
El último informe del Latinobarómetro 2007 detalla que en Costa Rica la confianza ciudadana en los partidos políticos alcanza apenas el 15%. Siendo el Congreso el espacio donde la ciudadanía puede valorar de forma constante la actuación de los partidos, es totalmente comprensible la desvalorización de que es objeto esta institución, por considerarla más un circo mediático donde hay mucha discusión y poca acción, que una instancia de representación política de las personas. Precisamente a esa situación contribuido la actuación del PAC con la estrategia de poner cientos de mociones a los proyectos de la Agenda Complementaria. No critico tanto el hecho de que el PAC utilice esa estrategia sino que siga llamándose a sí mismo un partido patriótico y respetuoso de la soberanía popular sin el más mínimo empacho.
En un inicio, el PAC entró a la escena política nacional como el partido de la ética en la función pública, para luego demostrar que era pura demagogia: dos diputadas cometieron actos éticamente cuestionables y otro diputado inquisidor acusa a diestra y siniestra sin lograr nunca nada concreto. ¿Acusaciones infundadas? ¿Paranoia política? Pero también se presentaba el PAC como el verdadero y legítimo intérprete del pueblo, el cual le susurraba al oido su divina voluntad: rechazar el TLC por ser una herramienta del injusto, inhumano y voraz capitalismo salvaje.
Sin embargo, el referéndum del pasado 7 de octubre reveló que la mayoría de la población costarricense sí quería el TLC. Después de meses de arduo trabajo, quienes estabamos con el Sí respiramos tranquilos, con la satisfacción de una meta lograda. ¿Qué pasó ese día? ¿El PAC había interpretado mal el mensaje del pueblo? No, para el PAC, el pueblo se había equivocado. O más concretamente, se había dejado engañar y manipular por el "fraude mediático". Así pues, el lema que adoptó desde entonces el PAC fue que si la realidad no se adapta a lo que ellos dicen, peor para ella. Blandiendo el argumento místico de conocer la voluntad del soberano (nada diferente al agustinismo político de siglos atrás), el PAC decidió salvar a Costa Rica de sí misma interponiendo centenares de mociones para que el TLC no pudiera ser implementado.
¿Quiénes se creen los diputados del PAC? Ahora don Ottón Solís da clases de Comercio Internacional (sin ni siquiera haber comprendido los conceptos más básicos del comercio) y gana en dólares; ahora doña Elizabeth Fonseca deja ver que, para ella y su fracción, la voluntad ciudadana no interesa sino se apega a los intereses y propuestas de su partido; ahora el G-38, para Rafael Madrigal, montó un "show" llevando las mociones en carretillos a una rueda de prensa. Definitivamente la realidad ha de estar equivocada y el PAC sigue siendo el partido de la ética en Costa Rica y, ergo, los datos del Latinobarómetro 2007 y la percepción ciudadana de los partidos son erróneos.
La mayoría de los costarricenses queremos el TLC y le dimos a los diputados el mandato de aprobarlo. Y lógicamente que para tener TLC son necesarias las leyes de la Agenda de Implementación. Una cosa implica la otra. Pero el PAC cree que no, que los costarricenses decidimos por una cosa pero no por la otra. Precisamente este tipo de conducta coadyuba a que se profundice el descrédito de los partidos políticos, del Congreso y, en general, de la política. La política es un arte, pero gracias al PAC, los costarricenses refuerzan su prejucio respecto a ella como el arte del engaño. Por eso, por favor, señores del PAC, no vilipendien más a la política que es tan bella y necesaria; se los ruega un politólogo. Permítanle a los costarricenses volver a confiar en el Congreso, en los partidos y en la política, porque la continua desconfianza en ellos genera, de una u otra forma, desconfianza en la democracia. Y cuando eso pasa, el advenimiento de los totalitarismos está a la vuelta de la esquina.
Alejandro Barrantes Requeno
No hay comentarios.:
Publicar un comentario