lunes, 23 de junio de 2008

Tema polémico: crisis de los combustibles.


Este día, en ASOJOD queremos abordar un tema que está muy en boga: la crisis de los combustibles. Todos los noticiarios informan de los altos precios del petróleo y cómo esto tiene efectos colaterales en casi todas las actividades económicas. Asimismo, evidencian la interconexión entre la crisis petrolera y la crisis alimentaria, lo cual presupone grandes catástrofes humanas en el futuro cercano. Ante esa situación, queremos ofrecer algunas soluciones que nos parecen adecuadas:

Siendo precisamente el auge de los "biocombustibles" una de las causas de esa crisis alimentaria. toda vez que para su elaboración se destina gran parte de la producción agrícola que podría estarse vendiendo en el mercado internacional, lo que se propone es sencillamente eliminar todos los subsidios destinados para ellos. Dichos subsidios lo que generan es una enorme distorsión en los mercados, ya que los productores obviamente prefieren vender a quien mejores precios ofrezca. Pero en este caso no existe una libre y voluntaria disposición de los recursos de los consumidores para destinárselos a productores específicos, sino que el Estado usa los fondos de los tax payers para incentivar una actividad económica. Y no hay que tener dos dedos de frente para saber qué pasa cuando un Estado trata de impulsar a la economía: la Centroamérica de los años 60 y 70 es una prueba fehaciente de ello: crisis, pobreza, corrupción, despilfarro, pérdida de competitividad, etc.

Esa eliminación de los subsidios a los "biocombustibles" debe dir acompañada de la desaparición (o al menos reducción) de los impuestos que se imponen a los combustibles. En Costa Rica, por ejemplo, los fondos recaudados por concepto de impuesto a los combustibles -que supuestamente estaban destinado al mantenimiento, reparación y construcción de infraestructura vial- en realidad forman parte de una caja chica que el Estado usa para todo tipo de gastos: pensiones, aumentos salariales, etc. pero nunca para su verdadero fin. De existir esa infraestructura, estamos seguros que las presas disminuirían, y con ello el desperdicio de combustible que en ellas se da. Sin embargo, el impuesto a los combustibles no es el único que debe ir al cesto de la basura: también los impuestos a la importación de vehículos nuevos, pues estos tienen sistemas más eficientes de consumo de combustible y, a la vez, son menos contaminantes. Este impuesto hace que dichos vehículos sean inaccesibles para más personas, las cuales, por su necesidad de medios de trasporte, terminan comprando carros usados y contaminantes.

Por otra parte, estamos concientes de la importancia del ahorro y la reducción de consumo de combustible, pero esa decisión es plenamente individual. Si una persona tiene recursos y puede pagar el gasto que su vehículo implica, no hay ninguna justificación para impedírselo. Por eso, repudiamos las declaraciones de algunas autoridades gubernamentales que dicen estar estudiando la posibilidad de restringir la circulación de ciertas placas durante algunos días de la semana. Lo que en realidad hay que reducir es el gasto de combustible de las flotillas vehiculares del Estado, puesto que para nadie es un secreto que muchos vehículos de instituciones públicas circulan a horas no laborales y para actividades fuera de las permitidas. Perfectamente el Estado podría implementar planes institucionales de eficiencia en las rutas y así reducir el gasto de combustible de esos vehículos públicos.

Lo que no se vale es pretender culpar al consumidor de la "factura petrolera" y usarla como justificación para prohibir la circulación. ¿Cómo pretenden las autoridades que la gente deje sus vehículos en casa y se movilice por medio del transporte público con las pésimas condiciones en que se encuentran los buses? ¿Cómo hacer para convencer a un ciudadano que no use su automovil con la ascendente ola de criminalidad que afecta al país? Si se quiere que la gente reduzca el consumo de combustible, deben darse opciones válidas. Una de ellas sería la concesión de transporte público eficiente como tranvías o trenes. En los últimos años, un consorcio checo se ha reunido en más de tres ocasiones con el Gobierno costarricense para ofrecerle toda una red de trenes eléctricos: ya tienen el financiamiento, el equipo y el personal operativo, sólo necesitan los derechos de paso y la reconstrucción de algunos tramos de vía férrea. Y a pesar de todo eso, el Gobierno se niega a aceptar la propuesta, por amenazas de grupos de presión como los camioneros. En ASOJOD hemos advertido hasta el cansancio que eso es lo que pasa cuando se alimentan a ciertos grupos de prebendas y privilegios: después, no hay forma de quitárselos de encima.

Otra posible solución, además de la eliminación de subsidios e impuestos y de la concesión de transporte público a empresas que implementen sistemas de transporte público eficiente, es permitir el desarrollo de nuevas tecnologías. Esto se consigue eliminando las trabas a los productores de energía privada, pues la gran mayoría de ellos la obtiene haciendo uso de tecnologías limpias: hidráulica, eólica, geotérmica, biomásica, etc. El Estado debe permitir que más y más investigadores y empresarios busquen fuentes alternativas de energía, pues tienen la capacidad para hacerlo.

Así, estamos seguros, la crisis de los combustibles será una situación que no golpeará tanto el bolsillo de los individuos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

interesante planteamiento!!

La ASOJOD dijo...

Muchas gracias, anónimo.

Alejandro