jueves, 7 de agosto de 2008

Intervencionismo estatal


El día de ayer se presentó un gran disturbio en las inmediaciones del Mercado Central en San José, cuando vendedores ambulantes y la Policía Municipal se enfrentaron. Las imágenes televisivas sobre la situación fueron elocuentes: violencia, gritos, golpes, etc.

Pero lo más preocupante es el fondo del asunto: el intervencionismo del Estado sigue atentando contra la libertad individual y la generación de ingresos. El Estado, considerado por muchos como la panacea para resolver los problemas de los ciudadanos, es el que los está generando, pues al impedirle trabajar a estas personas, les está obstaculizando su salida de la pobreza. Y tal situación, sabemos, es caldo de cultivo para muchos otros problemas.

Por supuesto que no justificamos la violencia y las agresiones que se presentaron en dicho disturbio. No importa si viene de los vendedores o de los policías, el hecho es que la violencia es el recurso no racional para resolver problemas, y curiosamente, es el medio que nunca logra resolver definitivamente esos problemas. Sólo los oculta un rato, pero se convierte en una bomba de tiempo.

Para ASOJOD, estas situaciones podrían reducirse, sino evitarse, si los gobernantes comprendieran de una buena vez que no deben intervenir en transacciones voluntarias entre privados. No importa que la intervención se sustente en los más loables sentimientos e intenciones; el punto es que la única forma en que se puede mantener la paz y la tranquilidad es por medio del indivisible binomio libertad-responsabilidad.

En los acuerdos entre privados, el Estado no tiene por qué entrometerse, salvo que se violenten los derechos de alguna de las partes. Los vendedores ambulantes tienen, en la mayoría de los casos, este trabajo como única fuente de ingresos. Los compradores que adquieren lo que estos vendedores ofrecen, valoran más ese producto o las condiciones en que lo adquieren, que si lo hicieren en otro lugar. Ambas partes ganan por un acuerdo voluntario.

Por supuesto que habrá uno que otro que pretenda pasarse de listo y engañar a la otra parte. Pero el mismo mercado lo sacará de la competencia, pues nadie más le comprará o venderá. Y en todo caso, el Estado ahí sí debe intervenir para salvaguardar derechos. La coacción sólo es válida cuando es usada para reprimir una coacción previa.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que contradictorio, la gente la pulsea buscando sus ciniquitos para llevar sustento a sus hogares, y no los dejan.

Que quieren que anden asaltando, de por si muchos andan haciendo atracos, fraudes, robos, homicidios, y los que quieren trabajar, los arrestan, les quitan sus chunches que desean vender honestamente, y de feria se agarran de golpe.

No justifico la violencia de un lado ni del otro, pero que mal se vio a ese policía municipal, volarle golpes a esa doñita.
Saludos

La ASOJOD dijo...

Roy:

En efecto, es problemática esa situación. Uno se pregunta lo mismo: si no los dejan trabajar ¿entonces cómo van a mantenerse?

En la edición meridiana de Noticias Repretel vi la entrevista que le hacían a una señora vendedora y dijo cosas muy ciertas como "yo estoy aquí ganandome la plata honestamente" y "si me sacan de aqui ¿quién me va a dar trabajo a mi edad?.

El tema de la violencia también es bastante serio. Yo creo que el policía reaccionó a un golpe de la señora y eso, aunque es natural, no debería darse en una autoridad. Es decir, el label con que carga implica un comportamiento y él no puede permitirse golpear así a la señora. Simplemente pudo haberla arrestado por agresión y listo. Pero ahora parece que se puede meter en una bronca administrativa.

Alejandro

Anónimo dijo...

Mira es que es tan diferente un golpe de una mujer, que de un hombre hacia una mujer, la fuerza física es diferente, pero a como bien dices, una autoridad no puede darse el lujo de perder el control.

Yo no entiendo a las autoridades, la gente la pulsea honestamente, y es que no hay trabajo, todo esta carísimo, la plata no alcanza, la gente busca trabajos informales, para hacerle frente a la crisis económica que vivimos.

Quien va a llevar sustento a esos hogares, el gobierno no creo, son las madres, jefas de hogar, que son la mayoría en este país.
Saludos

La ASOJOD dijo...

Esta es una clara muestra de cómo la intervención del Estado termina por afectar a los más pobres. En nuestro viernes de recomendación, el argumento de Friedman va sobre la misma dirección.

Lo preocupante, en estos casos, es la situación en la que quedan esas personas. Si se les niega la posibilidad de trabajar y, por ende, de salir de la pobreza, entonces es cuestión de imaginarse a qué tipo de actividades tendrían que dedicarse estas personas.

No digo que todos se vayan a dedicar a actividades delictivas, pero una parte lo hará y eso aumenta la problemática de seguridad en que vivimos.

Yo creo que no se trata de que el Estado cree fuentes de empleo, sino que deje de impedir que las mismas personas las creen. Estoy seguro, y está demostrado por numerosos estudios, que la gente cuando no existen obstáculos, crean importantes actividades productivas que son beneficiosas para grandes cantidades de personas.

Alejandro

Anónimo dijo...

a esa gente deberían de asignarles una plaza o habilitarles un mercado para ejerzan su actividad, pero me parece que la discusión no tiene nada que ver con "transacciones entre privados" o alguna cuestión TRASCENDENTE como la que uds. proponen, sino con el mínimo orden y ornato que debe imperar en una ciudad civilizada. NO LES PARECE???

La ASOJOD dijo...

Anónimo:

Por supuesto que tiene que ver con transacciones entre privados. Una de las justificaciones del Alcalde de San José, Johnny Araya, ha sido que estos vendedores se encuentran de manera ilegal aquí y ofrecen productos, supuestamente, de mala calidad a los compradores.

Es cierto que hay un tema de orden y distribución de espacio, pero yo pregunto ¿es eso superior al trabajo? Porque hay muchos más beneficios para el individuo el poder trabajar o poder adquirir ciertos productos que tener una ciudada bonita y ordenada. Por supuesto que es deseable tener ese orden, pero creo que no puede sacrificarse a seres humanos para ello. A propósito se habla del efecto Versalles, para referirse a la gran cantidad de personas que murieron o perdieron sus propiedades para que en esa ciudada se construyeran tan hermosos palacios.

Ud dice que deberían asignarles una plaza o un mercado para que ejerzan su actividad. Pues bien, ya se hizo con el mercado "El paso de la vaca" y no funcionó. Realmente desconozco las razones por las cuales no funcionó pero creo que es claro que esa no va a ser la solución.

Como le digo, yo desearía que no hubiesen vendedores en la calle por ornato y comodidad, pero no puedo desearlo si eso implica sólo sacarlos y negarles la oportunidad de trabajar.

Alejandro

Alberto Ramírez Montealegre dijo...

El tema de las ventas ambulantes se las trae de verdad, y existen muchas aristas en el asunto.
La "ciudad" de San José no posee la infraestructura para albergar a los vendedores ambulantes, con sus aceras angostas, lo que causa muchas incomodidades a los peatones.
Sin embargo, si los vendedores están ahí, es porque la gente compra. Si los productos son buenos o malos, o adulterados o contaminados, cada persona decidirá si por el precio ofrecido los adquiere o no. Si nadie comprara, hace rato que los chinameros hubieran buscado otra fuente de trabajo.
Ahora, si les ofrecen un espacio, algunos se mudarán, otros no, y luego, los espacios dejados serán ocupados por chimnameros nuevos, a los que luego habrá de reubicar, generándose un círculo vicioso.
Desconozco si ha habido una solución exitosa al problema en otras ciudades, y digo exitosa no a la desaparición de los vendedores sino a su ubicación en sectores no informales de la economía.