
El costarricense es ladino. Estamos envenenados por el prejuicio. Más que la mayoría de los pueblos que, hoy por hoy, alientan sobre la faz del planeta. Lo digo como lo veo. Lo digo como lo siento. Lo digo como lo constato día tras día. Bajo el discurso de nuestros valores éticos y cívicos, se fermenta un mundo de aborrecimientos, de fobias, de discriminaciones, de aberraciones sociales sórdidas y mal disimuladas.
Somos profundamente racistas. Lo hemos sido siempre. Afro-fóbicos sobre todo, pero también veladamente antisemitas y hostiles a toda etnia que percibamos como ajena (ignorando con ello el inevitable mestizaje de nuestras propias raíces). No acogemos la otredad , la miramos con desconfianza de montañeses recelosos, luego la segregamos y finalmente la utilizamos. La negritud sigue siendo objeto de sanciones sociales, si no explícitas, sí tácitas.
Discriminaciones. Somos misóginos. Digamos lo que digamos, nuestra actitud hacia la mujer tiene dos caras, que en el fondo son la misma: la depredación sexual, o bien, el desprecio manifiesto. Nuestro deseo por ellas no es homenaje a la feminidad, es agresión. Desde el podrido machismo de nuestra cultura, consideramos a la mujer como un ser infradesarrollado, primitivo, estúpido. Para el misógino, la mujer será siempre Dalila, Gorgona, Bruja, Medusa.
Somos homofóbicos. Como pequeño ejercicio lingüístico, me propuse hace algunos días levantar un inventario de todos los términos derogatorios que se utilizan para aludir a la homosexualidad, femenina tanto como masculina. Encontré veintiocho sustantivos con sus respectivos epítetos derivados, tomados predominantemente –aunque no exclusivamente– de los imaginarios animal y vegetal. Somos crueles con el homosexual. Crueles e inquisitoriales.
Somos xenofóbicos. Nos asusta lo que “viene de afuera”, lo ajeno, lo que no se nos parece. La tal “hospitalidad” del costarricense es una más de esas cualidades de tarjeta postal que nos hemos inventado como fachada “de exportación”. Al extranjero o le tememos (siempre la reticencia del provinciano que no puede ver más allá de su tibio vallecito), o bien, lo explotamos descaradamente. Somos arrastrados con “los de arriba”, y despectivos con “los de abajo”.
Somos sexistas. Que no es lo mismo que “misóginos”. Aquí, el odio y la discriminación se ejerce en ambas direcciones. Por un lado, el apetito-desprecio del hombre hacia la mujer, pero de un tiempo acá también la belicosa actitud de ciertas “brigadas de choque” del feminismo malentendido, que andan cortando pipíes a diestra y siniestra. Como dijo Vigny en La furia de Sansón : “Pronto, confinados a un reino atroz, la Mujer tendrá Gomorra y el Hombre tendrá Sodoma, y, lanzándose de lejos miradas de rencor, los dos sexos morirán, cada uno por su lado.”
Somos autocto-fóbicos. Escuchado en un estadio nacional, después de un partido en el que Costa Rica venció a México: “¡Qué rico que les ganamos, para que vean que nosotros no somos indios, como ellos!”. El odio contra las propias raíces, en el fondo, odio contra nosotros mismos.
Prejuiciosa ignorancia. El prejuicio no habita la ley explícita, las constituciones, los códigos laborales. De ahí sería relativamente fácil erradicarlo. El prejuicio habita las conciencias, y más aún, el subconsciente colectivo. Mientras permanezca ahí enquistado, no hay ley alguna que vaya a eliminarlo. La ignorancia es el hábitat natural del prejuicio (pre-juicio: lo que viene antes que el juicio).
Solo la educación puede combatirlo. Razón hemos de darle al viejo Platón cuando por boca de Sócrates sostenía que todo el mal en el mundo era hijo de la ignorancia. En otras palabras, solo se hace el mal desde la ignorancia. El mal sería inconcebible bajo un régimen mental de sabiduría. Pero, ¡qué lejos estamos de tal cosa!
Eso es Costa Rica. Y muchas cosas buenas también, concedido, pero nunca, nunca seremos realmente libres ni justos hasta tanto nuestra percepción de la alteridad, del otro esencial, de la pluralidad, de lo “diferente”, no cambie de manera radical.
Podemos preferir vivir engañados, seguir durmiendo al arrullo de nuestra mitología patriótica, pero un país no puede mentirse a sí mismo durante siglos sin pagar por ello un altísimo precio histórico y social. Yo no he hecho más que poner frente a nosotros un enorme espejo. Si no nos gusta lo que vemos, no le disparemos al cristal. Hagamos, antes bien, un profundo examen de conciencia.
Lo más difícil del mundo, lo sé, y sin embargo un ejercicio perentorio si queremos efectivamente honrar nuestra adscripción a la paz. Que esa paz no sea un simple eslogan turístico. Que sea una realidad viva y permanente.
Jacques Sagot
5 comentarios:
Qué buen artículo señores.
Sin embargo, ¿qué tiene que ver esto con los planteamientos liberales?
Recuerdo la paradoja de la Tolerancia propuesta por Popper, aquí el planteamiento liberal no resuelve estos problemas.
Al menos me imagino que no estarán de acuerdo en que el estado intervenga para evitar que los intolerantes hagan fiesta contando chiles en televisión abierta y a noticieros diciendo que en el país hay un millón de nicaragüenses.
Creo que sí el estado le cierra el hocico a Teletica y a Repretel en estos aspectos la sociedad sería más tolerante.
Anónimo:
Le contesto desde mi cuenta personal porque no quisiera poner palabras en la boca del resto de mis compañeros.
Lo primero que me parece importante a que me refiera es al por qué del artícutol. Yo creo que el artículo tiene un claro tinte liberal, definitivamente el liberalismo exalta la tolerancia el respeto por el "otro", por aquel que piensa distinto a nosotros, por aquel que se comporta de otras formas, etc. Esto lo que quiere decir es que el liberalismo promueve una sociedad abierta, en la que todos podamos convivir bajo un estado de derecho que respete nuestras diferencias.
El tema de la paradoja de Popper sobre la tolerancia me parece vital. En este tema he cambiado varias veces de opinión, pero en la actualidad si creo que es deseable cierto tipo de comportamientos deben de ser prohibidos por el Estado. Por ej una cosa es hacer una broma inofensiva, otra muy distinta es crear una asociación que promueva el odio hacia los extranjeros. Por supuesto que acepto los problemas de formular un criterio de demarcación que sirva para establecer que actitudes no resultan en una amenaza para los derechos e integridad de los individuos. Lamento no poder dar una mejor solución, pero en verdad creo que este es uno de los asuntos más complejos de la organización social.
Manuel
Anónimo:
Muchas gracias con su comentario.
Voy a tomar la idea de Manuel y contestar desde mi cuenta personal por la misma razón que él expuso.
Le recuerdo que ASOJOD no sólo se guía por el liberalismo, sino por otras corrientes de pensamiento, entre ellas el objetivismo, el racionalismo crítico, Public choice, etc.
En este caso, como ud entenderá, el art. está ligado al liberalismo por la razón que mi amigo acertadamente esgrimió, pero también con el compromiso con la racionalidad que en ASOJOD hemos adquirido desde nuestros inicios.
Como seres racionales, debemos ser capaces de reconocer lo bueno y lo malo de nuestras prácticas, naturalezas, convicciones, etc. Por ello, consideramos que el art. de Sagot refleja muy bien la naturaleza del "tico" promedio y sirve para traerse abajo ese mito, muy difundido, de la Suiza Centroamericana, el tico blanco y hospitalario, amistoso y pacífico. Es decir, para criticar la cultura en que vivimos y con la que interactuamos cotidianamente.
Nunca está demás difundir este tipo de comentarios, pues lo contrario a la criticidad de la propia idiosincracia es el ensalzamiento de esta y, lamentablemente, la experiencia histórica ha demostrado que pocas cosas positivas salen de la patológica creencia de un grupo de personas de creerse mejor que otros tan solo porque pertenecen a "X" raza, cultura, nacionalidad, etc.
En cuanto a lo de la tolerancia, como bien señalaba Popper, no podemos ser tolerantes con los intolerantes. Por esa razón, en ASOJOD hemos criticado hasta la saciedad el nacionalismo, la xenofobia, la homofobia y demás prácticas intolerantes que atentan contra la libertad individual.
Respecto a la intervención, estamos de acuerdo que el Estado intervenga si se trata de evitar daños a la vida, libertad o propiedad. Así que, si se presentan agresiones contra cualquier ciudadano, independientemente de su origen, etnia, religión, cultura, etc., en ASOJOD no sólo abogaremos por la protección jurídica que debe darle el Estado, sino que repudiaremos con fuerza cualquier acto de naturaleza violenta contra inocentes. En ese sentido, estamos a favor del uso de la violencia contra aquel que, injustificadamente, la utilizó primero.
No obstante, y esto lo digo a título personal, no considero que sea necesaria la censura, por ejemplo en TV o radio. Creemos que hay otros mecanismos más efectivos que la intervención del Estado para censurar un programa de opinión, humor, etc., como lo son la interposición, por los directamente afectados, de demandas o los mecanismos penales/civiles pertinentes o la acción voluntaria de los individuos para dejar de seguir el programa ofensivo.
El problema es que si autorizamos que el Estado empiece a censurar, abrimos una puerta que, para mi criterio, implicaría más problemas, pues estaría latente de censurar cada vez más cosas: primero las ofensas, luego las críticas y luego las disidencias, hasta acabar en algo similar al régimen chavista de Venezuela.
Yo creo que la sociedad sólo puede ser más tolerante si los individuos, por su propia voluntad, interiorizan el valor de la alteridad y aprenden que no existe relación alguna entre raza, sexo, idioma, cultura,etc y la inteligencia o valor de cada persona.
En otras palabras, cuando las personas entiendan que cada una es un fin en sí mismo y no un medio para que otros satisfagan sus intereses.
He ahí la dura tarea que nos corresponde a algunos para transmitir ese mensaje y esperar que la parte moral y sensata que queda en algunas personas comprenda este principio de elemental convivencia.
Espero haber dado en el clavo respecto a su comentario.
Alejandro
Creo que Sagot no mencionó otra de las prácticas difundidas en la "idiosincracia del tico", y que me parece que es el choteo, el cual funciona como un ninguneo hacia cualquier crítica hacia los vox pópuli que imperan en la sociedad, esto a través de una ridiculización "hilarante" de las críticas y casi con una convención tácita en que ni siquiera es necesario rebatir los argumentos del contrario, o que la "refutación" reside precisamente en burlarse del contrario.
Por ejemplo, si alguien manifiesta algún repudio hacia prácticas homofóbicas, el chotero dirá:" seas tan picha vos! anda cagá!" o cualquier frase de esas por el estilo, y zaz! se acabó la discusión.
Me parece que en un ambiente de ese tipo es difícil que la tolerancia se abra un espacio dentro de una sociedad tan hermética y cerrada a la crítica.
Una cosa en la que sí estoy en desacuerdo es que ustedes le atribuyen un tinte liberal al artículo, sin embargo hay que reconocer que quien más ha escrito en CR al respecto ha sido la izquierda a través de algunos sociológos "chancletudos", y además los primeros en criticar el mito de la excepcionalidad tica fueron los comunistas en los años 30(aunque tímidamente valga decir, y no olvidemos su programa de "comunismo a la tica").
Los liberales se han referido muy tangencialmente al respecto, y diría que muy pocos lo han hecho, en realidad sólo se me viene a la cabeza la "Falacia del Todo" de Minor SAlas, donde sin embargo omite analizar la sociedad costarricense a través de esa definición tan interesante.
EL resto de organizaciones liberales más bien se acomodan al conservadurismo de antaño(ANFE,ML, etc)
Anónimo:
Estoy de acuerdo en con su comentario. Si quería aclarar que cuando hacíamos mención al liberalismo nos referíamos a la tradición de pensamiento, y no a los esfuerzos raquíticos que ciertos "liberales" en Costa Rica hacen.
No podemos olvidar que una de las luchas históricas del liberalismo fue la libertad de culto. Así como el ensayo sobre la libertad de Stuart Mill: "la única parte de la conducta de cada uno por la que el (individuo) es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás. En la parte que le concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano".
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