miércoles, 19 de noviembre de 2008

Sobre los fundamentos de las Ciencias humanas: la explicación en las ciencias sociales (La racionalidad y el status del principio de racionalidad)


En este artículo intentaré examinar el problema de la explicación en las ciencias sociales, comparándole y oponiéndole brevemente al problema análogo que se plantea en las ciencias naturales. La tesis que sostengo es que las explicaciones de las ciencias sociales son muy semejantes a algunas explicaciones del campo de las ciencias físicas, pero que plantean también problemas que no reencuentran en las ciencias naturales. Comenzaré por establecer una distinción entre dos tipos de problemas de explicación o previsión. Una primera categoría de problemas consiste en explicar a prever un acontecimiento singular o un pequeño número de tales acontecimiento; un ejemplo tomado de las ciencias naturales sería el siguiente: "¿Cuándo tendrá lugar (o tendrán lugar) el próximo eclipse de luna (los dos o tres próximos eclipses de una)?". Veamos un ejemplo tomado de las ciencias sociales: "¿Cuándo tendrá lugar el próximo incremento del porcentaje de paro en los Midlands, o en el oeste del Ontario?"

La segunda categoría de problemas consiste en explicar o prever una especie o un tipo determinado de acontecimientos; un ejemplo tomado de las ciencias naturales sería el siguiente: "¿Por qué los eclipses de luna se producen de modo repetido, y solo en plenilunio?" Veamos un ejemplo tomado de las ciencias sociales: "¿Por qué constatamos alzas y bajas estacionales de empleo en la industria de la construcción?" La diferencia entre estas dos categorías consiste en que se pueden resolver los problemas de la primera sin construir un modelo, mientras los problemas de la segunda son mucho más fáciles de resolver con la ayuda de un modelo. Ahora bien, me parece que en las ciencias sociales teóricas, no es nunca posible prácticamente responder a preguntas de la primera categoría. Las ciencias sociales teóricas se sirven casi siempre de un método que consiste en construir situaciones o condiciones tipo, es decir, del método reconstrucción de modelos. (Esta observación está ligada al hecho de que en las ciencias sociales, y según la terminología de Hayek, se encuentran menos "explicaciones de detalle" y más "explicaciones de principios" que en las ciencias físicas). Es importante darse cuenta plenamente de la estrecha similitud de las explicaciones en el campo de las ciencias sociales por un lado, y de explicaciones en el campo de las ciencias naturales, por otro. Admitamos, por lo que respecta a las ciencias naturales, que deseáramos explicar el que tenga lugar repetidamente eclipses de luna. En este caso podemos construir un modelo mecánico concreto o referirnos a un croquis en perspectiva. Para el objeto limitado que nos proponemos el modelo puede ser muy rudimentario. Puede consistir en una lámpara fija, una esferita de madera que dé vueltas en círculos alrededor del sol, y una luna que gira alrededor de la tierra. Pero hay un punto esencial: sería necesario que los planos de los dos movimientos estén inclinados el uno hacia el otro de forma que se obtengan precisamente eclipses lunares en ciertos momentos, pero no en todos los plenilunios. Un examen crítico de nuestro modelo rudimentario mostraría, sin embargo, un nuevo problema: "¿cómo se mueve la tierra y la luna en el mundo real?"; y a través de este problema podríamos llegar a las leyes de Newton. Sin embargo, no es absolutamente necesario introducir en nuestra solución condiciones iniciales: mientras que no se trate más que de problemas de la segunda categoría (explicaciones de tipos de acontecimientos), las condiciones iniciales pueden ser enteramente sustituidas por la construcción de un modelo que, podríamos decir,), las condiciones iniciales típicas. Pero si queremos poder en movimiento o en acción el modelo, por así decirlo, si queremos animarle, esto si, queremos representar el modo en que los diferentes elementos del modelo actúan unos sobre otros, entonces debemos recurrir a leyes universales (en el presente caso a las leyes de Newton). Esto por lo que respecta a las ciencias naturales. En el caso de las ciencias sociales, he adelantado en otro lugar (The Poverty of Historicism, 3.ª ed., Londres,1961. Trad. esp. Madrid, Taurus, 1961) la idea de que podemos construir nuestros modelos por medio del análisis situacional, que nos permite disponer de verdaderos modelos (claro está, rudimentarios) de situaciones sociales tipo. Y sostengo la tesis de que este es el único medio que poseemos para explicar y comprender los acontecimientos sociales.

Ahora bien, si el análisis situacional nos proporciona un modelo, se plantea el siguiente problema: ¿qué es lo que corresponde aquí a las leyes universales de Newton que, como hemos dicho, "animan" el modelo del sistema solar? O, en otras palabras: ¿qué es lo que "anima" al modelo de una situación social? El error cometido habitualmente en este punto consiste en suponer que, en el caso de la sociedad humana, un modelo social debe estar animado por el animus o la psique del hombre, y que aquí debemos, por esta razón, reemplazar las leyes de Newton, o bien por las leyes de la psicología humana en general, o bien tal vez por las leyes de psicología individual, que se aplican a los caracteres individuales que intervienen como actores en la situación considerada. Pero esto es un error, y por más de una razón. Para emperezar, en nuestro análisis situacional reemplazamos experiencias psicológicas completas por elementos situacionales abstractos y típicos, tales como "los fines" o "el conocimiento". En segundo lugar, lo importante en el método del análisis situacional es precisamente que nos baste, para "animar" este análisis, mantener la hipótesis de que las personas o agentes que intervienen actúan de modo adecuado o apropiado, es decir, conforme a la situación considerada. Debemos, naturalmente, recordar que la situación, en el sentido en que utilizo este término, contiene ya todos los fines y todos posconocimientos realizables que pueden ser importantes, en particular el conocimiento de los medios posibles de realizar estos fines. No estamos por tanto en presencia más que de una ley de animación –el principio de una acción apropiada a la situación; por supuesto es un principio casi vacío. Este principio es conocido bajo el nombre de "principio de racionalidad", término que ha conducido a innumerables malentendidos.

Si se considera el principio de racionalidad bajo el ángulo que he adoptado aquí, se constatará que tiene poco o nada que ver con la afirmación de orden empírico o psicológico según el cual los hombres actúa siempre, o en general, de modo racional. Por el contrario, el principio aparece como un aspecto, o una consecuencia, del postulado metodológico según el cual debemos envolver o comprimir todo nuestro esfuerzo teórico, toda nuestra teoría explicativa, en el análisis de la situación –en el modelo.


Si adoptamos este postulado metodológico, resulta que la ley de animación se va a convertir en una especie de de principio del punto cero. En efecto, el principio puede enunciarse en los siguientes términos: cuando hemos construido nuestro modelo, nuestra situación, solo suponemos una cosa y ni una más. A saber, que los actores obran en el cuadro del modelo, o que "sacan las consecuencias" de lo que está implícito en la situación. Hay que subrayar que a esto es lo que alude el término de "lógica situacional".


La adopción del principio de racionalidad puede ser considerada, por tanto, como el subproducto de un postulado metodológico. Este principio no desempeña el papel de una teoría empírica explicativa, o de una hipótesis contrastable. Porque en este campo, las teorías explicativas, o las hipótesis, consisten en nuestros diferentes modelos, en nuestros diferentes análisis situacionales. Son los modelos o las situaciones los que pueden ser más o menos válidos en el plano empírico, los que pueden ser discutidos y criticados, y cuya validez puede incluso alguna vez efectivamente sometida a contraste. Lo que puede ser refutado por una contrastación empírica es nuestro análisis de una situación empírica concreta, y de esta manera permitirnos sacas enseñanzas de nuestros errores científicos.


No es fácil, es preciso reconocerlo, encontrar contrastaciones para un modelo; y sus resultados no son generalmente muy claros. Pero esta dificultad se presenta igualmente en las ciencias naturales. Está ligada, por supuesto, al hecho de que los modelos son siempre y necesariamente rudimentarios, de que son siempre y necesariamente simplificaciones esquemáticas. Su carácter rudimentario lleva consigo un grado comparativamente débil de contrastabilidad; en efecto, es difícil decidirse la desviación que se observa es solo debida al carácter necesariamente rudimentario del modelo, o si indica un fracaso, una refutación del modelo. En todo caso a veces se puede decidir mediante una contrastación cuál es el mejor entre dos modelos que compiten. Y en las ciencias sociales, la investigación histórica puede algunas veces suministrar contrastaciones para un análisis situacional.


Ciertamente el principio de racionalidad no desempeña el papel de una proposición empírica o psicológica, y más particularmente si no es tratado en las ciencias sociales como el sujeto de una categoría cualquiera de contrastaciones; seguramente las contrastaciones, cuando existen, sirven para juzgar un modelo determinado, un análisis situacional particular, del cual constituye parte integrante el principio de racionalidad. Pero si la contrastación permite decidir que un cierto modelo es inferior a otro, debemos constatar que los dos modelos funcionan basados en el principio de racionalidad, de tal manera que no tenemos ninguna posibilidad de someter a contraste el principio mismo.


Esta observación permite, pienso, comprender por qué se ha afirmado a menudo que el principio de racionalidad era un principio a priori. Y en efecto, ¿si no es empíricamente refutable, qué otra cosa podría serrino válido a priori?


La cuestión planteada tiene un considerable interés. Los que pretenden que el principio de racionalidad es a priori, quieren decir, por supuesto, que es válido a priori o verdadero a priori. Pero me parece completamente seguro que se equivocan. En efecto, el principio de racionalidad me parece con certeza falso, incluso en su formulación más general, laque hemos adoptado aquí, que puede enunciarse del modo siguiente: "Los individuos obras siempre de un modo adaptado a la situación en que se encuentran".


Creo que se puede ver muy fácilmente por qué. Basta observar a un automovilista nerviosos, que trata desesperadamente de estacionar cuando no hay ningún sitio libre, si queremos asegurarnos de que no obramos constantemente de acuerdo con el principio de racionalidad. Además, existen diferencias personales, visiblemente importantes, no solo en los conocimientos y las aptitudes –estas forman parte de la situación-, sino en la evaluación o en la comprensión de una situación dada; y esto significa que algunas personas van a obrar de forma adaptada, y otras no.


Pero un principio que no es universalmente verdadero es falso. Por consiguiente, el principio de racionalidad es falso. Me parece que no hay manera de escapar de esta conclusión. Por tanto debemos constatar que no es válido a priori.


Ahora bien, si el principio de racionalidad es falso resulta que una explicación basada en la unión de este principio y de un modelo debe ser falsa también, incluso si el modelo de que se trata es verdadero.
Pero ¿este modelo puede ser verdadero? ¿Y se puede decir de un modelo cualquiera que es verdadero? No es esta mi opinión. Todo modelo, tanto en física como en las ciencias sociales, es necesariamente una simplificación radical. Por necesidad, debe omitir muchas cosas, y exagerar muchas otras.

Sin embargo mis opiniones sobre el principio de racionalidad han sido muy criticadas. Se me ha preguntado sino había una cierta confusión entre lo que decía sobre el status del "principio de la acción adaptada a la situación" (es decir, mi versión personal del "principio de racionalidad"); se me ha hecho observar, muy justamente, que me era preciso decidir silo consideraba como un principio metodológico o como una hipótesis empírica. En el primer caso se comprendería que no pueda ser verificado empíricamente, y se sabría por qué; se vería también por qué no podría ser empíricamente falso (y no podría constituir una parte de un conjunto metodológico, eficaz o no). En el segundo caso, el principio se convertiría en parte integrante de las diversas teorías que existen en las ciencias sociales –la parte animadora de cada modelo social. Pero entonces debería ser considerado como perteneciente ala teoría empírica, debería ser sometida a tests al mismo tiempo que el resto de la teoría y rechazado si obtenemos ese resultado.


Este segundo caso es el que corresponde a mis opiniones sobre el status del principio de racionalidad; considero el principio de la acción adaptada(es decir, el principio de racionalidad) como parte integrante de toda, o casi toda, teoría contrastable en las ciencias sociales.
Ahora bien, si una teoría es sometida a contrastación, y no la pasa, tenemos siempre que escoger aquella parte, entre las diversas que la componen, a la que hacemos responsable de este fracaso. Mi tesis es la siguiente: una buena práctica metodológica consiste en no declarar responsable al principio de racionalidad, sino al resto de la teoría, es decir al modelo.

De esta forma puede incluso parecer que, en nuestra búsqueda de las mejores teorías, tratamos el principio de racionalidad como si fuera un principio lógico o metafísico que escapa a la refutación, infaltable o válido a priori. Pero esta apariencia es engañosa. Como he indicado hay buenas razones para pensar que el principio de racionalidad, incluso en mi formulación mínima es de hecho falso –aunque constituya una buena aproximación de la realidad. No se podrá decirpor tanto que lo considero como válido a priori.


Inversamente, sostengo que una buena política, una buena práctica metodológica, consiste en renunciar a acusar al principio de racionalidad del fracaso experimentado por nuestra teoría: tendremos más que aprender si, por el contrario, examinamos nuestro modelo situacional.
El principal argumento a favor de esta política consiste en que nuestro modelo es mucho más interesante y rico en informaciones y que es más fácil de someter a contraste que el principio de la adaptación de nuestras acciones. Aprendemos muy poco si constatamos que el principio no es estrictamente verdadero: ya lo sabíamos. Además, aunque sea falso, está en general suficientemente próximo de la realidad; la consecuencia es la siguiente: si podemos refutar empíricamente nuestra teoría, el resultado negativo de la contrastación será, en general, bastante neto, y aunque el principio de racionalidad pueda ser una de las causas entre otras, la responsabilidad principal corresponde normalmente al modelo. Un tercer argumento es que toda tentativa de reemplazar el principio de racionalidad por otro conduce a una arbitrariedad total en la construcción de nuestros modelos. Y finalmente, no debemos perder de vista que no podemos contrastar una teoría más que en bloque, y que la contrastación consiste en encontrar la mejor entre dos teorías que pueden tener muchos elementos comunes; ahora bien, la mayor parte de las teorías tienen en común el principio de adaptaciones de las acciones.

Sin embargo, ¿no ha dicho Churchill en The World Crisis, que las guerras no se ganan nunca, sino que solamente se pierden –es decir, que en realidad no son más que concursos de incompetencia? ¿Y esta observación nonos conduce a una categoría determinada de modelos de situaciones históricas tipo: una categoría de modelos que no estarían animados por el principio de racionalidad o de adaptación de nuestros actos, sino, por el contrario, por un principio de inadaptación?


En realidad, la frase de Churchill significa que la mayor parte de los jefes de guerra no están a la altura de su tarea, y no que sus actos no puedan ser considerados (por lo menos con un buen grado de aproximación) como adaptados a la situación tal y como la ven.


Para comprender sus actos (inadaptados) es necesario reconstruir una visión de la situación más amplia que laque poseen. Y mediante esta reconstrucción más amplia debemos poder discernir cómo y por qué la situación tal como la veían (con su experiencia limitada, sus objetivos timoratos o demasiado desmedidos, su imaginación pobre o demasiado activa) les ha conducido a obrar tal y como han hecho, es decir de una manera adaptada a su visión inadaptada de la estructura situacional. Churchill mismo utiliza este método de inter-análisis con gran éxito, por ejemplo en su minucioso análisis del fracaso sufrido por el equipo Auchinleck-Ritchie (volumen VI de La segunda guerra mundial).


Es interesante constatar que sacamos partido del principio de racionalidad, hasta el límite en que es posible, cada vez que tratamos de comprender un acto, incluso el acto de un loco. Nos esforzamos por comprender los actos de un loco, en la medida de lo posible, por medio de sus objetivos (que en realidad pueden provenir de una manía) y por la "información"en base a la cual actúa, es decir, por sus convicciones (que en realizad pueden ser obsesiones, en otras palabras, teorías falsas conservadas en un modo tan tenaz que llegan a ser prácticamente incorregibles). Explicando de esta forma los actos de un loco nos referimos a un conocimientos más amplio de la situación- problema, que engloba la visión más limitada de esta situación- problema, que posee>; y si comprendemos sus actos, quiere decir que vemos cómo están adaptados a su visión (su visión errónea y demente) de la situación- problema.


De esta manera podemos incluso tratar de explicar cómo ha podido llegar a tal visión errónea, cómo algunas experiencias han turbado su visión del mundo que era inicialmente correcta, y le han conducido a adoptar otra-y esta otra visión es la más racional que haya podido hacerse con la información de la que disponía. Podemos también intentar explicar por este camino cómo le ha sido necesario fijar irremediablemente su nueva visión de las cosas, y esto precisamente porque esa visión fracasaría en la práctica mediante observaciones empíricas contrarias, y que estas observaciones le dejarían, le parece, totalmente desprovista de toda interpretación del mundo que merodea; y esta es una posición que es preciso evitar a todo precio desde un punto de vista racional, puesto que entonces ninguna acción racional podría emprenderse.


Se ha dicho a menudo que Freíd había descubierto la irracionalidad humana; pero esto es una interpretación falsa, y además muy superficial. La teoría freudiana del origen normal de las neurosis se inserta perfectamente en nuestro esquema, es decir en un esquema de explicaciones construidas con ayuda de un modelo situacional al que se añade el principio de racionalidad. En efecto, Freíd explica una neurosis como una actitud adoptada en la primera infancia porque constituía la mejor salida disponible para escapar a una situación que el niño era incapaz de comprender y a la que no sabía hacer frente. De esta forma la adopción de una neurosis se convierte en un acto racional del niño –tan racional, por ejemplo, como el acto de un hombre adulto que, al echarse para atrás cuando se encuentra en peligro de ser atropellado por un coche, choca con un ciclista. Es un acto racional en el sentido que el niño ha elegido lo que le parecía imponerse inmediatamente, de forma evidente o tal vez constituirla menos mala, la menos intolerable de dos posibilidades existentes.


Del método freudiano en terapia diré solamente aquí que es todavía más racionalista que su método de diagnóstico o de explicación; en efecto, está fundado sobre la hipótesis de que a partir del momento en que un hombre comprende enteramente lo que le ha sucedido en su infancia, su neurosis va a desaparecer.


¿Pero si nos explicamos de esta forma todas las cosas en función del principio de racionalidad, no corre éste el riego de convertirse en tautológico? En absoluto; en efecto, una tautología es evidentemente verdadera, mientras que empleamos el principio de racionalidad simplemente como una buena aproximación de la realidad, reconociendo al mismo tiempo que no es verdadero.


Se dirá todavía: ¿en estas condiciones cuál es la distinción entre racionalidad e irracionalidad? ¿Entre salud mental y enfermedad mental?
Esta pregunta es importante. La diferencia principal, me parece, depende de que las ideas de una persona en buena salud mental no son imposibles de corregir: una persona en buena salud muestra siempre una cierta disposición a revisar sus opiniones. Puede no hacerlo más que de mala gana, pero sin embargo es capaza de corregirlas bajo la presión de los acontecimientos, de opiniones sostenidas por otros, y de argumentos críticos.

Si sucede así, podemos decir que la mentalidad del hombre que tiene opiniones bien fijadas, del hombre "comprometido", está emparentada con la del loco. Puede suceder que todas las opiniones bien fijadas de nuestro hombre estén "adaptadas", en el sentido de que coinciden efectivamente con la mejor solución posible en el momento en que han sido concebidas. Pero en la medida en que está comprometido, no es racional: rechazará toda variación, toda revisión. Como no puede estar en posesión de la verdad exacta (nadie lo está),llegará hasta negarse a corregir con un espíritu racional incluso las opiniones cuya falsedad es evidente. Y se negará incluso cuando, durante su vida, la sociedad acepte la revisión de estas ideas.


Por esto, cuando los que glorifican el compromiso y la fe ciega se presentan bajo el nombre de irracionalistas (o post-racionalista), estoy de acuerdo con ellos. Son irracionalistas, incluso si son capaces de razonar. Porque se encuentran orgullosos de hacerse incapaces de romper su concha, de hacerse a sí mismos prisioneros de sus manías. Se privan espiritualmente de libertad, por un acto explicable (según los psiquiatras), en sentido de acto racionalmente comprensivo. Se puede comprender, por ejemplo, como un acto cometido por temor –temor de ser forzado por la crítica a abandonar una idea a la que se agarran porque constituye (o porque creen que constituye) la base de toda su vida. (El "compromiso libre" y el fanatismo –que, como se sabe, puede aproximarse a la locura- están ligados de la forma más peligrosa.)


Resumiendo: es necesario distinguir entre la racionalidad como actitud personal (de la cual, normalmente, todos los hombres sanos de espíritu son capaces) y el principio de racionalidad.
La racionalidad como actitud personal consiste en la disposición para corregir nuestras ideas. En su forma más desarrollada, intelectualmente, es una disposición para examinar nuestras ideas con espíritu crítico, y para revisarlas a luz de una discusión crítica con otro. El "principio de racionalidad" por su parte, no tiene nada que ver con la hipótesis según la cual los hombres son racionales en este sentido y adoptan siempre una actitud racional. Constituye en realidad un principio mínimo (porque supone simplemente la adaptación de nuestros actos a nuestras situaciones-problema tal como las vemos), que anima casi todos nuestros modelos situacionales explicativos y que, aunque sepamos que no es verdadero, consideramos con cierta razón como buena aproximación. La adopción de este principio reduce considerablemente el carácter arbitrario de nuestros modelos; un carácter arbitrario que llegaría a convertirse en una verdadera actitud caprichosa si intentamos construir los modelos prescindiendo de él.

Karl Popper


martes, 18 de noviembre de 2008

El problema del ambiente son los ambientalistas


En Extra del 28 de octubre de este año, uno de sus colaboradores opina que “Arias quiere extinguir la lapa verde” al autorizar la explotación del oro en Las Crucitas. La razón que esto tiene que ver conmigo es que, por mi reciente artículo “Algo sigue podrido en Costa Rica” (La Nación , Página Quince , 1/11/08), varios ambientalistas me enviaron correos electrónicos castigándome porque defendí esa explotación.

Uno de ellos me increpó diciendo que don Pepe (Figueres), “jamás” podía haber defendido el contrato de ALCOA y la explotación del bauxito a “cielo abierto” como en Las Crucitas. Pues esto fue lo que declaró: “Es lamentable que los estudiantes se dejen caer en una mala causa... felicito a los diputados que votaron a favor por su patriotismo... que no se dejen intimidar por los demagogos... no podemos temer por muchedumbres”.

Medias verdades. En 1962 se publicó el libro Silent Spring de Rachel Carson, el cual desató una cruzada del movimiento ambientalista en Estados Unidos al documentar que rociar DDT en forma masiva amenazaba terminar con el águila calva. Los ambientalistas estaban en lo cierto cuando advirtieron que el uso irrestricto del DDT representaba una amenaza de extinción para esas aves, y, bajo el liderazgo de Greenpeace , lograron que se restringiera su uso, especialmente en el mundo subdesarrollado. Sin embargo, el resultado de esta cruzada fue que la malaria mató más de un millón de personas al año, 800.000 de ellos niños y jóvenes en África.

Ni Greenpeace ni los otros grupos ambientalistas han admitido su culpabilidad en este genocidio y siguen adelante fomentando otras medias verdades con igual pasión y con similares resultados.

Otra bandera ambientalista, “la bomba de la población” tampoco probó ser cierta. La población mundial está creciendo, es cierto, pero la producción agrícola per cápita ha aumentado, y el número de personas que se enfrentan a una hambruna en el mundo, en lugar de aumentar, ha disminuido. En los años 70, el ambientalismo trató de convencer al mundo de que el oleoducto de Alaska devastaría el hato de caribú en el Ártico central, otro de los animales sagrados del grupo. No obstante, como en tantas otras ocasiones, la realidad demostró que el hato de caribú y el de aves migratorias creció y sigue creciendo.

Respetados científicos señalaban en 1975 que venía una “pequeña Edad de Hielo” incluyendo la famosa National Academy of Science . Pero, apenas veinte años más tarde, ya no era el frío sino el calor lo que amenazaba al planeta Tierra.

Credibilidad debilitada. Las contradicciones o la falsedad de muchas de estas denuncias, con el tiempo, ha debilitado la credibilidad no solo de estos grupos ambientalistas, que no tendría mucha importancia, sino de la comunidad científica.

Aquí en Costa Rica, ambientalistas tropicales argumentan que salvar la lapa verde tiene prioridad a darle de comer a 250 familias. Hacen a un lado la verdad de que el hombre no es el siervo de la tierra. No es el siervo ni de la bauxita de Pérez Zeledón ni del oro de Las Crucitas. Ni de los pájaros ni de las lapas verdes.

El científico Bjorn Lomborg piensa que “lamentablemente, tendemos a centrarnos apenas en algunos de los problemas más importantes del planeta, y como resultado, nos formamos una visión distorsionada del mundo”. El ambientalismo es una extravagancia de las sociedades ricas. Para los pobres, para quienes la supervivencia cotidiana es una lucha a muerte, las actividades de los ambientalistas deben parecerles una banal y superflua quijotada.

Es necesario establecer prioridades libre de prejuicios y la primera es ver al planeta Tierra completo, en su conjunto. Esto se logrará el día en que las sociedades occidentales, finalmente, descubran el daño que los ambientalistas le han hecho al establecimiento de estas prioridades y obliguen a sus líderes políticos a darle otro enfoque a la tarea de proteger el planeta Tierra. Hasta la fecha, el mayor problema ambiental han sido los ambientalistas.

Jaime Gutiérrez Góngora

En defensa del liberalismo


La crisis financiera ha atizado el debate ideológico. Algunos han pregonado la muerte del capitalismo. Se ha resucitado aquella profecía marxista de que el capitalismo cavaría su propia tumba. Algo similar ocurrió durante la Gran Depresión, que se inició en 1929. El llamado, en ese entonces, tuvo consecuencias políticas nefastas. Esta vez no ocurrirá lo mismo. Si el marxismo cavó su propia tumba con la caída del muro de Berlín, el liberalismo, y también la economía, están back to basics. Y esto es alentador.

Para aquellos que aún no creen en Darwin, y apelan a una suerte de creacionismo, la primera gran crisis financiera ocurrió cuando Eva mordió la manzana. A lo largo de la historia siempre han existido crisis financieras. Son un duro ejemplo de la destrucción creativa, esa característica que, según Schumpeter, es inherente al capitalismo.

El oportunismo político generado por la crisis ha elevado voces para aumentar el rol del Estado. Pero en Chile necesitamos urgentemente un mejor Estado, no más Estado. Pululan los llamados a una mayor regulación. Pero lo que necesitamos es mejor regulación, no más regulación.

Lo que ha ocurrido en esta crisis sería, para algunos, una falla del mercado. Para otros una falla del Estado. Incluso nuestra Presidenta salió a la palestra apelando a uno de los siete pecados capitales: la codicia. Lo cierto es que son muchos los factores que incidieron en esta crisis. Pero atribuir la crisis a una falla del mercado es simplemente no entender lo que significa el mercado.

Recientemente La Tercera publicó una polémica columna de Paul Samuelson, donde se refería al ponzoñoso legado del laissez faire de Friedman y Hayek. A sus 93 años, el autor del clásico “Foundations of Economic Analysis” (1947) y del texto de Introducción a la Economía más popular del siglo XX, sigue activo en el debate de las ideas. Este reconocido economista recibió el PremioNobel en 1970, lo que no es garantía de infalibilidad. Me temo que esta vez su afirmación carece de fundamentos. Aunque Rolf Lüders, en este mismo medio, rebatió algunos puntos de Samuelson en defensa del monetarismo, conviene revisar otras ideas.

Samuelson desde el MIT, y Friedman desde Chicago, tuvieron serias diferencias políticas. Estas se plasmaron, por ejemplo, en cientos de agudas columnas de opinión en Newsweek. Un economista liberal (en la tradición americana) ligado a la economía neoclásica moderna, contra un economista libertario defensor acérrimo de la libertad individual y del monetarismo. Dos colosos intelectuales. Y no olvidemos a Hayek. Un peculiar economista austriaco, influenciado por la tradición liberal anglosajona. Otro coloso intelectual que tenía, dicho sea de paso, serias diferencias tanto con Samuelson como con Friedman.

¿Es el legado de Friedman y Hayek responsable de la actual crisis? No debemos reducir el legado de estos grandes pensadores al laissez faire. Sería interpretarlos erróneamente. Defendían el libre mercado, pero con reglas. Y en el entendido de que existiera competencia. En el mercado todos jugamos este partido de fútbol en igualdad de condiciones. La cancha está bien delineada. No jugamos bajo el gobierno de la ley de la selva. Las patadas y los puñetes están prohibidos. Hay límites, reglas y también árbitros. En esta crisis, ¿fallaron quiénes defendían un juego competitivo?

En el caso de Hayek las reglas del juego eran su gran preocupación. El mercado coordina, de manera eficiente, la propensión natural del hombre a intercambiar. Desde el primitivo trueque, el hombre ha intercambiado para satisfacer sus necesidades. Pero el mercado no sólo es el lugar donde ocurre el intercambio. Está la competencia, el fenómeno social y económico que le da vida al mercado.

Un mercado competitivo se caracteriza por la transparencia. Si no hay competencia, hay fenómenos de captura que impiden que la información sea conocida por todos. La corrupción es sólo un ejemplo. Si hay competencia sin transparencia, equivale a no jugar con las mismas reglas. Algunos han argumentado que en esta crisis hubo exceso de libertad. Si la libertad individual es el principio fundamental de liberalismo, ésta también exige responsabilidad. Quizá Friedman y Hayek habrían dicho que en esta crisis hubo irresponsabilidad e incompetencia, no sólo de las clasificadoras de riesgo, sino también de las autoridades políticas.

En la burbuja del South Sea Company, Newton perdió una fortuna con sus acciones. Aparentemente dijo que podía predecir el movimiento de los cuerpos celestiales, pero no la locura de la gente. Al parecer algo similar está ocurriendo con esta crisis.

Leonidas Montes

lunes, 17 de noviembre de 2008

Frase del Día

Quien exija repartir la riqueza sin haber regalado sus propios recursos a los pobres es un demagogo.

Tema polémico: Quo vadis Movimiento Libertario


En ASOJOD ponemos especial atención a la labor del Movimiento Libertario porque es el único partido político en Costa Rica que, al menos de la boca para afuera, se dice defensor de las ideas de la libertad, con las cuales nos comprometemos firmemente nosotros.

Creemos que debido a que las posiciones y actuaciones de este partido son identificadas por los electores como "lo liberal" y a que ni la Juventud Libertaria ni algún otro órgano del partido está fiscalizando la coherencia entre acción e ideas, corresponde a ASOJOD, dado su compromiso con la libertad, denunciar las desviaciones y/o reconocer los méritos. Por esta razón, el tema polémico de esta semana tiene que ver con el Movimiento Libertario, concretamente con pasar revista a las camadas de diputados que han llegado a la Asamblea y lo que podríamos esperar a futuro.

Recapitulemos. En 1998, Otto Guevara se convirtió en el primer diputado libertario y, a pesar de sus posiciones radicales y puramente libertarias, se ganó el título de mejor diputado, según encuesta entre periodistas, durante los cuatro años que estuvo en la curul.¿Cómo un diputado con ideas liberales es además un diputado popular? Muy fácil, defendiendo las más populares de las ideas puramente libertarias: no se puso a defender de primero la libertad para usar drogas o la privatización de la salud (ideas ambas que apoyamos en ASOJOD) sino que usó las ideas electoralmente más rentables: defender a los porteadores y a los vendedores de lotería, es decir, a las personas que hacían negocios con otros basados en el mutuo consentimiento y provecho.

Gracias a la exitosa labor de Guevara, la gente premió al Movimiento Libertario con seis diputados en la siguiente elección. Pero no todo fue color de rosa para este partido: desde el punto de vista ideológico, los diputados libertarios (salvo Federico Malavassi y Carlos Salazar, dejaron mucho que desear, máxime el ex diputado Salas, quien abandonó la fracción, declarándose independiente y luego contribuyó con el incremento de pensión de su querido hermano gemelo, dándole su curul por unos meses. Estamos de acuerdo que el mejor diputado no siempre es el más puro ideológicamente, pues además de conocimiento de los valores que dice defender, debe tener otras caracteristicas como don de convencimiento, capacidad de negociación, carisma, creatividad, honestidad intelectual y buen asesoramiento.

Con su excelente labor, Malavassi y Salazar le lavaron la cara al partido. Pero, evidentemente, el Movimiento Libertario no aprendió la lección: en vez de solventar las penas, se decidió entrar en un proceso de "apertura de puertas" para atraer más gente, lo que, por supuesto, redundó en un relajamiento del componente ideológico. Si en el periodo 2002-2006, a nivel legislativo el partido creció en un 600% respecto al cuatrenio 1998-2002, en la legislatura actual, la representación libertaria en el Congreso no aumentó ni un ápice respecto a la anterior. Ergo, la "moderación" no produjo más curules.

Es importante reconocer algo: la camada actual de diputados cuenta con el diputado ideológicamente mejor formado de la historia del partido: Mario Quirós. Por su parte, el actual Jefe de Fracción, Luis Barrantes, también hace un aporte neto positivo y Mario Núñez al menos es un caso de obedecimiento pasivo al presidente del partido (mucho mejor que la traicionera rebelión de Evita Arguedas). Los diputados Agüero y Gutiérrez francamente ya se pueden contar como los grandes fracasos de esta vez.

¿Qué nos deparará el 2010? En ASOJOD consideramos que el mal desempeño de los diputados libertarios (salvo Quirós y Barrantes) podría provocar que la gente pase la factura electoral y que esto redunde en una reducción de la representación parlamentaria del Movimiento Libertario. El partido podría lograr un diputado por San José, uno por Alajuela y tal vez uno por Cartago, Heredia y/o Limón. Pero si obtiene cuatro escaños, obtendrá mucho.

La próxima fracción tiene que tener suficiente coherencia ideológica y mucha mayor capacidad de manejo político en la Asamblea. A pesar de que algunos se perfilan como buenos representantes libertarios, nos preocupa pensar que son la minoría, por lo que esperamos que los libertarios reflexionen y sean más responsables en sus elecciones. De no hacerlo, podemos irnos olvidando del partido, lo cual en ese caso tampoco sería tan malo.


domingo, 16 de noviembre de 2008

Crisis financiera: entrevista Xavier Sala i Martín


Se ha puesto de moda hablar de "Regulación" y "Supervisión" y de "Intervención Pública" y de "Fracaso del Liberalismo". ¿Es el episodio actual un fracaso del liberalismo y un triunfo del intervencionismo?


Para responder esta pregunta hace falta entender cual es el problema y que lo ha originado. El origen de la crisis financiera actual se remonta al 2000-2001, después de la caída de la burbuja de las punto-com. Entonces, para evitar que la bolsa bajase, el supuesto gran "Maestro" (Allan Greenspan) rebajó los tipos de interés a casi cero. El objetivo de Greenspan era que la gente no saliese disparada de la bolsa y se fuese al campo de los bonos de rentabilidad fija (cosa que hundiría todavía más la bolsa) y, por tanto, hizo que la rentabilidad fija fuese casi nula.


Esto hizo que los créditos hipotecarios "normales" no fuesen interesantes (porque daban un interés de casi cero) y los bancos se tuviesen que buscar la vida en otros mercados. Uno de estos mercados resultó ser el de la gente con riesgo elevado de no devolver el dinero, es decir, el sector "subprime" o gente con bajos ingresos y con dificultades para devolver la hipoteca. Como esta gente no encontraba un financiamiento "normal", se les pudo dejar prestado a un tipo de interés un poco más elevado.


Por tanto, por un lado tenemos que el primer problema (el de las subprime) no lo causa el libre mercado, sino el representante del estado en la política monetaria: el banco central de los Estados Unidos (el banco de la reserva federal) con el gran Greenspan en cabeza. El segundo gran problema que tenemos ahora es el de la excesiva seguridad de los bancos. Es decir, cuando los bancos dan un crédito, no se quedan el contrato de la hipoteca en un cajón sino que lo empaquetan con otras hipotecas, crean un nuevo activo financiero con grupos de hipotecas y lo venden a algún inversor a cambio de dinero. Este dinero el banco lo vuelve a prestar en forma de crédito hipotecario a otras familias y las hipotecas resultantes se vuelven a empaquetar y se vuelven a vender. Esto se hace una, dos, tres, cien y mil veces. La titulización, que los bancos han hecho siempre, ahora ha sido de forma acelerada y exagerada. ¿Os preguntáis porqué? Pues hay diversas explicaciones. Una es, de nuevo, que los tipos de interés eran casi cero de forma que los bancos apostaron por dar créditos (a familias subprimes) con pequeños márgenes y, por tanto, si el margen era pequeño, lo que se tenia que hacer era multiplicar el número de créditos. Es decir, el modelo de negocio pasa a ser de "pocas ganancias por hipoteca... pero damos muchas hipotecas".


Una segunda razón que induce a los bancos a asegurar los créditos es la normativa de Basilea. La regulación de Basilea obliga a los bancos a tener unas básculas donde la cantidad de créditos concedidos sea solo una pequeña proporción del capital del banco. Esta norma, en principio, tendría que impedir que los bancos diesen demasiados créditos. Pero los bancos encontraron la manera de saltarse la norma.


El banco crea un fondo de inversión separado del banco (que se llama "conducido"). Este fondo va al mercado monetario, pide un crédito y con el dinero compra los paquetes de hipotecas al banco original. Fijaros que con esta operación, el balance del banco queda sin "créditos concedidos" y, en cambio, tiene dinero en la caja. La proporción de "créditos concedidos en relación a capital" pasa a ser cero y el banco pasa a cumplir el requerimiento de Basilea, la cual cosa le permite volver a conceder créditos. El banco, pues, hincha la bola de nieve, pero es a base de crear estas instituciones paralelas (los "conducidos") que cada vez están más endeudadas.


Conclusión, la aseguración masiva, que es uno de los grandes problemas de la crisis actual, no solo no ha sido evitada por la regulación sino que ha estado CAUSADA por la regulación. Es mas, la normativa de Basilea está contribuyendo a empeorar la crisis. ¿Por qué? Seguimos el hilo del argumento. Si la proporción entre créditos concedidos en relación al capital del banco tiene que estar por debajo de un determinado número, cuando el banco empieza a descapitalizarse (por culpa de la crisis), deja de cumplir el objetivo de Basilea.


¿Más regulación y más intervencionismo, arreglarán el problema?


Yo pienso que no. Fijémonos en tres ejemplos sacados de la crisis actual. ¿Quiénes son (o eran) las instituciones financieras más reguladas y más supervisadas del planeta tierra? ¿Adivinan? Pues Fannie Mae y Freddie Mac. De hecho, estaban tan reguladas y supervisadas que hasta se llamaban "Instituciones Tuteladas por el Gobierno" (en inglés, Government Sponsored Entities o GSE).


No hace falta decir que estas dos instituciones están en medio del problema ya que se dedicaron a comprar hipotecas por encima de sus posibilidades y a asegurar a inversores compradores de paquetes de hipotecas por encima de lo que era prudente. TODO ESTO CON LA SUPERVISION CONSTANTE DEL US SENATE BANKING COMMITTEE (Comité Bancario del Senado Norteamericano) presidido por el demócrata de Connecticut, Chris Dodd.


Por tanto, ni la supervisión ni la tutela extrema a la que han estado sometidas Fannie Mae y Freddie Mac han evitado la toma de decisiones erróneas y extremadamente arriesgadas. Siendo así, que nos hace pensar si la nueva regulación que se quiere imponer al resto del sistema financiero funcionará. Nota: los defensores del mercado hace años que están pidiendo al Senado que deje de intervenir porque esta intervención y protección constante hacía que los líderes de FM y FM se arriesguen demasiado. Al final tenían razón. Nota: La Oficina de Economía de la Casa Blanca pidió hasta 17 veces que se redujese la intervención desde el 2001. (http://www.whitehouse.gov/news/releases/2008/09/20080919-15.html)


Segundo ejemplo, en comparación con otros sectores del sistema financiero, la banca de inversiones está bastante regulada. ¿Recordáis la novela de Sherlock Holmes "El misterio de Silver Blaze"? El caballo Silver Blaze muere asesinado. Después de descartar a distintos sospechosos, Sherlock Holmes le dice a Watson: "¿No encuentra extraño el comportamiento del perro?" Y el Dr. Watson contesta: "¡Pero si el perro no ladró en toda la noche!". "¡Exactamente!", dijo Holmes, "y esto es lo que es realmente extraño. Si el asesino hubiese sido un desconocido, el perro hubieses ladrado y como no ladró, el asesino tiene que ser el cuidador del perro".


Pues bien, hay un sector que está muy poco regulado y que, al no sufrir demasiados problemas en esta crisis nos demuestra que la misma no está causada por la falta de regulación. Me refiero a los "hedge funds". El grado de regulación y de supervisión estatal a la que están sujetos estos fondos es muy inferior a la regulación y supervisión a la que se somete a la banca de inversiones. Esta es otra prueba de que más regulación no es garantía de menos crisis futuras.


Dicho esto, toda esta gente que propone mas regulación a partir de ahora, ¿exactamente que reglas proponen y quien se supone que ha de poner estas reglas?


El experimento comunista demuestra que no hay ningún burócrata, ningún funcionario, ni ningún político capaz de diseñar un sistema perfecto que tenga en cuenta todas las eventualidades posibles. Lo mismo ocurre en los Estados Unidos, que puede que a partir de ahora esté tan intervenido y con tanto poder por parte del Estado que se tendrán que llamar "Unión de Repúblicas Socialistas de América".


Esto también es aplicable al sector financiero: ningún burócrata, ningún funcionario, ni ningún senador del Comité de Banca sabe cómo reaccionaran los inversores frente las nuevas regulaciones, qué tipo de productos financieros se inventaran para saltarse las reglas. De la misma forma que se inventaron los "conducidos" para saltarse las reglas de Basilea. Tampoco saben por dónde vendrá la próxima crisis. Esta crisis ha cogido desprevenidos a los mejores expertos financieros del mundo. Los propios directores generales de los bancos -y eso que se jugaban mucho- han terminado perdiendo todas sus fortunas. ¿Alguien cree de verdad que un burócrata que trabaja de 9 a 5 en una oficina gris de Washington será capaz de diseñar un sistema regulador que evite una crisis que los expertos más expertos del mundo mundial no pueden ver a 12 meses vista?


Una pregunta para mis amigos de izquierdas (digo "amigos" de forma retórica ya que yo no tengo amigos de izquierdas aunque mi hermana, en su descripción del facebook dice que lo es): Exactamente, ¿cómo hubiesen regulado para evitar la crisis subprime? ¿Hubiesen hecho una ley que impidiese prestar dinero a las familias denominadas "subprime"? Supongo que saben que las familias subprime son familias pobres. Se dan cuenta de que esta ley habría de decir algo como: "Los bancos solo podrán dejar dinero a los ricos; los pobres, por tanto, estarán condenados a no poder comprar una casa propia a no ser que previamente hayan ahorrado durante 30 años". Y después dicen que los progresistas defienden los intereses de los pobres.


¿Es bueno el plan Bush para salir de la crisis? ¿Conseguirá los resultados deseados?


En pocas palabras, el plan Bush consiste en crear una institución pública, dotada de 700.000 millones de dólares, para comprar todos los activos que tienen hipotecas como garantía y que, como las hipotecas no se cobrarán, tienen un "valor de mercado muy bajo" (la clave aquí es "muy bajo"). De esta forma, esperan recapitalizar los bancos -que recibirán dinero del Gobierno- y "limpiarán" las balanzas de los bancos de los "agujeros" que tienen (un "agujero" es un activo con un elevado valor contable pero que a la hora de venderlo en el mercado abierto su precio es "muy bajo").


Una pregunta que nos tenemos que hacer es: en el mundo hay trillones de dólares que buscan ser invertidos, desde "hedge funds" hasta "sovereign wealth funds" (fondos creados por los gobiernos de los países productores de petróleo y de los gobiernos de China y Singapur para ser invertidos en otros sectores en el extranjero). Si hay tanto dinero por invertir, ¿por qué no compran estos activos de los bancos que tienen un "valor de mercado muy bajo"? Si están a precio de saldo, sería un gran negocio, ¿no? En otras palabras, ¿por qué no se hace una recapitalización "privada" de los bancos? (Respuesta: No los compran porque los bancos se niegan a vender a precio de saldo. Es decir, no aceptan que el valor de mercado sea "muy bajo" para los potenciales compradores. Y como no hay acuerdo no hay venta.


Dado que los bancos se niegan a aceptar las ofertas privadas hechas a un precio "bajo" por sus activos tóxicos, ¿qué hace pensar a Hank Paulson que aceptarán el "precio de mercado" del que habla su propuesta? La respuesta: ¡no lo aceptarán!, es decir, el Gobierno -realmente deberíamos decir el contribuyente- deberá pagar un precio POR ENCIMA DEL MERCADO. Dicho de otra forma, los impuestos de los contribuyentes serán como un subsidio para los financieros de Wall Street.


Esto no es solo injusto (la gente pobre subsidiando a la gente rica) sino que genera una inestabilidad macroeconómica peligrosa ya que, a corto plazo, estos 700.000 millones de dólares vendrán en forma de deuda -el gobierno no tiene el dinero a corto plazo y por tanto deberá pedir prestado-, hecho que presionará a la alza los tipos de interés mundiales (de entrada hoy el Euribor ya ha batido el record de la historia, con el prejuicio que esto causa a todas las familias del mundo que tienen hipotecas).


Pero esto no es todo. Todavía está el problema del azar moral. Que no es un problema de ahora pero será un problema en el futuro. De la misma forma que para salir de la crisis del 2001 se asentaron las bases de la burbuja que ha desembocado en la crisis financiera actual, la intervención pública masiva de ahora, proporciona calma a los mercados -que como he dicho al principio, han de ser ignorados- y esperanza, e incluso puede evitar una profunda recesión, pero puede estar sentando las bases para la futura crisis: está diciendo a los inversores que, en última instancia, siempre estará papá Estado para salvar el culo de los que se arriesgan demasiado. Es decir, el plan de Bush, además de ser caro y crear inestabilidad macroeconómica, puede estar sembrando la semilla de una futura crisis económica.


¿Hace falta realmente reformar el sistema? ¿Tan mal está la cosa?


Yo no estoy tan seguro. Sí, es cierto, hay familias subprime que no pueden pagar las hipotecas, pero la inmensa mayoría de estas familias POBRES ha accedido a la vivienda en propiedad, no gracias a un programa de caridad del gobierno sino gracias al mercado y al sistema financiero.


Es cierto, hay bancos que se han aventurado demasiado. Pero gracias a las innovaciones financieras como los CDOs, que permiten a las empresas pedir prestado dando como garantía una determinada fuente de ingresos –en lugar de dar como garantía todo el capital de la empresa-, lo cual ha permitido a estas empresas poder financiar proyectos con costes financieros muy inferiores. Esto ha generado lugares de trabajo, riqueza y progreso.


Es cierto, hay crisis ahora. Pero no debemos olvidar que hemos disfrutado de un periodo de crecimiento continuado durante ¡¡¡17 años seguidos!!!


Conclusión: para evaluar si hacen falta profundas reformas del sistema económico, no solo se han de analizar los problemas actuales, que claramente los hay, sino que hemos de mirar todos los aspectos positivos que ha tenido el sistema, que del mismo modo y claramente los hay. Puede que se hubiesen que cambiar -no añadir- algunas reglas, sobre todo aquella que obliga a los bancos a vender los créditos cuando viene una crisis económica, pero no hace falta ponerse nervioso porque el sistema que tenemos ya funciona suficientemente bien.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Viernes de recomendación: Los vicios no son delitos


El día de hoy hemos escogido el artículo de Lysander Spooner titulado "Los vicios no son delitos". En este texto, el autor hace una clara diferencia entre la reprochabilidad jurídica caracterísitca de los delitos y la reprochabilidad moral de los vicios recordándonos que ambos conceptos no son lo mismo y que equiparalos implicaría un autoritarismo moral por parte del Estado.

Además hace referencia la problemática de los "delitos sin vícitima" que en realidad terminan siendo imposiciones de la visión moral del Estado sobre los individuos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Memo al presidente electo Barack Obama


Felicitaciones por su historica victoria electoral, presidente electo Barack Obama. Ahora que ya está armando su gabinete y estudiando como resolver la crisis económica, permítame hacerle algunas sugerencias en un área que requerirá su atención mucho antes de lo que usted se imagina: Latinoamérica y el Caribe.

Está claro que, ante la enormidad de desafíos que hay en el plano interno, América Latina no estará en su lista de prioridades.

Pero una de las primeras cumbres internacionales a las que deberá asistir será la Cumbre de las Américas, de 34 países, que se celebrará entre el 17 y 19 de abril en Trinidad y Tobago. No tendrá más remedio que prepararse con tiempo para el encuentro, y llegar a la cumbre con una nueva agenda de Estados Unidos para la región.

Y también está claro que Latinoamérica nunca ha sido su punto fuerte. Como me dijo usted mismo la primera vez que lo entrevisté, en el 2007, nunca ha visitado la región. Y cuando le pregunté en esa entrevista cuáles eran los tres presidentes latinoamericanos que más respetaba, se quedó petrificado, y no pudo recordar el nombre de ninguno de ellos. (Para ser justo, debo agregar que cuando lo entrevisté más recientemente usted mencionó a varios mandatarios regionales por su nombre.)

Así que permítame darle algunas sugerencias que pueden ayudarlo a cumplir su promesa electoral de renovar el liderazgo de Estados Unidos en las Américas.

En primer lugar, sea usted mismo. No pose para los fotógrafos con un sombrero mexicano, como sus predecesores. Tiene usted una oportunidad tremenda para ganarse la simpatía de la región por el hecho de ser el primer presidente negro del país, por haber crecido en parte en el extranjero, y --quizás lo más importante de todo-- por haberse opuesto a la guerra de Irak desde el primer día.

Por extraño que pueda parecerle, varios países latinoamericanos están entre los más antiestadounidenses del mundo, no por algo que Washington haya hecho recientemente contra la región, sino a causa de la guerra en Irak. Los latinoamericanos no han olvidado la historia de las intervenciones militares de Estados Unidos en el continente, y la invasión a Irak tocó una fibra sensible en la región.

Usted llega a la Presidencia sin ningún lastre político. A los demagogos, como el presidente venezolano Hugo Chávez, les costará mucho pintarlo a usted como un imperialista. Saque ventaja de su virginidad en materia de política internacional para relanzar las relaciones de Estados Unidos con la región. Estas son algunas de las propuestas que podría llevar a la cumbre de Trinidad:

• Convierta la Cumbre de las Américas en un evento anual, en vez de trienal y cuatrienal, como usted mismo me dijo durante la campaña. Se trata de la única reunión del presidente de Estados Unidos con los presidentes latinoamericanos, y eso lo obligaría a concentrarse en los asuntos hemisféricos a pesar de todos los temas acuciantes en el resto del mundo. Eso mandaría una señal potente a la región.

• Resucite el cargo de Enviado Especial para las Américas, pero con rango ministerial o nombrando a una personalidad de alto perfil en el puesto. Sea audaz: ofrézcale el cargo al ex presidente Bill Clinton, como parte de un paquete más grande de misiones diplomáticas.

• Comprométase a proponer en los próximos dos años una ley de reforma inmigratoria integral, que permita la legalización de los más de 11 millones de trabajadores indocumentados. Las economías de México y América Central dependen en buena medida de las remesas de dinero que hacen esos trabajadores a sus familias, y de las exportaciones al mercado norteamericano, y ambas están cayendo peligrosamente.

• Olvídese de Hugo Chávez. El presidente narcisista-lininista de Venezuela hará todo tipo de piruetas para captar su atención y tratar de posicionarse como un líder mundial. Simplemente ignórelo, y concentre sus energías en mejorar los vínculos de Washington con países más serios, como México, Brasil, Colombia, Chile y Perú.

• Amplíe los planes de cooperación energética con Brasil, América Central y el Caribe para producir etanol de caña de azúcar, que es más barato y menos contaminante que el etanol de maíz que se produce en Estados Unidos. Eso ayudaría a Estados Unidos a reducir su dependencia petrolera del Medio Oriente, y ayudaría a América latina.

• Proponga un acuerdo de integración regional de servicios de salud, por el cual millones de estadounidenses podrían usar sus seguros de salud en América latina, y conseguir atención médica más personalizada y a mucho menor costo en hospitales certificados por Estados Unidos en varios países de la región.

Estas son apenas algunas ideas para empezar. ¡Buena suerte! Aunque sus vínculos personales más directos sean con Africa, tiene usted una oportunidad única de abrir un nuevo capítulo en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica.

Andrés Oppenheimer

Redistribución de talentos, guapura e inteligencia


El argumento práctico en contra de la redistribución de rentas es simple y contundente: la redistribución implica que unas personas reciben un volumen de riqueza superior al que generan como productores a expensas de otras personas a quienes se confisca parte de lo que como productores les corresponde. De este modo deviene relativamente más gravoso obtener renta produciendo y relativamente menos gravoso obtenerla a través del Estado, por lo que se incentiva lo segundo en detrimento de lo primero.

Los igualitaristas a menudo arguyen que estas consideraciones prácticas son secundarias, pues la ética exige que sacrifiquemos algo de "eficiencia" en ayuda de los más necesitados. En concreto, el progresismo más ilustrado (Rawls, Dworkin) plantea argumentos como éste: la desigualdad que es fruto del esfuerzo y las decisiones personales es legítima, la desigualdad que es fruto del azar y los talentos innatos es ilegítima y debe intentar corregirse. Este planteamiento equipara justicia con mérito.

Más allá de la dificultad de separar las decisiones personales del azar o el talento innato (¿es Rafael Nadal rico porque se ha esforzado o porque nació con talento?) cabe cuestionar la premisa: ¿por qué es injusto aprovecharnos de los talentos, características, circunstancias, etc. que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance? No es cierto que nuestras intuiciones morales apunten en esa dirección. La gente vincula el mérito con la justicia en muchos casos, pero no lo hace en muchos otros. También cree que el azar juega un papel importante y legítimo en la vida, y procura sacar partido a sus atributos, talentos y circunstancias sin sentir remordimientos por ello. De hecho es difícil reconciliar nuestra individualidad y sentido de la existencia con la idea de que nuestros talentos y características innatas son en cierto modo indignas y necesitan de represión y correctivos.

Con todo, no está claro que la equiparación de justicia con mérito lleve a conclusiones redistribucionistas, pues el beneficiario del aparato redistributivo aún ha hecho menos méritos para recibir subsidios. Si despojamos el argumento de florituras se reduce a lo siguiente: un individuo con menos talento o en circunstancias precarias puede amenazar con violencia a otro individuo inmerecidamente más rico (como consecuencia de su talento, suerte, etc.) para quitarle parte de su riqueza, aunque aquél haya hecho aún menospara merecerla.

La defensa meritocrática de la redistribución tiene otras implicaciones incómodas para sus proponentes. Imaginemos un mundo en el que podemos transferir nuestros componentes físicos a otras personas mediante procesos quirúrgicos. En este mundo, de acuerdo con el principio de que la desigualdad innata es injusta y debe corregirse, deberíamos redistribuir los atributos físicos de nuestro cuerpo: los guapos deberían transferir, bajo coacción, parte de su belleza a los feos; los atletas deberían transferir parte de su agilidad y fortaleza a los minusválidos. En definitiva, en ese mundo los progresistas deberían estar a favor del igualitarismo físico.

Corregir la desigualdad física, genética y psíquica, debería ser en realidad su política preferida en un mundo donde tal cosa fuera posible, pues la desigualdad física es el origen de la desigualdad de rentas que pretenden corregir. Si un individuo ha obtenido una gran fortuna como resultado de su innato talento e inteligencia, podemos redistribuir parte de su fortuna a quienes tienen menos, o podemos atacar la fuente y redistribuir parte de su talento e inteligencia a alguien sin talento y con un IQ bajo.

Los progresistas pueden consolarse pensando que el igualitarismo físico es hoy en día ciencia ficción (aunque con el desarrollo de la eugenesia quizás deje de serlo pronto). Pero el propósito de este experimento mental es averiguar si el igualitarismo físico, con independencia de su viabilidad, es moralmente deseable. O, más específicamente, si el argumento meritocrático a favor de la redistribución implica la deseabilidad del igualitarismo físico.

La próxima vez que un progresista defienda la redistribución de rentas deberíamos preguntarle si estaría dispuesto a renunciar a su talento, guapura o inteligencia en favor de quienes no tienen esos atributos. Se encontraría entonces en la tesitura de abrazar el igualitarismo físico o rechazar el igualitarismo material. Y con un poco de suerte vencería el sentido común.


Albert Esplugas

martes, 11 de noviembre de 2008

Quo vadis Obama


Barack Obama accederá a la presidencia de los EE.UU. en medio de la peor crisis económico-financiera soportada por América y por el mundo desde la Gran Depresión. Para afrontar esta dramática situación, el nuevo presidente tiene dos opciones fundamentales: primera, seguir la estrategia “rooseveltiana” de aumentar el peso del Estado en la economía y elevar las barreras proteccionistas; segunda, adoptar la filosofía “reaganiana” y confiar al mercado y al libre comercio la tarea de sacar al país de la recesión. F.D. Roosevelt y Ronald Reagan respondieron a inmensos desafíos con planteamientos radicalmente diferentes. Ahora, la pregunta elemental es qué hará el nuevo presidente y la respuesta es problemática. De entrada, su amplia victoria en las presidenciales y el control del Congreso conceden a la administración demócrata un enorme poder para configurar su política, cualquiera que ésta sea.

Ante los triunfos republicanos de los años ochenta del siglo pasado, Clinton adoptó una filosofía similar a la de Blair en el Reino Unido. El partido del Elefante asumió que el Estado no era la solución a los problemas, sino que en gran medida era el problema. Cuando llegó a la Casa Blanca, Clinton no revisó ni modificó en lo sustancial las reformas liberales introducidas por los republicanos, aplicó una estrategia presupuestaria ortodoxa, abanderó la libertad de comercio y realizó profundos cambios en el Estado del Bienestar. Los Nuevos Demócratas clintonianos fueron hijos de Reagan como el Nuevo Laborismo blairita lo fue de Thatcher. El centro ideológico de sus países se había desplazado hacia el liberalismo en sentido clásico y se limitaron a gestionar con pragmatismo centrista ese consenso.

Obama es diferente. Su ideario y su trayectoria le sitúan en la tradición más izquierdista del Partido Demócrata, la representada por políticos como Adlai Stevenson, Hubert Humphrey o George MacGovern. En esta misma franja ideológica están los principales dirigentes de esa formación como su presidente, Howard Dean, y los líderes del Senado y de la Cámara de Representantes, Harry Reid y Nancy Pelosi. Todos son partidarios de extender las funciones del Estado y acercar el modelo socio-económico norteamericano al existente en la vieja Europa y en el ámbito internacional son proteccionistas y aislacionistas militantes. Es posible que las responsabilidades de gobierno moderen esos instintos pero también lo es que consideren la gran victoria cosechada como un giro ideológico de la sociedad americana a la izquierda, similar al que se produjo de signo contrario hace tres décadas.

El riesgo de hacer una lectura de esa naturaleza gana cuerpo si se tiene en cuenta que el desprestigio de la Administración Bush y la crisis económico-financiera se están interpretando como un fracaso del capitalismo competitivo. Durante ocho años, los republicanos han utilizado una retórica liberal, en el sentido europeo, pero en la práctica han impulsado un fuerte aumento del gasto público, no sólo el de defensa; han fabricado un déficit presupuestario descomunal; han aplicado un proteccionismo selectivo; han extendido los programas sociales; han recortado las libertades civiles etc. Bush ha sido un estatista conservador y su presidencia ha constituido una ruptura con la filosofía de gobierno limitado que dominó el Great Old Party durante tres décadas. En este contexto, se abre una clara oportunidad para recuperar los viejos principios demócratas y la tentación de hacerlo es muy alta. La política Hoover-Bush “debe ser” sustituida por la de Roosevelt-Obama.

Desde una óptica económica, la puesta en marcha de las propuestas de Obama agudizaría y prolongaría la recesión y, probablemente, la convertiría en una depresión. Sus proyectos de gasto sólo contribuirían a incrementar de modo espectacular el ya muy abultado déficit público. La subida de impuestos a los ciudadanos con ingresos superiores a los 250.000 dólares al año, el 5 por 100 de los contribuyentes, no es suficiente para financiar sus promesas de gasto y sí lo es para eliminar los incentivos de ese colectivo a ahorrar, invertir y crear riqueza. El aumento de la fiscalidad sobre las rentas del capital impulsaría su fuga. La creación de un sistema de salud a la europea es infinanciable en una economía en recesión. La erección de barreras proteccionistas acentuaría las fuerzas recesivas en América y en el mundo…Los ejemplos podrían multiplicarse.

El eje central de la plataforma socio-económica de Obama es un gigantesco esquema de redistribución de la renta asentado en el aumento del gasto, de los impuestos y de las regulaciones. Es una copia y/o una traslación del modelo estato-corporativista vigente en Europa a los EE.UU. Su instauración supondría una alteración fundamental de los principios que han hecho de esa economía la más rica, dinámica y competitiva del planeta. En el corto plazo, ya se ha señalado, es una receta letal para superar la crisis; en el medio y en el largo sería el comienzo de la decadencia de América. Quizá por eso la izquierda mundial ha apoyado con tanto entusiasmo al ex senador de Illinois. Han vuelto los viejos demócratas con sus rancias ideas. Esta es una pésima noticia para los EE.UU. y para el resto del mundo. En las actuales circunstancias, la patria de Washington, de Jefferson, de Madison y de Lincoln, de todos aquellos líderes que forjaron su grandeza necesitaba un Reagan no un Obama, mala suerte para todos…

Lorenzo Bernaldo de Quirós

lunes, 10 de noviembre de 2008

Tema Polémico: Movimiento ¿Libertario?


Este blog se ha manifestado en el pasado como seguidor de las ideas liberales. El día de hoy analizaremos desde ésta óptica la coherencia entre el discurso y las acciones del partido Movimiento Libertario (ML). Para ser lo más objetivos posibles, expondremos varios ejemplos en que las acciones y el discurso del partido han tomando rumbos totalmente distintos:
El respeto a la propiedad privada

En la sección de ideología del sitio web del partido dice:

“El Partido Movimiento Libertario (…) reconoce al Estado de Derecho como el medio efectivo para garantizar (…) la defensa y la protección de la vida, la propiedad privada y los bienes de las personas;”

Hace pocos días, se aprobó el proyecto de ley que impone un impuesto a las casas de lujo para erradicar tugurios. En pocas palabras, este proyecto es una política redistributiva más que el Estado impone sobre los ciudadanos. Nos parece que un partido que dice ser defensor de la propiedad privada y bienes de las personas como producto del trabajo propio no debe apoyar iniciativas de este tipo. Esto equivale a aceptar la tan popular “función social de propiedad” en la que quien es propietario tiene un deber (léase: es coaccionado) de ser solidario. Dicho proyecto se aprobó en forma unánime dentro de la Asamblea, o que implica que la fracción libertaria lo apoyó, la cual condicionó su apoyo a que dicho impuesto tuviera una vigencia de 10 años. Esta actuación es contraria a los propios principios que el Partido dice defender.Con dicho tributo se irrespeta la propiedad de ciertos individuos que se convierten en medios para alcanzar los fines de otros costarricenses. En este caso el Estado en lugar de proteger la propiedad la ha confiscado, tomando el trabajo legítimo de unos para entregarlo a otros que no lo han producido.
Libertad contractual

“Uno de los principios más relevantes de la libertad es el derecho a elegir de las personas, por lo tanto, el ML promueve la apertura de los mercados a la libre competencia, tanto de bienes como de servicios, con reglas claras y sin más intervención del Estado que la necesaria para evitar distorsiones y abusos por parte de los actores económicos y comerciales contra los usuarios y los consumidores”

El diputado Carlos Gutiérrez no sólo se ha ocupado de impulsar un impuesto a la telefonía -para financiar a la Cruz Roja- sino que ha incursionado en la restricción a la libertad contractual. Un principio fundamental de liberalismo es la libertad de todos los individuos de llegar a pactos voluntarios en relación con sus bienes y servicios. En oposición con dicho principio el anterior diputado ha impulsado un proyecto que se encuentra directamente encaminado a prevenir que patronos y empleadas domésticas lleguen a un acuerdo mutuamente provechosos de manera voluntaria. El diputado Gutiérrez parece presuponer que el “poderoso patrono” va a explotar a la empleada doméstica que contrate y que esta voracidad explotadora debe ser contenida por el Estado.

El respeto a los derechos de terceros

“Cabe destacar que el ejercicio de la libertad debe fundamentarse en el respeto de la libertad y los derechos de los demás y en la responsabilidad de asumir las consecuencias de las decisiones y de las acciones.”

Nuestro último ejemplo es el incidente provocado por el diputado Libertario Ovidio Agüero quien manejando bajo la influencia del alcohol chocó contra un ciclista. Lamentablemente el ciclista murió a raíz del choque. Sin entrar en valoraciones jurídicas sobre la responsabilidad penal o inocencia del diputado Agüero, creemos que es claro que el sólo hecho de manejar bajo influencia del alcohol es en sí mismo inconsecuente con los ideales que el partido dice promover. Es claro que al manejar en este estado uno voluntariamente pone en peligro la vida y la propiedad de terceros. Las acciones del diputado Agüero fueron por lo tanto imprudentes y totalmente inconsecuentes con los principios liberales que supuestamente rigen al partido. Por esta razón somos de la opinión de que el partido debió pedirle no sólo la renuncia a la inmunidad parlamentaria para que se le siga la causa penal correspondiente, sino la renuncia al partido por haber violentado uno de sus principios más básicos. Más allá que los principios doctrinales que hemos expuesto, el liberalismo es una forma de vida, que se caracteriza por un respeto total y absoluto a los derechos individuales, el liberalismo defiende una libertad que tiene como corolario de la misma la responsabilidad. Es claro que quien deliberadamente bebe alcohol y después decide conducir, actúa de una forma totalmente irresponsable y en un claro desprecio de los derechos de terceros, por eso el ML debió haber pedido enfáticamente la renuncia del diputado Agüero al partido, cosa que no ha realizado.

¿Qué esta ocurriendo?

El abandono por parte del partido de los principios que dice promover puede ser explicado por la Teoría del Votante Medio (Teoría Económica de la Democracia de Anthony Downs) en donde cualquier partido que desee obtener la victoria en unas elecciones competitivas deberá convencer al mayor numero de personas. Para esta teoría, un partido ideológico en un contexto cultural como el nuestro no tiene otra salida que moderarse para poder ganar. El partido lamentablemente ha escogido ceder ante las ambiciones inmediatas de poder y ha abandonado una visión a largo plazo de promoción de las ideas de la libertad.

En ASOJOD respetamos que el Movimiento Libertario actúe de la manera que desee. Sin embargo, pedimos coherencia. No se vale decir que se es defensor de la libertad y hacer totalmente lo contrario. Las actuaciones del Movimiento Libertario en esta línea terminarán, si es que no lo han hecho ya, causando más daño a la causa de la libertad que provecho. Por esta razón le pedimos al partido que una de dos: o que se quiten la máscara y no se hagan pasar por liberales, o que busquen ser coherentes con los principios que dicen defender. Esta disociación total entre la acción y el valor, resulta absolutamente reprochable y obscena, muchos han muerto en nombre de la causa de la libertad como para que otros vengan y la pisoteen de esta forma.