martes, 20 de noviembre de 2007

Bondades del capitalismo


En un mundo más honesto veríamos a más intelectuales, profesores, artistas, periodistas y estudiantes defendiendo el capitalismo y elogiando las bondades del sistema que derramó el cuerno de la abundancia sobre la humanidad, erradicando pestes y hambrunas. En nuestro mundo prevalecen las falsedades difundidas por socialistas en sus inmisericordes ataques al capitalismo. Los pueblos que aceptan la propaganda socialista están sumidos en la pobreza. Los que se encaminaron hacia el capitalismo, en cambio, pronto comprobaron la generosidad implícita y su propensión a fortalecer la democracia y el estado de derecho, como sucedió en Hong Kong, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Chile, España, Irlanda, Australia, Nueva Zelanda, Estonia y otros.

El capitalismo es natural, no fue inventado por nadie. No es un dogma como el socialismo. Sus inicios se remontan, no a Adam Smith, sino a la Edad de Piedra, cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas y armas para la cacería y a intercambiar productos en un esquema de cooperación y división social del trabajo. El respeto a la propiedad privada hizo posible el trueque y el comercio. La economía de mercado es inherente a la naturaleza humana, al igual que la familia, el lenguaje, la religión. Surge naturalmente en cualquier grupo humano, inclusive para un náufrago que llega a una isla desierta. Su eliminación, como la supresión de la familia o la religión, conduce al infortunio.

El capitalismo lleva a los pueblos a la prosperidad porque multiplica la productividad del esfuerzo humano mediante la aplicación del factor trabajo a los recursos naturales. Picando piedras, los homínidos hace más de un millón de años fabricaban hachas, cuchillos, puntas de lanza –bienes de capital– que agilizaban la cacería, la pesca y la obtención de alimentos. La característica resaltante del capitalismo es la tendencia a la continua acumulación de capital y el aumento de la productividad a través del intercambio y la cooperación pacífica. Cuanto más capital se acumula en una sociedad, mayor es la productividad y más elevados son los salarios reales de la gente.

El capitalismo es la expresión de la libertad en el campo económico. La libertad económica es muy antigua. Los griegos ya la honraban como el logro de su gran civilización, al igual que el libre comercio y la apertura al mundo. Pero mucho antes, más de 100 mil años antes, ya habían hombres libres y esclavos. Los que gozaban de libertad económica eran libres y los que no eran esclavos. Los unos eran dueños de sí mismos y los otros pertenecían a sus amos, como ocurre en el socialismo.

Los orígenes, causas y efectos de la Revolución Industrial son muy diferentes a los mitos inventados por la izquierda. En 1740, millones de personas morían de hambre en Inglaterra. Nadie sabía qué hacer. Pero entonces Inglaterra dio un gran paso hacia el capitalismo; protegió sólidamente la propiedad privada, instituyó una justicia independiente y otorgó amplias libertades económicas, siguiendo el ejemplo de Holanda. Nunca más hubo hambrunas.

La innovación tecnológica del capitalismo en Inglaterra promovió la fabricación de textiles y manufacturas para intercambiar por alimentos importados, haciendo posible alimentar a su creciente población. En 1740 se pensaba que el país jamás podría sostener a más de 6 millones de habitantes. Pero un siglo más tarde, la población alcanzó 60 millones, con un nivel de vida superior al de los monarcas del siglo XVIII. El capitalismo demostró sus bondades y convirtió a Inglaterra en el país más poderoso de la tierra. El auge que trajo en todos los campos fue reconocido por el propio Karl Marx en su “Manifiesto Comunista”.

Las mentiras del socialismo le dieron al capitalismo un nombre bochornoso al que incluso los liberales evitan referirse, a menudo reemplazando el término por “economía de mercado”. ¿Cómo es posible que en plena globalización todavía sean tan pocos quienes tienen la integridad y el coraje intelectual de decir una verdad a la vista de todos? La gente debe saber que el capitalismo es tan natural y necesario como la familia y tan poderoso como el ingenio humano.

Por Porfirio Cristaldo Ayala

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