jueves, 24 de enero de 2008

En Vela


Decíamos que si, en verdad, se impone y fructifica el proyecto del MEP para enseñar a pensar en escuelas y colegios, nos libraríamos de muchos males. Atreverse a pensar, ponerse a pensar –gráfica expresión– y pensar rectamente. He aquí la cuestión y, a la vez, el gran déficit de nuestro sistema educativo.

Hace unos años, vino a Costa Rica Fernando Savater, quien insistió, al hablar de la educación, de la reconquista de la razón, del raciocinio, primeramente como arma de supervivencia, como insumo indispensable de la prudencia (pensar antes de hablar y de actuar), autodefensa frente al embuste y la demagogia, escudo contra las metidas de pata y el ridículo, iluminación para la voluntad. ¿Cuántos disparates y horrores habríamos evitado aquí si el arte de razonar hubiera arraigado y florecido en escuelas, colegios y universidades?

¿Qué son, en nuestro país, los accidentes de tránsito en las carreteras, sino la renuncia a la razón, el triunfo de la sinrazón y de la estupidez? Así lo muestran el exceso de velocidad, el sobrepasar a otro vehículo en curva, el furgón que se abalanza contra vía, el falso adelantamiento y el trago más otro trago más otro… En lo que va del año ya casi llegan a mil los partes por ebriedad. Las muertes, las lesiones, la orfandad, la viudez no dejan lección alguna.

Un diputado, urgido por su líder y asesorado por encargados de imagen y abogados, presentó recientemente un proyecto de ley para intervenir políticamente el Ministerio Público. El ridículo fue históri- co. La abdicación de la razón pues ni se tuvo en cuenta lo elemental: el efecto bumerán. Y ¿qué decir del TLC? Académicos, políticos y profesionales aseguraron que Costa Rica perdería el agua potable, que “se llevarían” la isla del Coco, que se esfumaría el aguinaldo, que se construirían fábricas de armas, que era posible una renegociación, que se montaría un negocio ilegal de órganos, que se amputaría el territorio nacional y que el TLC pecaminoso nos alejaría de Dios… Conclusión: la razón debe retornar a las escuelas, colegios y universidades.

Y no podía faltar el futbol. ¿No son, acaso, los errores mentales la causa principal de los mediocres espectáculos y de los fracasos? Tampoco China. Un personaje dijo: “China es potencia mundial sin TLC”. Y con más razón todos aquellos que, apremiados por un cargo público, no se formulan la pregunta elemental: ¿Tendré yo condiciones básicas para este cargo o esta curul?

Pongámonos a pensar rectamente… por espíritu de supervivencia y de solidaridad humana. Una campaña firme y sostenida en un mundo descaminado.

Julio Rodríguez