
Si el PAC y la oposición no hubieran insistido en el referéndum, aún tendrían cuerda moral para estorbar su aprobación. Discusión, modificación y determinación de las opciones según su “visión país”.
Pero no. Se la rifaron al referéndum. Apostaron a que ganarían y no fue así. No fue un Dunkerque, la tarima del domingo siete así lo evidencia. Al otro lado no estaban los nazis (una ofensa más del inmaculado Ottón). No fue una retirada triunfante (perdieron el referéndum).
El referéndum es una nueva figura en nuestro Derecho Político y Constitucional. Consiste, en lo esencial, en que el pueblo retoma la capacidad de decisión (suspende por una convocatoria la democracia representativa) y en democracia participativa decide por él mismo.
No se trata de consenso, se trata de una decisión. Ni siquiera se puede hablar de un desempate, es una forma de decidir.
Sin embargo, por razón misma de la normativa del referéndum, si concurre a la decisión más del 40% (en el caso del TLC), el resultado obliga a los órganos públicos, es vinculante, es un mandato, es un imperativo, rige y le puedo poner más expresiones equivalentes a quienes no lo han terminado de entender.
Aquí no se trata de ganador moral, ni siquiera se fue a tiempos extra o penales o moneda. El pueblo decidió y punto.
No se valen condiciones, no se valen toma y dacas, no se puede regatear al pueblo su decisión.
Tampoco se trataba de que el TSE buscara empatar las fuerzas. En un partido de fútbol no se puede pedir al árbitro que le amarre el pie a Riquelme, que no deje correr a Ronaldinho o que le tape los ojos a Gabelo Conejo porque ataja mucho.
Tampoco fue un Fuenteovejuna. Decir eso es una verdadera fijación sexual. Es una forma de decidir y punto. Ganó el TLC y la mayoría y punto.
Menos se puede admitir que los perdedores se sumen los votos de los que no fueron. Eso es una muestra de desesperación y enajenación. Los que no fueron no cuentan. A lo sumo se podrá decir que no les importaba, que estaban en la indiferencia o que no tenían elementos de decisión. Pero adjudicárselos por parte del grupo perdedor es una actitud abiertamente demencial. ¿Qué se fumaron?
No vengan ahora con la hipocresía de la “desigualdad mediática” y violación de la tregua: trajeron a Sanders y compañía, buscaron pronunciamientos de políticos gringos, usaron recursos de las universidades públicas (incluyendo TV y semanario, sabático y carro del Rector de la Patria y el Pueblo), los educadores contaminaron en lugar de enseñar y la Internet pagada por los impuestos se usó contra el pueblo, mintieron e intentaron descalificar a la Sala y al TSE.
Ahora, más bien, deben respetar la decisión del pueblo. Ahora no tienen argumento para bloquear ni atrasar: los cañones de la democracia hablaron, fuerte y claro. ¡Sí al TLC!
Retrasar, regatear o bloquear la decisión del pueblo es un acto sedicioso y traidor. Retratará a quien lo haga. ¿Cuántos de los “doce del patíbulo” van a seguir en su “domingo siete”?
El 7 de octubre el pueblo costarricense tomó una decisión. Así eran las reglas ¿Quién será enemigo del pueblo?
Por Federico Malavassi
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