Ayer publicó el Consejo de la Universidad de Costa Rica su “pronunciamiento sobre los resultados del referéndum y el futuro del país”. Nada menos. No recuerdo, en la historia de la UCR, un acuerdo igual. Se trata de una arenga política e ideológica, cargada de sofismas y de inquina, cuyo propósito es dividir al pueblo de Costa Rica, cuestionar la institucionalidad democrática y azuzar a los grupos que no han reconocido el resultado del referendo. Y todo, por supuesto, con el dinero de los costarricenses.
He aquí al Consejo de la UCR como vocero y defensor de los llamados comités patrióticos, los mismos que han utilizado sus instalaciones para proclamar la desobediencia civil y desconocer el resultado del referendo, aplicación fiel de la estrategia suscrita en el teatro Melico Salazar en abril del 2005. El Consejo de la UCR no ha tenido la entereza moral e intelectual de reivindicarse y volver por los fueros de la institucionalidad, la paz social, el respeto y la razón crítica. ¡Qué lástima!
Comienza el Consejo justificando su acuerdo del 18 de abril del 2007 contra el TLC, cuyos deplorables argumentos fueron rechazados, en su hora, por la Sala Constitucional, lo que tampoco le importó, pues siguió proclamándolos a diestro y siniestro (con nuestros recursos); recoge la posición de los grupos más extremistas del NO contra el referendo, osa denunciar “el rompimiento de las reglas democráticas”, censura “la tregua política decretada por el TSE”, confundiendo –inaudito– propaganda y derecho humano a la información, anuncia “la clara división existente en Costa Rica “en cuanto a visiones de la sociedad”, pues, según este Consejo y otros, de un lado estamos los del SÏ, los mercaderes, y del otro, los buenos, los del Estado solidario. ¿No advierten que a todos, a los del SÍ y a los del NO (los demócratas, no los extremistas), nos angustia la situación social del país y estamos luchando por humanizarla? ¿Se logra este objetivo con la confusión conceptual y la lucha de clases?
“La clara división existente” no es fruto del referendo. Este tampoco la descubrió. Es una realidad diaria, concreta y dolorosa, que no se combate llevando agua sucia a sus molinos ideológicos, exaltando al “movimiento opositor” al TLC. ¿Cuál? ¿El que no reconoce el resultado electoral? ¿El que niega la institucionalidad democrática, que el Consejo legitima, ahora, como “instancias de auditoría ciudadana y de control político”?
En fin, en una hora histórica para Costa Rica se le apagó la “luz” al Consejo (no a la UCR). Se unió al liderazgo de Eugenio Trejos (TEC) y renegó de la razón crítica y de la institucionalidad democrática. Quedamos notificados.
Por Julio Rodríguez
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