miércoles, 13 de junio de 2007

En vela


Confieso que se me ha hecho un enredo mental y práctico inexpresable, peor que el de nuestra incertidumbre en los partidos jugados en la Copa de Oro. El Gobierno de Costa Rica, tras anunciar el establecimiento de relaciones diplomáticas con China, la grandota, la descomunal, está proponiendo un TLC con ella, a sabiendas de que tiene al frente el TLC con EE. UU., Centroamérica y República Dominicana, y que anda en negociaciones con la Unión Europea en igual sentido.

Es demasiada carga, como nunca en nuestra historia, para un país tan bonito, pero tan chiquitico. (Pero ¿no fue Atenas pequeñita?). La mayoría del pueblo de Costa Rica, como lo atestiguan las encuestas, está dispuesto a aceptar el desafío del TLC con EE. UU., nuestro primer comprador mundial, a pecho descubierto, mas un sector se opone visceralmente a compartir mesa con los gringos. Y aquí viene el enredo.

Cuando Costa Rica firmó y ratificó el TLC con México, Chile, Canadá y el Caribe, nadie se opuso. Todo fue cantar y bailar. Y, dentro de poco, firmaremos con Panamá entre abrazos y brindis. ¿Por qué, entonces, tanto grito y encono contra EE. UU? Enigmas metafísicos. La cosa se complica ahora con China, el otro imperio, no ya naciente, sino cercano al cenit. En aras de la coherencia antiimperial, se tendrán que esgrimir los mismos argumentos que contra el TLC con EE. UU.

El Consejo Universitario de la UCR tendrá que contratar a otros sabios en roces constitucionales que piensen exactamente igual contra el TLC chino. Eugenio Trejos deberá duplicar su estrategia contra China y EE. UU. Y, como este país se robará el agua con el TLC, según han dicho, la que se va armar cuando China quiera también un poco de agua de nuestros virginales ríos. Más aún, según los sabios, Costa Rica perderá su mar patrimonial con la isla del Coco. ¿No nos arriesgamos a una guerra despiadada en nuestros mares, entre chinos y gringos, por nuestros inmensos mares, en la que hasta los barcos pescadores taiwaneses van a desaparecer?

Un líder anti-TLC se mofaba de que nuestros campesinos tendrán que hablar inglés. Ahora, al inglés se agregan el mandarín, y el cantonés, en vez del gallo pinto. Y ¿las fábricas de armas en Costa Rica al conjuro del TLC? China querrá otro tanto y esto será Troya. “Chernóbil a la vista”, como se carteaban, aterrados, un sociólogo y un expresidente de la República.

Ahora, solo falta que nuestro Presidente se enamore de una china, lo que disuadirá a EE. UU., despechado, a suscribir el TLC con Costa Rica, para beneficio de sus adversarios y de la democracia callejera, y regocijo de Chávez yGranma . Nadie sabe para quién trabaja.

Julio Rodríguez, tomado del periódico La Nación

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