lunes, 9 de junio de 2008

Tema polémico: el movimiento ambientalista.


El pasado 5 de junio fue el Día Mundial del Medio Ambiente y, a propósito de esa celebración, en ASOJOD hemos querido dedicar nuestro tema polémico de hoy al movimiento ambientalista, conformado por una serie de individuos con mucha "conciencia social" más aplicable para las futuras generaciones que para las actuales.


Consideramos a estas personas como los hippies modernos, cuyas proclamas de desarrollo y protección ambiental resultan una contradicción en términos, toda vez que quieren continuar viviendo con todas las comodidades del siglo XXI pero con métodos de consumo y producción típicos del siglo XVII. Para lograrlo, se amarran a árboles, hacen huelgas de hambre u organizan escandalosas manifestaciones para acusar al capitalismo de la destrucción del medio ambiente y de la vida. Curiosamente, creen estar criticando a una entidad viva, capaz de actuar y decidir. No se dan cuenta que el capitalismo no es un monstruo, sino tan sólo un sistema económico organizado bajo la lógica del mercado, es decir, del conjunto de individuos -incluídos ellos mismos- que toman decisiones. Como bien decía Mises:


"A muchos alarma la actual explotación inmoderada de recursos naturales y de hidrocarburos que por fuerza han de ir agotándose. Estamos dilapidando riquezas rígidamente limitadas, sin pensar en las necesidades de futuras generaciones; estamos consumiendo nuestra base vital, así como la de nuestros descendientes. Sin embargo, tales quejas tienen poco sentido. Ignoramos totalmente si la vida de los hombres del futuro dependerá de esas mismas materias primas que hoy explotamos". (Mises, Ludwig. La Acción Humana: Tratado de Economía. 6ª Edición. Madrid: Unión Editorial, 2001. P. 390-391)

Lo que no les gusta a los ambientalistas es que los individuos libres decidan hacer uso de los recursos naturales para satisfacer necesidades concretas y presentes y no piensen en los seres humanos supuestos que conforman la famosa y trillada frase de "generaciones futuras". En otras palabras, les molesta que los individuos no quieran creer en el cuento de los que vienen, de los que "siguen después de nosotros" tan sólo porque no saben si en verdad existirán esos "futuros seres humanos".

Mientras hay algunos que no se dan cuenta del fallo conceptual antes destacado, hay otros dentro del movimiento ambientalista que abiertamente abogan por detener el progreso. Se trata del Decrecimiento, que es una corriente política, social y económica que propone disminuir el consumo y la producción. El Decrecimiento nació de las tesis del economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, quien profetizó la finalización de los recursos naturales si se continuaba el ritmo de crecimiento económico. Evidentemente, los adeptos a esta doctrina piden a gritos volver a vivir como los amish, ese curioso grupo de gente que se autocondenó a vivir sin nada de lo que se inventó después del siglo XVII.

Es claro que detrás de este movimiento se esconde una corriente filosófica bastante conocida: el socialismo. Basta con observar la coincidencia de argumentos para poder sostener esta afirmación: repudio al modelo capitalista, ataque al concepto de propiedad privada, apelación a una entidad metafísica llamada Madre Tierra, uso de nociones como justicia social, equidad y distribución de la riqueza, así como críticas a la creación y acumulación de la riqueza a partir de la búsqueda del beneficio individual.

Otro de los grandes problemas es que estas personas creen que el ambiente es un fin en si mismo y no se dan cuenta que, en realidad, es un medio para alcanzar otras cosas como salud, recreación, etc. Cuando no se hace lo que ellos dicen, vaticinan el apocalipsis: ¡moriremos aplastados por un meteorito! ¡el calentamiento global causará la destrucción de todo! ¡se acabará la comida! ¡nos ahogaremos con los icebergs derretidos! y gran cantidad de frases que se oyen día a día. Toda esta serie de advertencias ha generado que muchas unidades últimas de decisión se dejen llevar por la mentira y adopten medidas "paliativas". Un buen ejemplo es el del Consejo Universitario de la UCR, que cada 5 de junio ha tenido la maravillosa (¿?) idea de prohibir el acceso de automoteres a sus instalaciones para lograr "un día sin humo". La iniciativa parecerá estupenda a los ojos de muchos ingenuos, pues se contamina menos. No obstante, lo que esta gente no ve es que, fuera de las instalaciones de la UCR los carros se parquean a doble fila o abarrotan los parqueos públicos.

Mentira que la gente decide dejar su carro en casa y trasladarse a la universidad en pogo saltarín, en caballo, en patineta o en zapatos con ruedas. Posiblemente algún iluso lo haga, pero la gran mayoría simplemente busca otro lugar donde estacionar su auto. Si no lo lleva y decide ir en bus, el incremento de pasajeros provoca que las líneas de transporte público tengan que disponer de más buses -irónicamente los vehículos más contaminantes de Costa Rica-. Como es obvio, más autobuses en las calles no ayudan al medio ambiente.

Estas contradicciones son apenas la punta del iceberg respecto a las bases del movimiento ambientalista. Pero no es lo único pues las mentiras también hacen su aparición. Desde hace años estamos escuchando que el mundo acabará y, al igual que con la venida del Mesías, cuando el día indicado llega nada pasa, excepto que sus adeptos alegan que es necesario postergar la fecha. Desde el Ensayo sobre el principio de la población (1978) de Malthus se le está diciendo a la humanidad que los recursos naturales se acabarán y no quedará ser vivo sobre la Tierra. Y más de 200 años después, todavía nada ha pasado.

Es cierto que hay que tener cierta consideración con el medio ambiente, pues es un medio para que podamos progresar y vivir con salud. Pero las cosas tampoco pueden alcanzar los niveles de fanatismo y adicción al mejor estilo de Greenpeace.


8 comentarios:

Anónimo dijo...

La crítica debe ir hacia ambos lados, me parece que hay un sesgo al enfocarse en el fanatismo ambientalista como una agenda izquierdista, ya que desde la derecha han usado los mismos métodos que utilizan los ambientalistas para defender sus negocios

La ASOJOD dijo...

Anónimo:

Primero, le agradecería me indique quiénes están incluidos en esa "categoría" holistica que ud llama derecha y en qué forma defienden sus negocios que sean comparable con los tipos de greenpeace por ejemplo.

Agradecería mayor precisión conceptual en sus comentarios

Alejandro

Felipe dijo...

Estoy de acuerdo con Uds. El movimiento ambientalista se ha convertido en algo irracional y casi místico. Esto es un problema ya que la discusión no puede darse como se debería dar en cualquier ciencia: analizando las teorías existentes, la evidencia que las soporta y criticándolas. En fin, el ambientalismo de pronto se ha convertido en una cara más del socialismo, lo que termina sin cumplir su fin de protección del medio ambiente limitándose a abogar por la supresión de libertades individuales.

Anónimo dijo...

Ejemplos sobran, las compañías tabacaleras gastaron millones en desacreditar la evidencia científica de que el "second hand smoking" era igual o peor de perjudicial que los efectos en los fumadores "activos", a pesar de que mucha gente había muerto debido al humo pasivo.

Además está la corriente de politólogos metidos a científicos que se dedican a publicar panfletos acerca de la "farsa" del calentamiento global, cuyos seguidores son movidos por un odio visceral a los ambientalistas de izquierda, a pesar de que la mayoría de la gente que cree conveniente tomar medidas para esta problemática están muy lejos de comulgar con agendas izquierdistas, eso es sin duda caer en los mismos extremos que ustedes acertadamente critican de parte los ecologistas que culpar al modelo "neoliberal" de la destrucción del medio ambiente

Alberto Ramírez Montealegre dijo...

Si no han visto esto, se los recomiendo... yo me reí muchísimo...

http://albertvs.blogspot.com/2008/06/en-el-da-de-la-tierra-y-el-ambiente.html

Los ecologistas extremistas son de lo más hipócrita que hay en este universo, tanto como los políticos socialistas.

A los de Greenpi$ y a los ecolópatas les importa un carajo si miles de personas pierden empleos y dejan de llevar el alimento a sus hogares con tal de llevar a cabo su agenda eco-extremista.

Les importa un bledo si cientos de miles de personas mueren de malaria, con tal de no dejar utilizar DDT.

Les vale un trasero si millones se mueren de hambre con tal de que no utilicen cultivos genéticamente modificados.

Muchas de sus campañas son remedios peores que las enfermedades que prentenden curar.

http://www.mitosyfraudes.org/Risks/GatoMercurio.html

En fin, con el discursito eco-romántico, nos quieren volver a la edad de piedra.

La ASOJOD dijo...

Anónimo:

Parece que ud asocia a las compañías tabacaleras con la derecha. Pues bien, resulta evidente que ASOJOD no tiene nada que ver ni con la derecha ni con las tabacaleras. Lo que significa que, si tiene reclamos contra las estrategias de estas, ASOJOD no es el espacio para hacerlos.

Respecto a los politólogos que ud hace mención si tengo algo que decir, pues soy uno de ellos. En primer lugar, no soy un politólogo metido a científico: soy un científico metido en la política. Aunque a algunos naturalistas no les guste, las Ciencias Naturales no son las únicas que pueden llevar ese calificativo. La Ciencia Política es toda una ciencia, con epistemología y metodología. Es cierto que algunos colegas no las conocen, pero curiosamente son los mismos que desde la academia berrean contra el calentamiento global.

Pareciera que a ud le molesta que existamos científicos que no nos creemos el cuentito del fin del mundo. Yo al menos me considero bastante profesional y crítico, y gracias a las capacidades para realizar análisis de discursos y aplicación de cálculo proposicional, puedo derivar la inmensidad de falacias que se esconden tras el discurso ecologista.

Mire, no es mi culpa que los defensores del ambiente incurran en esas fallas lógicas. Mi papel como científico es buscar la verdad y si con eso tengo que arruinar la navidad, pues no me preocupa.

Alejandro

Anónimo dijo...

ASOJOD no le estoy atribuyendo a ustedes el calificativo de derecha, nada más les estoy señalando lo que a mi parecer es un sesgo al no mencionar las triquiñuelas que utilizaron las tabacaleras para socavar un consenso científico que sin duda les tocaría los bolsillos en algún momento, si es que estamos hablando de grupos extremistas que se valen de una supuesta ciencia para confundir a la opinión pública. Me parece que ustedes abordan el tema desde una perspectiva antisocialista o antiizquierdista al omitir los casos arriba mencionados.

Y en cuanto a su profesión usted está en lo correcto al hacerse llamar científico metido en la POLÍTICA, talvez mi expresión no fue la correcta, más bien lo adecuado sería señalar la intromisión en asuntos que le corresponden a las ciencias NATURALES por parte de científicos SOCIALES, específicamente en el caso del origen antropogénico del CG, que usted insiste en presentar como una cruzada del movimiento ecologista, cuando en realidad existe un consenso científico, y este consenso al menos en ciencias naturales no tiene nada que ver con grupos políticos como GREENPEACE, WWF, etc

La ASOJOD dijo...

Anónimo:

Reitero lo que dije: si tiene reclamos contra las tabacaleras, este artículo no es el espacio para ello. Estamos de acuerdo en que muchas de estas empresas se alían a los gobiernos para obtener prebendas odiosas. Pero el artículo lo escribimos sobre el movimiento ambientalista, no sobre las empresas que se alían a los gobiernos.

En cuanto al consenso, le voy a ser muy franco: yo no creo que exista tal consenso cuando veo informes de científicos (naturales) que por un lado dicen que estamos entrando en una etapa de congelamiento y otros dicen que estamos en el calentamiento.

Alejandro