viernes, 7 de septiembre de 2007

En Vela


El memorando del que informa hoy La Nación y que ha corrido por Internet sobre la campaña del TLC debe abrirnos los ojos. Un hacker , pirata o experto en estos actos delictivos penetró en el sistema de comunicación de la Presidencia de la República y se apoderó de su contenido para hacerlo público. Igual violación han sufrido otras entidades públicas y privadas. Esta es la cuestión de fondo. Estamos expuestos. Todos sin excepción, no solo en las calles, sino en nuestras casas y oficinas, y en nuestra propia intimidad.

Conforme la tecnología avanza y nos regala sus frutos, para bien propio y de la humanidad, mayor es el riesgo de utilizarla para el mal. La penetración de los delincuentes en el ancho mundo de la telefonía y, ahora, de Internet lo demuestra día a día. El ámbito sagrado de nuestra privacidad y de las relaciones humanas personales está expuesto al chantaje, a la amenaza, al anonimato y a la publicidad sin fronteras ni límites. Hay gente que se nutre de este poder.

Las modalidades por Internet son conocidas: mensajes, anónimos o personales, directos o por mediación, para chantajear, amenazar, silenciar o difamar. Recordemos que reiteradamente se publicó por Internet un diálogo falso entre periodistas y el Ministerio Público. El asalto contra la privacidad y la dignidad de las personas no cesa. Se trata de mafias ideológicas, políticas, económicas, criminales o, simplemente, de personas sedientas de odio, envidia o venganza, sabedoras de que la difamación causa un daño irreparable y de que la amenaza o el chantaje, extorsivo o no, son instrumentos de terror que conducen al silenciamiento, a la servidumbre, a la indefensión o a la impotencia, todo en un oasis de impunidad.

El peligro no se detiene aquí. Este tipo de delincuencia mediática afecta el sistema de seguridad de un país. El narcotráfico y el terrorismo conocen sus secretos, del que derivan enormes ganancias y daños inmensos a la sociedad.

En fin, los que ahora disfrutan de estos triunfos mediáticos están cavando la fosa del miedo y la desconfianza, y, a la vez, estimulando a los grupos, internos o externos, dedicados a estos menesteres. Mañana las víctimas pueden ser ellos o sus familiares. Hay límites que no se deben traspasar, pero, eso sí, si se da ese otro paso más allá, el que nuestra conciencia y los valores éticos retienen, no hay retorno.

No nos forjemos ilusiones. Hay gente en nuestro país capaz de todo. Ningún objetivo o interés merece el sacrificio de la libertad o de la dignidad.

Por Julio Rodríguez
Tomado de la Nación

jueves, 6 de septiembre de 2007

UNA mañana triste para la racionalidad


El día de hoy me presenté a una actividad en la Universidad Nacional convocada por el grupo de Universitarios por el SÍ en esa casa de estudios. Desde el inicio, la intolerancia e irracionalidad de los del NO buscó entorpecer una manifestación pequeña. Primero fue un par de estudiantes (una señorita que es meritoria de cualquier calificativo excepto ese) que arrancaron los carteles pegados y hasta escupieron a uno de los del SÍ. Nosotros grabamos el acto vandálico y se lo facilitamos a la prensa.

Con ánimos de evitar problemas, decidimos apostarnos en la explanada de la UNA con una manta del SÍ y con panfletos informativos para repartirlos entre la gente que pasaba por el lugar. Inmediatamente, los reaccionarios del NO llegaron en manada con sus pancartas y una folclórica máscara de Oscar Arias. Nosotros llevábamos cimarrona y el espíritu pacífico para hacer de esto una expresión de criterio pero ellos comenzaron a provocar hasta el punto de poner su manta frente a la nuestra, gritarnos vendidos, "how much" y advenedizos.

Fieles a las normas, los del SÍ acatamos las disposiciones de los guardas de seguridad: permanecer en la acera y no repartir panfletos dentro de las instalaciones, a pesar de que los guardas no quisieron mostrar el reglamento o documento donde así se establecía, luego de que yo les pregunté de qué norma se derivaba su acto. Digo, como el principio de legalidad se supone también cubre a las universidades. ¿O será que es dicho principio es, para las autoridades universitarias, una prueba más de la intención violatoria de la autonomía de la Administración para con las universidades?

Pero lo más sorprendente fueron las palabras: el Secretario General del Sindicato de Trabajadores de la UNA (SITUN), Gerardo Cháves (curioso apellido) me gritó, frente a la prensa escrita (La Extra) y la radiofónica (Radio América): "¡ustedes vienen a mi casa a insultar y provocar! ¡Fuera de mi casa advenedizo, esta es mi casa y aquí yo digo que estamos con el NO!. Viva, este señor demostró su nivel intelectual y racional con la máxima "es así porque yo lo digo". ¿Se habrá dado cuenta de que estaba en una universidad pública (si, a pesar de que no me gustan para nada los impuestos no me queda más que pagarlos y de ellos se le giran recursos a las universidades públicas)? Pero peor aún, se habrá dado cuenta que lo que decía no debería tener cabida en una institución que, se supone, es una academia y como tal, debe privilegiar los debates, las ideas y los argumentos, no los escupitajos e insultos propios de un estadio.

Mientras insistía a los guardas aplicaran con justicia e imparcialidad la supuesta disposición prohibitiva de repartir propaganda, un supuesto profesor, llamado por unos Edwin Cedeño pero por otros Raúl Rivera, se avalanzó sobre mí (por dicha intervino el guarda, pues sino este servidor estaría no escribiendo, sino dictando su nota en algún hospital), increpando "¿por qué llegás a imponer la ley del Senado gringo?". El mismo señor pasó toda la mañana rondando, cual buitre, la zona donde los del SÏ nos apostamos y cada vez que pasaba, además de bufar y bramar, lanzaba insultos.

En otro momento, discutí con una empleada administrativa de la UNA que me exigía mi cédula, carnet universitario y nombre (sólo le faltó constancia de nacimiento y número de cuenta bancaria)a lo cual respondí negativa pero amablemente. Eso parece haber irritado a la señora pero no supo que decir cuando le pregunté con qué autorización y amparada en cuál norma me exigia lo que exigía. A pesar de su ignorancia, me sorprendió lo que dijo: "dígame su nombre, nosotros tenemos todo un sistema donde lo vamos a identificar". Me pregunto: ¿estaba yo en una universidad o en una sucursal de la Gestapo? Lo digo porque me asustó la amenaza nazi que esbozó la susodicha.

Y para terminar, los amables y educados opositores al tratado agredieron a una de las dirigentes universitarias del SÍ. De manera muy valiente, dos hombres (machos de los machos) la golpearon cuando no había nadie cerca para defenderla. En ese momento comprendí que, a pesar de que en todo lado la palabra UNIVERSIDAD estaba escrita, en ningún lado se reflejaba la acepción propia del término: universalidad de ideas, de culturas, de personas, de criterios y argumentos. Y esa historia se repite también en la casa de enseñanza por excelencia de nuestro país: la UCR donde parece que es preferible premiar el insulto y el ataque en vez de la idea. Hace rato dejaron de abundar las personas razonables en las universidades costarricenses, para dar paso a los fanáticos que, como tales, actúan exclusivamente con la pasión. Por eso su lema es mi corazón dice NO y punto, mientras las neuronas están ocupadas en memorizar las alabanzas a Fidel y a Hugo Cháves (Cháves como el Secretario General del SITUN). Pero al fin y al cabo relucieron dos cosas hermosas del comercio: vendedores haciendo su agosto con los refrescos (el sol calentó en exceso las cabezas de algunos) y la acción de los mismos revolucionarios criollos que importan cánticos y consignas y exportan apoyos y sentimientos. Y todo eso gracias a que el comercio de ideas es libre.

Alejandro Barrantes Requeno

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lo que necesitamos


La empresa HP abrió operaciones en nuestro país en el año 2003, hoy en día emplea a 5000 costarricenses cifra que se espera aumente a 7000 en los próximos dos años. Así es amigos de ASOJOD esas malditas transnacionales que nos vienen a robar el agua, los órganos, la virgen de los ángeles y todas nuestras otras riquezas, siguen creando prosperidad y nuevas oportunidades para la clase trabajadora costarricense (dato interesante para aquellos mentirosos que gritan que la globalización sólo favorece a las clases político-empresariales de Costa Rica).

Es necesario recordar que este tipo de inversión ha llegado al país gracias al modelo económico adoptado desde los ochenta, cabe preguntarnos que alternativas nos tienen a este modelo y al TLC, los ALbino, los Ottón SOlís, los Eugenio Trejos, las Montserrat Sagot, los Rodrigo Carazo, ¿será que ellos están en capacidad de crear estos 2000 empleos, tienen ellos los recursos necesarios como para revitalizar nuestra economía?

De diputadas polémicas


Sinceramente en ASOJOD estamos asqueados de ver la doble moral de algunos en este país. Especialmente nos referimos a dos noticias que aparecen en la prensa nacional relacionado con dos "madres" de la patria (sí, como el gobierno de las madres que proponía el PAC en campaña presidencial). Primero se trata de Teresita Aguilar, secretaria general del PAC y ex-diputada por 14 meses, que maravillosamente inspirada por la legalidad (no moralidad, tema que parecía abundar entre las filas del PAC) se somete, muy sacrificada, a la revisión de su pensión. En ASOJOD nos preguntamos qué pasó con aquel Código de Ética implacable que prometía Ottón Solís, código que no iba a perdonar ni la más indiscreta y accidental flatulencia en los diputados rojiamarillos. Pero, oh maravilla de la retórica, los hoy defensores de la soberanía y la patria despotrican porque supuestamente los estadounidenses se llevarán a pedacitos a Costa Rica. ¿Será que, en virtud de los hechos puros y duros, los del PAC quieren el pastel entero e intacto para repartírselo ellos? Ante todo la moral, decían los del PAC. Pero ya es la segunda diputada (o ex-diputada) que en menos de un año se sacrifica voluntariamente a la aplicación de una ley que sólo tiene un motivo: enriquecerlas.

El segundo caso es sobre Evita Arguedas, la flamante diputada independiente, otrora diputada libertaria, que ayer renunció a su partido. En ASOJOD nos sorprenden las declaraciones de esta señora respecto a las aparentes causas de su renuncia: supuestas discriminaciones contra las mujeres, política obstruccionista y el regreso a las catacumbas del dogmatismo. Pero doña Evita se equivoca: prueba de ello es la enorme participación de mujeres dentro del partido, así como su importantísima labor, entre las cuales cabe mencionar a Marielos Alfaro, destacada dirigente del partido, mujer emprendedora, responsable y capaz: una verdadera líder.

¿Será que a doña Evita lo que no le gustó es dejar de ser el centro de atención de las cámaras? ¿Será que le molestó dejar de ser la jefa de fracción? ¿Será que los 15 minutos de fama se le escapaban y tenía que montar un show como el de ayer para salir en prensa? Sólo ella lo sabrá. Pero lo que es claro es que sus argumentos no tienen peso: ¿políticas obstruccionistas? ¿pérdida de política social? Más bien parece que nunca se adaptó a la ideología liberal para saber cuáles son las propuestas sociales del partido Movimiento Libertario ni comprendió el transfondo de las mociones. Le pasó igual que a muchas personas en este país: creen que la labor de la Asamblea Legislativa se limita a aprobar cuantas leyes sea posible, sin importar si sirven para algo. Típica disyuntiva entre cantidad y calidad. En ASOJOD nos preguntamos qué será de doña Evita una vez acabada la novela del TLC en Costa Rica? ¿Se comportará como diputada independiente? ¿Se plegará al PLN? ¿Pedirá perdón al ML? ¿Se autocondenará al ostracismo legislativo? Sólo el tiempo lo dirá, aunque no creemos que la historia la evalúe de manera misericordiosa.

Ambos casos parecen ser prueba de la doble moral que impera en Costa Rica: ante cámaras salen diciendo A pero luego, en el momento de tomar decisiones, se inclinan por B. Quizá, si el TLC se hubiese decidido en la Asamblea, el resultado de votación sería diferente: diputados que públicamente dicen No votando por el Sí o viceversa. Quién sabe qué habría pasado.

UCR vuelve a la campaña electoral


Los dirigentes de la UCR saben que solo falta un mes para el referéndum, así que ya han cesado la tregua –o blanqueamiento de la sepultura– en la que se sumergieron, ante los señalamientos fundamentados del papel parcial y proselitista a favor del NO que ha desempeñado la institución con el dinero de todos los contribuyentes. Menos de un mes han durado los “debates plurales”, de los que sacaban pecho la rectora y la presidenta del Consejo Universitario. Ha sido una raya en el agua si lo comparamos con los más de 4 años que llevamos leyendo en contra del TLC –incluso antes de estar negociado– en las páginas del Semanario.

La cuestión es que esta semana la programación de actividades de la UCR, que se publica a página completa todos los domingos en el suplementoÁncora deLa Nación , nos depara el desolador panorama habitual de hace unos meses. De los siete eventos relacionados directa o indirectamente con el tratado, seis son conferencias; es decir, no habrá debate. Las conferencias, salvo una, el resto estarán a cargo de personas del NO. Destacan dos asesores parlamentarios del PAC, Gabriela Arguedas y Renzo Céspedes, y el propio Ottón Solís. Resulta que a Solís, tan amante de los debates, en la UCR le preparan “conferencia” estelar para hablar sobre “Generalidades del TLC”. En otros tiempos a este tipo de actos se los conocía como “plaza pública”, pero en la UCR son especialistas en guardar las apariencias.

Plaza pública. No podía faltar Juan Manuel Villasuso, el líder de la intelectualidad económica del NO, al cual no se han atrevido a ponerle una conferencia sobre el TLC, sino que la han titulado “Estrategias de desarrollo costarricense en la globalización”. No hace falta ser adivino para saber que la “conferencia” –una plaza pública en toda regla– no hablará de otra cosa más que de los argumentos de Villasuso contra el tratado con EE. UU., esta vez sin rival para rebatirlo. Claro que a lo mejor en eso consiste la libertad de cátedra, la cual parece que solo conviene cuando el catedrático es del bando del NO.

En la única mesa redonda que se programa (“Campañas en el referéndum: ¿Entre el temor y el patriotismo?”), resulta que de los tres participantes uno es un “periodista” del SemanarioUniversidad –huelgan comentarios sobre la “imparcialidad” del medio–, otra es una conocida activista del NO, Isabel Ducca, profesora de Literatura, y el tercero, Jorge Sanabria, director del programa de posgrado en Psicología de la UCR. La moderadora es Carmen Caamaño, de la cual pueden leerse, en una de las páginas web oficiales del NO, lindezas como esta: “El TLC implica profundizar el modelo neoliberal que ha venido aumentando la pobreza y la brecha social entre ricos y pobres mediante el otorgamiento de ventajas injustificadas a compañías transnacionales”. O sea que el debate será de lo más equilibrado. Me imagino las conclusiones acerca de quiénes son los “patriotas” y quiénes los que infunden temor. Aunque a lo mejor ese es el tipo de “contrapesos” de los que hablaba recientemente Montserrat Sagot en defensa del intervencionismo político de la UCR.

Sin disimulos. En definitivas cuentas, la UCR se ha lanzado nuevamente a la campaña contra el TLC. Sin disimulos. Con toda la artillería. En la portada de su página web aún luce el vínculo al famoso documento de los “roces” constitucionales, aquella oda del NO derribada por la Sala IV. Evidentemente el fallo del tribunal no es digno de mención para los dirigentes de la Universidad, que aún no han sido capaces de aceptarlo; ¿será eso lo que denominan “autonomía universitaria”?

Ya me estoy imaginando la respuesta a estos cuestionamientos sobre la tendenciosidad y empleo de los recursos a favor del NO: ¡se ataca a la institución, a su autonomía constitucional! En el fondo, es el intento innegable de poner a la UCR como parapeto de los intereses de los que la gobiernan. Porque la evidencia es contundente cuando uno ve cómo se está empleando el programa de actividades de la institución para hacer proselitismo político. Tendríamos que preguntarnos quiénes le están haciendo más daño a la institución, los que la utilizan con fines políticos o los que criticamos que eso se haga.

Francisco Alcántara, tomado del periódico La Nación

En vela


¿Cuáles son los móviles principales de los votantes del SÍ o del NO en el referendo? La reciente encuesta de Unimer para La Nación , publicada el lunes pasado, enuncia los siguientes: para el NO, el perjuicio para el país, o bien para la soberanía nacional, y para el SÍ, el fomento del empleo y, por lo tanto, de las inversiones, seguido del beneficio familiar.

Esta diferencia tiene una lógica propia. El NO tiene una visión abstracta del TLC (prácticamente todo en él es malo, casi el eje del mal de Bush –¡quién lo creyera!– para Costa Rica). Y, como todo es malo, malas son sus partes: contra la salud, la educación, la vida, la isla del Coco, el agua, el ambiente y, en fin, todo lo atinente a los derechos humanos.

Para mantener esta posición contra toda evidencia y sentido de la realidad, el NO ha incurrido en una explosión de sofismas y de mentiras que darían para unbest seller inagotable, pese a que la Sala Constitucional sentenció que el TLC no viola los derechos humanos ni atenta contra la soberanía. Este empecinamiento en la mentira, de parte de los líderes, merece un análisis particular.

En el NO sistemático descubre el dirigente una evasión poco honrosa: no se compromete con ninguna solución presente o futura para el país. Tampoco entreabre alguna esperanza. Es nihilismo puro. El SÍ, en cambio, propone soluciones concretas, sin incurrir en el sofisma de anunciar el cielo en la Tierra.

La declaración de Franklin Chang fue cabal: “el TLC tiene cosas muy buenas y algunas malas, pero es lo que le conviene al país”. Ni nihilista ni angelical. Es realista y humano y, como tal, muy a lo costarricense. Así lo ha captado un grueso sector del pueblo, pese al alud de falsedades.

La dialéctica entre el SÍ y el NO es inspiradora. Que tu lenguaje sea –dice Jesús– sí o no. Una proclama de libertad y de responsabilidad en cada paso de la vida, pues el ser humano anida dentro de sí mismo el sí y el no, y con ellos se define. Con los dos. Y debe en realidad escoger entre ellos en cada situación concreta. La diferencia está precisamente en que el sí, germinal y rector, antecede al no. Es el principio. “Hágase la luz, y la luz fue hecha”. La vida es sí, floración y cosecha, como el amor, como la aurora, como el valor, como la dignidad humana. El no es antítesis, escudo o advertencia.

La elección se forja en nuestro interior, en nuestro discernimiento, en nuestros valores, en nuestra adhesión a la verdad. En fin, pasarán el referendo y las trifulcas actuales, pero seguirán desafiantes el sí y el no en cada momento de nuestras vidas.

Julio Rodríguez, tomado del periódico La Nación

Consecuencias de un NO


Además de los efectos de la desviación del comercio y de la inversión, que ocurriría si no se ratificara el TLC (máxime que todos los países asiáticos entraron en una carrera por realizar TLC entre ellos por el horror de quedarse por fuera de la red de países que tienen tales acuerdos en todo el mundo), desaprovecharíamos las ventajas del TLC con Europa (en términos de inversiones europeas en el país con miras a entrar en el mercado de EE. UU. sin pagar aranceles) y comprometeríamos nuestro ingreso a la Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), debido a que en ese foro solo se aceptan países comprometidos con el libre comercio.

Productividad y demanda externa. Si los costarricenses decimos NO al TLC, tendremos también que asumir las siguientes consecuencias (aunque se mantuviera la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, como algunos suponen que sucedería): 1) Habrá que competir con EE.UU. en los mercados de Centroamérica, República Dominicana, Chile, Panamá y, eventualmente, Perú y Colombia. 2) Habrá que competir con EE. UU. también en los mercados con los que tiene TLC (o tendrá en el futuro) en Asia y otras regiones. 3) Para competir eficientemente en esos mercados (y en el de EE. UU., en el caso de que no nos renueven las preferencias arancelarias que vencen en el 2008, pues a Colombia y Perú se las renovaron por tiempo limitado hasta que se apruebe su TLC en EE. UU.), los trabajadores costarricenses tendrán que ser más productivos.
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El aumento de la productividad (mayor producción por hora) significa mejores salarios y nivel de vida de los trabajadores, solo si se cumplen ciertas condiciones: 1) Aumento de la demanda para los productos que exportan o venden las empresas costarricenses, aquí y en el extranjero. 2) Aumento de la inversión local y extranjera. 3) Aumento del valor agregado de lo que producen las empresas en el país.

Cuando aumenta la productividad de los trabajadores sin que, simultáneamente, aumente la demanda de los productos o servicios que las empresas costarricenses exportan o venden, la consecuencia sería el despido de trabajadores redundantes. Cuando hay desempleo, bajan los salarios y el nivel de vida de los asalariados.

Existe una correlación de causalidad lineal, comprobada por estudios sobre el caso chino (Narayan & Smith, Granger Causality Test), entre el aumento y mejoramiento de la educación y capacitación el aumento de la productividad, el aumento de la inversión extrajera el mejoramiento del nivel de vida del trabajador. (Esta causalidad no opera en sentido contrario).

Dani Rodrik, de Harvard, sostiene que, para que un país pueda crecer sostenidamente y realizar lo que W. W. Rostov llamaba el “despegue” hacia el desarrollo, se requiere que tenga cierto grado de equidad, de educación y de desarrollo de las fuerzas productivas.

Costa Rica tiene precisamente esas características y debemos aprovechar las ventajas que nos da la globalización, que permite a pequeñas empresas del mundo en desarrollo participar en el proceso de producción de los bienes finales de las grandes empresas, fabricando componentes que requieren cierto grado de conocimiento tecnológico. Esta es una oportunidad para el desarrollo del Tercer Mundo nunca antes vista en la historia.

No obstante, si no tenemos las seguridades de un mercado garantizado para nuestros productos con el nivel de productividad actual, que es alta, ¿cómo vamos a generar un mejor nivel de vida para la población, si de pronto faltara el punto de arranque en ese nexo causal que es la demanda externa?

Además de la alusión al aumento de las exportaciones que generan los elementos mencionados, existe un factor adicional que mejora todavía más dicho nivel de vida, y es la posibilidad de consumir productos importados baratos. Un país que no puede darse el lujo de importar lo que necesita o desea es un país pobre.

Valor agregado. Muchos creen que un país en desarrollo puede darse el lujo, por seguridad alimentaria, de producir todos los alimentos que necesita su población. Si ocupamos la fuerza laboral, por ejemplo, en producir maíz o cualquier otro grano, lo que requiere trabajadores de baja calificación, estaremos condenados, como los países africanos, a producir bienes de bajo valor agregado, lo que no genera el ingreso requerido para elevar el nivel de vida de la población.

Si queremos aumentar el nivel de vida del costarricense, tendremos que ser más productivos, lo que implica la utilización de mayor capital y menos mano de obra. Si un país en desarrollo quiere ser competitivo en producir granos mediante una agricultura mecanizada, que permite mejores ganancias, tendrá desempleo. Por esta razón es que los países desarrollados se han abocado a producir bienes de mayor valor agregado en productos industriales, servicios y agricultura más intensiva en conocimientos, aunque empleen menos gente en agricultura.

Si dedicáramos nuestras llanuras a la producción de granos (que es lo que subsidian los países desarrollados), existe también el costo de oportunidad (u oportunidad perdida) de emplear a nuestra población en trabajos mejor remunerados.

Un país como el nuestro debe realizar un esfuerzo por mejorar la educación y capacitación de la fuerza laboral porque, solo produciendo bienes de mayor valor agregado, se puede generar un aumento en el nivel de vida y reducción de la pobreza. Esta es la única realidad que tenemos. Sobre otras opciones, la Unión Soviética y China demostraron, en su momento, su inviabilidad. No hay más teorías vigentes y con resultados comprobados en el mundo de cualquier otra opción. Esto explica la ausencia de un programa de desarrollo del NO.

Patricia Rodríguez Hölkemeyer, tomado del periódico La Nación

martes, 4 de septiembre de 2007

¿Todas son manipuladas?


Hoy en Telenoticias entrevistaron a Alfredo Volio y a Sonia Marta Mora para preguntarles sobre la encuesta de UNIMER publicada hoy en el periódico La Nación, en donde la intención de voto para el "SÍ" es de un 56% y para el "NO" de un 36%. En alguna otra ocasión comentaré otros datos que vienen en este sondeo, pero por ahora quisiera referirme a lo que ví hoy en Telenoticias. Volio simplemente se limitó a decir que las encuestas son una fotografía del momento y que lo que vale para el resultado final es trabajar duro hasta las 6 de la tarde del 7 de octubre. Me pareció una posición de lo mas mesurada, incluso rigurosa, aun cuando las encuestas efectivamente son fotografías de un momento, pero también pueden develar tendencias en una dirección u otra.

En contraste a la mesura exhibida por el coordinador de la Alianza por el Sí, me extrañó la reacción de la exrectora de la Universidad Nacional, que de entrada desestimó los resultados como una muestra más de la manipulación de las cifras que según ella hacen las casas encuestadoras. Y me extraña porque conozco a doña Sonia Marta y sé que es una persona sensata y rigurosa, por lo que me sorprende que emita un criterio tan ligero sobre todo a la luz de lo que han revelado, en la misma dirección de los datos de UNIMER, las dos últimas encuestas de la Escuela de Estadística de la UCR, con cifras, sobre todo la última, tan similares a las que publica hoy La Nación que parecieran hechas por la misma entidad.

Si los resultados de UNIMER son manipulados también lo son los de Estadística de la UCR. Yo me imagino que doña Sonia Marta no conoce la encuesta de la UCR, porque de lo contrario no habría acudido a un argumento tan peligroso como el que utilizó hoy en su intento de deslegitimar lo que aparentemente es una tendencia estadística claramente identificable, y que ha sido ratificada por todas las encuestas publicadas hasta ahora, menos la sui géneris encuesta de la Escuela de Matemática.

Por Roberto Gallardo

El que no quiere caldo, dos tazas


Aquel viejo adagio popular, hoy se cumple de manera contundente: resulta que ahora Perú está interesado en firmar un TLC con Centroamérica, apenas para hacerle la boca agua a los Albinos, los Fabio Cháves, los Jorge Arguedas, los Eugenio Trejos, los Rolando Araya, los PAC y todos los demás patriota amantes de la autarquía nacionalista. Como si no tuvieran suficiente con el TLC con Estados Unidos, ahora se les presenta una nueva oportunidad para que empiecen a vociferar sus ya conocidas diatribas contra el libre comercio. Justo ahora que están poniéndo toda la carne en el asador para intentar traerse abajo el TLC (no importa que de paso se traigan abajo la decisión soberana de un pueblo que votará Sí al TLC en su mayoría), se les presenta esta nueva adversidad. ¡Pobrecitos!

Así las cosas, cabe destacar dos puntos: 1) si el libre comercio es tan malo (tanto que es el único que ha logrado disminuir la pobreza en las últimas décadas en prácticamente todos los países que lo aplican) entonces el grupo del NO, fiel a sus principios, debería rechazar este TLC con Perú. ¿O es que sólo se trata de llevarle la contraria a los Estados Unidos diciéndoles No, mientras le decimos Sí a todos los demás? 2) luego de tanta lucha contra el TLC con Estados Unidos, ¿le quedarán fondos y fuerzas a los del No para oponerse al TLC con Perú? Si no es así, ¿empezarán a llover petrodólares bolivarianos en la lucha contra el "imperialismo inca", tan sólo como venganza porque la guacamaya de Hugo Chávez no pudo sentar en el trono (que se habría convertido en inodoro político) a Ollanta Humala? ¿Será que ahora sí los del NO comenzarán a recibir dineros sucios (como si no los estuvieran recibiendo ahora)? No me diga, querido lector (a), que ud es de los que cree que los corazoncitos, los volantes a todo color, las cimarronas y los comités patrióticos se financiaban tan sólo con el bolsillo de los directamente involucrados? !Qué inocencia!

Pero hay algo más interesante aún: ¿le alcanzará la fuerza y la plata los del No por el No para seguir luchando contra todos los TLC que se vienen en Costa Rica (Unión Europea, China, Mercosur, por mencionar algunos)? Ya no dan a basto, las encuestas demuestran que cada vez el apoyo al TLC crece, como también crece el empeño y la estrechez mental de los del No. Justo cuando se cansen de berrear contra el TLC, se les vendrán muchos otros tratados encima. Y todos más o menos iguales, porque se basan en las reglas de la OMC. Para el que no quiere caldo, dos tazas. ¡Qué salado!

Alejandro Barrantes

Cinco razones para el SÍ


Existen cinco razones primordiales por las que los costarricenses debemos ir a las urnas el próximo 7 de octubre a decir SÍ al TLC:

1. Consolida la apertura comercial en Costa Rica. A inicios de la década de 1980, el país decidió cambiar el modelo de desarrollo de sustitución de importaciones, por uno basado en la apertura comercial.

Para ello nos propusimos atraer inversión extranjera, promover exportaciones de productos no tradicionales, reducir sustancialmente los impuestos de importación y suscribir tratados de libre comercio con otras naciones para tener reglas de comercio claras (ya tenemos con Canadá, México, Chile y 15 países del Caribe).

Esa apertura comercial ha creado miles de puestos de trabajo directos relacionados con la exportación de más de 3.600 productos diferentes, y cientos de miles de empleos indirectos en el resto de la economía. También ha mejorado la calidad de vida de los consumidores a través de productos más variados, más baratos y de mejor calidad.

El TLC con Centroamérica, República Dominicana y EE. UU. consolida la apertura comercial y nos permitirá aumentar el bienestar de los costarricenses.

2. Tendremos reglas claras y permanentes para comerciar con Estados Unidos. Este país es el principal socio comercial de Costa Rica. Un 40% de nuestras exportaciones y la gran mayoría de la inversión extranjera que llega a nuestro país proviene de esa nación. Sin embargo, actualmente la mitad de los productos que exportamos a Estados Unidos entran libres de impuestos a ese país gracias a una concesión que nos hicieron los norteamericanos en los años ochenta, y que podría desaparecer en cualquier momento, llamada Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

El 80% de las empresas que exportan a Estados Unidos lo hacen a través de ese programa. En el caso de los textiles y los productos del mar, gozan hasta el 30 de septiembre del año entrante del privilegio de no pagar impuestos cuando ingresan a los Estados Unidos. A partir de esa fecha, si no hay una extensión del plazo para ese privilegio, deberán pagar impuestos. Con el TLC, estamos formalizando esta relación de tal forma que no tengamos que depender más de concesiones unilaterales. Lo que antes era un privilegio será ahora un derecho.

Con el TLC no dependeremos de una decisión unilateral del Gobierno de Estados Unidos. Tendremos un contrato exigible ante organismos internacionales. Esa seguridad en las reglas para comerciar con Estados Unidos nos permitirá atraer más inversión orientada a la exportación a ese gran mercado, lo que significará más puestos de trabajo y oportunidades para los costarricenses.

3. Podremos exportar más productos libres de impuestos a Estados Unidos. Actualmente, el 80% de los productos que exportamos a Estados Unidos no pagan impuestos para entrar a ese mercado. Con el TLC, prácticamente todas las exportaciones costarricenses no pagarían impuestos de manera inmediata, y aquellos sujetos a cuotas, como la leche, el azúcar y la carne, tendrán el beneficio de que estas fueron aumentadas con el TLC.

Esto beneficiará a sectores que son sumamente importantes como el textil y el atunero, debido a que brinda miles de empleos en zonas del país que desesperadamente necesitan de fuentes de trabajo.

4. Contaremos con servicios de telecomunicaciones y seguros más eficientes. Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la competencia en telefonía celular, Internet y seguros. Esto significa que, además del ICE y el INS (que seguirán en manos del Estado), se permitirá la operación de otras empresas en estas áreas que vengan a ofrecer sus servicios a los consumidores costarricenses.

Este proceso será muy similar al que experimentó el país hace como 20 años con la apertura bancaria. Recordemos que durante muchos años los bancos estatales funcionaron en monopolio. No era de extrañar que en ese entonces el servicio en los bancos del Estado fuera muy malo, caracterizado por las largas filas y el tortuguismo, así como por los horarios de atención, de 9 a. m. a 3 p. m. A mediados de los ochenta empezó un proceso para abrir ese monopolio estatal y permitir la competencia con la banca privada. Esto hizo que la misma banca estatal tuviera que mejorar sus servicios para conservar la clientela. El beneficiado de esa competencia ha sido el consumidor.

La apertura en telecomunicaciones y seguros, al igual que la de los bancos hace unos años, traerá servicios más modernos y de mayor beneficio para todos los costarricenses.

5. Los pobres tendrán acceso a bienes de la canasta básica más baratos. En nuestro país se protege a ciertos productores de la competencia internacional mediante altos impuestos de importación, lo que hace que los productos para los consumidores sean más caros. Esta protección es principalmente para bienes de consumo básico como el arroz, la leche, el pollo y el azúcar, lo que afecta más a los más pobres (un millón de personas), quienes gastan una importante parte de sus escasos ingresos para comprar esos productos. Si esos bienes no tuvieran esa protección, su precio sería más barato, y con esa reducción en el precio las personas podrían contar con dinero extra para otros gastos, como una mejor alimentación, salud, vestido, vivienda, y transporte.

Con el TLC, Costa Rica se está comprometiendo a permitir la entrada libre de impuestos de esos productos. Pero, con tal de darles suficiente tiempo a los productores para ajustarse a la competencia, esa reducción de impuestos no resultará efectiva hasta en un plazo que va de 15 a 20 años.

Como vemos, el TLC ofrece una gran oportunidad para mejorar el bienestar de todos los costarricenses.


Otto Guevara Guth y Juan Carlos Hidalgo (Movimiento Libertario)

lunes, 3 de septiembre de 2007

A los jóvenes de Costa Rica


La juventud es una etapa de cambios, de vivir la vida intensamente, de querer experimentar al máximo, pero, a la vez, de protesta. Los que ya peinamos canas nos oponíamos a nuestros padres y de este modo empezamos a usar el pelo largo y a volvernos mediohippies (más polos que otra cosa).

También estábamos en contra de los gringos y fue grande la fiesta cuando los echaron de Vietnam y cuando los sandinistas ganaron la guerra en Nicaragua. Con el tiempo entra finalmente la madurez, vienen los hijos, y las prioridades son otras. Hay que comer, vestirse, comprar una casita, un carro si se puede, pero, sobre todo, asegurar a los retoños la educación y un porvenir.

Nuestros jóvenes de ahora tienen parecidas inquietudes, me parece que con un poco menos de preocupación por los problemas del país y del mundo, pero, sin duda alguna, para muchos los gringos siguen siendo los malos de la película, aunque cada vez los imitemos más.

De corazones y pulperos. Muchachos: tienen un gran dilema por delante y el próximo 7 de octubre pueden hipotecar su futuro si piensan con el corazón y botan NO en el referéndum sobre el TLC, solo por llevar la contraria o por no querer a los gringos. Es como si el pulpero decida no vender a los ricos del barrio porque le caen mal. De seguro ni cuenta se darían de tan singular protesta (la empleada de la casa va y compra en otro lado y punto). Por favor, utilicen el cerebro, el TLC no tiene nada que ver con el corazón, es para pensar, es un asunto de números y nada más. No vaya a ser, como dijo don Óscar Arias en Ciudad Neily, hace unos días, que los ticos hagamos la gracia de recetarnos un autoembargo con los Estados Unidos. Tienen una gran responsabilidad con ustedes mismos, si es que quieren progresar y ver a sus hijos crecer con mejores oportunidades que las que tuvimos nosotros.

Mario Camacho Herrera, tomado del periódico La Nación

Siguen las encuestas


Hace poco fue la encuesta de Estadística de la UCR, la cual daba un 52,6% por el Sí y 33,4% para el No entre votantes decididos. Ahora le toca el turno a la nueva encuesta de UNIMER sobre el TLC, la cual señala que, entre los votantes decididos, el 56% va con el Sí mientras el No tiene un apoyo del 36%. Para los del No posiblemente esta encuesta no represente gran cosa, sino tan sólo una muestra de la gran conspiración de las encuestas privadas "compradas por el gran capital trasnacional profilibustero". Pero para cualquier persona, en especial, académico, que se respete y que use regularmente sus neuronas, estas cifras demuestran que, a lo largo de este año, las cifras marcan una tendencia favorable respecto al TLC por parte de los costarricenses.

En ASOJOD seguiremos haciendo hincapié en este tipo de datos pues algo dice si todas las encuestas (salvo la tristemente célebre encuesta de matemáticas)revelan tendencias de resultados similares. Ellas son muestra de que la mayoría de los costarricenses están convencidos que este próximo 7 de octubre lo mejor que podemos hacer por nuestro futuro y por el de las nuevas generaciones, es darle un Sí al cambio, a la libertad, al progreso, a la competencia, a la innovación y al trabajo duro. En ASOJOD estamos seguros que los costarricenses votarán por el Sí al TLC. Únase estimado lector (a) para construir la Costa Rica del mañana

domingo, 2 de septiembre de 2007

No desperdiciemos oportunidades


En la sección de Opinión del sábado 11 de agosto, don Ottón Solís efectúa un conjunto de comentarios sobre mi artículo “El TLC: Una oportunidad para avanzar” , publicado el 17 de junio pasado en esa misma sección. Por el respeto que merecen los lectores, considero oportuno referirme a algunos de los temas planteados por don Ottón, sin perjuicio de que podamos ahondar sobre el tema en algún conversatorio organizado con tal fin, tal como él lo sugiere.

El argumento central de mi artículo es que la decisión que adoptaremos el 7 de octubre cambiará el rumbo del país, en especial para la población joven, al alterar los espacios de desarrollo. Una votación a favor del SÍ nos abre la puerta a mayores oportunidades para el crecimiento, la generación de empleo y la reducción de la pobreza. Una votación por el NO, por el contrario, nos reduce los espacios de acción y nos hace más difícil la tarea. Una votación por el SÍ consolida el acceso de nuestras exportaciones al mercado más grande del mundo. Una decisión por el NO nos deja en estado de incertidumbre sobre dicho acceso en el mediano plazo.

Don Ottón trata de argumentar que las cosas no empeorarán, caso de rechazarse el TLC. Para justificar su posición, indica que ha conversado con políticos norteamericanos y con el presidente del BID, quienes le afirmaron que no variarían su postura sobre Costa Rica en el eventual caso de que el NO triunfe en el referéndum. Me parece, sin embargo, que ese no es el tema relevante. ¿Preguntó don Ottón a los empresarios sus percepciones respecto a la inversión futura en Costa Rica, con TLC y sin él? ¿Le garantizaron los políticos que los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe nunca nos serían retirados, aunque ellos ya no ocupen sus cargos? ¿Preguntó al presidente del BID qué consideraría mejor para Costa Rica?

Enemigos de Costa Rica. La mayor parte de la oposición al TLC en los Estados Unidos no se produce porque afecta negativamente a Costa Rica, como trata de sugerir don Ottón; es porque les reduce oportunidades de empleo. Basta analizar las críticas formuladas por organizaciones no gubernamentales de ese país, incluida la confederación sindical AFL-CIO, sobre los tratados de libre comercio suscritos por su Gobierno. El artículo de Patricia Rodríguez “Egoísmo y prepotencia”, publicado en esta sección el domingo 12 de agosto, es muy claro. Los dirigentes sindicales norteamericanos no piensan en los trabajadores costarricenses; piensan en sus afiliados y en los empleos que eventualmente se perderían en los Estados Unidos de aprobarse el SÍ en Costa Rica.

Don Ottón conoce muy bien la política. Ha estado en ella por más de veinte años, como ministro, diputado y dos veces candidato a la Presidencia de la República. Por ello me extraña su pregunta al presidente del BID y a los miembros de la Comunidad Europea, referente a si cambiarían su relación con nuestro país de rechazarse el TLC. La respuesta a esa pregunta es obvia. Van a respetar la decisión que adopte el pueblo costarricense. Pero eso no quiere decir que les sea indiferente, como tampoco lo es para nosotros.

Don Luis Alberto Moreno, presidente del BID, dijo en declaraciones a la prensa costarricense, citadas en La Nación del 12 de febrero de este año: “Lo mejor que le puede pasar a Costa Rica es aprobar el TLC rápido”. Estoy seguro, porque así lo he conversado con varios de sus dirigentes y representantes, de que tanto el BID como la Comunidad Europea ciertamente preferirían tratar con una Costa Rica que haya aprobado el TLC, que con una que lo haya rechazado, puesto que es mejor asociarse con un país que aprovecha sus oportunidades para mejorar, que con uno que se niega a hacerlo.

Crecimiento e inversión. Don Ottón reconoce la capacidad mostrada por el país para atraer inversión extranjera directa, la cual se ha podido alcanzar porque se ha seguido una política clara para aprovechar las oportunidades que se presentan y potenciar nuestras fortalezas. Pero, contrariamente a lo que parece desprenderse del argumento de don Ottón, a mí no me deja satisfecho que atraigamos más inversión extranjera que el resto de los países de la región firmantes del TLC juntos. Eso es conformarse con muy poco.

Yo aspiro a que Costa Rica logre captar mucho más inversión local y extranjera de lo que está haciendo ahora, porque así se pueden generar más y mejores empleos. La relación de inversión al PIB en Costa Rica es, todavía, baja. Para crecer más, debemos incrementar la inversión. No creo que sea cerrándonos a las oportunidades como lo vayamos a lograr. El mensaje de los empresarios brasileños que acompañaron al presidente Lula a Nicaragua fue muy claro: contar con acceso al mercado de los Estados Unidos, gracias al TLC, es un factor importante para pensar en invertir en un país de la región.

Como indiqué en mi artículo anterior, el TLC “no será la solución de todos los problemas del país ni la causa de todos sus males”. Pero es una excelente oportunidad para aprovechar nuestras ventajas y potenciarlas aún más de lo que hemos hecho. Como afirmó el Dr. Franklin Chang, al comentar por qué votará por el SÍ al TLC en el referéndum del 7 de octubre, “al sumar todas las cosas que tiene, la mayoría es buena para el país, aunque tenga cosas malas. No es un instrumento perfecto, pero es mejor tenerlo”.

Actual política de EE. UU. En reiteradas ocasiones don Ottón ha señalado la necesidad de renegociar el Tratado. Lo vuelve a hacer en su artículo del 11 de agosto. Es un argumento políticamente atractivo, porque, en teoría, siempre podrían lograrse más beneficios. Pero es un argumento que carece de viabilidad, pues el Tratado ya fue aprobado por seis de los siete países signatarios y el nuevo balance político en los Estados Unidos no favorece este tipo de acuerdos. Además, caso que fuera posible una renegociación, no hay garantía que las condiciones que lograríamos fueran mejores que las ya alcanzadas, pues los grupos de interés que se oponen a este tipo de acuerdos tienen ahora un mayor peso en la política norteamericana.

El próximo 7 de octubre los costarricenses debemos tomar una decisión pensando en el futuro del país. El 8 de octubre, sin distinción de grupos, debemos retomar juntos el trabajo para adoptar las acciones que más nos convengan en la construcción de una Costa Rica más próspera y más solidaria. Creo que aprobando el TLC la tarea se nos facilitará y tendremos mayores oportunidades para mejorar el bienestar de nuestros ciudadanos, al abrirse espacios para generar más y mejores empleos, en especial para nuestras generaciones jóvenes. Estoy seguro de que esa es también la creencia de los grupos sindicales de EE. UU. Por eso, ellos se oponen al Tratado. Por eso, yo lo apoyo.

Por Francisco de Paula Gutiérrez
Tomado de la Nación

Por qué escribo sobre política


Porque es mi deber. Como artista, como intelectual y como costarricense. Abstenerme de pronunciarme en torno al TLC sería infinitamente más fácil: no quedar mal con nadie. Pero lo he dicho antes y lo repetiré de nuevo: mi ambición en la vida no es llegar a ser campeón mundial de la popularidad. Más me interesa expresar mis ideas que ser universalmente amado.

La misión de un artista no se limita a improvisar sublimes cánticos en dorada arpa eólica, la frente ceñida por el laurel de Virgilio. Miengagement ha sido siempre activo, mi posición, explícita. Participo del debate porque no creo que ningún costarricense esté eximido de hacerlo. Soy enfático al decir que el TLC no es únicamente –quizás ni siquiera fundamentalmente– un asunto de economistas y expertos en derecho constitucional. Quienes en el mundo saben solo de una cosa terminan por no saber ni siquiera de ella.

Quiero ver manos levantarse en la clase: ¿Hay quien entienda a cabalidad todas las derivaciones políticas, económicas, sociales, éticas, constitucionales, históricas –en suma, humanas– del TLC? Y lo que es más importante: ¿Será alguien capaz de integrarlas y crear luego una síntesis transdisciplinaria generadora de certezas? ¡Curioso: no veo en el horizonte manos ansiosas por responder!

Prudencia contra intolerancia. Y ya que hablo de certezas, me pregunto: ¿puedo honestamente decir que mi fe en el TLC sea absoluta y desprovista por completo de fisuras? No. Creo en el TLC dentro de la ponderación de beneficios y concesiones inherente a todo tratado. Mi posición es mucho más que una mera corazonada, pero bastante menos que una certeza total (una “verdad cartesiana”, la llamarían los filósofos). Pero llegó el momento de tomar la decisión, y Costa Rica ya conoce la mía.

Este es un punto llamativo: he observado que los partidarios del SÍ tienen, en general, una actitud más tamizada, más prudente, más saludablemente equilibrada por la duda. Hablan de balance, no de certezas. Algunos militantes del NO son en cambio intransigentes, furibundos, compactos como colonias de insectos. Actúan gregariamente, tal como un solo animal animado por miles de cabezas. No consideran –o pretenden no hacerlo– la posibilidad (¡tan solo la posibilidad!) de estar equivocados, o siquiera ligeramente sobremodulados. Son certezas ambulantes, paladines de la Verdad, con respecto a la cual todo lo demás son máscaras y embustes. ¡Dichosos! ¡Cuánto envidio su infalibilidad para el diagnóstico social y su don de la certeza! Yo, en cambio, tengo dudillas sobre mi propia posición, ¡qué vergüenza!

Algunos lectores entran en convulsiones cada vez que escribo sobre política: tal cosa “no me luce”, y buscan protegerme contra “el repudio del país”. Otros optan por el poco original método de la descalificación epistemológica: “¡Qué puede saber don Jacques sobre estas cosas! ¡Zapatero, a tus zapatos!” (vayan ustedes, señores y señoras, a vivir dentro de un zapato si así les place; yo lo encuentro constrictivo, insalubre y maloliente).

Lo divertido es esto: si yo estuviese respaldando el discurso del “peligro de entregar la soberanía nacional”, o de “la amenaza a nuestra identidad cultural”, entonces sí aplaudirían frenéticos mi participación en la política. En tal caso la “intromisión” del pianista sería considerada “un modelo de responsabilidad cívica”. Esto significa que el problema no consiste en que “nuestro artista se nos haya ensuciado metiéndose en política”, sino en que no se enrolara en el bando “correcto”. La irritación es en este caso generada por razones estrictamente ideológicas. No es elengagement per se el que genera la urticaria de mis críticos, sino el hecho de que dichoengagement no fuera el mismo que el de ellos. ¡Bonita manera de juzgarme!

Razones, no coces. Decir que todos aquellos que apoyamos el TLC estemos derivando sórdidos beneficios de él no es un razonamiento: es una coz. Cosa estéril, dialogar con jumentos. ¿Es esto mala fe o ignorancia? Platón diría que la segunda es siempre origen de la primera.

¡Y algunos de los “argumentos” esgrimidos! Ignotos depósitos de gas natural custodiados en nuestros mares por una invisible flotilla de botes guardianes, caídas de sistemas planeadas mefistofélicamente para alterar datos clasificados… Ambas historietas han sido ya usadas en sendas películas de James Bond: “El Doctor No” y “El mañana nunca muere”, para ser precisos. Amigos: la paranoia comienza ahí donde capitula el razonamiento. Es a través del terror como mejor se manipula a los pueblos; eso lo sabemos todos, pero a ustedes se les ha ido la mano en truculencia y hollywoodismo.

Es mi profundo sentir que las universidades públicas no han estado a la altura de la circunstancia histórica que vive el país. No por su posición ideológica que, como la de toda persona o institución, es perfectamente respetable. Tampoco por el uso unilateral de sus recursos para propagar sus puntos de vista, cosa autorizada por el inviolable principio de autonomía universitaria. Menos aún por el ejercicio de la libertad de cátedra, que siempre he defendido. Nada de eso, no. El problema ha sido más bien de tipo formativo y pedagógico.

¿Una universidad? ¿De qué sirve hablar de autonomía institucional cuando se conspira contra la autonomía del pensamiento? Recuerden, señores, que la libertad de cátedra conlleva la responsabilidad inherente a todas las libertades. Y esa responsabilidad es la siguiente: enseñar no es adoctrinar, transferir al educando la suma de fobias, terrores, resentimientos y antipatías del educador. ¿Segregar o burlarse de un estudiante que se atreve a discrepar del profesor o de sus compañeros? ¿Es eso una universidad? ¿Responde esta forma de aplastar la disensión al concepto subyacente a la palabra universidad: universal?

No tengo ni la más remota intención de callar. El silencio no es precisamente mi vocación natural. ¿Para qué escribir si no es para decir lo que se piensa? Hacer las veces de la termita que avanza a contrapelo del resto de la colonia no es cosa que me preocupe. Lo he hecho toda mi vida y a estas alturas estoy bien entrenado para ello. Las ocasionales caritas que me han sido “infligidas” durante mis visitas a la Universidad de Costa Rica, los e-mails que, entre espeluznantes faltas de ortografía, pretenden insultarme… nada de eso es democracia. Porque el espíritu de la democracia no es solo la tolerancia, sino la capacidad de considerar el punto de vista del otro, de permitir que este inspire una saludable revisión del nuestro; en suma, de considerar la posibilidad de que uno esté equivocado e integrar a nuestras convicciones los puntos de vista de los demás.

El TLC no representa la entrada triunfal al nirvana económico. La verdad es que con él tendremos que trabajar más y mejor, porque nos vamos a ver obligados a poner en práctica dos conceptos que nos sumen en el terror: la eficacia y la competencia. En el fondo larval donde se arrastran miserablemente los temores subconscientes estas son dos de las moti- vaciones del NO hermético, bravucón y desafiante que hoy confunde al país con filmes de ciencia ficción y apocalípticas visiones.

Si por expresar mi opinión voy a malquistarme con personas que otrora me respetaran, pues ¡qué le vamos a hacer! ¿Quiénes estarían en tal caso pecando de intolerancia? Tengo buenas enzimas espirituales para digerir la censura de que en ciertos círculos seré objeto. Las muecas callejeras están asumidas, aceptadas, más aún: debidamente catalogadas. A la patética necesidad de aceptación universal preferiré siempre la libertad.

Por Jacques Sagot
Tomado de la Nación

sábado, 1 de septiembre de 2007

Falsedades y manipulaciones


Con motivo de la apertura a la competencia de las telecomunicaciones que propicia el TLC, en varias ocasiones opositores del tratado me han atribuido afirmaciones falsas o se ha tergiversado mi dicho para beneficiar sus tesis. Esta vez me refiero a las alusiones del expresidente Rodrigo Carazo Odio a la revistaFortuna, Negocios y Finanzas, y del señor Gerardo Fumero Paniagua, funcionario del ICE, en su artículo “La falacia de la competencia en las redes de telecomunicaciones”.

Sobre los precios. En declaraciones dadas a la citada revista, el expresidente Carazo atribuye a una investigación, que supuestamente yo elaboré, la conclusión de que “con la desintegración de un monopolio natural del sistema de telecomunicaciones (tal y como está integrado el ICE), los costos de competencia para el país tendrán un aumento inicial de más del 20 por ciento”.

Al respecto, debo aclarar que es absolutamente falso que yo haya elaborado una investigación que concluya lo que el señor Carazo indica. Todo lo contrario. Creo en los beneficios de la libre competencia en todos los ámbitos del sistema económico en que sea posible, bajo el control del Estado. Además, como lo entendió la Sala Constitucional al resolver la consulta referida al TLC, estimo que “el texto del Tratado se convierte en una garantía para los consumidores en materia de telecomunicaciones” entre otras razones, en tanto estos “van a tener la oportunidad de escoger el proveedor de servicios que más les convenga a sus intereses, en atención a lo dispuesto en el numeral 46 de la Constitución Política”. Por otro lado, es posible demostrar la tendencia a la baja de los precios que propició la apertura de las telecomunicaciones, previa definición de una legislación balanceada garante de una igual y libre competencia, por ejemplo, en España.

En efecto, según un estudio de Ariño y Noriega (2004) que hace un balance de los resultados de la apertura de las telecomunicaciones entre 1998 y el 2003 en España, se prueba que sucedió todo lo contrario a lo que dice el señor Carazo. En ese estudio se señala que, luego de la apertura del mercado de las telecomunicaciones, con excepción de los servicios subvencionados, todos los servicios presentaron “un fuerte descenso de precios”. Aún más, según ese estudio, dicha baja de precios durante esos 5 años, supuso “una importante transferencia de rentas de los accionistas e inversores a los usuarios finales, que asciende, según estimaciones del Ministerio de Economía, a 35.971 millones de euros”.

No es monopolio natural. Por su parte, en el referido artículo, el señor Fumero acude a una cita salida de contexto, de mi ensayo sobre el artículo 46 en la Constitución Política Comentada de Costa Rica, Mc Graw-Hill, 2001, para intentar justificar que en el mercado de las telecomunicaciones prevalece un monopolio natural. De hecho, toma del aludido texto, la definición de monopolio natural de los autores Fischer, Dornbusch y Schmalensee que cito de forma literal, si bien en su manipulación, me pone a decir, implícitamente, lo que nunca he dicho y, lo que es más grave, obvia señalar mi frase de cierre en ese tema, conforme a la cual “la existencia de un monopolio natural es relativa y dependerá de su demostración según las diversas variables de tiempo, espacio y tecnología al alcance, en un determinado momento y por ello está sujeto a constante revisión”. Precisamente en el caso de las telecomunicaciones, hoy es indiscutible que no existe un monopolio natural. La discusión ha estado en el diseño de la legislación que permita la igual y libre competencia y beneficie al usuario con más variedad, mejor calidad y menores precios.

Por la honestidad en el debate, lamento mucho la falsa y manipulada alusión de mi dicho que hacen, respectivamente, los señores Carazo y Fumero. La opinión pública es merecedora de respeto. La discusión debe ser seria y de buena fe.

Por María Lourdes Echandi
Tomado de la Nación