todos los gobiernos, incluyendo también los de las asambleas legislativas (…) tiene importancia porque, hoy en día, el concepto del estado de derecho se confunde a veces con el requisito de la mera legalidad en todos los actos de gobierno. El imperio de la ley presupone, desde luego, completa legalidad, pero sin que ello sea suficiente. (..) el estado de derecho, por tanto, es también más que el constitucionalismo y requiere que todas las leyes se conformen con ciertos principios”. (Hayek, Friedrich. Los Fundamentos de la Libertad. Unión Editorial. P. 224-233)


Basta con leer el Camino a la Servidumbre para darse cuenta que la vinculación que Iván pretende realizar entre el nazismo y Hayek es absolutamente ilusoria. Hayek escribió dicho libro con el fin de alertar a la opinión pública inglesa el peligro que puede presentar el intervencionismo económico y cómo este, si se le permite actuar, puede servir como el mejor medio de transporte para conducirnos al nazismo, pues gracias a la intervención estatal producida por las ideas keynesianas estaba aumentando el poder del Estado, de modo que este cada vez más podría ir penetrando las esferas privadas de los individuos hasta luego tenerlos a su disposición.

Volviendo a la crítica de Iván respecto del individualismo metodológico, crítica inoperante y sin fundamentos reales, como ya lo hemos demostrado, queremos atacar la idea de nuestro personaje: “Concibe al individuo como una mónada aislada que, si bien entra en contacto con otros, lo hace exclusivamente sobre la base del egoísmo (el mito burgués del homo economicus), pero que, sobre todo, pre-existe a las relaciones sociales y es “analizable” más allá de todo condicionamiento”. Iván sigue evidenciando su tremenda ignorancia sobre economía y, fundamentalmente, respecto a la economía austriaca. En ASOJOD nunca hemos sostenido una ficción tal como la del homo economicus ni homo politicus, ni nada por el estilo. Ello porque coincidimos con los austriacos al considerar que la acción es humana y que no interesa si los fines son políticos, sociales o económicos, es acción humana al fin y al cabo. Además, pretender que existan acciones cuya delimitación con otro campo sea exacta es ridículo. Es decir, suponer que una persona puede actuar económicamente sin que esto tenga consecuencias sociales o políticas es un craso error conceptual. Pero no es el único que comete Iván. También dice que el individualismo metodológico presupone una “visión mítica del individuo, supone un sujeto anterior a toda inserción, condicionamiento o influencia social”. Nuevamente Iván está equivocado. Parece que las tardes de café, tanto en Costa Rica como en Alemania, no han sido provechosas para este personaje. Mises es claro al afirmar que la sociedad es acción concertada, cooperación entre individuos.

“Es producto de un comportamiento consciente y deliberado. Esto no quiere decir que los individuos celebraran un buen día un contrato en virtud del cual quedó fundada la sociedad humana. Las acciones que han realizado la cooperación social y que de nuevo la realizan a diario no tienden a otra cosa que a cooperar y colaborar con otros para alcanzar determinados fines. Ese complejo de relaciones mutuas creado por la acción recíproca de individuos es lo que se denomina sociedad (…)

El ser humano nace siempre en un ambiente que halla ya socialmente organizado. Sólo en tal sentido puede afirmarse que –lógica o históricamente- la sociedad es anterior al individuo. En cualquier otro sentido la afirmación es engañosa y falsa. Es cierto que el individuo vive y actúa en el marco social, pero la sociedad no es más que ese combinarse de actuaciones múltiples para producir un esfuerzo cooperativo. En ninguna parte existe fuera de las acciones de los individuos y es puro espejismo imaginarla fuera del ámbito en que los individuos actúan. Hablar de una existencia autónoma e independiente de la sociedad, de su vida propia, de su alma, de sus acciones, es una metáfora que fácilmente conduce a crasos errores”. (Mises, Ludwig. La Acción Humana: un tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 173).


Pero la crítica de Iván al individualismo rebasa cualquier límite de la racionalidad cuando nuestro nuevo experto en Hayek aduce que “en Hayek asistimos a un colectivismo igual o peor que el de la ideología del comunismo soviético. En ambas se trata de abandonar y regalar la autonomía a un proceso que funciona a ciegas, inexorablemente y a espalda de los sujetos”. ¿Puede algo ser más ridículo, hilarante, obtuso y falto de decencia que lo que Iván acaba de afirmar? ¿Cómo hacemos para que el gran omnisciente filósofo, economista, politólogo, abogado, poeta, escritor, futbolista, músico, artista, ingeniero, médico y lector del tarot Iván Villalobos entienda? ¿Será que la beca en Bremen no es para filosofía sino para enseñanza especial? Pedimos disculpas a don Iván pero mejor asiste a la Centeno Güell y ahorra a los tax payers costarricenses o alemanes lo que deben estar pagando por sus cursos en Bremen. A ver, lo ponemos en términos sencillos para que él pueda entender: es hilarante y estúpida cualquier afirmación como la de que en Hayek se asiste a un colectivismo pero con otro nombre. ¿En qué mundo Iván? Jamás pretende Hayek regalar la autonomía a un proceso que funciona a ciegas, inexorablemente y a espalda de los sujetos. No funciona a ciegas ni a espaldas de los sujetos porque el mercado es, en palabras simples para que Iván pueda entender, un conjunto de personas tomando decisiones. Si las personas toman decisiones están participando, por lo que se desestima su argumento de que se hace “a espaldas”. Para participar, han de tener información, misma que consiguen no por sus recursos materiales ni por benevolencia del gobierno, sino porque cada individuo sabe qué desea y que puede ofrecer así como cuáles son sus circunstancias. Esa información impide que jueguen “a ciegas”. Y tampoco es inexorable la marcha hacia ningún lado porque, a diferencia de las ideas colectivistas, universalistas y holistas de que hacía mención Mises, el individualismo no pretende que el mercado guíe a los individuos hacia una determinada meta, sino que cada individuo ejecuta sus acciones con arreglo a metas que él mismo se proponga. Señalaba Hayek que
“más importante resulta la relación de orden espontáneo con el concepto de propósito. Como tal orden no ha sido creado por un agente externo el mismo no puede tener propósito, a pesar de que su existencia pueda ser de gran utilidad para los individuos que participen en dicho orden.” (Hayek, Friedrich. Law, legislation and liberty. En: Boaz, David. The libertarian Reader. USA: Free press, 1997. P. 236)

Si hay algo que es, por definición, antiestático, es el mercado, especialmente la categoría de función empresarial que mencionaba Huerta de Soto. Pero eso Iván no lo puede comprender. Su obtusa mentalidad se lo impide; su fatal arrogancia no se lo permite. Para él, todo ser humano que piense diferente no sólo está equivocado, sino que es despreciable. Así lo ha demostrado en sus escritos. Para él no somos más que ignorantes, pseudocientíficos, despreciables monigotes panfletarios que no comprenden lo que leen o, peor, que ni siquiera leen. Para Iván, cualquier persona que pretenda cuestionar su posición en el pedestal de la sabiduría es un ser asqueroso. Por eso nos ataca; por eso ataca a todo el que piensa diferente porque se sabe un gigante con pies de barro. Su fatal arrogancia no le permite ir en busca de la verdad, como todo filósofo y científico debería hacerlo, sino que lo lleva a sostenerse en que tiene la verdad absoluta, dicha de una vez y para siempre. Está cegado y es incapaz de darse cuenta de los serios errores conceptuales, de las carencias de información que tiene y por eso ataca hacia todos los flancos. Llevaba razón Ortega y Gasset cuando dijo que “el malvado descansa algunas veces; el necio jamás”.

Alejandro Barrantes Requeno y Manuel Echeverría Echeverría

Fundadores de ASOJOD

jueves, 17 de enero de 2008

Esperanzas 2007


El 2007 fue un gran año. Los visionarios de la ruina se llevaron varias desilusiones. El petróleo no se acabó ni su producción llegó a su tope, no hubo guerra con Irán, bajó el precio del etanol y de los biocombustibles, en lugar del “calentamiento global” vino un “enfriamiento global”, subió el precio de los alimentos mejorando el ingreso de los agricultores, y, si bien en algunos casos ello resultó en una pesada carga para países pobres importadores netos de alimentos, es más fácil para estos ajustar el consumo que restringir la producción.

Los grupos de intereses contrarios al petróleo aseguran que su producción llegó a su pico y que a partir de ahora la oferta de combustibles fósiles se irá ajustando a través de la suba de precios, lo que significará un poderoso freno a las economías de los países pobres. Nada de esto, sin embargo, parece tener mucha lógica. Varios países están encontrando nuevos e inmensos yacimientos petrolíferos que comenzarán a explotar. Brasil es un ejemplo, China es otro, también India y México encontraron nuevas reservas.

En Brasil, solo los pozos de “Tupí” recientemente descubiertos duplicaron las reservas brasileñas conocidas. Estas reservas podrán convertir al Brasil en unos años más en el décimo productor mundial de petróleo y uno de los primeros en biocombustibles. También están surgiendo nuevas tecnologías que permiten seguir explotando rentablemente viejos pozos y extraer petróleo de fuentes anteriormente ya agotadas, inservibles o con pozos muy profundos. El petróleo está lejos de acabarse.

EE.UU., país que genera hasta un cuarto de todas las emisiones globales de calentamiento en el mundo, pese a la contrariedad de otros países desarrollados, se resiste a aprobar el acuerdo de Kyoto y a aceptar los estrictos límites que éste impone sobre la emisión de dióxido de Carbono (CO2), debido a los altos costos que tendría tratar de cumplir las exigencias, con riesgos de frenar el crecimiento de la economía. Las emisiones de EE.UU., desde 1990, no obstante, han venido mejorando bajo un esquema de cooperación voluntaria en el mercado de carbono. Les ha superado a Canadá, Nueva Zelanda, España, Portugal, Irlanda, Turquía.

El 2007 también ocasionó alguna vergüenza entre los defensores del calentamiento global. En distintos lugares del planeta, desde Seúl, Corea, hasta Johannesburgo, Sudáfrica, y, desde Nueva Zelanda, hasta Charlotte, N. C., se presentó una ola de frío polar que convirtió al año 2007 en un genuino año del “enfriamiento global”.

Pero la mayor desilusión recibieron los “profetas” que todavía no se habían percatado que el ser humano, año tras año, vive una mejor calidad de vida, una existencia más sana, larga y saludable, en áreas más limpias.

Nunca antes la mortandad infantil, el hambre y la desnutrición estuvieron tan bajos ni la expectativa de vida fue tan alta. Nunca antes los pueblos han estado tan cerca del desarrollo tecnológico y el avance medioambiental. El 2007 tiene el mejor récord en la historia de la humanidad.

El Cato Institute ha lanzado recientemente el extraordinario libro de Indur M. Goklany, El mejoramiento de la situación del mundo, una investigación exhaustiva con una visión optimista —aunque realista y hasta conservadora— de la globalización y sus consecuencias: el crecimiento económico, el libre comercio y el avance tecnológico, apoyado en abundantes gráficos, estadísticas y datos históricos. Ni la globalización ni el crecimiento económico emergente han ampliado las desigualdades en el interior de los países.

Los estudios de Goklany demuestran también que el mundo avanza inexorablemente hacia el fin de la pobreza y el atraso, gracias al aumento sostenido de la libertad económica y la sólida protección de los derechos de propiedad privada logrados en los últimos 30 años. Las necesidades básicas de la vida, desde alimentos hasta educación, pueden conseguirse hoy con mayor facilidad y son mucho más baratas. El mundo está recibiendo el soplo de libertad que esperaba para florecer.

Porfirio Cristaldo Ayala

martes, 15 de enero de 2008

Mentalidad anti-empresa

En este video clip Penn and Teller atacan una de las fobias que se están volviendo moda en nuestro país como lo es la satanización de la gran empresa. Mostrando como estas producen grandes beneficios tanto para sus trabajadores como para sus consumidores.


¿Qué hacen los políticos?


El joven senador Barack Obama se ha convertido en la gran revelación de los comicios estadounidenses. No solo porque es el primer candidato afroamericano con serias posibilidades de convertirse en presidente, sino porque dice encarnar el cambio que supuestamente necesita la sociedad norteamericana. Entre los republicanos, Mitt Romney, un exitoso empresario mormón, exgobernador de Massachusetts, quintaesencia delestablishment económico y político del país, se propone como mandatario alegando exactamente el mismo argumento: asegura representar el cambio. Parece que la palabra tiene una gran acogida entre los electores.

Los dos, tal vez, se equivocan. La función de los políticos norteamericanos no es generar los cambios, sino regularlos. Los cambios económicos los produce la propia dinámica interna de la sociedad civil. Se llevan a cabo por medio de las decisiones libremente tomadas por millones de ciudadanos emprendedores y laboriosos que son los que espontáneamente determinan la dirección y la velocidad en que se mueve el país. Los hacen en los laboratorios, en las fábricas, en las empresas, en las universidades. Los verdaderos artífices de los cambios son los investigadores, los científicos, los grandes ingenieros, los gerentes creativos, los empresarios agudos, los pensadores que en cada centro educativo remodelan día a día el conocimiento. Los cambios sociales los impulsan (o los frenan) los medios de comunicación, las iglesias, las ONG, los sindicatos, las organizaciones de estudiantes y los diversos grupos de interés.

Certeza de dictaduras. Los políticos, ante esa incontrolable dinámica, absolutamente impredecible, solamente pueden administrar y hacer reglas. Si las reglas son acertadas, benefician al conjunto de la sociedad, impiden los atropellos, evitan las injusticias flagrantes y consiguen facilitar la implantación de los cambios. Si se equivocan, las consecuencias pueden ser totalmente negativas y se convierten en una verdadera rémora. Pero no corresponde a los políticos la tarea de cambiar el destino de los pueblos, entre otras razones, porque en las sociedades libres nadie sabe hacia dónde debe desplazarse la población. Esa monstruosa certeza solo se tiene en las dictaduras socialistas, dotadas de una sola cabeza, donde los grandes artífices de la ingeniería social, utilizando como correa de transmisión a ciertos grupos de oscuros funcionarios, generalmente precedidos por unos fanáticos iluminados, creen saber hacia dónde debe marchar la sociedad, y arrean al pueblo en esa dirección a punta de látigo y calabozo, ahogando de paso el espíritu emprendedor, mientras arrancan de cuajo cualquier vestigio de genuina creatividad

Lucha tenaz. La mera existencia de un fenómeno como Obama prueba esa afirmación. Fue la lucha tenaz de los cuáqueros y de los abolicionistas en el siglo XIX, retomada luego por Martin Luther King a mediados del XX, donde se generó la posterior legislación integracionista de Lyndon Johnson que hoy, felizmente, permite que Obama sea una opción viable para los electores americanos. Lo que cambia a Estados Unidos es el tren, el teléfono, la aviación, la píldora anticonceptiva, las computadoras o la clonación –entre otros centenares de innovaciónes–, y todos esos hitos tecnológicos surgen en el seno de la sociedad civil y precipitan al país en una dirección hasta entonces insospechada, provocando consecuencias tremendas en todos los órdenes de la convivencia, ante las cuales tienen que reaccionar los políticos. Esa es la virtud de las llamadas sociedades abiertas, donde el Estado no dirige ni planifica, sino se limita a regular equitativamente. Es de este orden espontáneo de donde surge la inmensa fortaleza y la increíble capacidad para generar riqueza de una nación como Estados Unidos.

Pero hay otra paradoja: a veces los grandes cambios, aun siendo benéficos, crean graves problemas que sí deben enfrentar los políticos. Un caso típico es el desarrollo de la farmacología y de los carísimos equipos de diagnóstico. Gracias a ellos, hoy las personas tardan más en morir –el verdadero cambio es el aumento de la longevidad–, pero esos últimos años son terriblemente onerosos y nadie sabe cómo hacerles frente, porque casi todo enfermo desea prolongar su vida a cualquier costo. La función del político, pues, es encontrar la forma de regular este cambio de la manera más razonable y eficiente posible, dentro de las limitaciones que siempre impone el presupuesto. Y la labor del elector, claro, consiste en tratar de identificar qué político es capaz de hacer mejor esa y otras parecidas tareas. No es fácil.

Por Carlos Alberto Montaner

Petición a los fabricantes de velas

Petición de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado
A los señores miembros de la Cámara de Diputados

Señores:


Ustedes están en el buen camino. Rechazan las teorías abstractas; la abundancia y el buen mercado les impresionan poco. Se preocupan sobre todo por la suerte del productor. Ustedes le quieren liberar de la competencia exterior; en una palabra, ustedes le reservan el mercado nacional al trabajo nacional.

Venimos a ofrecerles a Ustedes una maravillosa ocasión para aplicar su... ¿Cómo diríamos? ¿Su teoría? No, nada es más engañoso que la teoría. ¿Su doctrina? ¿Su sistema? ¿Su principio? Pero Ustedes no aman las doctrinas, Ustedes tienen horror a los sistemas y, en cuanto a los principios, declaran que no existen en economía social; diremos por tanto su práctica, su práctica sin teoría y sin principios.

Nosotros sufrimos la intolerable competencia de un rival extranjero colocado, por lo que parece, en unas condiciones tan superiores a las nuestras en la producción de la luz que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido; porque, inmediatamente después de que él sale, nuestras ventas cesan, todos los consumidores se vuelven a él y una rama de la industria francesa, cuyas ramificaciones son innumerables, es colocada de golpe en el estancamiento más completo. Este rival, que no es otro que el sol, nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión (¡buena diplomacia para los tiempos que corren!) en vista de que tiene por esta isla orgullosa consideraciones de las que se exime respecto a nosotros.

Demandamos que Ustedes tengan el agrado de hacer una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, póstigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casa, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual.

Quieran los señores Diputados no tomar nuestra petición como una sátira y no rechazarla sin al menos escuchar las razones que tenemos que hacer valer para apoyarla.

Primero, si Ustedes cierran tanto como sea posible todo acceso a la luz natural, si Ustedes crearan así la necesidad de luz artificial, ¿cuál es en Francia la industria que, de una en una, no sería estimulada?

Si se consume más sebo, serán necesarios más bueyes y carneros y, en consecuencia, se querrá multiplicar los prados artificiales, la carne, la lana, el cuero y sobre todo los abonos, base de toda la riqueza agrícola.

Si se consume más aceite, se querrá extender el cultivo de la adormidera, del olivo, de la colza. Estas plantas ricas y agotadoras del suelo vendrían a propósito para sacar ganancias de esta fertilidad que la cría de las bestias ha comunicado a nuestro territorio.

Nuestros páramos se cubrirán de árboles resinosos. Numerosos enjambres de abejas concentrarán en nuestras montañas tesoros perfumados que se evaporan hoy sin utilidad, como las flores de las que emanan. No habría por tanto una rama de la agricultura que no tuviera un gran desarrollo.

Lo mismo sucede con la navegación: millares de buques irán a la pesca de la ballena y dentro de poco tiempo tendremos una marina capaz de defender el honor de Francia y de responder a la patriótica susceptibilidad de los peticionarios firmantes, mercaderes de candelas, etc.

¿Pero qué diremos de los artículos París? Vean las doraduras, los bronces, los cristales en candeleros, en lámparas, en arañas, en candelabros, brillar en espaciosos almacenes comparados con lo que hoy no son más que tiendas.

No hay pobre resinero, en la cumbre de su duna, o triste minero, en el fondo de su negra galería, que no vean aumentados su salario y su bienestar.

Quieran reflexionarlo, señores, y quedarán convencidos que no puede haber un francés, desde opulento accionista de Anzin hasta el más humilde vendedor de fósforos, a quien el éxito de nuestra demanda no mejore su condición.

Prevemos sus objeciones, señores; pero Ustedes no nos opondrán una sola que no hayan recogido en los libros usados por los partidarios de la libertad comercial. Osamos desafiarlos a pronunciar una palabra contra nosotros que no se regrese al instante contra Ustedes mismos y contra el principio que dirige toda su política.

¿Nos dirán que, si ganamos esta protección, Francia no ganará nada porque el consumidor hará los gastos?

Les responderemos:

Ustedes no tienen el derecho de invocar los intereses del consumidor. Cuando se les ha encontrado opuestos al productor, en todas las circunstancias los han sacrificado. Ustedes lo han hecho para estimular el trabajo, para acrecentar el campo de trabajo. Por el mismo motivo, lo deben hacer todavía.

Ustedes mismos han salido al encuentro de la objeción cuando han dicho: el consumidor está interesado en la libre introducción del hierro, de la hulla, del ajonjolí, del trigo y de las telas. - Sí, dijeron Ustedes, pero el productor está interesado en su exclusión. - Y bien, si los consumidores están interesados en la admisión de la luz natural, los productores lo están en su prohibición.

Pero, dirán Ustedes todavía, el productor y el consumidor no son más que uno solo. Si el fabricante gana por la protección, hará ganar al agricultor. Si la agricultura prospera, abrirá mercado a las fábricas. - ¡Y bien! Si nos confieren el monopolio del alumbrado durante el día, primero compraremos mucho sebo, carbón, aceite, resinas, cera, alcohol, plata, hierro, bronces, cristales, para alimentar nuestra industria y, además, nosotros y nuestros numerosos abastecedores nos haremos ricos, consumiremos mucho y esparciremos bienestar en todas las ramas del trabajo nacional.

¿Dirán Ustedes que la luz del sol es un don gratuito y que rechazar los dones gratuitos sería rechazar la riqueza misma bajo el pretexto de estimular los medios para adquirirla?

Pero pongan atención a que Ustedes llevan la muerte en el corazón de su política; pongan atención a que hasta aquí ustedes han rechazado siempre el producto extranjero porque él se aproxima a ser don gratuito y precisamente porque se aproxima a ser don gratuito. Para cumplir las exigencias de otros monopolizadores, Ustedes tenían un semi-motivo; para acoger nuestra demanda, Ustedes tienen un motivo completo y rechazarnos precisamente por usar el fundamento de Ustedes mismos sobre el que nos hemos fundamentado más que los demás sería formular la ecuación + x + = -; en otros términos, sería amontonar absurdo sobre absurdo.

El trabajo y la naturaleza concurren en proporciones diversas, según los países y los climas, a la creación de un producto. La parte que pone la naturaleza es siempre gratuita; la parte del trabajo es la que le da valor y por la que se paga.

Si una naranja de Lisboa se vende a mitad de precio que una naranja de París es porque el calor natural y por consecuencia gratuito hace por una lo que la otra debe a un calor artificial y por tanto costoso.

Luego, cuando una naranja nos llega de Portugal, se puede decir que nos ha sido dada la mitad gratuitamente, la mitad a título oneroso o, en otros términos, a mitad de precio en relación con aquella de París.

Ahora bien, es precisamente esta semi-gratuidad (perdón por la palabra) lo que Ustedes alegan para excluirla. Ustedes dicen: ¿Cómo el trabajo nacional podría soportar la competencia del trabajo extranjero cuando aquél tiene que hacer todo y éste no cumple más que la mitad de la tarea, pues el sol se encarga del resto? Pero si la semi-gratuidad les decide a rechazar la competencia, ¿cómo la gratuidad entera les llevará a admitir la competencia? O no son lógicos o deberían rechazar la semi-gratuidad como dañina a nuestro trabajo nacional, rechazar a fortiori y con el doble más de celo la gratuidad entera.

Otra vez, cuando un producto, hulla, hierro, trigo o tela, nos viene de fuera y podemos adquirirlo con menos trabajo que si lo hiciéramos nosotros mismos, la diferencia es un don gratuito que se nos confiere. Este don es más o menos considerable conforme la diferencia sea más o menos grande. Es de un cuarto, la mitad o tres cuartos del valor del producto si el extranjero no nos pide más que tres cuartos, la mitad o un cuarto del pago. Es tan completo como podría ser cuando el donador, como hace el sol por la luz, no nos pide nada. La cuestión, lo postulamos formalmente, es saber si Ustedes quieren para Francia el beneficio del consumo gratuito o las pretendidas ventajas de la producción onerosa. Escojan, pero sean lógicos; porque, en tanto que Ustedes rechacen, como lo han hecho, la hulla, el hierro, el trigo y los tejidos extranjeros en la proporción en que su precio se aproxima a cero, qué inconsecuente sería admitir la luz del sol, cuyo precio es cero durante todo el día.

Frédéric Bastiat

lunes, 14 de enero de 2008

En Vela


Hugo Chávez formuló, el viernes pasado, una confesión terrible: retirar el calificativo de terrorista, aplicado a las FARC y al ELN, para declararlas fuerzas insurgentes que “tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”. Luego, condicionó el diálogo con el Gobierno colombiano a la aceptación de este nuevo estatus. La respuesta inmediata del Gobierno de Colombia fue vigorosa y digna.

Ese mismo día, la exlegisladora Consuelo González, liberada el jueves por las FARC, denunció que los militares y policías presos por estas viven encadenados día y noche. Cargan su cadena al cuello para cualquier actividad. Carecen de los más elementales derechos humanos. El terrorismo es su esencia. Su negación o, mejor, su exaltación, de parte de Chávez, mediante un artilugio verbal, revela la estructura psicológica y moral del presidente de Venezuela, anfitrión y aliado del terrorismo islámico, militante en este país. Chávez se desenvuelve en una espiral demoníaca del poder que solo la tragedia podrá contenerlo.

La conversión del estatus terrorista por el de insurgente no es una propuesta alocada de Chávez. Es la reiteración histórica de una táctica: la mentira o la manipulación del lenguaje, como avanzada y nutriente de la corrupción, la ideología o el terrorismo. Una de las formas más socorridas de manipulación es el eufemismo de las palabras, común en el lenguaje políticamente correcto, todo lo contrario de “al pan, pan, y al vino, vino”, y corrosivo en el orden ideológico, como cuando a la tortura se la llama “método de persuasión”; al terrorismo, “brazo armado”, “fuerza emergente” o, como en ciertas agencias de noticias, “acto sangriento espectacular”; “cárcel del pueblo” a un centro de secuestro y tortura; “democracia popular” a un régimen totalitario; “comandante” a un facineroso o “revolución bolivariana” a un proyecto desestabilizador y antidemocrático.

La democracia es el gobierno de la persuasión, de la negociación, de la transparencia, de la publicidad, todo lo cual supone el manantial de la palabra límpida y de la razón (logos). Recordemos, por ello, a Confucio. “¿Qué hacemos, maestro, ante la división del pueblo y las penurias que lo avasallan?”, le pregun- taron. Confucio respondió: “Busquen un diccionario”. Es decir, vuelvan al lenguaje terso, a la palabra henchida de sentido y de veracidad, como expresión de la realidad, pues la corrupción de la palabra, por el ocultamiento de su sentido, por su desnaturalización, por el miedo, por su exceso (la verborrea), o por el babelismo, donde nadie se entiende, es el principio de toda corrupción y de todos los males…

Julio Rodriguez