lunes, 13 de septiembre de 2010

Tema polémico: Costa Rica para llorar


El Foro Económico Mundial ha publicado su nuevo estudio de Competitividad Global. Así que este día, dedicaremos nuestro Tema polémico para resaltar los elementos más importantes que señala el mencionado informe.

Los índices de competitividad global más problemáticos que señala el informe se refieren a la infraestructura, el ambiente macroeconómico, y la falta de desarrollo de un mercado financiero. Entre los obstáculos más grandes para desarrollar negocios se vuelven a encontrar la infraestructura, la obtención de financiamiento y la estructura burocrática. Esto se refiere a los índices de forma general, pero si se leen los aspectos específicos algunas cifras resultan simplemente alarmantes.

Costa Rica ocupa el puesto 115 en lo que se refiere a los costos de los negocios sobre crimen y violencia. En el apartado de crimen organizado, el país ocupa el puesto 101, cosa que debería llamarnos la atención a todos. A su vez, en el campo de protección al inversionista el país ocupa el deplorable puesto 127. En el área de la infraestructura se muestra el total abandono y rezago en que se encuentra el país, siendo el caso de los puertos el ejemplo más dramático, al ocupar el puesto 132 de 139. En el punto macroeconómico cabe destacar que, en lo que se refiere a inflación, el país ocupa el puesto 113, lo cual muestra el claro fracaso en política monetaria que ha atravesado el país en los últimos 30 años.

Si bien lo anterior apenas es una pincelada de los preocupantes datos que arroja ese estudio, es material suficiente para afirmar que el país requiere de una agenda de competitividad seria y agresiva. En el campo macroeconómico se requiere una inflación controlada y baja, siendo la dolarización una posibilidad viable para alcanzar dicho objetivo. A su vez, se necesita un sano desenvolvimiento de las finanzas públicas, acabando con esos déficits presupuestarios que tanto daño le hacen a la economía. Mejorar estos dos factores ayudaría de forma clara el clima de inversión en el país.

En el campo de la infraestructura, se requiere de mayor participación privada, reformar y mejorar el esquema de concesiones que se tienen hoy en día, el cual ha sido un verdadero fracaso, siendo el caso de los puertos una situación de emergencia nacional. En el campo de los negocios, se necesita agilizar los trámites, simplificar los mismos, reducir los costos de legalidad, eliminar barreras de entradas y salidad e impulsar el gobierno digital, entre otras cosas.

Como se puede ver existe mucho trabajo por hacer, pero la pregunta del millón de dólares es: ¿será capaz este gobierno de realizar el mismo? Quedamos pendientes de una respuesta.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Viernes de recomendación

Para este Viernes de recomendación, queremos compartir con ustedes un interesante texto de Antonio Argadoña, titulado "Orden espontáneo y ética: una sugerencia", donde se da una breve pero clara explicación de los postulados principales de la Escuela Austriaca, especialmente la teoría de la acción y la teoría del orden espontáneo.

Además, el autor realiza una serie de críticas constructivas a los postulados de este paradigma en función de la ética, con la intención de incorporar algunas consideraciones que, en su opinión, no estaban en los autores originales, para así perfeccionar los postulados austriacos.

jueves, 9 de septiembre de 2010

ECONOMÍA: EE.UU.: Cómo debería reformarse el mercado hipotecario


Al fin se está debatiendo una de las causas de la crisis financiera: nuestro profundamente defectuoso sistema de financiamiento de vivienda.

Para encontrar una solución verdaderamente efectiva, deberíamos hacernos algunas preguntas básicas acerca de lo que nuestro sistema hipotecario debería hacer y cómo debería funcionar. También debemos asegurarnos de que el rescate de Fannie Mae y Freddie Mac —que probablemente excederá el costo al contribuyente de todos los rescates bancarios combinados en la historia de EE.UU.— nunca se repita.

El defecto central de nuestro sistema actual es que las ganancias por la toma de riesgo no tienen relación con las pérdidas. Muchas veces los prestamistas, los propietarios de vivienda y la industria de bienes raíces obtienen ganancias mientras que el contribuyente asume los riesgos. Esto no puede seguir así.

También deberíamos reconocer que los propietarios de vivienda y los contribuyentes muchas veces son la misma persona. Las políticas que sacan un dólar de su bolsillo izquierdo solamente para ponerlo de vuelta en su bolsillo derecho no brindan un beneficio real. Por supuesto que los propietarios de vivienda tendrían buena suerte, como contribuyentes, si en realidad recuperaran un dólar por cada dólar que contribuyen. Una descripción más precisa sería pagar un dólar para obtener tal vez 50 centavos.

Además de alinear los costos con los beneficios en nuestro sistema de financiamiento hipotecario, estos costos y beneficios también deberían ser tanto transparentes como creíbles. Los subsidios implícitos y las obligaciones contingentes deberían ser algo del pasado.

Debe acabarse la era de políticos guiñándole el ojo y dándole señales de aprobación al estatus “privado” de Fannie Mae y Freddie Mac. Cualquier subsidio debería estar en el presupuesto de manera precisa y debe ser calculado de manera sensata. Esto significa que ya no se asumirá que los precios de las viviendas solo subirán o que el ciclo económico está muerto.

A pesar de los frecuentes episodios de bonanzas y colapsos de los precios de los bienes raíces, nuestro sistema de financiamiento hipotecario no está construido para soportar los colapsos. Luego de las pérdidas generadas por la crisis de los ahorros y préstamos y después de que se hayan registrado las históricas pérdidas de Fannie Mae y Freddie Mac, cualquier sistema regulatorio para el financiamiento de viviendas debería asumir que habrá otro colapso de los bienes raíces en el futuro.

En el intento por hacer a nuestro sistema más resistente a las crisis, deberíamos evitar políticas que concentren el crédito o el riesgo de tasas de interés en un pequeño número de entidades. Aún a pesar de lo grave que fue la crisis de ahorros y préstamos, no hubo una empresa cuya bancarrota haya amenazado nuestra economía. Lo mismo no se puede decir de Fannie Mae y Freddie Mac.

Las empresas a veces quebrarán y deben quebrar. Nuestro sistema de financiamiento hipotecario debería poder soportar la quiebra de cualquier empresa. La mejor manera de lograr esto es evitando la concentración del riesgo en un solo lugar.

Nuestras actuales políticas hipotecarias promueven un exceso de apalancamiento, tanto por parte de los propietarios de vivienda como por parte de las instituciones financieras. Propiedad y deuda no son sinónimos. Sin los subsidios a la deuda hipotecaria, las familias tendrían más patrimonio en sus casas, permitiéndoles tener un colchón más grande para el momento en que los precios de las viviendas caigan.

Mientras más subsidiemos la propiedad de la vivienda —algo que en sí deberíamos cuestionarnos— estos subsidios deberían estar diseñados de tal manera que sus beneficios los reciba en gran parte el propietario y, exclusivamente, las familias que no serían propietarias de otra manera. Una porción demasiado grande de los subsidios vigentes se queda en los bolsillos de las industrias de bienes raíces e hipotecas.

Gran parte de los actuales subsidios también hacen poco más que aumentar los precios de las viviendas sin, de hecho, mejorar la posibilidad de comprar las viviendas. Cualquier política que aumente el precio de una de las necesidades básicas de la vida —un techo— es una política que deberíamos cuestionar o más bien rechazar.

Tal vez más importante es que nuestro sistema de financiamiento hipotecario debe estar mejor aislado de la política. Las bonanzas siempre son populares cuando se dan y el instinto natural de los políticos es fortalecer lo popular. Mientras menos política invada el financiamiento hipotecario, menos posible es que el Estado le eche carbón al fuego durante la próxima bonanza de bienes raíces.

Por otro lado, el sistema de financiamiento de hipotecas ha sido utilizado frecuentemente por el Estado a lo largo de las últimas décadas como una herramienta para redistribuir la riqueza. Si el Estado debería redistribuir el ingreso, debería hacerlo de manera directa y transparente a través de los programas que conforman un Estado Benefactor. El único propósito del financiamiento de hipotecas debería ser financiar hipotecas, no resolver cada problema social que aparece bajo el sol.

Tenemos una oportunidad única en política pública: Corregir un defecto fundamental en nuestra economía. Mientras haya un amplio consenso de que nuestro sistema de financiamiento hipotecario es defectuoso, nos arriesgamos a aplicar unas cuantas curitas si no iniciamos una conversación seria y profunda acerca de lo que debería lograr el sistema. Antes de que nos preocupemos acerca de la política, deberíamos definir los principios.

Mark A. Calabria

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Flash legislativo


Este día queremos abordar el proyecto Nº 16.306, Impuesto a las personas jurídicas, que está en la palestra legislativa. Para variar, nuestros ocurrentes gobernantes se sacan de la manga, una vez más, que para sanear las finanzas públicas se requiere crear o aumentar impuestos, pero nunca hacen, ni por asomo, el ejercicio de revisar la calidad del gasto, a fin de encontrar las partidas que podrían eliminarse.

Don Oscar Arias, al final de su gestión, decía que "le dejaba la mesa servida" a doña Laura, o sea, que era cuestión sólo de administrar la magna obra que él había edificado. Pero lo que la realidad nos demuestra, es que lo único heredado fue el vacío en las arcas del Estado. Arias se "comió" el superávit fiscal que, históricamente, había dejado el Gobierno de Abel Pacheco y ahora Chinchilla tiene que ver dónde consigue dinero para enfrentar sus populistas promesas de campaña.

La primera "idea" que se le vino a la mente a esta Administración fue impulsar el referido impuesto a personas jurídicas, que mediante una tasa de $300 anuales o su equivalente en colones, pretende generar recursos para Seguridad Pública. Dicen algunos que es hora de que los ricos paguen como ricos y los pobres como pobres, pero no se dan cuenta que, con esta medida, los pequeños empresarios y los microempresarios estarán en desventaja frente a las grandes empresas, lo que los obligará a quebrar o a mantenerse en la informalidad.

Si por la víspera se saca el día, lo que ha sucedido con la desviación de los fondos tributarios recaudados por los impuestos al ruedo y a los combustibles, debería ponernos en alerta de que el fin específico del impuesto a las sociedades: la seguridad ciudadana, podrá ser variado según el manejo de la caja única del Gobierno y las urgentes necesidades de ingresos frescos. Pero eso no es todo: aún si todo el dinero recaudado se usara para seguridad ciudadana, ni siquiera hay claridad acerca del monto: en campaña nos decían que eran $100 millones; luego bajaron a $80 millones y ahora andan por $30 millones. Al final, nos encontraremos con un impuesto que podría consumir más recursos en su administración que los que generaría.

Definitivamente, en ASOJOD sostenemos que no es mediante más impuestos que se sanearán las finanzas públicas. Si aumentan los ingresos y también los gastos (como ocurre cuando cada nuevo Gobierno echa a andar sus ocurrencias de campaña), el problema seguirá como siempre. Por eso, si se quiere hacer algo inteligente en esa materia, se requiere revisar el gasto, reducirlo y mejorar la recaudación de los tributos existentes. Mientras eso no se haga, seguiremos viendo año con año, las estupideces de los irresponsables populistas.

martes, 7 de septiembre de 2010

Seminario de Dolarización en Costa Rica


En ASOJOD queremos invitarlos a la siguiente actividad organizada por ANFE:

Seminario de dolarización en Costa Rica


Expositores:

* Dr. Rodrigo Bolaños, Presidente del Banco Central
* Dr. Roberto Brenes, Gerente de la Bolsa de Valores de Panamá
* Dr. Claudio de Rosa, Ex Asesor de la Presidencia de El Salvador
* Dr. Juan Muñoz, Catedrático Universitario
* Sr. Thelmo Vargas, Ex Ministro de Hacienda
* Dr. Norberto Zúñiga, Ex Funcionario del Banco Central
* Sra. Mónica Araya, Presidenta de CADEXCO
* Dr. Luis Loría, Redactor de Propuesta
* Dr. Jorge Corrales Quesada, Moderador

Lugar: Hotel Radisson, Salones Zurquí 1 y 2

Fecha y hora: Martes 28 de Septiembre del 2010, de 2:00 a 6:45 p. m.

Costo: ¢ 6.000 (Incluye refrigerio).

Reservaciones:

Telf.: 2253-4460 / 2224-7350 / 8996-6569 / Fax 2253-4497;
E-Mail: anfe@anfe.or.cr ,
Oficinas de ANFE: Barrio Francisco Peralta, frente Costado Iglesia Sagrado Corazón de Jesús.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Tema polémico: el credo de las ganancias inmerecidas.


En su libro "La virtud del egoísmo", Ayn Rand nos deleita con una grandiosa explicación de las virtudes que debe tener el hombre moral según la ética objetivista. Una de ellas es la virtud de la justicia, que no es otra cosa que los efectos se adecuén a las causas, de forma tal que cada cosa obtenga lo que merece. Según este principio, el hombre racional no buscará y otorgará lo inmerecido, sino lo merecido, tanto para él como para los demás que le rodean.

Quizá, una de las razones que expliquen por qué el mundo vive una época de perversión, una crisis moral, es haber olvidado ese sencillo pero importantísimo principio. Precisamente, este Tema polémico queremos dedicarlo a abordar los tres más recientes ejemplos en Costa Rica.

En primer lugar, tenemos el ya cacareado problema del FEES y las Universidades Públicas. Desde hace semanas, estudiantes, docentes, administrativos y autoridades universitarias nos han deleitado con un intercambio de comentarios contra el Gobierno porque este no quiere darles todos los recursos que se piden. Por supuesto, los argumentos populistas no se han hecho esperar: "que los pobres se quedarán sin becas", "que se están privatizando las universidades", "que con fondos tan reducidos no podremos crear los profesionales que el país necesita", "que el alma máter morirá", "que tendremos un país de ignorantes cavernícolas", bla bla bla. Sin embargo, los universtarios, en su Torre de Marfíl donde se encuentran completamente desvinculados de lo que ocurre en los campos mundanos, no se dan cuenta que sus pretensiones son inmorales e imposibles: aumentos salariales mucho mayores que los de los demás funcionarios públicos, inversiones estratosféricas que pondrían en aprietos las finanzas públicas y todo con el común denominador de ser inmerecido.

¿Qué han hecho las universidades para exigir tales gollerías? Absolutamente nada. El cuento de que "forman a los profesionales que el desarrollo del país exige" es una completa mentira, toda vez que el profesional se forma a sí mismo, con esfuerzo y dedicación, sin importar que lleve sus cursos en centros públicos o privados. Además, al estar adentro de esas universidades estatales, uno puede darse cuenta que muchos de los graduados, docentes y administrativos son mediocres e ineficientes porque están inmersos en una cultura igual a ellos. Son pocos los que destacan y quieren aprender, discutir, debatir, investigar, leer y, en fin, ser personas pensantes. La gran mayoría se acostumbra a crecer en un ambiente de burocracia y expoliación, repitiendo esas premisas cuando salen al mundo laboral.

Además, todo lo que han pedido en esta discusión del FEES es para gastos administrativos, para salarios, para oficinas de burócratas y casi nada para estudiantes. Basta ver los resultados de años anteriores y comparar el estado de las aulas y equipos para los aprendices frente al lujo y amplitud de las oficinas de los rectores. Sin lugar a dudas, desde hace mucho tiempo, las universidades estatales dejaron de tener al estudiante como su "raison d'être" y se convirtieron organizaciones corporativistas, en verdaderos "rent seeking" a costa de todos los demás ciudadanos.

El segundo ejemplo son los jugadores del fútbol costarricense. Desde hace días, la ASOJUPRO ha venido clamando por el otorgamiento de la calidad de "profesionales" a los futbolistas y, por ende, al establecimiento de salarios mínimos para los jugadores de Primera División (¢500.000) y Segunda División (¢300.000). Lo curioso del caso es que no han notado una cosa muy simple: el profesional requiere algún grado de preparación académica, así como el cumplimiento de ciertas exigencias (conocimiento, especialización, etc.), criterios que por supuesto no cumplen los jugadores. Ellos pretenden compararse, tanto en estatus como en retribución, a personas que se han preparado, adquirido conocimientos y destrezas y que, día a día, aplican sus capacidades racionales para el desarrollo de una actividad, mientras un jugador solamente tiene que correr tras una pelota.

Además del disparate que representa esta idea -una vez más, proveniente del credo de las ganancias inmerecidas- el establecimiento de salarios mínimos, como lo hemos dicho en ASOJOD, es contraproducente: primero, porque refuerza la idea de que debe ser el Estado, y no las partes, el que regule los acuerdos privados y, segundo, en lugar de ayudar a los jugadores, podría perjudicarlos, por cuanto muchos equipos no estarían dispuestos a pagarles ese salario y, por tanto, los despedirían. Como sólo saben correr detrás de un balón y patearlo, es muy probable que se queden desempleados por largo tiempo y que los tax payers tengamos que mantenerlos con subsidios, seguros y bonos.

Finalmente, el tercer ejemplo que queremos abordar es uno que no ha sido publicado en los medios de comunicación, pero que ya recorre los pasillos de la Asamblea Legislativa: el Sindicato de Trabajadores de esa institución, propuso al Directorio estudiar la posibilidad de firmar una Convención Colectiva que le otorgue beneficios especiales a los empleados. Como si la nefasta experiencia de JAPDEVA, RECOPE e ICE no fuera suficiente, ahora resulta que un grupo de trabajadores pretende obtener ganancias a costa de la explotación de los demás costarricenses: horarios de trabajo especiales, bonos por cumplir con sus obligaciones, incentivos salariales por el solo hecho de pertenecer a esa institución, en fin, tratos especiales que los demás trabajadores en el país no tienen. ¿Y por qué razón? Por ninguna que se le justifique, por puro antojo y capricho, por pretender que la ecuación sólo requiere pensar "quiero=merezco", sin haber hecho algo que derivara en la justa obtención de las cosas.

En ASOJOD criticamos y rechazamos las posiciones de estos y cualesquiera otros grupos que pretenden vivir a costa de los demás, utilizando a los tax payers como sus animales de inmolación. Repudiamos ese credo de las ganancias inmerecidas que tanto se ha expandido en nuestro país y despreciamos a quienes lo comparten. Un ser decente, moral, justo y racional no puede pretender usar a otros para obtener sus fines; cuando una sociedad no sólo tolera sino que incita ese tipo de conductas, se dirige indudablemente a la bancarrota en todas sus áreas.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El totalitarismo democrático: Hayek, Mises y el color de mi coche


A pesar de que soy aficionado a los toros (tengo un abono en Las Ventas desde hace más de una década) he seguido con bastante despreocupación la aprobación en Cataluña de una Ley que prohibirá los espectáculos taurinos a partir del 1 de enero de 2012. No creo que sea algo especialmente grave ni para la fiesta ni para los catalanes, que ya hace tiempo dejaron de acudir a las plazas de sus pueblos y ciudades. La supresión de la docena de corridas que se dan cada año en Barcelona no dañará a los toros ni la mitad de lo que lo hacen los neotaurinos, que han encumbrado al medio-toro y al cuarto-y-mitad-torero en las últimas décadas y le han quitado al espectáculo gran parte de su atractivo. Además, muchas otras libertades mucho más importantes que ésta se han cercenado en Cataluña y en el resto de España sin que haya habido tanto revuelo.

Entre los que defendían los toros se han dado fundamentalmente dos tipos de argumentos: los culturales (estética, tradición, relevancia económica, turismo,…) y los anti-prohibicionistas (que el que quiera vaya a las corridas y el que no quiera no vaya). Sin embargo a ninguno he oído proclamar lo evidente: que el Parlamento de Cataluña no tiene derecho a decidir si debe haber o no espectáculos taurinos. El problema no es que el resultado de la votación sea “no a los toros”: el problema es que se haya votado.

Pensando en todo esto recordaba una cita de Mises en Gobierno omnipotente en la que afirmaba con su habitual precisión que “las mayorías no están menos expuestas al error y al fracaso que los reyes y los dictadores; el que la mayoría crea que una cosa es verdad no prueba que lo sea”. Quién vivió tan de cerca el nazismo sabía de lo que hablaba cuando pedía limitar a los gobiernos elegidos en las urnas.

En el último siglo, estamos viviendo una deriva hacia lo que podría denominarse como totalitarismo democrático. Se ha llegado a la conclusión de que una decisión tomada por una mayoría (o por sus representantes) es legítima per se, sin que nada ni nadie pueda oponerse a ella. Así, la democracia, que nació como un medio de protección de las minorías, para que cualquiera pudiera ejercer su libertad de opinión, religión o movimiento, se convierte en una apisonadora que se lleva tras de sí los derechos de aquellos a los que debería defender.

A mis amigos más intervencionistas a veces les intento convencer con algunos ejemplos. “Supongamos que yo viviera en un pueblo con otras cien personas. Un día, todos mis vecinos se reúnen y votan por 99 votos a favor y 2 en contra que mi coche debe ser rojo en vez de azul, puesto que rojo es el color de la bandera de la localidad; que mi primer hijo debe llamarse Sebastián, como el patrón, ya que no hay muchas parejas jóvenes en el pueblo y hay que perpetuar los nombres tradicionales; que no me puedo abonar a Digital +, porque el bar ya tiene una licencia y si quiero ver el fútbol mejor que lo haga allí tomándome unas cañas, que eso será bueno para la economía del pueblo; o que debo comprar tomates de la comarca, que son más sanos y, además, así les doy publicidad”. Pues bien, les recuerdo a mis conocidos, “a pesar de que la votación ha sido abrumadora -99 a 2-, nadie tendría derecho a inmiscuirse en ninguna de estas decisiones”.

Mis amigos me suelen mirar con condescendencia, como pensando que qué cosas se me ocurren, que nunca llegaremos a algo así y que, aunque la intromisión del Estado en nuestras vidas a veces puede ser molesta, hay límites que ningún Gobierno se atrevería a pasar. Entonces soy yo el que les miro, asombrado de su candidez.

En estos momentos, en España, están vigentes (o tramitándose) normas muy similares en su fondo y en su forma a los ejemplos arriba citados. Puede que nadie se meta en el color de mi coche, pero si quiero construirme una casa en mi pueblo tendré que ajustarme a los peculiares criterios estéticos del arquitecto municipal y de la ordenanza de urbanismo. Puede que nadie me obligue a llamar a mi hijo Sebastián, pero no me dejan rotular mi comercio, pagado con mi esfuerzo y mi trabajo, como a mí me dé la gana (en chino, alemán o castellano). Puede que no me obliguen a ver el partido en el bar, pero si quiero comprar unas cervezas en un súper después de las diez de la noche no podré hacerlo. Puede que no me fuercen a llevarme los tomates de la comarca, pero me obligan a subvencionar los de todos los agricultores europeos.

Y la lista no acaba aquí: no puedo decidir si en mi bar se fuma o no, ni si quiero publicar artículos de prostitución en el periódico, ni si quiero llevar un pañuelo musulmán en la cabeza, ni si quiero que mis hijos coman bollos en el colegio, ni si quiero conducir sin cinturón de seguridad… La lista sería interminable. Cada caso es diferente y merecería un comentario aparte, pero todos se caracterizan por lo mismo: un tipo cree que por haber recibidos más votos que otro puede decidir lo que quiera sobre mi vida durante cuatro años.

Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, ya advirtió hace más de 150 años, del peligro del gobierno de las mayorías. Lo que no se atreverían a hacer algunos tiranos por miedo a la reacción popular, lo hacen gobiernos democráticos que, revestidos por la legitimidad de los votos, saben que no tendrán esa contestación. Quizás fue Friedrich Hayek, en Camino de servidumbre, el que mejor lo expresó: “Dando al Estado poderes ilimitados, la norma más arbitraria puede legalizarse y una democracia puede establecer el más completo despotismo imaginable”.

No creo que a los tres maestros aquí citados les gustaran mucho los toros. Pero, desde este modesto tendido liberal, pido voluntarios para sacarlos a hombros, por la Puerta Grande.

Domingo Soriano
Libertad Digital

viernes, 3 de septiembre de 2010

Viernes de Recomendación


La telépolis es el tipo de organización social donde los individuos no se relacionan directamente, sino que lo hacen a distancia. Este tipo de sociedad se relaciona con el tipo de sociedad abierta planteada por Karl Popper donde la instancia decisoria es el individuo, que resuelve sus problemas a partir de la información fragmentada en la red.

jueves, 2 de septiembre de 2010

ECONOMÍA: EE.UU.: Contabilidad fiscal fabulosa


Ante el ostensible fracaso de las medidas de estímulo fiscal de la administración de Barack Obama con el manifiesto propósito de consolidar la recuperación económica de su país, ahora se les ocurrió echarle imaginación para innovar la pauta utilizada para medir el impacto de sus políticas.

Como la tasa de desempleo se ha mantenido tercamente en 9,5% de la población económicamente activa y previsiblemente regresará a niveles superiores al 10% en los próximos meses, los burócratas del gobierno federal estadounidense iniciaron sus esfuerzos inventivos definiendo los “trabajos salvados” por sus medidas.

Hace muchos años, cuando leí La Guerra y la Paz de León Tolstoy, se me quedó grabada una serie de preguntas alusivas a la estrategia con la que el Mariscal Kutuzov derrotó en Borodino al ejército invasor de Napoleón, que concluían que era imposible determinar qué hubiera pasado si lo que ocurrió no hubiera sucedido.

Es decir, Tolstoy denunciaba la inutilidad del juego especulativo del historiador que pretende saber cómo se hubiera modificado el resultado de una acción bajo premisas o circunstancias diferentes. El mismo razonamiento es válido en la economía al contar los trabajos salvados o creados por el enorme gasto deficitario del gobierno de EE.UU.

Si de por sí ya era inaceptablemente especulativa esta medida de la efectividad del gasto, se ha ido aún más lejos al inventar el concepto de “vidas tocadas” por los proyectos en los que se han gastado los recursos en los programas emprendidos por el gobierno de EE.UU. para “estimular” su economía.

El concepto de “vidas tocadas” lo inventó del Departamento de Energía del gobierno estadounidense pero aparentemente ya ha sido adoptado también por la entidad encargada por el Congreso de evaluar las acciones del Ejecutivo (Government Accountability Office, GAO), que suele ser una institución respetada y seria.

La definición del término “vidas tocadas” incluye no sólo a la gente empleada directamente en los proyectos emprendidos con el gasto público adicional del gobierno, sino también a las personas que de alguna manera han sido “apoyadas” por los dineros desembolsados en las obras emprendidas.

Los contratistas a cargo de llevarlas a cabo han sido instruidos que deben sumar al gran total de “vidas tocadas” a todos los trabajadores que hayan laborado por lo menos una hora en los proyectos realizados con los dineros del presupuesto de estímulo económico.

Ello significa que si alguien trabajó una sola hora en algunas de las obras que se han realizado con recursos de los programas de “estímulo” del gobierno de Obama, se considera que su vida ha sido “tocada” y pasa a ingresar a esta contabilidad fiscal fantástica que ahora se adoptado.

De acuerdo con el diputado republicano de Oregon Gregg Walden, el departamento de Energía ha gastado $1.900 millones, con los que generó 10.018 puestos permanentes de trabajo, lo que significa que cada uno de ellos le costó a la sociedad de EE.UU. la friolera de $189.650.

Los cálculos relativos a cuánto costó cada “vida tocada” parecen más complicados. De acuerdo a un contratista importante del departamento de Energía, su empresa había “tocado” 4.527 vidas hasta marzo pasado con contratos por un monto de $471 millones, es decir, $104.042 por “toque”.

Sin embargo el propio Departamento de Energía informa que el contratista en cuestión ganó proyectos por $1.200 millones creando 2,466 empleos —en su nueva denominación—, lo que significaría que las “vidas tocadas” por los 729 millones de diferencia, salieron apreciablemente más caras: más de $380.000 cada una.

Al margen de la estupidez de esta aritmética fantástica e imposible de seguir, lo que parece cada vez más claro es que la economía de EE.UU. marcha de regreso a una recesión pues los inversionistas privados están cada vez más preocupados por los extraordinarios niveles de deuda y gasto, por lo que no invierten.

Mientras tanto, en Alemania y otros países europeos dónde empezaron a recoger las velas del gasto público y adoptaron planes creíbles para restaurar el equilibrio fiscal en un plazo razonable, la economía y las expectativas mejoran y se consolida una robusta recuperación que, para no variar, casi ningún economista predijo.

Parece cada vez más claro que en el enfrentamiento entre parcos y manirrotos al que aludí a finales de junio en esta columna, los primeros, con Alemania a la cabeza, se perfilan vencedores mientras que EE.UU., campeón de los manirrotos, parece ir al estancamiento y al desempleo por muchas vidas que haya “tocado” su fantástica contabilidad fiscal.

Manuel Suárez-Mier

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Flash legislativo


Hace unas semanas anunciamos que, por lo que se veía en la Convocatoria realizada por el Poder Ejecutivo para el periodo de sesiones extraordinarias, no existía una estrategia clara y concreta de su parte para que el Congreso la adelantara. Pues bien, ayer terminó ese periodo y se confirmó nuestra sospecha.

En total, se convocaron 100 proyectos de ley, ninguno de ellos de mucha importancia. Si bien se convocó la Ley General de Electricidad, tal iniciativa cuenta con al menos 4 textos diferentes, incluyendo divergencias en los textos del Poder Ejecutivo, lo cual no da señales de claridad sobre el futuro de tan importante legislación, por cuanto ni siquiera se avanzó en la instalación de la Comisión Especial que los verá. Por otro lado, la mayoría de los proyectos convocados eran autorizaciones municipales para segregar o donar terrenos de su propiedad a varias organizaciones sin fines de lucro. Algunos de ellos se aprobaron como Ley de la República, pero no son dignos de análisis.

En síntesis, puede concluirse que el primer periodo de extraordinarias bajo la Administración Chinchilla Miranda pasó sin ton ni son. No se conoció ni se discutió nada relevante ni se adelantaron cosas significativas de la supuesta agenda de desarrollo que tiene el Gobierno. Si por la víspera se saca el día, los primeros ciento y pico días de la gestión de doña Laura demuestran que ella no tiene ni idea del rumbo que debe tomar. En definitiva, no vamos hacia Adelante, como nos prometió en campaña.

lunes, 30 de agosto de 2010

Tema polémico: las universidades públicas y la pérdida de su norte


Para este Tema polémico, queremos abordar los sucesos acontecidos en los últimos días respecto a la actuación de grupos de estudiantes de las diferentes universidades estatales, los cuales repudiamos vehementemente, por representar un claro desprecio a la libertad, al respeto por los derechos de los demás estudiantes y el incumplimiento al compromiso que todos ellos tienen para con los tax payers que pagan sus estudios.

La universidad no debe ser un claustro, sino que debe ser un espacio abierto de debate. La universidad es, por antonomasia, universal y, por tanto, no debe existir un criterio único que deba ser aceptado como doctrina, sino que debe primar el libre debate, la competencia de ideas y visiones sobre la realidad. La libertad de cátedra, que funge como derecho elemental de la docencia se define precisamente como la libertad de enseñar y debatir sin verse limitado por doctrinas instituidas.

Sin embargo, en Costa Rica estos principios tan elementales están por demás, lejos de ser reales. En ASOJOD hemos sido profundamente críticos del status quo en las universidades públicas del país, porque consideramos que hace mucho tiempo se alejaron de los principios que deben regir a una universidad abierta. Los últimos acontecimientos, a raíz de la negociación del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), confirman nuestras conjeturas.

El pasado 26 de agosto, las principales universidades públicas fueron literalmente asaltadas por las Federaciones de “estudiantes” y por los más corroídos sindicatos universitarios. Su consigna es negarse a aceptar el acuerdo al que llegaron los Rectores con el Gobierno, al considerar que la los habían "traicionado". Sus exigencias -aumento del 13%- distan mucho de lo conseguido -aumento real de presupuesto del 7% más la inflación en el 2011 y el 2012- y reflejan cuán separados de la realidad están, aunque eso no les ha impedido organizar manifestaciones, protestas, bloqueos y hasta toma de algunos edificios por la fuerza, con capuchas y consignas que se asemejan a las de una revolución.

Como consecuencia, y en aras de de asegurar la integridad y seguridad de todos los miembros de la comunidad universitaria frente a la amenaza que representan los propios "estudiantes", la Rectora de la Universidad de Costa Rica ordenó suspender las clases y desalojar todos los demás edificios en días pasados.

Para hoy lunes 30 de agosto, a las 10 a.m., se tiene planificada en la Universidad de Costa Rica una marcha en “Apoyo a la Señora Rectora” que representa la fiel señal del populismo académico, la total complacencia, la falta de liderazgo y la perdida del norte que recorre las casas de educación superior, pero sobre todo, la ausencia de autocrítica.

Lo anterior, nos dibuja el triste escenario de nuestra realidad académica. El espacio asignado para el estudio y la investigación fue tomado como campo de batalla de unos cuantos que sueñan con irse a las montañas para iniciar su propia revolución. Pero esto no es lo peor. Lo más difícil de asimilar es la complacencia con que, históricamente, se ha tolerado a estos grupos de intolerantes que encontraron en muchos profesores y autoridades universitarias a sus propios paladines. ¿No ha utilizado la Rectora a estos mismos grupos para llamar a la manifestación?, ¿no ha marchado ella a su lado tantas veces, unidos en su causa común?, ¿cómo explicar tanta incongruencia?

Lucem Aspicio es una consigna de humildad intelectual. Es la búsqueda de conocimiento a partir de la aceptación de nuestra ignorancia. Sin embargo, muchos tergiversan el lema al considerarse los poseedores del conocimiento. Estos grupos de “estudiantes”, “profesores” y “autoridades universitarias”, se proclaman la luz de sabiduría que debe iluminar al resto de la población ignorante, carente de todo sentido crítico para liberarse de sus mentales enajenadas por gobernantes y medios de comunicación. Se presentan ante otros como los poseedores monopólicos de la conciencia social, de la criticidad, de la racionalidad, de la solidaridad y de la bondad.

Tanta arrogancia intelectual se refleja en el mismo Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica, donde se señala que su propósito es

"obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo".

Queda manifestado entonces que los iluminados universitarios detentan la información necesaria para determinar cuáles transformaciones necesita el país y tienen la capacidad para interpretar el significado del bien común, la verdadera justicia social, el desarrollo integral, y demás valores igual de relevantes. Los demás, no son más que borregos que deben seguirlos y, en ocasiones, autoinmolarse para la consecución de valores "superiores".

Vale la pena recordar a Karl Popper, quien decía que

“todo intelectual tiene una responsabilidad muy especial. Tiene el privilegio y la oportunidad de estudiar. A cambio, él le debe a la sociedad el compromiso de representar los productos de su estudio en el modo más simple, claro y modesto que pueda. Lo peor que pueden hacer los intelectuales -el pecado capital- es intentar erigirse en grandes profetas por encima de los demás seres humanos e intentar impresionarlos con filosofías enredadas. Quien no puede hablar con sencillez y claridad debería quedarse callado hasta que pueda hacerlo.”

La sentencia popperiana nos demuestra, lamentablemente, que las Universidades estatales han fallado.

viernes, 27 de agosto de 2010

Viernes de Recomendación


El día de hoy les presentamos un artículo de Ricardo M. Rojas llamado Objetivismo: Ayn Rand y los fundamentos filosóficos del Capitalismo. En éste, Rojas explica el Objetivismo de Ayn Rand y su importante contribución a la sociedad.

jueves, 26 de agosto de 2010

ECONOMÍA: Hayek y el surgimiento del orden libre


Friedrich Hayek es probablemente el autor más conocido de la Escuela Austriaca, en buena medida por haber recibido el Premio Nobel de Economía en 1974. Sin embargo, y pese a ser el único austriaco con tal distinción en su palmarés, Hayek fue mucho más que un economista; de hecho, él mismo se encargaba de advertir que "un economista que sea sólo economista no puede ser un buen economista".

Con el paso de los años, sus intereses y estudios fueron abarcando campos tan aparentemente diversos e inconexos como el derecho, la psicología, la filosofía política, la teoría de la información, la sociología, la antropología o la metodología de la ciencia.

Uno podría temer que, ante tal variedad de objetos de estudio, Hayek fuera más bien una mente dispersa, caótica y poco sistemática a la que le fue imposible profundizar lo suficiente en alguna de estas disciplinas. Sin embargo, y por mucho que haya algo de cierto en semejante diagnóstico, la gran preocupación intelectual de su vida no fue tanto lograr un conocimiento completo en cada una de estas materias, cuanto utilizarlas para explicar un aspecto muy concreto de nuestro mundo: cómo emerge el orden (o, más bien, los órdenes).

La de Hayek fue una travesía intelectual que comenzó en Viena. Después de pasar por los cursos del discípulo menos mengeriano de Carl Menger, Friedrich Wieser, empezó a trabajar en una agencia estatal dedicada a saldar las deudas privadas tras la Primera Guerra Mundial. Fue allí donde conoció a quien entonces era su director, la persona que se convertiría en su gran maestro y la que de una manera más crucial determinó su carrera como economista: Ludwig von Mises.

Era la década de los 20, Mises ya había publicado sus dos grandes aportaciones a la ciencia económica: su Teoría del dinero y de los medios fiduciarios y Socialismo. Hayek, tras una corta estancia en EEUU, supo sacar un enorme provecho a la relación personal e intelectual con Mises, sobre todo gracias a sus participaciones en el seminario privado que impartía éste y al que también acudían otros egregios economistas como Machlup, Haberler, Morgenstern o Schutz. No es casualidad que toda la producción intelectual de Hayek durante casi dos décadas no fuera más que un intento de perfeccionar las dos áreas en las que había centrado su atención Mises: la teoría de los ciclos económicos y el teorema de la imposibilidad del socialismo.

Pese a que Mises pensaba que Hayek era la persona que más fiel se había matenido a sus ideas, éste no estaba plenamente satisfecho con el tratamiento que su maestro les había dado en sus libros. No tanto porque considerara incorrectas las conclusiones a las que había llegado, sino por los argumentos que ofrecía para respaldarlas.

Por un lado, Hayek deseaba ampliar la explicación de los ciclos económicos para compatibilizarla con el cada vez más empleado concepto de "equilibrio económico" y también para vincular la causa de las crisis no tanto a los bancos centrales cuanto a la propia existencia de un sistema crediticio gestionado por bancos. Por otro, el austriaco temía que el argumento de Mises contra el socialismo pecaba de excesivamente racionalista –apelaba a la razón y a la racionalidad de los individuos para comprender por qué el socialismo no podía funcionar– y trató de reconducirlo a un problema más general de falta de información por parte de los planificadores centrales.

Esta no siempre acertada reformulación hayekiana de la obra de Mises alcanzó mucha mayor difusión que la propia obra de Mises, especialmente en el mundo anglosajón. La razón es sencilla de comprender: a comienzos de la década de los 30, el director del Departamento de Economía de la London School of Economics (LSE), Lionel Robbins, buscaba a un profesor que cumpliera tres características: ser extranjero para así enriquecer una plantilla predominantemente inglesa; estar volcado en trabajos teóricos para poder contrarrestar la producción mayoritariamente empírica de los fabianos que poblaban la LSE; y ser capaz de combatir a la cada vez más influyente figura de John Maynard Keynes. Desde luego, era un puesto hecho a la medida de Hayek: un austriaco centrado en la teoría económica que además acababa de publicar una extensa crítica contra las falacias subconsumistas de dos demagogos estadounidenses hoy ya caídos en el olvido –William Foster y Waddill Catching– que resultaban enormemente parecidas a las soflamas keynesianas.

De ahí que, tras ser invitado a dar cuatro clases sobre las crisis económicas –de cuya recopilación salió una de sus obras más conocidas, Precios y Producción–, Hayek obtuviera una plaza fija en la LSE desde la que pudo combatir con más notoriedad tanto las reiteradas falacias de Keynes como la propaganda de los economistas socialistas que trataban de justificar a la desesperada que el cálculo económico sí era posible bajo el comunismo.

La batalla intelectual que libró contra el intervencionismo durante la década de los 30 le resultó ciertamente frustrante y agotadora. No ya porque quiso luchar con elegancia y rigor lo que en muchos casos sólo era un alud de propaganda económica dedicada a justificar el creciente rol dirigista del Estado durante la Gran Depresión –la crítica que escribió contra el Tratado del Dinero de Keynes fue tan devastadora que el de Cambridge dejó de responderle antes de que se publicara la segunda parte de su reseña aduciendo que estaba buscando otras bases para respaldar sus conclusiones–, sino porque se dio cuenta de que si la ciencia económica resultaba de alguna forma compatible con tantas falacias era porque se encontraba viciada de raíz.

La gran transformación

Dos fueron las críticas que le hicieron replantearse el status científico de la economía. Una, procedente de su colega Morgenstern, sostenía que el concepto de equilibrio que Hayek se había empeñado en inocular a la teoría miseana del ciclo económico estaba incorrectamente definido: Hayek, siguiendo la corriente mayoritaria de su tiempo, afirmaba que para alcanzar el equilibrio era necesario que los agentes fueran capaces de prever perfectamente el futuro, pero Morgenstern demostró –con su famoso caso de Holmes contra Moriarty– que el supuesto de previsión perfecta implicaba una parálisis de toda acción y, por ello, resultaba incompatible con cualquier definición de equilibrio. La otra réplica provino de un socialista inglés, H. D. Dickinson, para quien los sistemas comunistas podían ser viables si la posición deseada de equilibrio económico se representaba a través de un sistema de ecuaciones matemáticas de cuya resolución pudieran extraerse los precios con los que realizar el cálculo económico.

Pese a que ninguna de las dos críticas desvirtuaba en lo más mínimo el edificio intelectual de Mises, Hayek sí se vio forzado a replantearse el concepto de "equilibrio económico" y es muy probable que, al hacerlo, emprendiera lo que Bruce Caldwell ha llamado su "gran transformación" intelectual.

Así, en 1937, el austriaco publicó el artículo al que él mismo atribuye su giro intelectual, Economía y Conocimiento, donde redefinió "equilibrio" como aquella situación en la que los planes de los individuos se vuelven compatibles entre sí gracias a que todos tienen una previsión correcta (que no perfecta) de lo que van a hacer el resto. Pero esta nueva definición, que superaba las objeciones planteadas por Morgernstern, sólo sirvió para que Hayek se planteara una nueva pregunta a la cual dedicó el resto de su vida: bajo qué condiciones resulta realista suponer que los individuos van a compatibilizar sus planes al ser capaces de anticipar con razonable seguridad qué piensan hacer el resto de individuos.

Es decir, la cuestión central en el pensamiento hayekiano que se plantea por primera vez en este seminal artículo es cómo resulta posible que cada individuo se coordine de manera exitosa con el resto de la sociedad sin que nadie esté "al mando" para organizarlos a modo de piezas de un engranaje superior: cómo emergen los órdenes de manera espontánea y no planificada.

Hayek no responde en el artículo a esta importante pregunta, a la que eleva a la tarea central de la investigación económica, pero sí lo hará durante los siguientes 50 años: entre muchas otras obras, en 1948 publica Individualismo y orden económico; en 1952 El orden sensorial; y en 1973 Normas y orden (el primer volumen de su trilogía Derecho, legislación y libertad). Fijémonos cómo la palabra "orden" aparece en el título de los tres libros, lo que nos indica que Hayek concibió la existencia de al menos tres órdenes crecientes en complejidad: el orden psicológico, el orden individual y el orden grupal.

Los tres órdenes

El primero, el sensorial o psicológico, permite a cada individuo alcanzar percepciones coherentes y consistentes a partir del maremágnum de datos y estímulos externos que recurrentemente experimenta. Para Hayek, la mente actúa como un "clasificador" de nuestras sensaciones, lo que permite dar significados distintos a hechos externos aparentemente iguales (no obtenemos la misma sensación ante el color naranja de una fruta que ante el color naranja de un automóvil). Lo característico de la mente es que las categorías que clasifican los datos externos no están dadas, sino que van ampliándose, reformulándose, recombinándose y evolucionando a través de nuestra experiencia (si bien Hayek admite, en línea con la moderna psicología evolucionista, que una cierta estructura de la mente está dada genéticamente y no puede modificarse).

Este orden sensorial, sin embargo, no es suficiente para que los individuos logren coordinarse y entenderse entre sí. Aunque una cierta empatía será posible –sobre todo cuando las personas se ven sometidas a experiencias parecidas–, la base genética y el conocimiento y las sensaciones que adquiere cada individuo son propios, por lo que en la mayoría de los casos nos será imposible predecir cuál será la respuesta que darán otras personas ante un determinado estímulo externo.

Para conseguir una mayor coordinación entre individuos, es necesario estudiar cómo se conforma el orden individual y aquí la respuesta que ofrece Hayek es múltiple. Por un lado, el orden dentro de una economía se logra mediante la información que "transportan" un conjunto de precios surgidos de la rivalidad y competencia entre los agentes; a través del cálculo económico que permiten esos precios, cada individuo puede conocer dónde resultan más valiosos sus esfuerzos para otros individuos y, por tanto, coordinarse con ellos. Por otro, el orden dentro de una sociedad se alcanza a través de instituciones espontáneas como el lenguaje, el derecho, el dinero, la moral o la religión que favorecen que los individuos se sometan a pautas de comportamiento comunes que vuelven sus decisiones más previsibles y comprensibles para el resto, favoreciendo así su coordinación y cooperación.

A través de las instituciones (en el fondo, el mercado libre es también una institución), los individuos pueden interactuar en sociedad y a través de esta interacción, modifican y perfeccionan el contenido de esas instituciones (se van volviendo cada vez más útiles para coordinar a los individuos). Por ello, para el austriaco, ni el derecho, ni el lenguaje, ni el dinero son resultado de la construcción de nadie (de ahí que, por ejemplo, defendiera la desnacionalización del dinero), sino fruto de las consecuencias no intencionadas de las acciones de todo el grupo social (un argumento que procede de la ilustración escocesa y, sobre todo, de Carl Menger).

Pero Hayek no se queda en el análisis de cómo los individuos alcanzan el orden dentro del grupo, sino que también concibe la existencia de un orden de cada grupo con respecto a otros grupos. En ocasiones, la supervivencia de una sociedad dependerá de la adopción de normas que si bien no son necesariamente beneficiosas para ningún sujeto dentro del grupo, sí lo son para que el grupo permanezca unido y pueda coordinarse con otros grupos (dentro de esta categoría se incluirían, por ejemplo, la provisión de bienes públicos, las redes de solidaridad o incluso la propia configuración de la organización política estatal). Hayek cree que este orden grupal se irá generando por simple evolución y supervivencia de los órdenes institucionales más eficientes: los peores conjuntos de instituciones tenderán a ser barridos por los mejores.

Socialismo, metodología y filosofía política

En la complejidad de estos tres órdenes se encuentra el germen de la crítica de Hayek al socialismo: dado que es imposible para un planificador o grupo de planificadores aprehender y procesar toda la información dispersa que es privativa de cada individuo, el comunismo no será capaz de crear deliberadamente una "organización" que pueda coordinar de manera satisfactoria y mutuamente beneficiosa a todas las personas a lo largo del tiempo. El socialismo es un simple ejercicio de fatal arrogancia que desconoce los límites de la razón y de la planificación del ser humano.

También aquí podemos ubicar la posición metodológica de Hayek: si bien rechaza el apriorismo extremo de Mises –en ocasiones de manera un tanto apresurada y equivocada–, el austriaco sí reconoce la existencia de dos grandes grupos de ciencias, las que estudian fenómenos simples (como la física) y las que estudian fenómenos complejos (como la economía o la sociología). No es tanto que la economía sea menos ciencia que la física (hoy se la llama soft science), sino que su objeto de estudio son fenómenos mucho más complejos. Por ese motivo, constituye un gran error aplicar los métodos reduccionistamente experimentales de las ciencias simples a las ciencias complejas (Hayek llamó a este vicio el cientismo y a su crítica dedicó todo el libro de La contrarrevolución de la ciencia) e incluso –y aquí se distanciaba de su amigo Karl Popper– habrá que reconocer las crecientes limitaciones con la que se encontrará la falsación de los resultados según aumente la complejidad de una ciencia: a mayor complejidad, predicciones menos exactas (más genéricas), por lo que habrá que ser cuidadoso con descartar cualquier conclusión que aparentemente no tenga una traslación cuantificable y medible en el mundo real (sobre este tema fundamental, de hecho, reflexionó en su discurso de recepción del Nobel: La pretensión del conocimiento).

Y, por último, también en este contexto resulta más comprensible la filosofía política de Hayek, especialmente contenida en Los fundamentos de la libertad y en su libro más conocido Camino de Servidumbre. Parece claro que para alcanzar estos tres órdenes evolutivos resulta esencial la libertad del ser humano; libertad para probar, equivocarse, rectificar y así influir en el desarrollo de las instituciones. Hayek, pues, se plantea de qué modo puede minimizarse la coacción de nuestra libertad y llega a la conclusión de que la mejor forma es crear un aparato político que combata y reprima la coacción que unos individuos ejercen sobre otros. El nuevo problema es entonces cómo evitar que ese monopolio de la violencia –el Estado– se convierta en el principal represor de la libertad y para el austriaco la solución pasa por desterrar el poder arbitrario de los políticos sometiéndolos al rule of law: un conjunto de normas impersonales, evolutivas, universales, conocidas y ciertas para todos. Sólo en ese marco, cada individuo podrá conocer cuáles serán las consecuencias de sus decisiones y escapar a una represión directa por parte de los poderes públicos.

El intervencionismo económico, sin embargo, socava este orden jurídico impersonal, pues cada individuo debe ajustarse al plan dictado por un comité de planificación que tenderá a ir fagocitando las instituciones políticas ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre cuáles son los objetivos del plan (¿qué debemos producir?) y sobre cómo implementarlo (¿quién y de qué modo debemos producirlo?). Del dirigismo económico pasaremos a los mandatos políticos y, por tanto, al control total de los planificadores sobre las vidas de las personas.

Muchos han considerado que esta última reflexión que Hayek expuso en Camino de servidumbre demuestra el fracaso de toda su filosofía política, pues el intervencionismo económico posterior a la Segunda Guerra Mundial no condujo a la liquidación de las democracias occidentales. No obstante, esta crítica simplista a Hayek pasa por alto el verdadero objetivo del libro, que no era tanto efectuar un pronóstico historicista –un pronóstico que el propio Hayek consideraba imposible de realizar en una ciencia compleja como la economía y la política– cuanto lanzar una advertencia del posible proceso de podredumbre que sufrirían las democracias si seguían escalando en su intervencionismo en un contexto de desencanto hacia los logros y los méritos de los órdenes espontáneos del capitalismo.

Sin duda, no se trata de que Hayek no se equivocara en nada; de hecho, su teoría económica o su filosofía política contienen numerosos errores y contradicciones (como su crítica a la "justicia social" y su defensa del Estado de bienestar; o la aceptación acrítica del monopolio de la violencia como camino óptimo para minimizar la violencia; o sus más que discutibles reproches al patrón oro) provocados en buena medida por la propia evolución que sufrieron sus ideas y sus intereses a lo largo de sus 93 años de vida. Pero, desde luego, habría que huir de las críticas más aparentemente facilonas contra su pensamiento, sobre todo cuando proceden de quienes desconocen toda la unidad del rompecabezas hayekiano.

Si Mises creó un sistema de pensamiento económico claro, sólido y focalizado en el individualismo metodológico, Hayek nos legó un conjunto de ideas originales pero dispersas que sólo tras un cuidadoso estudio aparecen como un intento bastante exitoso, aunque no libre de errores, de promover la libertad en todas sus manifestaciones: política, social, cultural y económica. Siendo el economista menos concentrado en la economía de la Escuela Austriaca, pasará a la historia vulgarizada como su economista más representativo. Los austriacos, sin embargo, no deberíamos quedarnos en la superficie: más allá de sus casi siempre profundas teorías económicas, existe toda una potentísima narrativa que, ampliada y mejorada, constituye una de nuestras principales líneas de defensa de la libertad: cómo los órdenes privados, voluntarios, naturales y espontáneos logran superar los límites de nuestra razón y de nuestro conocimiento ante los que siempre sucumbirá cualquier planificador central.

Juan Ramón Rallo
Libertad Digital

lunes, 23 de agosto de 2010

Tema polémico: El "Gobierno" no paga; pagamos todos


Todos constantemente escuchamos las trilladas frases “el gobierno debería pagar por…” o “eso lo debería pagar el gobierno”. La mayoría de las personas encuentran muy conveniente que el gobierno se haga cargo de sus necesidades. Da la impresión de que “El Gobierno” es un señor en una gran oficina con mucho dinero, que se encarga de pagar todas las cuentas. A muchos y con muchísima frecuencia se les olvida que “el Gobierno” no es una persona a quien se le puede ir a pedir plata cada vez que se les ocurra y, aún más importante, que el dinero no crece en un arbolito mágico que financia todos los proyectos sociales sin costo alguno. Para este tema polémico queremos recordarles a los lectores que no existe tal cosa como “un almuerzo gratis”.

El primero error que se comete cuando se habla de “el Gobierno” es referirse a él como si fuera una tercera persona que puede incurrir en gastos y eso no le cuesta nada a nadie. La realidad es que todos pagamos los gastos gubernamentales, aunque algunos en mayor medida que otros. Todas las instituciones gubernamentales cuentan con presupuestos y éstos principalmente son financiados en dos formas: impuestos o deuda. Impuestos hay muchos, desde el impuesto de ventas que todos pagamos cada vez que compramos algún bien de consumo hasta el nefasto impuesto inflacionario que se nos imponen cada vez que a los gobernantes se les ocurre imprimir dinero de su “arbolito mágico” mejor conocido como Banco Central de Costa Rica. La otra forma es por medido de deuda que no es más que trasladarle el problema a futuras generaciones. En ASOJOD quisiéramos que le gente entendiera esto: “el Gobierno” no paga nada, somos todos los que pagamos, no importa si el pago es hoy o mañana.

Tal vez los más contagiados con esta idea ilusionista de que el Gobierno puede pagarlo todo son los mismo gobernantes. A los gobernantes les cuesta muy poco decirle a los electores que van a solucionarles todos sus problemas y luego les cuesta menos empezar a gastar el dinero de los contribuyentes para poder cumplir con sus promesas. ¡Que fácil que es trabajar con dinero ajeno!. Por supuesto, llega un punto en que los gastos exceden los ingresos; esto es lo que comúnmente llamamos déficit fiscal. Estos déficits son los que luego ocasionan que un país quiebre. Tal vez el caso más reciente es el de Grecia.

Nuestro país no es ajeno a estas malas prácticas. Luego de que don Abel Pacheco había puesto la casa en orden, a don Oscar Arias no le faltaron ganas para empezar a gastar en forma desmedida y más con la excusa de que estábamos atravesando una crisis mundial y era necesario. El resultado fue muy simple: don Oscar le dejó a este gobierno un déficit fiscal cercano al 5% del PIB y, peor aún, consecuencia de un aumento en el empleo público y las pensiones no contributivas. Gastos que lamentablemente no se pueden disminuir con la misma facilidad con la que se incrementaron.

Ahora le corresponde a los costarricenses pagar los platos rotos; ya el Ministro de Hacienda está trabajando en la única solución que se les ha podido ocurrir: aumentemos los impuestos. ¡Por supuesto, que seans todos los contribuyentes los que paguen por el mal manejo de los fondos públicos! . De alguna forma se deben pagar las famosas redes de cuido de doña Laura y las becas Avancemos de don Oscar.

En vez de revisar la efectividad de los gastos públicos y tratar de reducir presupuestos innecesarios o en vez de tratar de remediar la creciente evasión fiscal actual que se estima que equivale a más del 3.5% del PIB, los mismos de siempre consideran que es más fácil cobrarle más a los pocos que pagan y de esta manera seguir la fiesta. Y si alguien se opone a esa medida, le dicen "populista". ¡De verdad que el mundo está patas arriba!

Ahora con mayor urgencia tenemos que recordar la frase: el Gobierno no paga, los que pagamos somos todos. Y ya es hora de preguntarse si estamos dispuestos a seguir pagando.

viernes, 20 de agosto de 2010

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, queremos ofrecerles un interesante artículo titulado "El sentimiento de culpa en las sociedades capitalistas respecto de la pobreza en el Tercer Mundo" del economista P.T. Bauer.

Aunque un poco viejo, el artículo contiene un valioso análisis acerca de las ideas que, aún en la actualidad, persisten en la mentalidad de algunas personas, quienes sienten que son responsables por el colonialismo de hace 500 años o por las condiciones de vida en otras latitudes, sin darse cuenta que el modelo capitalista es el que más ha ayudado a las sociedades del Tercer Mundo a mejorar sus condiciones de vida y acumular mayores niveles de riqueza.