Repúblicas Bananeras es un término peyorativo utilizado para calificar a los países atrasados, empobrecidos, corruptos y carentes de instituciones democráticas sólidas. Particularmente es empleado para referirse a Centroamérica, el Caribe y varios países de África, que se caracterizan (o caracterizaban) además, por ser productores agrícolas dependientes de una compañía extrajera.
El término, acuñado por el humorista y escritor de cuentos cortos estadounidense William Sydney Porter, viene a la memoria a raíz de la reciente diferencia entre Costa Rica y Nicaragua, a partir de la polémica generada por el supuesto dragado del rio San Juan.
Varias son las causas, a lo largo de la historia, que han motivado las tensiones entre ambos países y no es un secreto que el tema, en los últimos años, ha sido utilizado por el Gobierno nicaragüense como estrategia político-electoral, con el ánimo de exacerbar el sentimiento nacionalista del votante, alejando su atención de los problemas que aquejan a la segunda nación más empobrecida del hemisferio occidental. Como es conocido, para las próximas elecciones en 2011, el actual presidente, Daniel Ortega, tiene intenciones de ser reelecto (pese a que la Constitución nicaragüense no lo permite). Sin embargo, ya en América Latina hemos visto numerosos casos de gobernantes que impulsan reformas para que el ordenamiento jurídico les quede "a la medida".
En respuesta a la aparente violación a la soberanía costarricense, producto de las labores del hipotético dragado del río, el ministro de Seguridad José María Tijerino, envió a la zona norte del país (específicamente isla Calero) un contingente de la Fuerza Pública como parte de la operación denominada "Misión Paz", en aras de resguardar la autoridad sobre el territorio patrio. Como parte del operativo, los oficiales izaron la bandera costarricense en la isla, lo que fue observado por militares del Ejército de Nicaragua que estaban al otro lado del San Juan, sin que reaccionaran.
Ante todo esto, resulta simplemente deprimente observar cómo las autoridades políticas de ambos países distraen su atención ante temas tan insignificantes cuando la población de ambas naciones se debaten entre un mar de burocracia, ineficiencia y corrupción que limita el desarrollo y cercena el potencial de sus ciudadanos. El tema del San Juan palidece de intrascendencia ante los desafíos reales que enfrentan ambos países, por lo que resulta cuestionable el actuar de los Gobiernos.
¿Acaso el Gobierno nicaragüense realiza el supuesto dragado del San Juan para con la simple motivación de limpiar el cauce del afluente? Las declaraciones del Presidente Ortega reflejan la verdadera intención de la labor: "Este es nuestro río San Juan. ¡Cuánta historia, cuantas ambiciones, imperialismos y expansionismos derrotados!"
Por otra parte, ¿cómo explicar el reciente interés del Gobierno costarricense por “recuperar” el territorio nacional, cuando históricamente las fronteras norte y sur han sido sistemáticamente abandonadas a su suerte?, ¿no bastaba la vía de la diplomacia para que el Gobierno nicaragüense corrigiera sus acciones?, Edén Pastora tiene razón cuando dijo que el terreno al que el “ejercito” nicaragüense ingresó es tierra de nadie. De hecho, las fronteras costarricenses son tierra de nadie.
Como sabemos, la disputa por el río ya había sido dilucidada por la Corte Internacional de Justicia cuando falló que Costa Rica posee libre navegación con propósitos de comercio y transporte de turistas y Nicaragua goza de la soberanía sobre la vía fluvial. Sin embargo, en nuestras banana republics lo importante es lo intrascendente y, el sinsentido, los temas sustantivos pueden esperar.
El término, acuñado por el humorista y escritor de cuentos cortos estadounidense William Sydney Porter, viene a la memoria a raíz de la reciente diferencia entre Costa Rica y Nicaragua, a partir de la polémica generada por el supuesto dragado del rio San Juan.
Varias son las causas, a lo largo de la historia, que han motivado las tensiones entre ambos países y no es un secreto que el tema, en los últimos años, ha sido utilizado por el Gobierno nicaragüense como estrategia político-electoral, con el ánimo de exacerbar el sentimiento nacionalista del votante, alejando su atención de los problemas que aquejan a la segunda nación más empobrecida del hemisferio occidental. Como es conocido, para las próximas elecciones en 2011, el actual presidente, Daniel Ortega, tiene intenciones de ser reelecto (pese a que la Constitución nicaragüense no lo permite). Sin embargo, ya en América Latina hemos visto numerosos casos de gobernantes que impulsan reformas para que el ordenamiento jurídico les quede "a la medida".
En respuesta a la aparente violación a la soberanía costarricense, producto de las labores del hipotético dragado del río, el ministro de Seguridad José María Tijerino, envió a la zona norte del país (específicamente isla Calero) un contingente de la Fuerza Pública como parte de la operación denominada "Misión Paz", en aras de resguardar la autoridad sobre el territorio patrio. Como parte del operativo, los oficiales izaron la bandera costarricense en la isla, lo que fue observado por militares del Ejército de Nicaragua que estaban al otro lado del San Juan, sin que reaccionaran.
Ante todo esto, resulta simplemente deprimente observar cómo las autoridades políticas de ambos países distraen su atención ante temas tan insignificantes cuando la población de ambas naciones se debaten entre un mar de burocracia, ineficiencia y corrupción que limita el desarrollo y cercena el potencial de sus ciudadanos. El tema del San Juan palidece de intrascendencia ante los desafíos reales que enfrentan ambos países, por lo que resulta cuestionable el actuar de los Gobiernos.
¿Acaso el Gobierno nicaragüense realiza el supuesto dragado del San Juan para con la simple motivación de limpiar el cauce del afluente? Las declaraciones del Presidente Ortega reflejan la verdadera intención de la labor: "Este es nuestro río San Juan. ¡Cuánta historia, cuantas ambiciones, imperialismos y expansionismos derrotados!"
Por otra parte, ¿cómo explicar el reciente interés del Gobierno costarricense por “recuperar” el territorio nacional, cuando históricamente las fronteras norte y sur han sido sistemáticamente abandonadas a su suerte?, ¿no bastaba la vía de la diplomacia para que el Gobierno nicaragüense corrigiera sus acciones?, Edén Pastora tiene razón cuando dijo que el terreno al que el “ejercito” nicaragüense ingresó es tierra de nadie. De hecho, las fronteras costarricenses son tierra de nadie.
Como sabemos, la disputa por el río ya había sido dilucidada por la Corte Internacional de Justicia cuando falló que Costa Rica posee libre navegación con propósitos de comercio y transporte de turistas y Nicaragua goza de la soberanía sobre la vía fluvial. Sin embargo, en nuestras banana republics lo importante es lo intrascendente y, el sinsentido, los temas sustantivos pueden esperar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario