
En su columna del 20/2/09, Julio Rodríguez describe la Costa Rica actual en materia de seguridad. La del sicariato a cargo de profesionales, de menores fumadores de crack (sicarios baratos por ¢10.000) y la existencia de 200.000 fumadores de crack . Un país ya anárquico y peligroso, en vías de desintegración social. Un estamento político paralizado porque, debido a los mitos “de país pacífico” que su población ha aceptado, no encuentra cómo defenderse.
A este pueblo le cayó muy mal el concepto de la paz. Lo convirtió en una aberración, y el Estado se ha hecho irrelevante en su función fundamental: la seguridad de su gente. Ni el pueblo ni sus líderes han comprendido los peligros de la paz. Para comenzar, la paz no existe. Ni en las células, ni en el mismo ser humano, ni entre seres humanos, ni en “la madre naturaleza”, ni en la violencia cósmica de galaxias en constantes colisiones inimaginables.
La gran mentira. La paz tiene que ser impuesta porque la violencia es el estado normal de la naturaleza. Sin embargo, en Costa Rica se generó una gran mentira: que la paz es alcanzable en esta vida. Apuleyo, irreverentemente, llama a esta mentira “el cuentico de la paz”. “Nosotros somos un pueblo de paz” se repite ad náuseam en este país, aunque para el “costarricense del siglo”, don Pepe, los ticos no son pacíficos, sino que les da mucha pereza pelear.
La violencia no se puede mejorar, a corto plazo, por medio de la educación y la prevención de potenciales maleantes. Lo que es peor, puede transcurrir mucho tiempo para que el tico acepte que solo la fuerza en manos de un Estado de leyes puede protegerlo de la desintegración social. Otro problema más grave aún es la consecuencia de la percepción de indefensión: la funesta aparición futura de “la mano blanca”, un grupo de personas que toman la ley en sus manos y ajustician a quien consideren responsable de un crimen.
“La mano blanca” representa la institucionalización de la violencia, la cultura de la muerte, y, una vez que este mal desciende sobre un país, es casi imposible erradicarlo, como es el caso de Colombia. Y, si los costarricenses no perciben claramente que están siendo protegidos por el Estado, buscarán alguna forma de defenderse y van a tratar de encontrarla en la “mano blanca”.
Hoy día, los criminales tienen “derechos”, pero los derechos de las víctimas se limitan hasta el punto de que la defensa propia, en algunas circunstancias, ha dejado de ser un derecho. Al presentarla como un derecho, la palabra “defensa” se ha calificado cada día más, hasta llegar a la locura de que hay que garantizar el derecho del agresor antes de justificar la defensa del agredido. La realidad es que la defensa no es un derecho, es un deber biológico. Se priva a muchas personas de ese deber en nombre de una obsesión con los “derechos humanos” que ha llegado hasta poner en duda la legitimidad de la defensa propia.
Rechazo de la fuerza. El peor resultado del pensamiento delusorio, que tanto daño le está causando a la humanidad en nuestros días, es el rechazo a la aplicación de la fuerza. Esta lucha contra el mal que acecha a Costa Rica no se puede superar si no se abandona la adulteración de los conceptos y de las ideas. Cualquier estrategia para terminar con la amenaza tiene que estar fundamentada con base en realidades y no en sueños destructivos. El camino a la liberación de la inseguridad personal es abandonar el pensamiento engañoso del apaciguamiento y enfrentar el desafío por medio de la fuerza para imponer el imperio de la ley.
Escribo sobre este tema porque no puedo aceptar convertirme en un testigo indiferente del peligro real que amenaza este país y que está a punto de terminar con nuestra forma de vida. Pretendo señalar los hechos como los veo y recordar a la actual generación de dirigentes políticos el enorme costo en vidas que se ha pagado cuando otros líderes no han aprendido de la Historia y han falseado la realidad para tratar de evitar la ansiedad de tener que enfrentar la vida como es.
Jaime Gutiérrez Góngora
6 comentarios:
No entendi nada.
Lo que creo mal entiendo es esto:
1- Leyes más fuertes y castigos más fuertes nos convierten en una
sociedad segura.
2- El estado nos protege con esas leyes fuertes (no se da ejemplo) y todos somos felices.
3- Como somos vagos para ser peleones, nos castigan como en la escuela con el arresto y ya todos somos felices.
4- Educar no funka a corto plazo, mejor MANO DE HIERRO y los DH a la porra, por si no funkan.
5- Defensa Propia es un deber, pero si no se ejerce tambien le damos por la madre con nuestra supermegaley.
No entiendo, un blog pro 0 intervencion del estado, ahora quiere un estado más severo
Chucho:
Efectivamente no entendió. En este blog siempre hemos defendido que el Estado sea el encargado de la seguridad, pues dejar que cada quién se tome la ley en sus manos provocaría una guerra de todos contra todos y una consecuente parálisis en todas las relaciones humanas. De hecho, nos parece que esa es la única función legítima que le corresponde al Estado.
El artículo De JGG es muy claro en el sentido de que el Estado perdió el norte respecto a su función: ya no la brinda por estar ofreciendo cosas que no le corresponden. ¿Por qué? Por dos simples razones: 1) porque nos vendieron el cuento de que somos un país pacífico, que acá el vecino te sonríe por las mañanas y que el chofer del carro de al lado te da el paso por cortesía, cuando evidentemente eso no es así. La sociedad tica es sumamente violenta, basta ver las cifras de muertes, asaltos y agresiones para darse cuenta de eso. Y como "somos un país de paz" la policía y los tribunales no se necesitan, por lo que se les descuida. 2) Con base en esta idea, se pensó que si la sociedad costarricense había resuelto el tema de la violencia, podía dedicarse a satisfacer necesidades de "más alto nivel" como vivienda, salud, educación, etc.
Educar, evidentemente no ha funcionado, pues el sistema moral que se transmite en CR es muy simple: haga lo que quiera sin responsabilizarse de sus hechos. Las reglas deben establecer claramente lo que se puede y lo que no se puede hacer y determinar los premios y castigos, de forma tal que ud pueda estar conciente de lo que pasará si actúa de determinada manera. Pero cuando a ud le transmiten la idea de que sus actos negativos (robar, matar, agredir, engañar, etc) no serán castigados de forma efectiva y aleccionadora, ud no tiene incentivos para adecuar su conducta ni advertencias para disuadirlo a actuar de esa manera.
Yo sí soy un defensor de penas más severas (de hecho en este blog hemos defendido la pena de muerte). Y lo que dice JGG es totalmente cierto: con el cuentito de los DDHH de los malechores se ha prostituido el concepto. Ahora hay que contemplar los derechos del delincuente pero no los de las víctimas. La señora a la que le matan un hijo, la familia que pierde a un padre, etc. parecieran no importar, sino que toda la discusión se centra en que el degenerado que le metió 5 balazos a su víctima tenga bonita celda, cama con colchón (como dispuso ahora la Sala IV), comida, agua, televisor y visita conyugal varias veces a la semana.
Yo prefiero que las víctimas y sus familiares sean la prioridad: gente de bien, honesta, trabajadora, etc. que está siendo afectada sobre los degenerados que no son capaces de respetar las más mínimas reglas de convivencia en sociedad. Y para estos últimos soy y seré un convencido que debe caer todo el peso de la ley de acuerdo con el delito que comete (i.e. pena de muerte para quien cometa delitos contra la vida).
Este blog siempre ha defendido la idea de que la única función del Estado es proteger la libertad, la vida y la propiedad privada de las agresiones de terceras personas. Es decir, que al Estado le corresponda el uso exclusivo de la fuerza como respuesta a un uso inicial de la fuerza para evitar la violación a los tres principios antes descritos.
Alejandro
Alejandro, el problema es que el poder corrompe. Vuelvo a mi punto 2, deme un ejemplo de que con leyes severas la sociedad es mas feliz y segura.
Yo en cambio le doy ejemplo, de usted o sus compañeros o mi persona. Con las leyes endebles (en eso estamos deacuerdo) que tenemos ninguno de los citados somos criminales, ni nesecitamos de las leyes para saber lo correcto o incorrecto. Lo de Premio Castigo sirve más para los animales campeon.
Yo creo en la educacion, concuerdo en que hay "personas" que ni reaciendolos, para esas personas creo en que la ley debe ser fuerte. Pero el problema que le veo es que las leyes tan fuertes, en mano del estado pueden ser utilizadas para el abuso.
Segun entiendo, usted dice que somos violentos por naturaleza (link al estudio antropologico por favor) yo no creo eso, yo creo que somos humanos. Con tendencia a cualquier lado, todo depende de LA EDUCACION.
En fin, man y es CUCHO, porfavor, en fin, gracias por responder y eso es lo lindo de pensar diferente. Que se puede aprender
Cucho:
Disculpe la confusión del nombre: a las 5 am no se lee muy bien. Voy punto por punto ahora que estoy más despierto:
1. No sé si la sociedad viva más feliz o mejor. Me preocupo por mí mismo y por mis seres queridos y deseo que caiga una pena fuerte sobre cualquiera que violente sus derechos y libertades.
2. Su punto es bueno: la gente decente no necesita leyes fuertes para saber qué es lo bueno y qué es lo malo. Lamentablemente, yo no me atrevería a decir que TODOS sean así, como tampoco dije que el ser humano es violento por naturaleza (eso me parece una tontería).
3. El premio-castigo no es para animales, "campeón". Aplica para todos: es, de hecho, el postulado central del institucionalismo. El ser humano adapta sus conductas a partir de las reglas existentes y al sistema de incentivos: ud sabe que no debe hacer algo porque la consecuencia será negativa (i.e. faltarle el respeto a sus padres amerita un castigo o, al menos, una regañada; meter el dedo en el enchufe genera un jalonazo, un asalto amerita encarcelamiento, etc, etc, etc.)
4. Concuerdo plenamente en que el poder corrompe, como decía Acton. Pero insisto, cuando alguien viola los derechos de otra persona, algo hay que hacer ¿verdad? Si lo dejamos impune, transmitimos un mensaje claro: siga haciéndolo que no recibirá castigo por ello. En cambio, si lo castigamos, ojalá fuertemente como con pena de muerte (para delitos contra la vida) y cárcel/trabajos para resarcir el daño (en caso de delitos contra la propiedad), el maleante va a escarmentar; 2)no escarmienta pero al menos lo sacamos de circulación, definitiva o temporalmente o 3) los que pensaban cometer un delito ven que el castigo del otro fue fuerte, por lo tanto piensan dos veces su acto (puede que lo cometan siempre, pero al menos ya saben a qué esperarse). ¿Quién debe ejecutar este castigo? Sólo tenemos dos opciones: el estado o los individuos por sí solos. Si lo hacen los individuos 1) no creo que haya proceso judicial (ergo, no se sabe si el ajusticiado era o no inocente, riesgo que disminuye, aunque no desaparece, en caso del proceso), 2) aplicaría para todos los casos, por lo que entonces c/ persona tendría q dedicarse a protegerse a sí mismo de la violencia de otros (en ese escenario yo tendría que cuidarme las espaldas de 1 a 4 millones y medio de potenciales agresores) y no podría dedicarse a otras cosas como trabajar, estudiar, descansar, etc. El riesgo de que el Estado lo haga y se genere mayor desorden creo que es menor. En todo caso la discusión se centraría en cómo custodiamos a los custodios (que ahí creo que los mecanismos de accountability horizontal y vertical, tanto nacionales como internacionales juegan un papel importante).
Alejandro
Gracias por la respuesta, en este momento me encuentro muy mal de salud, asi que me despido por un tiempo
Cucho:
Esperamos que se recupere pronto, que siga mejor.
Manuel
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