Los regímenes autoritarios necesitan tener en su bolsillo a los militares y el Ecuador socialista del siglo XXI no es la excepción. Durante el primer año del gobierno de Rafael Correa ya hemos visto suficiente coqueteo entre el Presidente y las Fuerzas Armadas Ecuatorianas (FF.AA.) para concluir que lo que se busca es tenerlas de aliadas.
Desde octubre del presente año una politización acentuada de las FF.AA. se volvió obvia cuando el comandante de la marina Vicente Arellano declaraba que las FF.AA. comprendían el cambio que vive el país con el gobierno de Correa y que lo respaldarían. No debería sorprender que a penas dos meses después el Presidente premió a la marina con Petroecuador, movida similar a la del caudillo del Orinoco que le entregó PDVSA a los militares de su país. Asumo que el Presidente o no sabe o no le importa que los marinos no estén preparados para administrar el negocio petrolero, al igual que unos geólogos e ingenieros petroleros no están preparados para pilotear destructores y submarinos.
Con la compra de esos aliados el actual gobierno también entrega más poder a individuos que por la naturaleza de su misión—garantizar la seguridad nacional—no tienen formación democrática.
“Vuestro deber como miembros de las Fuerzas Armadas es aportar al desarrollo comunitario, a la minga del civismo, a la ética de la palabra y del pensamiento, a proteger a la madre tierra, sin devoción por la Pacha Mama no hay futuro”, afirmó Correa, en un discurso en julio de este año. Esta cita demuestra una concepción del deber de las FF.AA. mucho más amplia de la que se contempla en la Constitución de 1998—la cual todavía estaba vigente hasta el 29 de noviembre de 2007.
Según ese documento: “Las Fuerzas Armadas tendrán como misión fundamental la conservación de la soberanía nacional, la defensa de la integridad e independencia del Estado y la garantía de su ordenamiento jurídico”.
Aunque los regímenes militares se acabaron en 1979 cuando el Ecuador volvió a ser una democracia, las FF.AA. han conservado un poder económico y político poco común y recomendable en una república democrática.
La constitución de 1967 creó el marco institucional que permitió que las FF.AA. sean propietarias y administradoras de tantas industrias propias del sector privado—en una cantidad no vista en otro país del hemisferio. Esto, mientras que es sorprendente para los extranjeros, es ignorado por la gran mayoría de los ecuatorianos. Para que tenga una idea de lo que estoy hablando en Ecuador los militares son dueños de una aerolínea (TAME), una flota petrolera (FLOPEC), una empresa de acero (ANDEC), una bananera (DINEAGRO), una constructora de viviendas (DINMOB), una empresa de seguridad privada (SEPRIV), entre muchos otros negocios. Algunas de estas empresas compiten en el mercado bajo condiciones privilegiadas.
Las FF.AA. ya violaron lo que era su mandato constitucional bajo la Constitución de 1998 al no garantizar “el ordenamiento jurídico”. Sin ellos, la destrucción del Estado de Derecho y el establecimiento de un régimen autoritario en Ecuador este año no hubiera sido posible pues han tomado parte, ahora, han declarado su respaldo a las decisiones de la Asamblea Constituyente con poderes dictatoriales.
El Socialismo del Siglo XXI, como lo hemos visto hasta ahora en Bolivia, Ecuador y Venezuela, requiere ser militarista para imponer su proyecto político, que al igual que el fascismo implica estatismo ilimitado. La insaciable concentración de poder coincide con el pensamiento de Mussolini: “Todo en el estado, nada fuera del estado, nada en contra del estado”.
Gabriela Calderón
2 comentarios:
El fascismo, por definición, es: antidemocrático, antiigualitario, anticomunista, antiliberal en política. Cada intervención de Hitler en la esfera económica, en la que el poder estaba en manos de las grandes sociedades, se reduce a la lógica de la economía de guerra. La economía de guerra, y sus leyes de hierro, no deben considerarse como algo opuesto al capitalismo monopolista., sino, más bien, como su producto. La economía de guerra tomó las formas irracionales que no deben ser sólo imputables al régimen nazi, ya que esta irracionalidad es inherente al modo de producción mismo del capitalismo. La combinación entre la planificación por una parte, y la anarquía, por la otra, entre la socialización objetiva y la apropiación privada.
El gran capital cooperó con Hitler, puesto que les permitió utilizar mano de obra esclava y la obtención de beneficios mediante las expropiaciones a los judíos. Por otra parte, también se benefició de la eliminación de la inminente revolución social, además de que los sindicatos obreros fueron suprimidos, junto con los derechos de la patronal. A su vez, legitimó el principio de liderazgo de los empresarios en la relación con sus subordinados. Esta destrucción de los movimientos obreros contribuyó a garantizar a los capitalistas una respuesta muy favorable a la gran depresión. Asevera que, sin gran depresión, el fascismo no hubiera alcanzado un puesto relevante en la historia, fue este acontecimiento mundial el que, finalmente, transformó a Hitler en el dominador de Alemania.
El Fascismo fue un fenómeno universal que no conoció fronteras y que hundió sus raíces en todos los países imperialistas. Se ha hecho evidente, por medio de evidencia empírica, que a la industria pesada le convino más el ascenso de Hitler, que a la industria liviana; que los grandes trusts jugaron un papel agresivo e importante en una serie de decisiones económicas y financieras del régimen nazi. Más allá de las libertades, lo único esencial para el capitalismo es la propiedad privada y la posibilidad de acumular capital y extraer plusvalía.
A) El auge del fascismo es la expresión de una grave crisis social del capitalismo maduro (hubo una crisis estructural de superproducción en 1929-1933). Se trata de una crisis de reproducción de capital, existió una imposibilidad de proseguir con una acumulación natural de capital. La función histórica de la toma de poder por los fascistas, consistió en modificar por la fuerza y la violencia las condiciones de reproducción de capital en favor de los grupos decisivos del capital monopolista.
B) El fascismo es, al mismo tiempo, la realización y la negación de las tendencias inherentes al capital monopolista.
C) Sólo el fascismo, como movimiento de masas, pudo diezmar y desmoralizar a la franja más consciente del proletariado, mediante un sistemático terror de masas.
D) El fascismo solo podía surgir en la tercera clase social, la pequeña burguesía, ya que esta siempre tiende a unirse a la alta burguesía y no al proletariado, cuando una grave crisis económica la afecta.
E) El fascismo solo puede surgir cuando el proletariado es diezmado y se puede contener la revolución social.
F) La dictadura fascista tiende, por si misma, a reducir y destruir su propia base de masas; en su fase de declinación, se transforma en bonapartismo.
El fascismo no ganó en el momento en que la burguesía estaba amenazada por la revolución proletaria, sino cuando el proletario había sido debilitado y reducido a la defensiva mucho tiempo antes, es decir en el momento del reflujo de la marea revolucionaria. Los capitalistas y grandes propietarios no confiaron el papel del Estado a los grupos fascistas para protegerse de una revolución amenazante, sino para reducir salarios y destruir las conquistas de la clase obrera, no para suprimir un socialismo revolucionario, sino para barrer las conquistas de la clase obrera, eliminando los sindicatos y las posiciones de fuerza política ocupados por esta; no para suprimir un socialismo revolucionario, sino para barrer las conquistas del socialismo reformista.
Mediante la destrucción del movimiento obrero, Hitler consiguió establecer una congelación de salarios que fue un milagro para el patronato alemán. Se ha confirmado que la distribución de la renta nacional favoreció ampliamente al capital. La acumulación y concentración del capital en el nazismo confirma esta tesis. No hubo supremacía de lo político sino, más bien, del capital monopolista, que engendra siempre una creciente identificación entre el sistema y los intereses particulares de algunas docenas de grandes compañías en detrimento de las pequeñas y medianas empresas, buscando la absoluta transformación del sistema en una simple adición de intereses propios de estas empresas. Los soldados creían morir por los intereses de la patria, pero morían por los beneficios suplementarios de los señores de la industria. Cuando se levanta la cáscara política, se descubre el verdadero núcleo, esto es, el interés de clase. Realmente hubo una subordinación total de todos los intereses a los de las grandes compañías.
El punto de partida del fascismo se encuentra en la pequeña burguesía desilusionada y empobrecida. En aquel periodo, las capas medias se encontraban pauperizadas, pero sin verse proletarizadas. De haber existido fascistas de izquierda, estos hubieran sido las primeras víctimas del terror fascista.
Ojala algún día se pueda hacer críticas mas objetivas sin dejarnos llevar por nuestras ideoligias de manera dogmática o intereses ajenos al progreso... Para empezar no fueron las fuerzas armadas las que intervinieron directamente en la caida de gobiernos anteriores, fueron militares pero ellos no representan a las fuerzas armadas.
Segundo, las fuerzas armadas deben cumplir su deber sea gobierno de izqierda o cualquier otro gobierno, criticamos a las fuerzas armadas por supuestamente destruir el estado de derecho y también por la alianza con el gobierno de Correa, osea que en este caso si deberían estar encontra del primer mandatario? Que contradictorio.
Por otro lado, no seamos ingenuos al pensar que son solo soldados los que manejan las empresas privadas, hay profesionales que no necesariamente son militares.
Asi que dejemos la retóriaca y las palabras bonitas y hagamos críticas mas lógicas y más objetivas.
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