miércoles, 26 de septiembre de 2007

Desigualdades Odiosas


Adoptando el discurso populista predominante en la región, el secretario general iberoamericano y ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (1988-2005), Enrique Iglesias, declaró en un foro sobre “cohesión social” celebrado en Brasil, que las desigualdades en América Latina “insultan la conciencia ética de la sociedad”. El ex presidente del BID dijo que se impone recuperar los principios de “cohesión social”. Pero lo que insulta la inteligencia no es la desigualdad sino el estancamiento, la miseria, la corrupción y las malas políticas de los gobernantes latinoamericanos. La desigualdad de ingresos como supuesto problema no es más que un engaño de los intelectuales.

En el último cuarto de siglo, la globalización originó una explosión de prosperidad nunca antes experimentada en la historia de la humanidad. El avance fue tan evidente e incontrovertible que los socialistas decidieron cambiar de estrategia. La crítica al capitalismo tomó otro sendero: si bien la globalización trajo el crecimiento –decían– éste resultó desafortunado para los pueblos porque aumentó las desigualdades ampliando “la brecha entre ricos y pobres”. Falso. Estudios realizados por el Banco Mundial en 92 países demuestran que, en general, el progreso benefició a pobres y ricos en la misma proporción.

Para contrarrestar los supuestos males del crecimiento capitalista, los socialistas inventaron la política del “crecimiento con igualdad”, que a través de impuestos progresivos permitiría una mejor distribución de la riqueza. Pero, ni en América Latina ni en ninguna parte existe riqueza esperando a ser distribuida por los gobernantes, como si se repartiera una torta. La riqueza no crece en los árboles, debe ser producida por el esfuerzo y el ingenio humano. Toda la riqueza que existe desde un lápiz hasta un rascacielos ha sido creada por miles de personas que invierten y arriesgan sus ahorros y esfuerzo para producirlos. Cualquier “redistribución” posterior resulta en quitar un bien a quien le pertenece para darle a quien no le pertenece.

La riqueza le pertenece a quienes la producen, en la proporción previamente acordada, y a nadie más. Nadie, incluyendo al Estado, tiene derecho a apropiarse de lo producido por otro. La justicia, en la antigua definición de Ulpiano, jurista romano del año 170, es “dar a cada uno lo suyo”. Ninguna civilización que negara el derecho moral de una persona a disponer de su producción sobrevivió mucho tiempo.

Es natural que la producción origine desigualdades debido a que las personas son desiguales en aptitudes, dedicación y voluntad. Pero esas desigualdades se refieren solo a que algunos obtienen más ingresos que otros por ser más productivos, talentosos, arriesgados. Bajo una economía libre, la desigualdad de ingresos es justa y beneficiosa para la sociedad porque promueve los valores de la productividad y el ahorro. Esa desigualdad debe ser motivo de celebración, pues conduce a los más talentosos y ricos a incentivar a las demás personas a producir con mayor dedicación y esfuerzo. Los ricos se hacen más ricos cuanto más productivos hacen a sus trabajadores, adquiriendo tecnología y dando entrenamiento que benefician a sus trabajadores.

La producción de riqueza no tiene límites. Lo que gana uno beneficia al resto porque se suma a la riqueza general. Lo que debe insultar la conciencia de nuestras sociedades son, no las desigualdades que denuncia Enrique Iglesias, sino las que originan los privilegios, tales como los subsidios, el proteccionismo, mercados cautivos, licencias especiales, exenciones tributarias, monopolios estatales y el sinnúmero de políticas estatistas que han hundido al continente en la corrupción y el atraso. La economía prevaleciente en América Latina es precisamente la “economía de privilegio” o mercantilismo.

La igualdad que debemos conseguir es la igualdad ante la ley, en la que todas las personas tengan igual dignidad y no existan privilegios. Locke explicaba que si todos son iguales e independientes, nadie puede perjudicar a otro en su vida, libertad y propiedad.

Por Porfirio Cristaldo Ayala
Tomado de AIPE

2 comentarios:

Ericjms dijo...

No estoy de acuerdo en muchos puntos; en particular la idea de que la desigualdad del ingreso debe ser celebrada y que se tome la desigualdad solamente como una cuestión de ingreso, cuando desde una perspectiva económica es bien claro que la desigualdad involucra muchos otros aspectos.

Asimismo, una profundización en temas de redistribución daría cuenta de cómo la resdistribución es, de nuevo, no solamente un tema de ingreso disponible.

Anónimo dijo...

Estamos hablando, claramente, de una economia libre. En una economia verdaderamente libre las oportunidades serian para todos, algo que no pasa ahora donde el grupo que esta mas cerca de las oportunidades no abarca a toda la poblacion. El articulo es de mi agrado la verdad, define un concepto de justicia mas cercano a la verdad que el que nos pregonan otros sectores.
Cuando hay reglas que regulan la "igualdad de oportunidades" pasa como en el libro de George Orwell que "unos son mas iguales que otros" y eso es lo que esta mal.
alvaroi77@gmail.com