Prefiero acudir
a comentarios basados en datos, en vez de acudir a una palabrería sensiblera
que busca apelar a los sentimientos básicos de las personas, sin brindar ningún
argumento razonable, sino más bien excitar la emoción de las personas que los
leen o los escuchan.
Haré mi
exposición en dos partes. La primera, que presento hoy, lo es en relación con
el tema de la pobreza, en donde el mantra de los anticapitalistas es que el
capitalismo más bien ha aumentado la pobreza en el mundo. La segunda, que
presentaré mañana, se referirá a otro de esos cuentos, cual es que el
capitalismo ha generado una creciente concentración del ingreso en cada vez
menos personas; esto es, que el capitalismo ha impulsado la concentración del
ingreso.
INTRODUCCIÓN
Haré un par de
definiciones para tratar correctamente los asuntos y no hacer deliberadamente
una mescolanza impropia entre pobreza y una distribución del ingreso altamente
concentrada. Note que no digo que no exista relación entre ellos, sino que
prefiero separarlos en mis comentarios porque así es mejor ver una faceta de la
pobreza en términos del ingreso per cápita y la otra en la forma en que se
distribuye el producto entre los individuos.
Hago mío la idea
que transcribe Pedro Schwartz, “’Si bien la pobreza, la desigualdad y el crecimiento son tres
formas distintas de mirar al mismo objeto (la distribución del ingreso), los
investigadores tradicionalmente han analizado a los tres de forma separada. El
crecimiento (del PIB per cápita) usualmente se relaciona con el cambio
porcentual de la media de la distribución. La pobreza se refiere a la parte
integral de la distribución a la izquierda de una línea particular de pobreza.
La desigualdad trata de la dispersión de la distribución.’ (Tomado de Maxim
Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World
Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic
Research (NBER), Working Paper Series 15433, octubre del 2009, p. 2).) Por tanto, las tres preguntas
deberían de verse como componentes de una pregunta central acerca de la mejoría
del bienestar humano. Déjenme decirles que, cuando leí este pasaje, para mí
fue, en ese momento, un ¡eureka!” (Pedro Schwartz, Poverty and Inequality, Library of Economics and
Liberty, 7 de abril de 2014). Entendida esta relación, es
conveniente para mi exposición analizar primero el tema de la pobreza y luego
el de la distribución del ingreso.
Se ha hablado
del capitalismo como promotor de la concentración del ingreso y de mantener
cada vez más pobres en el mundo. De
entrada voy a hacer una explicación conceptual de diferencia que hay entre una
extrema distribución desigual y la pobreza, aunque haya una relación entre
ellos. Empiezo por definir lo que es pobreza, esa de la cual hablan cuando
dicen que el número de pobres “ha aumentado” debido al capitalismo. La medición
internacionalmente aceptada de un nivel de pobreza es de $1 al día; esto es,
$365 al año. El Banco Mundial señala que “en última instancia es un monto
arbitrario” en mucho por la naturaleza multifacética de la pobreza (la pobreza
del alma de ciertos millonarios, pongo por ejemplo). Pero “para las
comparaciones internacionales (que es lo que se ha estado pretendiendo en
ciertos comentarios en Facebook, que estimularon estos dos míos) el estándar de
$1 al día es útil.” (World Bank, Introduction to Poverty
Analysis, Basic
Poverty Measurement and Diagnostic Course, Chapter III: poverty line, p. 42). Posteriormente daré datos con las fuentes correspondientes, de la
enorme reducción que ha habido en la cantidad de personas pobres de acuerdo con
diferentes líneas de pobreza, reducción no sólo en términos relativos con
respecto a la población total, sino que también en números absolutos.
Otros estudiosos
del tema, como, por ejemplo, Surjit Bhalla, prefieren un estándar de $1.50 al
día ($547.50 al año), debido a que él considera que esta segunda definición de
línea de pobreza incorpora mejor la tendencia de los ricos a subestimar los
gastos en comparación a como lo hacen los pobres, así como la tendencia de que
los ricos no suelen ser plenamente cubiertos por las encuestas. (Surjit Bhalla, Imagine There’s No
Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Published
by the Institute for International Economics, September 26, 2002, p. p. 11-12).
Pero la medida
de pobreza es, como tal, distinta del indicador de la distribución del ingreso.
Para dar un ejemplo, se podría tener una nación en donde hay un bajo porcentaje
de su población bajo la línea de pobreza, pero, a la vez, en donde se presenta
una distribución del ingreso altamente desigual. Un posible ejemplo podría ser
Suiza, que en el 2012 tenía un 7.9% de su población bajo la línea de pobreza,
pero tal vez una distribución del ingreso muy concentrada (enfatizo tal vez,
pues no tengo el dato de ella).
De acuerdo con
el Gini Index provisto por el Banco
Mundial, el coeficiente de Gini de Suiza, estimado en el año 2012, fue de 31,6;
el equivalente para Costa Rica fue 48,6; a su vez, los coeficientes de Gini
para Bolivia y Paraguay, países con una muy elevada extrema pobreza, fueron, en
el 2012, de 48,1 y 48.2, respectivamente. El primero de ellos con modelos de
mercado estatizados y socializados y, el segundo, con modelos de producción
altamente concentrados en pocas manos. O sea, cabe pensar a partir de estos
datos que un país altamente capitalista, como Suiza, puede tender una menor
concentración del ingreso, que iría en contra de que el capitalismo provoca una
concentración del ingreso. A la vez, que
países con cierto grado de capitalismo, como Costa Rica, pueden tener una
distribución del ingreso muy parecido a una nación estatista como Bolivia. Pero
no describe la inmutabilidad de la afirmación que el capitalismo es causa de la
concentración de la riqueza, sino que puede deberse a muchas otras causas.
Ese índice, que
usualmente se emplea para medir la desigualdad, se llama el coeficiente de
desigualdad de Gini (hay otros, como por ejemplo el de Theil). Aquel varía de 0
o completa igualdad hasta 1, total desigualdad.
Pero, observe que una sociedad, por hipótesis, puede tener un muy bajo
nivel porcentual de su población debajo de la línea de pobreza, pero a la vez
puede tener una distribución de ingreso muy desigual (un individuo que está por
encima de ese nivel de pobreza obtiene la totalidad del ingreso). A la vez, una
nación puede tener un muy elevado porcentaje de su ocupación por debajo de la
tasa de pobreza, pero, a la vez, un distribución muy igualitaria del ingreso (se
me ocurre, por ejemplo, alguna nación muy pobre de África). Por eso prefiero
tratar separadamente la información acerca de la pobreza de la distribución del
ingreso, si bien ambos suelen ser facetas relacionadas con el bienestar de las
personas.
Por ello, es
crucial tener muy clara la diferencia entre pobreza y distribución del ingreso,
aunque ambos son temas de nuestro interés, al referirse al bienestar humano.
PRIMERA
FALSEDAD: QUE EL CAPITALISMO HA AUMENTADO LA POBREZA
Ahora bien, paso
a brindar un conjunto de datos que significan un serio cuestionamiento a lo que
algunas personas señalan acerca de que el capitalismo ha aumentado la pobreza
de la humanidad y promovido una distribución más desigual de los ingresos.
Voy primero al
tema de los datos acerca de pobreza. Destaco la conclusión del libro de Deepak
Lal, distinguido economista de origen indio y ciudadano inglés, quien es
profesor de economía de la Universidad de California, Los Ángeles, y quien por
muchos años se ha dedicado al estudio de la pobreza, la inequidad, el
crecimiento y el desarrollo económico entre otros temas. En su libro Poverty
and Progress: Realities and Myths about Global Poverty (Washington, D. C.:
Cato Institute, 2013, p. 2), expone que “el primer capítulo resume la evidencia
que creo es la más creíble para evaluar el estado de la pobreza en el Tercer
Mundo, de acuerdo con la medida convencional del índice basado en el número de
personas que están por debajo de la línea de pobreza de $1 al día, utilizando
el poder de compra de 1993. También resume la evidencia acerca de cómo ha
ascendido Occidente y como lentamente ahora empieza a hacerlo el Tercer Mundo,
desde un nivel de pobreza masiva… Muestro también cómo el rápido crecimiento
generado a partir de la década de los ochenta, durante el segundo período de
globalización, ha conducido al alivio más grande de la pobreza estructural
masiva de la historia humana.”
Con base en
estimaciones de Angus Maddison, en The World Economy: A Millenial Perspective,
Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), 2001), Deepak Lal concluye que los datos
muestran como durante la mayor parte de la historia de la humanidad hasta el año
1000 DC (después de Cristo), “el ingreso per cápita del mundo y de la mayoría
de sus regiones era cercano a $450 al año en términos de dólares de poder
adquisitivo constante.” (Lal, Op. Cit., p. p. 9 y 12). Al comparar esa cifra
con el de la pobreza mínima definida por $365 al año, se deduce que “la masa de
la población habría estado en o por debajo de la línea de pobreza. De esta
forma, durante la mayor parte de la historia humana, la norma ha sido la
pobreza estructural masiva.” (Ídem, p. 12).
Los datos los
presenta Lal (Ídem, p. p. 10-11; específicamente su tabla 1.1 que se presenta
al final de este comentario) con base en los cálculos de Maddison acerca de los
niveles de la población, del nivel del PIB y del PIB per cápita en sendos
cuadros de su obra citada, página 28.
En el siglo XI
se inicia el ascenso de la economía de Europa Occidental, que luego se reflejó
en una gran divergencia entre Occidente y el resto del mundo. “Aunque [tanto en Occidente como en el resto
del mundo] el ingreso per cápita era aproximadamente el mismo en el año 1000 DC
(después de Cristo), ya para 1953 era 5.6 veces más elevado en el Oeste. Esta
aceleración históricamente sin precedentes del crecimiento, empezó primero
lentamente y luego espectacularmente desde mediados del siglo XIX, lo cual
permitió que Occidente finalmente eliminara la pobreza masiva estructural.”
(Ídem, p.p. 17-18). Debe tenerse presenta que muchas de las instituciones
propias del capitalismo (capitalistas mercaderes, mercados, letras de cambio,
bancos, etcétera), pero especialmente los derechos de propiedad, fueron los que
permitieron que “la institución del capitalismo surgiera en una parte de
Eurasia en el siglo XI.” (Véase
Deepak Lal, Reviving the Invisible Hand: The
Case for Classical Liberalism in the Twenty-First Century, Princeton: Princeton University Press, 2006).
A partir de las
ideas básicas de los ingleses en torno al libre comercio, el patrón oro y el
respeto internacional de un marco legal que salvaguardaba los derechos de
propiedad, se logró una expansión mundial del comercio y del intercambio. Un
trabajo de 1985 del economista Lloyd Reynolds (Economic Growth in the Third World,
New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1985, p. 958), señala los años
en que, para diferentes países, se puede considerar en que hay un punto de
inflexión, en donde los países en desarrollo ingresaron a un período de un
crecimiento económico sostenido, que se caracteriza por un aumento continuo de
los ingresos per cápita, en contraste con un crecimiento previo de la
producción que apenas se mantenía acorde con el crecimiento de la población.
Veamos algunos
de los datos para 12 países que he seleccionado de la lista de Reynolds de
países del tercer mundo (mi elección refleja una preferencia por señalar a
naciones latinoamericanas): Chile, 1940; Brasil, 1850; Argentina, 1860; México,
1876; Perú, 1880; Colombia, 1885; Cuba, 1900; Venezuela, 1925, China, 1949,
India, 1947, Japón, 188o e Indonesia, 1965). Estos datos de Reynolds se
presentan en el cuadro 1.4, página 19 del libro de Lal Poverty and Progress
previamente referido y presentado al final de este comentario.
Uno de los
mayores estudiosos del tema, el economista inglés Angus Maddison escribió en el
2001 lo siguiente, refiriéndose al período 1870-1913: En ese lapso “el PIB
mundial creció anualmente en un 1.3%, en comparación con uno del 0.5% anual
entre 1820 y 1870 y de un 0.07% anual entre 1700 y 1820. El aceleramiento se
debió a un progreso tecnológico más rápido y a las fuerzas que lo difundieron liberadas
por el orden económico liberal del cual el Reino Unido fue el principal
arquitecto. No fue un proceso de igualación global, sino que hubo ganancias
significativas de los ingresos en todas las partes del mundo. Australia y los
Estados Unidos lograron niveles superiores a los del Reino Unido allá por el
año 1913. El crecimiento fue más rápido que el del Reino Unido en la mayoría de
la Europa Occidental y Oriental, en Irlanda, en todas las naciones Occidentales
que brotaron, en América Latina y en Japón. En India, otras partes de Asia
(excepto China) y en África los avances fueron mucho más modestos, pero el
ingreso per cápita se elevó en más de una cuarta parte entre 1870 y 1913.”
(Cita de Maddison tomada de Lal, Poverty and Progress, Op. Cit., p. 20).
Conocemos luego
cómo el orden económico liberal se acabó con la Primera Guerra Mundial, la Gran
Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Así como que también América Latina, en
el período posterior a la Segunda, abrazó tendencias proteccionistas, que la aislaron
del resto de los países industrializado, los cuales, impulsados por los Estados
Unidos, buscaron reconstruir, al menos parcialmente, el viejo orden liberal.
Reformas aperturistas en dos importantes economías, China con Deng Tsiao Ping
en 1979 e India en 1991, marcan un segundo período de globalización, del cual
han formado parte muchas economías de América Latina y de África. A ello se
debe adicionar la caída o implosión en 1991 de las antiguas economías
socialistas, muchas de las cuales se han integrado o reintegrado al nuevo orden
económico liberal.
Esto ha tenido
un efecto significativo sobre el crecimiento del ingreso per cápita y, por
tanto, sobre los pobres del mundo, como podemos ver a continuación, con datos
que comparativos que van desde 1500- 1820 y de 1820 al 2001. Para esto acudo a datos que brindó Angus
Maddison en “Measuring and Interpreting World Economic Performance 1500-2001”,
Review of Income and Wealth, Vol. 51, No, 1, mayo de 2005, p. 12, table 6). A continuación presento un resumen de datos de los niveles del PIB
per cápita en distintos años (en dólares de 1990) y del crecimiento del PIB per
cápita en ciertos períodos:
Es interesante
notar lo que señala Maddison en cuanto a cinco fases del capitalismo entre 1820
al 2001 y lo que denomina como época del capitalismo mercantil que va de 1500 a
1820.
Primero, en lo
relevante, su investigación sugiere “que los años 1950-73 fueron la edad dorada
de una época de prosperidad sin paralelo.” El PIB mundial creció a una tasa
anual del 5% y del 3% en términos per cápita. En segundo lugar, que el nivel de
ingreso real per cápita en Occidente pasó de $1.109 en 1820 a $22.509 en el
2001; esto es, aumentó casi 20 veces, durante ese período que se ha llamado
“capitalista”. En tercer lugar, que lo que denomina como “crecimiento económico
moderno” en todas las fases que se han llamado capitalistas (esto es, de 1820
al 2001), “ha sido mucho más rápido que en los siglos previos. Del 1500 al
1820, el ingreso per cápita del mundo se elevó de un 0.5% cada año. Entre 1820 y el 2001, se incrementó a un
promedio del 1.23% anual, cerca de 25 veces más rápido.” (Maddison, Measuring…,
Op. Cit., p. 12).
En adición a lo
expuesto, debo referirme a algunos datos que expuso Surjit Bhalla, en su obra
previamente señalada, Imagine There’s No Country. Él reúne información acerca
de la pobreza en todo el mundo, tomando como base una línea de pobreza de $1.50
al día ($547 al año) en dólares ajustados por la paridad del poder de compra de
1993. Así logra obtener lo que denomina como el coeficiente de personas en
situación de pobreza (CP), que es el porcentaje de la población que está por
debajo de aquella línea de pobreza de $1.50 al día, para el período 1820 al
2000.
Al final de esta
primera parte se presenta la figura 9.1, tomada de la página 144 del capítulo 9
de su libro en mención y que se presente al final de este comentario, la cual
conformada por dos paneles. El primero de los gráficos muestra, para el período
1820-2000, el cociente de personas en extrema pobreza (menos de $1.50 al día a
precios de 1993) como porcentaje de la población total. El segundo gráfico expone el número de
personas pobres (en millones). El este gráfico puede ser obtenido en Internet
en el capítulo 9 de su libro Imagine There’s no Country: Poverty, Inequality
and Growth in the Age of Globalization, en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html
En el caso del
porcentaje de la población mundial que está por debajo de la línea de pobreza
de $1.50 al día, a precios de 1993, los
datos del CP (por cociente de pobreza) del libro de Bhalla, son los siguientes:

Los datos consignados por Bhalla de años previos a 1950 provienen del ensayo de François Bourguignon y Christian Morrisson, Inequality Among World Citizens: 1820-1992, American Economic Review, Vol. 29, No. 4, setiembre del 2002, p.p. 731y 732 y los restantes, esto es, de 1950 al 2000, fueron por el propio Surjit Bhalla, Imagine There’s No Country, Op. Cit., p. 141.
A partir de
ellos se pueden definir tres períodos concretos: uno durante la globalización
del siglo XIX; otro es el de entreguerras de 1929 a 1950, en donde la
globalización se detuvo e incluso se revirtió, y el tercero que se inicia a
partir de 1950, aunque en verdad no fue sino hasta 1980 cuando el Tercer Mundo
se unió a este segundo proceso de globalización.
Lal (Poverty and Progress, Op. Cit. p. 21)
concluye con cálculos de lo que denomina “el efecto del crecimiento sobre la
pobreza”, que indica el descenso que se produce en el coeficiente de personas
en situación de pobreza (CP), ante cada 10% de crecimiento de los ingresos per
cápita. Él demuestra el evidente
descenso del coeficiente de personas en situación de pobreza (CP), tanto
durante el siglo XIX, que se podría llamar como el primer período de
globalización, así como en el período actual de globalización. Asimismo, que
dicho coeficiente CP aumentó durante el período antiglobalización de
entreguerras. Señala que “el rendimiento más elevado en términos de reducción
de la pobreza se ha dado a partir de 1980, cuando el Tercer Mundo empezó a
integrarse a la economía mundial.” E indica que “África es la única región en
donde la pobreza no ha declinado y es también la región menos integrada a la
economía global. La declinación mayor ha
sido en Asia, pero también la América Latina y el Oriente Medio han visto
declinar su pobreza.”
Lal expone que
se ha afirmado que “el crecimiento durante el último período de globalización
no fue pro-pobres. A pesar del rápido crecimiento promovido por la integración
global, se ha dicho [por ejemplo, por Stiglitz] que la pobreza no se ha
reducido en mucho.” (Ídem, p. 25).
Bhalla, en su libro antes citado, responde a eso con la pregunta de “¿si
el consumo de aquellos considerados pobres en 1980 (el 44 por ciento del nivel
inferior) creció más rápidamente que el resto de la población en el período
1980-2000?” Su respuesta: “para el mundo en desarrollo como un todo, los pobres
incrementaron sus ingresos al doble de rápido que aquellos quienes no eran
pobres.” (Ídem, p. 27).
Tengo otros
datos adicionales (lo que abunda no daña en este caso). Empezaré citando parte
del resumen introductorio del memorable trabajo del distinguido economista
Angus Maddison, quien dedicó mucha de su vida al estudio del crecimiento,
desarrollo y pobreza en la historia de la humanidad. Dice así:
“Durante el milenio recién pasado, la población del mundo aumentó 22
veces. El ingreso per cápita se
incrementó 13 veces; el Producto Interno Bruto mundial casi 300 veces. Eso
contrasta fuertemente con el milenio precedente, cuando la población mundial
creció tan sólo en un sexto, y no hubo avance en el ingreso per cápita.
Desde el año 1000 hasta 1820 el avance en el ingreso per cápita se
dio tan solo a un lento paso de tortuga –el promedio mundial se elevó cerca de
un 50 por ciento. La mayor parte del crecimiento se dio para acomodar un
incremento de 4 veces de la población.
A partir de 1820, el desarrollo mundial ha sido mucho más
dinámico. El ingreso per cápita se elevó
en más de ocho veces; la población en más de cinco veces.
El ingreso per cápita no es el
único indicador de bienestar. En el largo plazo se ha presentado un aumento
significativo de la esperanza de vida. En el año 1000, el infante promedio
podía esperar vivir alrededor de 24 años. Una tercera parte moriría en su
primer año de vida; el hambre y las epidemias harían estragos entre los
sobrevivientes. Hubo un incremento casi imperceptible hasta 1820,
principalmente en Europa Occidental. La mayor parte de la mejora se ha dado
desde ese entonces. Hoy el infante promedio espera vivir 66 años.
El proceso de crecimiento fue desigual tanto en espacio como en
tiempo. El alza en la esperanza de vida
y en el ingreso ha sido más rápido en Europa Occidental, Norteamérica,
Australasia y el Japón. Hacia 1820 este grupo había avanzado con determinación
a un nivel de ingreso que era el doble de aquel del resto del mundo. Para 1988,
la diferencia era de 7 a 1. Entre los Estados Unidos (líder del mundo actual) y
África (la región más pobre) la distancia es ahora de 20 a 1. Esta diferencia
continúa aumentando. La divergencia domina, pero no inexorable. En el último medio siglo, los renacientes
países asiáticos han demostrado que es factible un cierto grado de alcance. Sin
embargo, el crecimiento económico mundial se ha ralentizado sustancialmente a
partir de 1973 y el avance de Asia ha sido compensado por el estancamiento o el retroceso en otras
partes.” (Angus Maddison, The World Economy, Op. Cit., p. 17).
Hay otra parte
de este trabajo de Maddison, que me interesa destacar:
“La economía mundial tuvo una mejor actuación en la segunda mitad
del último siglo pasado que en otra época de su pasado. El PIB mundial aumento
seis veces desde 1950 a 1998, con un crecimiento promedio de 3.9 por ciento
anual en comparación con el 1.6 por ciento promedio de 1820 a 1950 y del 0.3
por ciento entre 1500 y 1820.
Parte de este aceleramiento sirvió para sostener un crecimiento
mayor de la población, pero el ingreso real per cápita se elevó en un 2.1 por
ciento anual comparado con el 0.9 por ciento de 1820 a 1950, y al 0.05 por
ciento entre 1500 y 1820. De esta manera, el crecimiento per cápita fue 42
veces más rápido que el de la época proto-capitalista y más del doble de rápido
que en las primeras 13 décadas de nuestra época capitalista.” (Ídem, p.
125).
En un reciente e
interesante estudio, relevante para el caso, fue hecho por dos economistas,
Maxim Pinkovskiy, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y Xavier
Sala-i-Martin de la Universidad de Columbia, y que se citó anteriormente, se
arribó a las siguientes conclusiones, además de otras a las que me referiré en
la próxima y segunda parte de mi comentario, cuando trataré acerca del tema de
la distribución del ingreso. En lo pertinente señalan “1) las tasas de pobreza
global declinaron entre 1970 y el 2006. Esto es verdad para líneas de pobreza
que van desde $1 al día hasta $10 al día. 2) Las mediciones en la pobreza
global descienden entre 1970 y el 2006 para líneas de pobreza de $1 al día a $3
al día. El número total de pobres ha declinado en más de 617 millones si usamos
la línea de pobreza de $1 al día hasta de más de 780 millones si usamos la
línea de $2 al día. Para líneas de pobreza más altas, las mediciones de pobreza
aumentaron durante los primeros años, pero todas están descendiendo para el
2006…” (Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric…, Op. Cit. p. 38).
Hay datos
adicionales significativos que quiero exponer, provenientes del trabajo de
Angus Maddison, cual es el crecimiento del PIB per cápita de ciertas regiones
del mundo, tanto para los lapsos de posguerra 1950-1973 así como 1973-1998.
Asimismo,
menciono resultados importantes de un estudio de Xavier Sala-i-Martin. Escribe
que “Usando la definición original de pobreza del Banco Mundial ($495 de
ingreso anual), la tasa de pobreza declinó de un 15.4% de la población mundial
en 1970 a un 5.7% en el 2000, ¡una declinación por un factor de casi tres! Esto
es especialmente impresionante dado que durante ese mismo período, la población
aumentó casi un 50% (de 3.5 a 5.7 billones de ciudadanos)… el número total de
ciudadanos pobres bajó de 534 millones a 322 millones, una declinación del
50%.” (Xavier Sala-i-Martin, “The
World Distribution of Income: Falling Poverty and… Convergence.
Period,” The Quarterly Journal of Economics, Vol. 121, número 2 de mayo de 2006
Op. Cit., p. p. 373 y 375).
Continúa
señalando que, si se usa una línea de pobreza de $1.50 al día, se “observa un
descripción similar: la tasa de pobreza cayó de un 20% a un 7% en dicho
período, un factor de declinación cercano a 3. La población en estado de
pobreza se redujo en cerca de 300 millones de ciudadanos (de aproximadamente
700 millones de personas a poco menos de 400 millones. En otras palabras, el
número total de ciudadanos pobres descendió pobres en un 56% en un período en
el cual la población aumentó en un 50%. (Ídem, p. 375).
Datos similares
se presentan para otros niveles de pobreza de $2 al día ($730 al año) y de $3
al día ($1440 anuales). En el primer caso, la pobreza bajó a un 30% en 1970 y a
un poco menos del 11% en el 2000. La población en pobreza cayó de cerca de
1.000 millones en 1970 a cerca de 600 millones en el 2000; esto es, bajó un 54%
o sea 428 millones de personas. Para el
segundo caso, el índice de pobreza declinó de un 47% en 1970 a un 21% en el
2000. La población pobre (definida bajo esta línea de pobreza de $1140 al año)
se redujo de 1.6 billones a 1.2 billones en el 2000. (Ídem, p. 375).
Finalmente
quiero hacer referencia a una información reciente de las Naciones Unidos que,
como parte de sus metas para el desarrollo del milenio, que se propusieron
lograr en 1990, señalaron como primero “reducir a la mitad la
proporción de gente con un nivel de ingreso menor que $1 al día en el lapso
entre 1990 y el 2015”. (Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo del Milenio:
Informe de 2013, Nueva York: Naciones Unidas, 2013, p. 6). Pues bien, resulta
que esa meta fue lograda dos años antes de lo previsto, que era esperado que se
lograra para el 2015. Con cierta ironía justificada, nos dice don Pedro
Schwartz que “ahora el consenso en la profesión de la economía es que, de
hecho, la pobreza mundial ha estado en retirada durante más de cuarenta años.
Uno de los primeros campeones en mantener este punto de vista fue Xavier
Sala-i-Martin, de la Universidad de Columbia y de la Escuela de Economía Pompeu
Fabra en Barcelona. Por más de una década, él ha venido luchando por lograr que
las Naciones Unidas y el Banco Mundial admitan que la pobreza había venido
cayendo mucho más rápidamente de lo que se esperaba; y los hechos están de su
lado”. (Pedro Schwartz, Op. Cit., 7 de abril del 2014).
El orden capitalista ha
cumplido con creces el objetivo de reducción de la pobreza, aunque en el camino
del progreso del bienestar humano, aún falta más por avanzar. No hay duda que,
en cuanto a la capacidad del capitalismo, tenía razón un pensador quien en una
ocasión escribió lo siguiente:
“La
burguesía, a lo largo de su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de
existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que
todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la
naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la
industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el
telégrafo eléctrico, la asimilación para el cultivo de continente enteros, la
apertura de ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto,
como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar
siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo
social?” (Carlos Marx, El Manifiesto Comunista, Primera parte, sin paginación).
Espero que los
datos consignados sobre pobreza en este comentario sean útiles para quienes,
con suma facilidad, han señalado que el capitalismo es el culpable del aumento
de la pobreza, cuando la evidencia parece mostrar el tremendo efecto positivo
de ese orden económico en cuanto a reducirla significativamente: pobreza que, con
el paso del tiempo, es cada vez relativamente menor y en donde los pobres son
menos pobres que antes. De hecho ese enorme decrecimiento de la pobreza se ha
acelerado alrededor de inicios del siglo XIX y hasta la actualidad, aunque a
veces hay baches en ese camino. No hay duda que, lo que se conoce como
capitalismo, con pleno desarrollo en el siglo XIX, con su expansión del
comercio y del intercambio, dio lugar a un crecimiento sostenido de la
producción que sobrepasó con creces al crecimiento de la población.
En una segunda
parte, en la entrega de mañana, me referiré a datos acerca de la distribución
de los ingresos.
TABLAS Y FIGURAS MENCIONADAS EN EL TEXTO:
Deepak Lal, Poverty and Progress: Realities and
Myths about Global Poverty, table 1.1 p. p. 10 y 11.
Deepak Lal, Poverty and Progress: Realities and
Myths about Global Poverty, table 1.4 p. 19.
Surjit Bhalla, Imagine There’s No Country: Poverty,
Inequality and Growth in the Era of Globalization, Figure 9.1, World Poverty
1820-2000 (dos paneles), página 144.
FUENTES DE LAS PUBLICACIONES MENCIONADAS
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Jorge Corrales Quesada












