domingo, 27 de enero de 2008

Alegato de Howard Roark

A continuación presentamos un fragmento de El Manantial, novela de Ayn Rand. Se trata de un extraordinario alegato de Howard Roark, personaje principal de la novela, la cual recomendamos leer.

"Miles de años atrás, un gran hombre descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la misma estaca que había enseñado a encender a sus hermanos. Seguramente se le considero un maldito que había pactado con el demonio. Pero, desde entonces, los hombres tuvieron fuego para calentarse, para cocinar, para iluminar sus cuevas. Les dejó un legado inconcebible para ellos y alejó la oscuridad de la Tierra. Siglos más tarde un gran hombre inventó la rueda. Probablemente fue atormentado en el mismo aparato que había enseñado a construir a sus hermanos. Seguramente se le consideró un trasgresor que se había aventurado por territorios prohibidos. Pero desde entonces los hombres pudieron viajar más allá de cualquier horizonte. Les dejó un legado inconcebible para ellos y abrió los caminos del mundo.

Ese gran hombre, el rebelde, está en el primer capítulo de cada leyenda que la humanidad ha registrado desde sus comienzos. Prometeo fue encadenado a una roca y allí devorado por los buitres, porqué robó el fuego a los dioses. Adán fue condenado al sufrimiento porque comió del fruto del árbol del conocimiento. Cualquiera sea la leyenda, en alguna parte en las sombras de su memoria, la humanidad sabe que su gloria comenzó con un gran hombre y que ese héroe pagó por su valentía.

A lo largo de los siglos ha habido hombres que han dado pasos en caminos nuevos sin más armas que su propia visión. Sus fines diferían, pero todos ellos tenían esto en común: su paso fue el primero, su camino fue nuevo, su visión fue trascendente y la respuesta recibida fue el odio. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, enfrentaron solos a los hombres de su época. Todo nuevo pensamiento fue rechazado. Toda nueva invención fue rechazada. Toda gran invención fue condenada. El primer motor fue considerado absurdo. El avión imposible. El telar mecánico, un mal. A la anestesia se la juzgó pecaminosa. Sin embargo, los visionarios siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por su grandeza. Pero vencieron.


Ningún creador estuvo impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaron siempre el regalo que les ofrecía, ya que ese regalo destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su único móvil fue su verdad. Su propia verdad y su propio trabajo para concretarla a su manera: una sinfonía, un libro, una máquina, una filosofía, un aeroplano o un edificio; eso era su meta y su vida. No aquellos que escuchaban, leían, trabajaban, creían, volaban o habitaban lo que él realizaba. La creación, no sus usuarios. La creación, no los beneficios que otros recibían de ella. La creación que daba forma a su verdad. Él sostuvo su verdad por encima de todo y contra todos.


Su visión, su fuerza, su valor, provenían de su espíritu. El espíritu de un hombre es, sin embargo, su ego, esa entidad que constituye su conciencia. Pensar, sentir, juzgar, obrar son funciones del ego.


Los creadores no son altruistas. Ese es todo el secreto de su poder. Son autosuficientes, auto inspirados, auto generados. Una causa primigenia, una fuente de energía, una fuerza vital, un primer motor original. El creador no atiende a nada ni a nadie. Vive para sí mismo.


Y solamente viviendo para sí mismo, el creador ha sido capaz de realizar esas cosas que son la gloria de la humanidad. Tal es la naturaleza de la creación.


El hombre no puede sobrevivir, salvo mediante su propia mente. Llega desarmado a la Tierra. Su cerebro es su única arma. Los animales obtienen el alimento por la fuerza. El hombre no tiene garras, ni colmillos, ni cuernos, ni gran fuerza muscular. Debe cultivar su alimento o cazarlo. Para cultivar, necesita un proceso de su pensamiento. Para cazar, necesita armas y para hacer armas necesita de un proceso de pensamiento. Desde la necesidad más simple hasta la más alta abstracción religiosa, desde la rueda hasta el rascacielos, todo lo que somos y todo lo que tenemos procede de un solo atributo del hombre: la función de su mente razonadora.


Pero la mente es una propiedad individual. No existe tal cosa como un cerebro colectivo. No hay tal cosa como un pensamiento colectivo. Un acuerdo realizado por un grupo de hombres es sólo una negociación de principios o un promedio de muchos pensamientos individuales. Es una consecuencia secundaria. El acto primordial, el proceso de la razón, debe ser realizado por cada persona. Podemos dividir una comida entre muchos, pero no podemos digerirla con un estómago colectivo. Nadie puede usar sus pulmones para respirar por otro. Nadie puede usar su cerebro para pensar por otro. Todas las funciones del cuerpo y del espíritu son personales. No pueden ser compartidas ni transferidas.
Heredamos los productos del pensamiento de otros. Heredamos la rueda. Hicimos un carro. El carro se transformó en automóvil. El automóvil ha llegado a ser un avión.

Pero a lo largo del proceso, aquello que recibimos de los demás es el producto final de su pensamiento. La fuerza que lo impulsa es la facultad creativa que toma ese producto como un material, lo usa y origina el siguiente paso. Esta facultad creativa no puede ser dada ni recibida, compartida, ni concedida en préstamo. Pertenece a un ser único y singular. Aquello que se crea es propiedad de su creador. Las personas aprenden una de otra, pero todo aprendizaje es solamente un intercambio de material. Nadie puede darle a otro la capacidad de pensar. Sin embargo, esa capacidad es nuestro único medio de supervivencia.


Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario.


El interés del creador es conquistar la naturaleza. El interés del parásito es conquistar a los hombres.


El creador vive para su trabajo. No necesita de otros hombres. Su fin esencial está en sí mismo. El parásito vive de otros. Necesita de los demás. Los demás se convierten en su motivo principal


La necesidad básica del creador es la independencia. La mente que razona no puede trabajar bajo ninguna forma de coerción. No puede ser sometida, sacrificada o subordinada a ninguna consideración, cualquiera sea esta. Exige una independencia total en su función y en su móvil. Para un creador todas las relaciones con los hombres son secundarias.


La necesidad básica del parásito es asegurar sus vínculos con los hombres para que lo alimenten. Coloca las relaciones en primer lugar. Declara que el hombre existe para servir a los demás. Predica el altruismo.


El altruismo es la doctrina que exige que el hombre viva para los demás y coloque a los otros sobre sí mismo.


Pero nadie puede vivir para otro. No puede compartir su espíritu, como no puede compartir su cuerpo. El parásito se vale del altruismo como arma de explotación e invierte los principios morales del género humano. Les enseña a los hombres preceptos para destruir al creativo. Les enseña que la dependencia es una virtud.


Quien intenta vivir para los demás es un dependiente. Es un parásito en su motivación y hace parásitos a quienes sirve. La relación no produce más que una mutua corrupción. Es imposible conceptualmente. Lo que más se aproxima a ello en la realidad –el hombre que vive para servir a otros- es el esclavo. Si la esclavitud física es repulsiva, ¿cuánto más repulsivo es el servilismo del espíritu? El esclavo conquistado tiene un vestigio de honor, tiene el mérito de haber resistido y de considerar que su condición es mala. Pero aquel que se esclaviza voluntariamente, en nombre del amor, es la más baja de las criaturas. Degrada la dignidad humana y degrada el concepto de amor. Esta es la esencia del altruismo.

A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. No obstante, se nos ha enseñado a admirar al parásito que distribuye como regalos lo que no ha producido. Elogiamos un acto de caridad. Nos encogemos de hombros ante un acto de realización.

Se nos ha enseñado que la primera preocupación debe consistir en aliviar el sufrimiento de los demás. Pero el sufrimiento es una enfermedad. Si uno se la encuentra, intenta dar consuelo y asistencia. Hacer de eso el más alto testimonio de virtud es considerar al sufrimiento como lo más importante de la vida. Entonces el hombre debe desear ver sufrir a los demás para poder ser virtuoso. Tal es la naturaleza del altruismo. El creador no tiene interés en la enfermedad, sino en la vida. Sin embargo, la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.


Se nos ha enseñado que es una virtud estar de acuerdo con los otros. Mas el creador es alguien que disiente. Se nos ha enseñado que es una virtud nadar con la corriente. Pero el creador nada contra la corriente. Se nos ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador está solo.


Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego.


En esto la reversión de los valores básicos es más mortífera. Toda virtud ha sido pervertida y al hombre no se le ha dejado libertad alguna. Como polos del bien y del mal, se le ofrecieron dos concepciones: altruismo y egoísmo. El altruismo se define como el sacrificio del yo por los otros. El egoísmo, como el sacrificio de los otros por el yo..... Esto ató al hombre irrevocablemente a otros hombres y no le dejó más que una elección de dolor: su propio dolor en aras del bien de los demás, o el dolor de los demás en aras de su propio bien. Cuando se agregó la monstruosa idea de que el hombre debe encontrar felicidad en el sacrificio, la trampa quedó sellada. El hombre se vio forzado a aceptar el masoquismo como su ideal, con el sadismo como alternativa. Este es el fraude más terrible que se ha perpetrado en contra de la humanidad.


Este es el sacrificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se perpetuaron como los fundamentos de la vida.


No se trata de elegir entre el auto sacrificio y dominación, sino entre independencia y dependencia. El código del creador o el código del parásito. Esta es la cuestión básica, cuestión que descansa sobre la opción de la vida o la muerte. El código del creador está construido sobre las necesidades de la mente que razona y que permite al hombre sobrevivir. El código del parásito está construido sobre las necesidades de una mente incapaz de sobrevivir. Todo lo que procede del ego independiente es bueno. Todo lo que procede del parásito dependiente es malo.


El verdadero egoísta no es quien sacrifica a los demás. Es el que no tiene necesidad de usar a los demás de ninguna forma. No obra por medio de ellos. No está interesado en ellos en ningún aspecto fundamental. Ni en su objeto, ni es su móvil, ni en su pensamiento, ni en su deseo, ni en la fuente de su energía. El verdadero egoísta no vive para ninguna otra persona y no le pide a nadie que viva para él. Esta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos.


Los grados de capacidad varían, pero el principio básico es siempre el mismo: la medida de la independencia de alguien, su iniciativa y su amor por su trabajo determinan su talento y su valor. La independencia es la regla para evaluar la virtud y el valor humano. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia.


En las relaciones adecuadas no hay sacrificio de nadie hacia nadie. Un arquitecto necesita clientes, pero no subordina su obra a los deseos de ellos. Ellos lo necesitan, pero no le encargan una casa sólo para darle trabajo. Las personas comercian por libre y mutuo consentimiento, y en beneficio mutuo, cuando sus intereses coinciden y ambos desean el intercambio. Si alguno no lo desea, no está obligado a tratar con el otro, entonces ambos siguen buscando. Esta es la única forma posible de relación entre iguales. Cualquier otra es una relación de esclavo y amo, de víctima y verdugo.


Ningún trabajo se hace colectivamente por la decisión de una mayoría. Todo trabajo creativo se realiza bajo la guía de un único pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no les pide que sometan a votación su diseño. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función respectiva. Un arquitecto emplea acero, cristal y cemento que otros han producido. Pero esos materiales siguen siendo sólo acero, cristal y cemento hasta que él los utiliza. Lo que él hace con ellos es su producto y su propiedad como individuo. Esta es la única forma de cooperación entre los hombres.


El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. Su obligación moral es hacer lo que él desee, siempre que su deseo no dependa primordialmente de los demás. Esto incluye las acciones del creador, el pensador y el verdadero trabajador. Pero no incluye las del gángster, el altruista y el dictador.


Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia. Corresponden a la jurisdicción del parásito.


Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen, enteramente, a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social o el bandido. La forma de dependencia carece de importancia.


Pero se nos ha enseñado a considerar a los parásitos, tiranos, emperadores y dictadores, como los exponentes del egoísmo. Mediante este fraude fuimos obligados a destruir al ego, a nosotros mismos y a los demás. El propósito del fraude fue destruir a los creadores, o someterlos, que es lo mismo.


Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el parásito. Cuando el antiguo creador inventó la rueda, el antiguo parásito respondió inventando el altruismo.


El creador, negado, combatido, perseguido, explotado, continuó, siguió adelante y guió a toda la humanidad con su energía. El parásito no contribuyó en nada, más allá de los obstáculos. La contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.


El bien común de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres. Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas. ¿Acaso alguna vez algún acto de generosidad altruista ha igualado a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo? ¿El defecto reside en la hipocresía humana, o en la naturaleza del principio? Los carniceros más temibles han sido los más sinceros. Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la guillotina y el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestionó su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito altruista. Se aceptó que el hombre debe ser sacrificado por otros hombres. Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que empieza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre. Continúa y continuará mientras los hombres crean que una acción es buena si no es egoísta. Eso permite que el altruista actúe y obliga a su víctima a soportarlo. Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos pero miren los resultados.


El único bien que los hombres pueden darse recíprocamente y la única declaración de su correcta relación es: ¡Déjenme en paz!"

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Definitivamente uno de los mejores libros que he leido. Junto con We the Living este libro me ayudo a encontrar una nueva vision personal acerca de muchas cosas. El otro día de casualidad me encontre la pelicula en un canal de cable, y me decepciono al compararla con el libro.

Terox dijo...

Una cosa que no entiendo es como clasificar entre "creador" y "parásito" de acuerdo a que hagan con lo creado. Supongamos que hay dos arquitectos, uno se concentra sólo en él ("egoista"), mientras otro es "altruista", en el sentido de que parte de lo que crea lo dedica a obras de "beneficencia". A priori, es más "creador" el "egoista" y "parásito" el "altruista"? Estos conceptos de "creador" y "parásito" no tienen que ver con lo que "producen" cada uno objetivamente, más que con el destino de lo producido?

El Nativo de Toto dijo...

Que genial... esperen el paquete de "Titanes" que estamos pensando publicar en el Reich de NCM.
Será como una "Semana del Trosko" sólo que a la inversa. jaja!

Alejandro dijo...

Terox: con todo respeto, pero léase el libro antes para que entienda de que trata. Las "doxas" soltadas al aire en verdad son agresivas para la mente humana!

Terox dijo...

Entonces, con igual respeto:

¿Qué sentido tiene que publiquen ese fragmento si no pueden contestar una pregunta entonces?

¿Si Ud lo entiende, ni siquiera me puede decir donde estoy equivocado?

la asojod dijo...

Ay Terox, de verdad que como decía Ortega y Gasset, "el malvado descansa algunas veces, el necio jamás". Le aclaro que este es un blog donde transmitimos nuestro pensamiento, no un foro donde tengamos que contestar cada pregunta. Y aunque siempre hemos apoyado el "sapere aude" (saber por sí mismo) en vez de esperar las respuestas, no queda otra que explicarle a que se refiere Roark.

Cuando Rand, por medio de Howard Roark, habla del creador y el parásito, se refiere a la naturaleza de un hombre excelente que piensa, se arriesga y actúa, no por gloria de un país, ni para beneficio del todo, sino por el simple interés propio, porque sabe que su "invento" o "creación" hará las cosas más fáciles, hermosas y/o eficientes y porque su razón le manda solucionar un problema. La capacidad de pensar es una facultad individual: nadie piensa por otro ("El acto primordial, el proceso de la razón, debe ser realizado por cada persona").

Ud menciona a dos arquitectos, pero se equivoca respecto al altruista: no importa a quien dona parte de sus ganancias, a eso no se refiere Rand. Cuando ella hanla del altruista, lo que quiere dejar claro es que se trata de aquel que quiere conquistar a los hombres, hacerlos medios para la consecución de fines. El altruista es el que pretende usar a algunos como herramientas, tomar el trabajo y el esfuerzo de uno para darle los beneficios a otro, es decir, hacer que algunos vivan para otros. En la realidad, el único parangón es el esclavo. Pero como dice Rand, "El esclavo conquistado tiene un vestigio de honor, tiene el mérito de haber resistido y de considerar que su condición es mala", mientras

Respondiendo su pregunta, el egoista es, a priori, no sólo más creador sino también moralmente más elevado. Es más creador porque "la mente que razona no puede trabajar bajo ninguna forma de coerción", lo cual implica que deba ser egoista. Además, es moralmente más elevado porque, como expresa Rand, "a los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado". El creador es el que crea, mientras el parásito es el que reparte. Y todo altruista es parásito porque "El altruismo es la doctrina que exige que el hombre viva para los demás y coloque a los otros sobre sí mismo".

Por eso, no importa qué es lo que creen sino el hecho de que sean creadores. El creador es el que beneficia a la humanidad con sus inventos, descubrimientos y creaciones, mientras el parásito se limita a robar, a cooptar, a coercionar para distribuir. Pero la distribución no es gratuita: busca algo a cambio. Busca poder, control de la vida humana para sobornar, para chantajear.

Ruego me disculpe si le parecí grosero pero como notará no tengo mucha paciencia

Alejandro Barrantes
ASOJOD

Terox dijo...

Bueno, ahora si se que no soy necio, aunque tal vez malvado, porque de vez en cuando descanso...

No entiendo para que cambiar el significado de las palabras. No es más fácil llamar "parásito" directtamente a ese que: "pretende usar a algunos como herramientas, tomar el trabajo y el esfuerzo de uno para darle los beneficios a otro, es decir, hacer que algunos vivan para otros".

Si el creador es dueño de lo que crea, no puede repartirlo si asi lo desea? Se puede ser creador y parásito al mismo tiempo?

Ahora eso de: "Es más creador porque "la mente que razona no puede trabajar bajo ninguna forma de coerción", lo cual implica que deba ser egoista", no es un simple prejuicio? Igual el egoísta está coercionado por su propio bienestar. Mi impresión es que con frecuencia, los creadores se encierran en su propia creación, pero no por egoísmo o altruismo (en el sentido tradicional, respecto a la creación final), sino porque el proceso en sí es lo que les da satisfacción. En ese sentido, concuerdo que cualquiera "trabaja" mejor en algo que lo satisface. Pero eso no dice nada del destino que tenga lo creado...

la asojod dijo...

Terox, disculpeme pero nunca había leido interpretaciones tan absurdas como esas que ud ha escrito. No se si será que me agarra en un mal día o que de verdad ya agotó mi poca paciencia con ese tipo de sandeces.

Vamos punto por punto: Rand ya le llama parásito al altruista. Si lee con detenimiento el alegato de Roark (y ojala pudiera leer todo el libro porque es extraordinario), notará lo que le digo.

En efecto, el creador es dueño de lo que crea, pero ¿quién diablos está diciendo que no puede repartirlo? Usted malinterpreta las cosas: lo que Rand deja claro es que el fin con el que crea no es repartir, sino solucionar un problema. Si otros se benefician perfecto, pero a quien crea no le interesa lo que otros hagan con su invento. De hecho, por eso es Roark dice que a quien descubrió el fuego, probablemente lo quemaron con él.

Luego, lo que si ya me parece molesto y desagradable, fuera de toda racionalidad, es lo que ud menciona: "el egoista está coercionado por su propio egoísmo". Ya eso raya en lo ridículo. La coerción implica dos personas o entes (donde se incluirían dioses) como mínimo, pues es un caso donde A obliga a B a hacer algo que B no quiere. La coerción implica castigo si se desobedece. Uno no se coerciona a sí mismo ni se castiga a si mismo. Sería ridiculo que yo me obligue a comer mariscos o a bailar reggaeton sino me gusta. ¿Qué me voy a hacer si no me los como? ¿Pegarme, encadernarme o encerrarme? Si en algún momento lo hago es porque decidí que quería hacerlo. Eso implica voluntad y libertad, conceptos totalmente incompatibles con la coerción.

Siento decirle que usted no descansa. Y ya me está comenzando a hartar. ¿De que se trata el jueguito suyo y de Iván? ¿Ver quien puede colmar mi paciencia más rápido? Estoy totalmente abierto a debatir y discutir, pero con argumentos racionales y lógicos. No con interpretaciones extrañas, misticismos, tecnicismos o ideas absurdas.

Nuevamente le ofrezco disculpas por la sinceridad de mis comentarios pero siempre digo lo que pienso. No es que desee agredirlo sino que prefiero ser honesto con los demás y conmigo mismo y por eso escribo lo que escribo.

Alejandro
ASOJOD

Terox dijo...

"Si otros se benefician perfecto, pero a quien crea no le interesa lo que otros hagan con su invento. De hecho, por eso es Roark dice que a quien descubrió el fuego, probablemente lo quemaron con él."

Bueno, el que lo hayan quemado no significaria que no le importara. No veo como se puede seguir una cosa de otra (significaria que no les importó a "los quemadores" pero no me dice nada del "quemado").

Tiene Ud razón, la palabra no es coerción. A lo que me refiero es que cualquier creador está condicionado a su entorno, incluida pero no circunscrito a la coerción. Supongamos que dos personas trabajan en X invento o problema. Una ("A") está casada, tiene cierto nivel de vida, tiene hijos. La otra ("B") es un estudiante, de carácter retraído, que acaba de graduarse y no tiene mayores obligaciones. A priori, diría que B tiene más potencial de ser "creativo" que A, no porque alguien esté ejerciendo coerción sobre A, más allá de la que voluntariamente acepta (no sería coerción entonces, verdad?) sino que tiene más posiblidades de sumirse íntegramente en el proceso.

Si piensa que soy un majadero, o no quiere contestar, pues entenderé. Pero me gustaría que comentara este caso, y agregue los elementos para ejemplificar cuando hay coerción y cuando no, y como entonces se favorece o desfavorece la creatividad, en un estado u otro.

Anónimo dijo...

No entiendo bien la "metafora" de las 2 personas con entornos diferentes, aunque esta claro que no todos tienen las mismas capacidades.
Si tiene tiempo lease el libro, para que entienda la denominacion de parasito. El problema es que en ingles se le llama "second-hander" y no estoy seguro de que eso se pueda traducir como "parasito" porque al hablar de un second hander se esta hablando de alguien que vive ya sea de los demas o meramente para los demas y que hace esto de forma voluntaria. Cuando se habla de altruismo se habla no precisamente de la accion de donar dinero o regalar terrenos a alguien o lo que sea que se entienda por esa palabra comunmente, sino que por altruismo se entiende un sistema de coercion que los "second-handers" (parasitos) ejercen para destruir el impulso individualista de la creación. El altruismo es negativo porque antepone el interes colectivo, supuestamente, al individual, y la creacion de las cosas proviene del individuo y no del colectivo.
No se si me explique bien.

Terox dijo...

ok. Ahora tiene más sentido. Cuando tenga chance, se puede montar un ejemplo aterrizado y sencillo?. Gracias.

El Nativo de Toto dijo...

Don't feed the troll...