martes, 27 de noviembre de 2007

En Guardia


Yo apoyo la decisión de la junta directiva del Banco Central de ampliar la banda cambiaria. La apoyo como paso previo a la liberalización del colón, indispensable para controlar la inflación.

Recordemos qué es una banda cambiaria: un espacio alrededor del valor de mercado del colón, expresado como el equilibrio del tipo de cambio, demarcado por dos líneas de intervención para evitar oscilaciones que alteren ese valor de equilibrio. Así, la esencia de una banda es ubicarse alrededor del punto de equilibrio. No debe ser tan amplia que prohíba intervenir en casos especulativos, ni tan estrecha que lo obligue a hacerlo cotidianamente. Solo así se pueden evitar la emisión e inflación.

Lo difícil es hallar ese equilibrio. Si el tipo oficial no se corresponde con el del mercado, el Banco termina comprando (o vendiendo) divisas. Una equivocación puede ser costosa, como sucedió en octubre del 2006. Se cometieron dos errores: establecer una banda muy estrecha y ubicarla alrededor de un punto ajeno al equilibrio. El mercado no la convalidó. Las cotizaciones tendieron rápidamente a pegarse a la banda inferior, más cercana al equilibrio. Y el mercado, terco, se pasó un año entero tratando de decir que le conectaran la banda más abajo.

Las bandas ascendentes o reptantes de octubre –remedo de las “minis”– eran dos líneas rectas, ambas con pendiente positiva, para forzar una devaluación cuando el colón buscaba revaluarse. Luego, se congeló la banda inferior mientras la superior se alejaba innecesariamente del equilibrio. Lo procedente hubiera sido establecer desde el inicio dos líneas divergentes del centro: una con inclinación positiva (banda superior) y otra con pendiente negativa (banda inferior) para ir abriendo gradualmente el mercado y buscar el equilibrio. La nueva decisión corrige los yerros anteriores. Pero aún tengo varias inquietudes.

La banda superior dejó de tener sentido. Se alejó demasiado del equilibrio. Técnicamente, permitiría una escalada abrupta antes de poder intervenir en casos especulativos. Y ese no es el sentido de una banda. La segunda es saber si se acercó al equilibrio. Pareciera que sí. Si se confirma, el mercado tenderá a estabilizarse alrededor de ese valor y no será importante si se pega a la banda inferior, por irrelevante. El nuevo test es si habrá o no intervención. Si no la hay, habrá equilibrio y se podrá reducir la inflación. Y, para saberlo, no es necesario esperar otro año; bastarán pocas semanas. Pero si las compras continúan, tendrá que olvidarse de las bandas y dejar el cambio flotar. Ningún banco central puede pasarse la vida ensayando bandas sin perder credibilidad.

Por Jorge Guardia

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