martes, 1 de marzo de 2016

Datos acerca de la Pobreza del Mundo

Prefiero acudir a comentarios basados en datos, en vez de acudir a una palabrería sensiblera que busca apelar a los sentimientos básicos de las personas, sin brindar ningún argumento razonable, sino más bien excitar la emoción de las personas que los leen o los escuchan.
Haré mi exposición en dos partes. La primera, que presento hoy, lo es en relación con el tema de la pobreza, en donde el mantra de los anticapitalistas es que el capitalismo más bien ha aumentado la pobreza en el mundo. La segunda, que presentaré mañana, se referirá a otro de esos cuentos, cual es que el capitalismo ha generado una creciente concentración del ingreso en cada vez menos personas; esto es, que el capitalismo ha impulsado la concentración del ingreso.

INTRODUCCIÓN
Haré un par de definiciones para tratar correctamente los asuntos y no hacer deliberadamente una mescolanza impropia entre pobreza y una distribución del ingreso altamente concentrada. Note que no digo que no exista relación entre ellos, sino que prefiero separarlos en mis comentarios porque así es mejor ver una faceta de la pobreza en términos del ingreso per cápita y la otra en la forma en que se distribuye el producto entre los individuos.
Hago mío la idea que transcribe Pedro Schwartz, “’Si bien la pobreza, la desigualdad y el crecimiento son tres formas distintas de mirar al mismo objeto (la distribución del ingreso), los investigadores tradicionalmente han analizado a los tres de forma separada. El crecimiento (del PIB per cápita) usualmente se relaciona con el cambio porcentual de la media de la distribución. La pobreza se refiere a la parte integral de la distribución a la izquierda de una línea particular de pobreza. La desigualdad trata de la dispersión de la distribución.’ (Tomado de Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric Estimations or the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper Series 15433, octubre del 2009, p. 2).) Por tanto, las tres preguntas deberían de verse como componentes de una pregunta central acerca de la mejoría del bienestar humano. Déjenme decirles que, cuando leí este pasaje, para mí fue, en ese momento, un ¡eureka!” (Pedro Schwartz, Poverty and Inequality, Library of Economics and Liberty, 7 de abril de 2014). Entendida esta relación, es conveniente para mi exposición analizar primero el tema de la pobreza y luego el de la distribución del ingreso.
Se ha hablado del capitalismo como promotor de la concentración del ingreso y de mantener cada vez más pobres en el mundo.  De entrada voy a hacer una explicación conceptual de diferencia que hay entre una extrema distribución desigual y la pobreza, aunque haya una relación entre ellos. Empiezo por definir lo que es pobreza, esa de la cual hablan cuando dicen que el número de pobres “ha aumentado” debido al capitalismo. La medición internacionalmente aceptada de un nivel de pobreza es de $1 al día; esto es, $365 al año. El Banco Mundial señala que “en última instancia es un monto arbitrario” en mucho por la naturaleza multifacética de la pobreza (la pobreza del alma de ciertos millonarios, pongo por ejemplo). Pero “para las comparaciones internacionales (que es lo que se ha estado pretendiendo en ciertos comentarios en Facebook, que estimularon estos dos míos) el estándar de $1 al día es útil.” (World Bank, Introduction to Poverty Analysis, Basic Poverty Measurement and Diagnostic Course, Chapter III: poverty line, p. 42). Posteriormente daré datos con las fuentes correspondientes, de la enorme reducción que ha habido en la cantidad de personas pobres de acuerdo con diferentes líneas de pobreza, reducción no sólo en términos relativos con respecto a la población total, sino que también en números absolutos.
Otros estudiosos del tema, como, por ejemplo, Surjit Bhalla, prefieren un estándar de $1.50 al día ($547.50 al año), debido a que él considera que esta segunda definición de línea de pobreza incorpora mejor la tendencia de los ricos a subestimar los gastos en comparación a como lo hacen los pobres, así como la tendencia de que los ricos no suelen ser plenamente cubiertos por las encuestas. (Surjit Bhalla, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Published by the Institute for International Economics, September 26, 2002, p. p. 11-12).
Pero la medida de pobreza es, como tal, distinta del indicador de la distribución del ingreso. Para dar un ejemplo, se podría tener una nación en donde hay un bajo porcentaje de su población bajo la línea de pobreza, pero, a la vez, en donde se presenta una distribución del ingreso altamente desigual. Un posible ejemplo podría ser Suiza, que en el 2012 tenía un 7.9% de su población bajo la línea de pobreza, pero tal vez una distribución del ingreso muy concentrada (enfatizo tal vez, pues no tengo el dato de ella).
De acuerdo con el Gini Index provisto por el Banco Mundial, el coeficiente de Gini de Suiza, estimado en el año 2012, fue de 31,6; el equivalente para Costa Rica fue 48,6; a su vez, los coeficientes de Gini para Bolivia y Paraguay, países con una muy elevada extrema pobreza, fueron, en el 2012, de 48,1 y 48.2, respectivamente. El primero de ellos con modelos de mercado estatizados y socializados y, el segundo, con modelos de producción altamente concentrados en pocas manos. O sea, cabe pensar a partir de estos datos que un país altamente capitalista, como Suiza, puede tender una menor concentración del ingreso, que iría en contra de que el capitalismo provoca una concentración del ingreso.  A la vez, que países con cierto grado de capitalismo, como Costa Rica, pueden tener una distribución del ingreso muy parecido a una nación estatista como Bolivia. Pero no describe la inmutabilidad de la afirmación que el capitalismo es causa de la concentración de la riqueza, sino que puede deberse a muchas otras causas.
Ese índice, que usualmente se emplea para medir la desigualdad, se llama el coeficiente de desigualdad de Gini (hay otros, como por ejemplo el de Theil). Aquel varía de 0 o completa igualdad hasta 1, total desigualdad.  Pero, observe que una sociedad, por hipótesis, puede tener un muy bajo nivel porcentual de su población debajo de la línea de pobreza, pero a la vez puede tener una distribución de ingreso muy desigual (un individuo que está por encima de ese nivel de pobreza obtiene la totalidad del ingreso). A la vez, una nación puede tener un muy elevado porcentaje de su ocupación por debajo de la tasa de pobreza, pero, a la vez, un distribución muy igualitaria del ingreso (se me ocurre, por ejemplo, alguna nación muy pobre de África). Por eso prefiero tratar separadamente la información acerca de la pobreza de la distribución del ingreso, si bien ambos suelen ser facetas relacionadas con el bienestar de las personas.
Por ello, es crucial tener muy clara la diferencia entre pobreza y distribución del ingreso, aunque ambos son temas de nuestro interés, al referirse al bienestar humano.

PRIMERA FALSEDAD: QUE EL CAPITALISMO HA AUMENTADO LA POBREZA
Ahora bien, paso a brindar un conjunto de datos que significan un serio cuestionamiento a lo que algunas personas señalan acerca de que el capitalismo ha aumentado la pobreza de la humanidad y promovido una distribución más desigual de los ingresos.
Voy primero al tema de los datos acerca de pobreza. Destaco la conclusión del libro de Deepak Lal, distinguido economista de origen indio y ciudadano inglés, quien es profesor de economía de la Universidad de California, Los Ángeles, y quien por muchos años se ha dedicado al estudio de la pobreza, la inequidad, el crecimiento y el desarrollo económico entre otros temas. En su libro Poverty and Progress: Realities and Myths about Global Poverty (Washington, D. C.: Cato Institute, 2013, p. 2), expone que “el primer capítulo resume la evidencia que creo es la más creíble para evaluar el estado de la pobreza en el Tercer Mundo, de acuerdo con la medida convencional del índice basado en el número de personas que están por debajo de la línea de pobreza de $1 al día, utilizando el poder de compra de 1993. También resume la evidencia acerca de cómo ha ascendido Occidente y como lentamente ahora empieza a hacerlo el Tercer Mundo, desde un nivel de pobreza masiva… Muestro también cómo el rápido crecimiento generado a partir de la década de los ochenta, durante el segundo período de globalización, ha conducido al alivio más grande de la pobreza estructural masiva de la historia humana.”
Con base en estimaciones de Angus Maddison, en The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD),  2001), Deepak Lal concluye que los datos muestran como durante la mayor parte de la historia de la humanidad hasta el año 1000 DC (después de Cristo), “el ingreso per cápita del mundo y de la mayoría de sus regiones era cercano a $450 al año en términos de dólares de poder adquisitivo constante.” (Lal, Op. Cit., p. p. 9 y 12). Al comparar esa cifra con el de la pobreza mínima definida por $365 al año, se deduce que “la masa de la población habría estado en o por debajo de la línea de pobreza. De esta forma, durante la mayor parte de la historia humana, la norma ha sido la pobreza estructural masiva.” (Ídem, p. 12).
Los datos los presenta Lal (Ídem, p. p. 10-11; específicamente su tabla 1.1 que se presenta al final de este comentario) con base en los cálculos de Maddison acerca de los niveles de la población, del nivel del PIB y del PIB per cápita en sendos cuadros de su obra citada, página 28. 
En el siglo XI se inicia el ascenso de la economía de Europa Occidental, que luego se reflejó en una gran divergencia entre Occidente y el resto del mundo.  “Aunque [tanto en Occidente como en el resto del mundo] el ingreso per cápita era aproximadamente el mismo en el año 1000 DC (después de Cristo), ya para 1953 era 5.6 veces más elevado en el Oeste. Esta aceleración históricamente sin precedentes del crecimiento, empezó primero lentamente y luego espectacularmente desde mediados del siglo XIX, lo cual permitió que Occidente finalmente eliminara la pobreza masiva estructural.” (Ídem, p.p. 17-18). Debe tenerse presenta que muchas de las instituciones propias del capitalismo (capitalistas mercaderes, mercados, letras de cambio, bancos, etcétera), pero especialmente los derechos de propiedad, fueron los que permitieron que “la institución del capitalismo surgiera en una parte de Eurasia en el siglo XI.” (Véase Deepak Lal, Reviving the Invisible Hand: The Case for Classical Liberalism in the Twenty-First Century, Princeton: Princeton University Press, 2006).
A partir de las ideas básicas de los ingleses en torno al libre comercio, el patrón oro y el respeto internacional de un marco legal que salvaguardaba los derechos de propiedad, se logró una expansión mundial del comercio y del intercambio. Un trabajo de 1985 del economista Lloyd Reynolds (Economic Growth in the Third World, New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1985, p. 958), señala los años en que, para diferentes países, se puede considerar en que hay un punto de inflexión, en donde los países en desarrollo ingresaron a un período de un crecimiento económico sostenido, que se caracteriza por un aumento continuo de los ingresos per cápita, en contraste con un crecimiento previo de la producción que apenas se mantenía acorde con el crecimiento de la población.
Veamos algunos de los datos para 12 países que he seleccionado de la lista de Reynolds de países del tercer mundo (mi elección refleja una preferencia por señalar a naciones latinoamericanas): Chile, 1940; Brasil, 1850; Argentina, 1860; México, 1876; Perú, 1880; Colombia, 1885; Cuba, 1900; Venezuela, 1925, China, 1949, India, 1947, Japón, 188o e Indonesia, 1965). Estos datos de Reynolds se presentan en el cuadro 1.4, página 19 del libro de Lal Poverty and Progress previamente referido y presentado al final de este comentario.
Uno de los mayores estudiosos del tema, el economista inglés Angus Maddison escribió en el 2001 lo siguiente, refiriéndose al período 1870-1913: En ese lapso “el PIB mundial creció anualmente en un 1.3%, en comparación con uno del 0.5% anual entre 1820 y 1870 y de un 0.07% anual entre 1700 y 1820. El aceleramiento se debió a un progreso tecnológico más rápido y a las fuerzas que lo difundieron liberadas por el orden económico liberal del cual el Reino Unido fue el principal arquitecto. No fue un proceso de igualación global, sino que hubo ganancias significativas de los ingresos en todas las partes del mundo. Australia y los Estados Unidos lograron niveles superiores a los del Reino Unido allá por el año 1913. El crecimiento fue más rápido que el del Reino Unido en la mayoría de la Europa Occidental y Oriental, en Irlanda, en todas las naciones Occidentales que brotaron, en América Latina y en Japón. En India, otras partes de Asia (excepto China) y en África los avances fueron mucho más modestos, pero el ingreso per cápita se elevó en más de una cuarta parte entre 1870 y 1913.” (Cita de Maddison tomada de Lal, Poverty and Progress, Op. Cit., p. 20).
Conocemos luego cómo el orden económico liberal se acabó con la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Así como que también América Latina, en el período posterior a la Segunda, abrazó tendencias proteccionistas, que la aislaron del resto de los países industrializado, los cuales, impulsados por los Estados Unidos, buscaron reconstruir, al menos parcialmente, el viejo orden liberal. Reformas aperturistas en dos importantes economías, China con Deng Tsiao Ping en 1979 e India en 1991, marcan un segundo período de globalización, del cual han formado parte muchas economías de América Latina y de África. A ello se debe adicionar la caída o implosión en 1991 de las antiguas economías socialistas, muchas de las cuales se han integrado o reintegrado al nuevo orden económico liberal.

Esto ha tenido un efecto significativo sobre el crecimiento del ingreso per cápita y, por tanto, sobre los pobres del mundo, como podemos ver a continuación, con datos que comparativos que van desde 1500- 1820 y de 1820 al 2001. Para esto acudo a datos que brindó Angus Maddison en “Measuring and Interpreting World Economic Performance 1500-2001”, Review of Income and Wealth, Vol. 51, No, 1, mayo de 2005, p. 12, table 6). A continuación presento un resumen de datos de los niveles del PIB per cápita en distintos años (en dólares de 1990) y del crecimiento del PIB per cápita en ciertos períodos:


Es interesante notar lo que señala Maddison en cuanto a cinco fases del capitalismo entre 1820 al 2001 y lo que denomina como época del capitalismo mercantil que va de 1500 a 1820.
Primero, en lo relevante, su investigación sugiere “que los años 1950-73 fueron la edad dorada de una época de prosperidad sin paralelo.” El PIB mundial creció a una tasa anual del 5% y del 3% en términos per cápita. En segundo lugar, que el nivel de ingreso real per cápita en Occidente pasó de $1.109 en 1820 a $22.509 en el 2001; esto es, aumentó casi 20 veces, durante ese período que se ha llamado “capitalista”. En tercer lugar, que lo que denomina como “crecimiento económico moderno” en todas las fases que se han llamado capitalistas (esto es, de 1820 al 2001), “ha sido mucho más rápido que en los siglos previos. Del 1500 al 1820, el ingreso per cápita del mundo se elevó de un 0.5% cada año.  Entre 1820 y el 2001, se incrementó a un promedio del 1.23% anual, cerca de 25 veces más rápido.” (Maddison, Measuring…, Op. Cit., p. 12).
En adición a lo expuesto, debo referirme a algunos datos que expuso Surjit Bhalla, en su obra previamente señalada, Imagine There’s No Country. Él reúne información acerca de la pobreza en todo el mundo, tomando como base una línea de pobreza de $1.50 al día ($547 al año) en dólares ajustados por la paridad del poder de compra de 1993. Así logra obtener lo que denomina como el coeficiente de personas en situación de pobreza (CP), que es el porcentaje de la población que está por debajo de aquella línea de pobreza de $1.50 al día, para el período 1820 al 2000.
Al final de esta primera parte se presenta la figura 9.1, tomada de la página 144 del capítulo 9 de su libro en mención y que se presente al final de este comentario, la cual conformada por dos paneles. El primero de los gráficos muestra, para el período 1820-2000, el cociente de personas en extrema pobreza (menos de $1.50 al día a precios de 1993) como porcentaje de la población total.  El segundo gráfico expone el número de personas pobres (en millones). El este gráfico puede ser obtenido en Internet en el capítulo 9 de su libro Imagine There’s no Country: Poverty, Inequality and Growth in the Age of Globalization, en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html


En el caso del porcentaje de la población mundial que está por debajo de la línea de pobreza de $1.50 al día, a precios de 1993,  los datos del CP (por cociente de pobreza) del libro de Bhalla, son los siguientes:



Los datos consignados por Bhalla de años previos a 1950 provienen del ensayo de  François Bourguignon y Christian Morrisson, Inequality Among World Citizens: 1820-1992, American Economic Review, Vol. 29, No. 4, setiembre del 2002, p.p. 731y 732 y los restantes, esto es, de 1950 al 2000, fueron  por  el propio Surjit Bhalla, Imagine There’s No Country, Op. Cit., p. 141.
A partir de ellos se pueden definir tres períodos concretos: uno durante la globalización del siglo XIX; otro es el de entreguerras de 1929 a 1950, en donde la globalización se detuvo e incluso se revirtió, y el tercero que se inicia a partir de 1950, aunque en verdad no fue sino hasta 1980 cuando el Tercer Mundo se unió a este segundo proceso de globalización.  
Lal (Poverty and Progress, Op. Cit. p. 21) concluye con cálculos de lo que denomina “el efecto del crecimiento sobre la pobreza”, que indica el descenso que se produce en el coeficiente de personas en situación de pobreza (CP), ante cada 10% de crecimiento de los ingresos per cápita.  Él demuestra el evidente descenso del coeficiente de personas en situación de pobreza (CP), tanto durante el siglo XIX, que se podría llamar como el primer período de globalización, así como en el período actual de globalización. Asimismo, que dicho coeficiente CP aumentó durante el período antiglobalización de entreguerras. Señala que “el rendimiento más elevado en términos de reducción de la pobreza se ha dado a partir de 1980, cuando el Tercer Mundo empezó a integrarse a la economía mundial.” E indica que “África es la única región en donde la pobreza no ha declinado y es también la región menos integrada a la economía global.  La declinación mayor ha sido en Asia, pero también la América Latina y el Oriente Medio han visto declinar su pobreza.”
Lal expone que se ha afirmado que “el crecimiento durante el último período de globalización no fue pro-pobres. A pesar del rápido crecimiento promovido por la integración global, se ha dicho [por ejemplo, por Stiglitz] que la pobreza no se ha reducido en mucho.” (Ídem, p. 25).  Bhalla, en su libro antes citado, responde a eso con la pregunta de “¿si el consumo de aquellos considerados pobres en 1980 (el 44 por ciento del nivel inferior) creció más rápidamente que el resto de la población en el período 1980-2000?” Su respuesta: “para el mundo en desarrollo como un todo, los pobres incrementaron sus ingresos al doble de rápido que aquellos quienes no eran pobres.” (Ídem, p. 27).
Tengo otros datos adicionales (lo que abunda no daña en este caso). Empezaré citando parte del resumen introductorio del memorable trabajo del distinguido economista Angus Maddison, quien dedicó mucha de su vida al estudio del crecimiento, desarrollo y pobreza en la historia de la humanidad. Dice así:
“Durante el milenio recién pasado, la población del mundo aumentó 22 veces.  El ingreso per cápita se incrementó 13 veces; el Producto Interno Bruto mundial casi 300 veces. Eso contrasta fuertemente con el milenio precedente, cuando la población mundial creció tan sólo en un sexto, y no hubo avance en el ingreso per cápita.
Desde el año 1000 hasta 1820 el avance en el ingreso per cápita se dio tan solo a un lento paso de tortuga –el promedio mundial se elevó cerca de un 50 por ciento. La mayor parte del crecimiento se dio para acomodar un incremento de 4 veces de la población.
A partir de 1820, el desarrollo mundial ha sido mucho más dinámico.  El ingreso per cápita se elevó en más de ocho veces; la población en más de cinco veces.
El ingreso per cápita no es el único indicador de bienestar. En el largo plazo se ha presentado un aumento significativo de la esperanza de vida. En el año 1000, el infante promedio podía esperar vivir alrededor de 24 años. Una tercera parte moriría en su primer año de vida; el hambre y las epidemias harían estragos entre los sobrevivientes. Hubo un incremento casi imperceptible hasta 1820, principalmente en Europa Occidental. La mayor parte de la mejora se ha dado desde ese entonces. Hoy el infante promedio espera vivir 66 años.
El proceso de crecimiento fue desigual tanto en espacio como en tiempo.  El alza en la esperanza de vida y en el ingreso ha sido más rápido en Europa Occidental, Norteamérica, Australasia y el Japón. Hacia 1820 este grupo había avanzado con determinación a un nivel de ingreso que era el doble de aquel del resto del mundo. Para 1988, la diferencia era de 7 a 1. Entre los Estados Unidos (líder del mundo actual) y África (la región más pobre) la distancia es ahora de 20 a 1. Esta diferencia continúa aumentando. La divergencia domina, pero no inexorable.  En el último medio siglo, los renacientes países asiáticos han demostrado que es factible un cierto grado de alcance. Sin embargo, el crecimiento económico mundial se ha ralentizado sustancialmente a partir de 1973 y el avance de Asia ha sido compensado por el  estancamiento o el retroceso en otras partes.” (Angus Maddison, The World Economy, Op. Cit., p. 17).
Hay otra parte de este trabajo de Maddison, que me interesa destacar:
“La economía mundial tuvo una mejor actuación en la segunda mitad del último siglo pasado que en otra época de su pasado. El PIB mundial aumento seis veces desde 1950 a 1998, con un crecimiento promedio de 3.9 por ciento anual en comparación con el 1.6 por ciento promedio de 1820 a 1950 y del 0.3 por ciento entre 1500 y 1820.
Parte de este aceleramiento sirvió para sostener un crecimiento mayor de la población, pero el ingreso real per cápita se elevó en un 2.1 por ciento anual comparado con el 0.9 por ciento de 1820 a 1950, y al 0.05 por ciento entre 1500 y 1820. De esta manera, el crecimiento per cápita fue 42 veces más rápido que el de la época proto-capitalista y más del doble de rápido que en las primeras 13 décadas de nuestra época capitalista.” (Ídem, p. 125). 
En un reciente e interesante estudio, relevante para el caso, fue hecho por dos economistas, Maxim Pinkovskiy, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y Xavier Sala-i-Martin de la Universidad de Columbia, y que se citó anteriormente, se arribó a las siguientes conclusiones, además de otras a las que me referiré en la próxima y segunda parte de mi comentario, cuando trataré acerca del tema de la distribución del ingreso. En lo pertinente señalan “1) las tasas de pobreza global declinaron entre 1970 y el 2006. Esto es verdad para líneas de pobreza que van desde $1 al día hasta $10 al día. 2) Las mediciones en la pobreza global descienden entre 1970 y el 2006 para líneas de pobreza de $1 al día a $3 al día. El número total de pobres ha declinado en más de 617 millones si usamos la línea de pobreza de $1 al día hasta de más de 780 millones si usamos la línea de $2 al día. Para líneas de pobreza más altas, las mediciones de pobreza aumentaron durante los primeros años, pero todas están descendiendo para el 2006…” (Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin, Parametric…, Op. Cit. p. 38).
Hay datos adicionales significativos que quiero exponer, provenientes del trabajo de Angus Maddison, cual es el crecimiento del PIB per cápita de ciertas regiones del mundo, tanto para los lapsos de posguerra 1950-1973 así como 1973-1998.


Asimismo, menciono resultados importantes de un estudio de Xavier Sala-i-Martin. Escribe que “Usando la definición original de pobreza del Banco Mundial ($495 de ingreso anual), la tasa de pobreza declinó de un 15.4% de la población mundial en 1970 a un 5.7% en el 2000, ¡una declinación por un factor de casi tres! Esto es especialmente impresionante dado que durante ese mismo período, la población aumentó casi un 50% (de 3.5 a 5.7 billones de ciudadanos)… el número total de ciudadanos pobres bajó de 534 millones a 322 millones, una declinación del 50%.” (Xavier Sala-i-Martin, “The World Distribution of Income: Falling Poverty and… Convergence. Period,” The Quarterly Journal of Economics, Vol. 121, número 2 de mayo de 2006 Op. Cit., p. p. 373 y 375).
Continúa señalando que, si se usa una línea de pobreza de $1.50 al día, se “observa un descripción similar: la tasa de pobreza cayó de un 20% a un 7% en dicho período, un factor de declinación cercano a 3. La población en estado de pobreza se redujo en cerca de 300 millones de ciudadanos (de aproximadamente 700 millones de personas a poco menos de 400 millones. En otras palabras, el número total de ciudadanos pobres descendió pobres en un 56% en un período en el cual la población aumentó en un 50%. (Ídem, p. 375).
Datos similares se presentan para otros niveles de pobreza de $2 al día ($730 al año) y de $3 al día ($1440 anuales). En el primer caso, la pobreza bajó a un 30% en 1970 y a un poco menos del 11% en el 2000. La población en pobreza cayó de cerca de 1.000 millones en 1970 a cerca de 600 millones en el 2000; esto es, bajó un 54% o sea 428 millones de personas.  Para el segundo caso, el índice de pobreza declinó de un 47% en 1970 a un 21% en el 2000. La población pobre (definida bajo esta línea de pobreza de $1140 al año) se redujo de 1.6 billones a 1.2 billones en el 2000. (Ídem, p. 375).
Finalmente quiero hacer referencia a una información reciente de las Naciones Unidos que, como parte de sus metas para el desarrollo del milenio, que se propusieron lograr en 1990, señalaron como primero “reducir a la mitad la proporción de gente con un nivel de ingreso menor que $1 al día en el lapso entre 1990 y el 2015”. (Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo del Milenio: Informe de 2013, Nueva York: Naciones Unidas, 2013, p. 6). Pues bien, resulta que esa meta fue lograda dos años antes de lo previsto, que era esperado que se lograra para el 2015. Con cierta ironía justificada, nos dice don Pedro Schwartz que “ahora el consenso en la profesión de la economía es que, de hecho, la pobreza mundial ha estado en retirada durante más de cuarenta años. Uno de los primeros campeones en mantener este punto de vista fue Xavier Sala-i-Martin, de la Universidad de Columbia y de la Escuela de Economía Pompeu Fabra en Barcelona. Por más de una década, él ha venido luchando por lograr que las Naciones Unidas y el Banco Mundial admitan que la pobreza había venido cayendo mucho más rápidamente de lo que se esperaba; y los hechos están de su lado”. (Pedro Schwartz, Op. Cit., 7 de abril del 2014).
El orden capitalista ha cumplido con creces el objetivo de reducción de la pobreza, aunque en el camino del progreso del bienestar humano, aún falta más por avanzar. No hay duda que, en cuanto a la capacidad del capitalismo, tenía razón un pensador quien en una ocasión escribió lo siguiente:
“La burguesía, a lo largo de su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la asimilación para el cultivo de continente enteros, la apertura de ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social?” (Carlos Marx, El Manifiesto Comunista, Primera parte, sin paginación).

Espero que los datos consignados sobre pobreza en este comentario sean útiles para quienes, con suma facilidad, han señalado que el capitalismo es el culpable del aumento de la pobreza, cuando la evidencia parece mostrar el tremendo efecto positivo de ese orden económico en cuanto a reducirla significativamente: pobreza que, con el paso del tiempo, es cada vez relativamente menor y en donde los pobres son menos pobres que antes. De hecho ese enorme decrecimiento de la pobreza se ha acelerado alrededor de inicios del siglo XIX y hasta la actualidad, aunque a veces hay baches en ese camino. No hay duda que, lo que se conoce como capitalismo, con pleno desarrollo en el siglo XIX, con su expansión del comercio y del intercambio, dio lugar a un crecimiento sostenido de la producción que sobrepasó con creces al crecimiento de la población. 
En una segunda parte, en la entrega de mañana, me referiré a datos acerca de la distribución de los ingresos.

TABLAS Y FIGURAS MENCIONADAS EN EL TEXTO:

Deepak Lal, Poverty and Progress: Realities and Myths about Global Poverty, table 1.1 p. p. 10 y 11.


Deepak Lal, Poverty and Progress: Realities and Myths about Global Poverty, table 1.4 p. 19.


Surjit Bhalla, Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Figure 9.1, World Poverty 1820-2000 (dos paneles), página 144.


FUENTES DE LAS PUBLICACIONES MENCIONADAS

Bhalla, Surjit. Imagine There’s No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization, Institute for International Economics, September 26, 2002. Se puede acceder en Internet en http://bookstore.iie.com/book-store/348.html
Bourguignon François y Morrisson, Christian. “Inequality Among World Citizens: 1820-1992,” American Economic Review, Vol. 29, No. 4, setiembre de 2002. El artículo se puede obtener en http://piketty.pse.ens.fr/files/BourguignonMorrisson2002.pdf
Lal, Deepak. Poverty and Progress: Realities and Myths about Global Poverty, Washington, D.C.: Cato Institute, 2013.
Lal, Deepak. Reviving the Invisible Hand: The Case for Classical Liberalism in the Twenty-First Century, Princeton: Princeton University Press, 2006.
Maddison, Angus. “Measuring and Interpreting World Economic Performance 1500-2001”, Review of Income and Wealth, Vol. 51, No, 1, mayo de 2005. El documento puede ser obtenido en https://crawford.anu.edu.au/pdf/edges/Maddison.pdf
Maddison, Angus. The World Economy: A Millenial Perspective, Paris: Organization for Economic Co-Operation and Development (OECD), 2001. En http://theunbrokenwindow.com/Development/MADDISON%20The%20World%20Economy--A%20Millennial.pdf se puede obtener la publicación.
Marx, Carlos. El Manifiesto Comunista, Primera parte, sin paginación. En https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm puede ser obtenido.
Naciones Unidas. Informe del 2013: Objetivos de Desarrollo del Milenio, http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/mdg-report-2013-spanish.pdf
Pinkovskiy, Maxim y Sala-i-Martin, Xavier. Parametric Estimations or the World Distribution of Income, Cambridge, Mass.: National Bureau of Economic Research (NBER), Working Paper Series 15433, octubre de 2009. El documento puede obtenerse en http://www.nber.org/papers/w15433
Reynolds, Lloyd. Economic Growth in the Third World, New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1985.
Sala-i-Martin, Xavier. “The World Distribution of Income: Falling Poverty and… Convergence. Period,” The Quarterly Journal of Economics, Vol. 121, número 2 de mayo de 2006. En http://www.columbia.edu/~xs23/papers/pdfs/qjec.2006.121.2.pdf puede ser obtenido.
Schwartz, Pedro. Poverty and Inequality, Library of Economics and Liberty, 7 de abril de 2014. En http://www.econlib.org/library/Columns/y2014/Schwartzpoverty.html se puede obtener el documento.
World Bank. Introduction to Poverty Analysis, Basic Poverty Measurement and Diagnostic Course, chapter III: Poverty line. El documento puede obtenerse en http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/TOPICS/EXTPOVERTY/EXTPA/0,,contentMDK:20243017~menuPK:435375~pagePK:148956~piPK:216618~theSitePK:430367,00.html


 Jorge Corrales Quesada










martes, 23 de febrero de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: botando la plata escasa

Debo señalar que he apreciado la labor del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) en un grado relativamente alto.  No sé si ello es producto de una evaluación racional o el resultado de un amor oculto por la enseñanza liberadora del hombre, pues gran parte de mi vida la he pasado cerca del aula.

Por ello, de cierta manera me dolió lo que informa el periódico La Nación, en su edición del 12 de octubre pasado, en un comentario titulado “INA invirtió ₡400 millones en fallido plan aeroespacial: Según Auditoría, idea para capacitar en alta tecnología nunca tuvo sustento técnico.” Y me duele, tal vez no tanto por el monto, que en la danza de millones que uno observa a nuestro alrededor, 400 millones no son nada, como diría cualquier tango actual. Me duele por lo que expresa el subtítulo: “idea para capacitar en alta tecnología nunca tuvo sustento técnico.”

Leía, no hace mucho, el Informe Acerca de la Competitividad Global del 2015-2016 publicado por el Foro Económico Mundial, que en dos calificaciones en los llamados pilares “Alerta Tecnológica” e “Innovación”, el país obtenía un relativamente buen puntaje: lugar 49 entre 140 naciones en lo primero y de 39 entre 140 países en lo segundo. (Recuerde que en esa clasificación entre más bajo el lugar, es mejor).  Por ello, uno podría estar satisfecho con el adelanto competitivo que nuestro país tiene en esas áreas o pilares.

De aquí que a uno le duela que el INA haya fallado en desarrollar un plan educativo aeroespacial, del cual, tal vez, podría esperarse que derivara un impulso tecnológico y de innovación en el país. Sin embargo, la clave está en el “tal vez” de la frase inmediata anterior: el problema no era tanto el de ver si había posibilidades de elevar la calidad tecnológica del país, sino en evaluar si la nación requería -si había demanda actual insatisfecha o potencial- de trabajadores especializados en dichas áreas.  Esto es, antes de invertir tiempo, recursos, esfuerzos, para dar capacitación en tecnología aeroespacial, se debería de haber estudiado no sólo si era viable un programa en tal sentido, incluso en cuanto a la ubicación correcta, sino también acerca de si habría demanda por sus egresados, tales que entonces se ameritara llevar a cabo ese proyecto específico, a la luz de otras opciones de inversiones en educación en otras áreas de alta tecnología.

Señala el diario que el INA “pagó terreno, planos y diseños de edificio sin tener estudios.” El proyecto denominado Centro de Alta Tecnología Aeronáutica y Aeroespacial (CATEAA) no dio resultado, tal como lo señala un informe de su Auditoría entregado a la Junta Directiva del INA el 28 de mayo del 2013. En él se indica que “en el caso CATEAA desde 2009 se dijo contar con amplia fundamentación técnica y jurídica… sin tener tales fundamentos, podría considerarse que eventualmente se está en presencia de despilfarro de recursos públicos.” A mediados del 2013, el INA suspendió el proyecto CATEAA, pero está pendiente una explicación de las autoridades de entonces y de ahora acerca de las responsabilidades. Hay que señalar que dicho proyecto se estimó que requeriría unos ₡22.500 millones en inversión, sobre todo de gastos de planilla de profesores, pero sólo se llegaron a gastar ₡280 millones en la adquisición de un lote en el campus La Flor de la Universidad Earth en Liberia; ₡130 millones en estudios, planos y diseños del edificio especializado en alta tecnología y ₡6 millones de una misión del INA en el 2011 a México y Estados Unidos para observar centros parecidos.

Lo que uno pregunta es ¿y ahora qué?  ¿Nos darán las explicaciones del caso las autoridades del INA de aquel entonces y de la actualidad?  Esto es relevante en estos momentos, cuando en la Asamblea Legislativa avanza -afortunadamente- el proyecto para que el país cuente con el programa llamado de Educación Dual, y en el cual en una subcomisión legislativa “se acordó que la modalidad dual sea impartida por el Instituto Nacional de Aprendizaje o instituciones para-universitarias…” y con fondos provenientes de lo que el Estado destina a la educación. Así ya no serán los colegios técnicos los que brinden esa modalidad de educación. Ojalá que no estemos creando otro pequeño monstruo estatal, con esa exigencia de que sea sólo en el INA o instituciones para-universitarias en donde se brinde el programa, porque a veces las cosas dan la impresión de que en el país no es posible hacer algo si el estado no está de por medio e incluso con prominencia. También determinaros los diputados de que ese proyecto sea parte de “la responsabilidad social de las empresas”, para que puedan participar en el programa.  O sea, ya se mete la palabra “social’ en el camino, tan sólo como para decorar el hecho de que va en el interés de las empresas, que así lo quieran, de invertir en mano de obra que muy posiblemente llegarán a utilizar. La responsabilidad de la empresa es producir competitivamente para satisfacer de la mejor manera a los consumidores y, para ello, requiere de mano de obra bien calificada y que le sea rentable y por ello está dispuesta a invertir en la formación y preparación interna de la fuerza de trabajo que requiere.

 Jorge Corrales Quesada

lunes, 22 de febrero de 2016

Tema Polémico: Separación de Poderes

La semana anterior, fue la muerte del Juez de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América Antonin Scalia, siendo su funeral justo éste sábado pasado. Scalia era el juez conservador más prominente de la Corte, por lo que el proceso de elección del nuevo miembro del alto Tribunal puede implicar un cambio radical en el balance de poder a lo interno de la Cámara. Ello, ha llevado a toda una discusión respecto a la conveniencia política o no de que tanto Obama proponga a su sucesor, como a que el Senado lo acepte o no. Dada esta situación algunos candidatos electorales como Ted Cruz han sugerido que el proceso electoral debe convertirse en un verdadero referéndum respecto al futuro de la Corte.

Un tema que nos parece interesante rescatar en este pequeño comentario, es la filosofía jurídica de Scalia. El juez creía que la Constitución no era un documento vivo, y que por lo tanto debía de ser interpretada a la luz del significado mismo del texto al momento de su creación. Lo contrario, según su visión implicaría un secuestro del proceso democrático al ser nueve jueces no electos quienes vía “interpretación” realmente estarían modificando la Constitución, con la evidente ruptura a la división de poderes que ello implicaría.


Más allá de que se esté de acuerdo o no con esta propuesta, nos parece importante rescatar la idea latente sobre la cual ella se funda: el activismo judicial de los jueces. Desafortunadamente, rara vez en nuestro país salvo ciertas resoluciones de la Sala Constitucional, este tema suele ser abordado. Creemos que es notorio que cada vez más el Poder Judicial adquiere mayor relevancia y poder como actor en la toma de decisiones, de ahí la necesidad de estar siempre atentos para que en sus resoluciones no nos metan gato político por liebre jurídica…

martes, 16 de febrero de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: la privatización de las vías públicas

Tal vez privatización no sea la palabra más adecuada, sino más bien “usurpación”,  pero le dejo a cada uno de ustedes que emplee el término que desee; el hecho es que se ha venido observando un fenómeno creciente de apropiación de las vías públicas para el estacionamiento de taxis. 
 
No disputo que el estado -preferiblemente el gobierno local- tiene una tarea esencial en cuanto al ordenamiento del tránsito en las vías públicas; tarea que podría incluir que haya sitios adecuados para que los taxis esperen allí a sus clientes, pero no que llegue al grado de abuso que ahora uno observa.
De aquí que considero oportuno el comentario de La Nación del 28 de setiembre, titulado “Taxistas convierten calles y aceras en paradas ilegales: Infractores justifican invasión de espacios para buscar clientes.”

Gran cosa que el director ejecutivo del Consejo de Transporte Público, Mario Zárate, reconozca el problema y que, de inmediato, nos indique que “la escasez de oficiales de tránsito para combatir a los infractores” ha de ser la causa del contratiempo o, al menos, que su inopia impida una solución adecuada.  Incluso señala que “al día de hoy, los taxistas se parquean donde no deben si no hay presencia de policías.” Es probable que el señor sólo observa el impedimento en el “casco central”, pero el problema ya se presenta en toda la ciudad. Pero, según nos informa La Nación, tan sólo “en el centro de San José hay 47 paradas avaladas para los taxis.” ¿Y las no avaladas?  ¿Y las que no están en el centro de San José?  Sabemos que en conjunto todas llegan a una cantidad significativa, pues hemos podido observar como pululan en todo lado.

El asunto es que, sean cuantas sean las paradas autorizadas, lo que uno ve va mucho más allá de unas “paradas”.  Es cómo evolucionan; cómo crecen; cómo se desarrollan. Simplemente lo que empieza como una parada, de tal vez media cuadra o una cuadra, pronto hace metástasis hacia calles contiguas, por lo que, de hecho, los taxistas se van apoderando de una extensión significativa de calles públicas.  

Prefiero no indicar el sitio exacto de uno de ellos, pero lo narraré.  En cierta parte de Montes de Oca, se le dio primero permiso a unos cuantos taxis para que se estacionaran frente a una iglesia. Pronto coparon para sí toda la cuadra, incluso bloqueando la entrada al templo por donde trasladan a los fallecidos para sus exequias.  Por dicha, ese paso ya no lo bloquean más, no sé si por obra y gracia del espíritu santo. Pero, con el paso del tiempo, han continuado su expansión -especialmente para estacionarse durante ciertas horas cuando no andan movilizando clientes- llegando a asentarse en una cuadra y media más, a ambos lados de las calles. 

Vean algo asombroso que me consta: como en dichas calles hay casas de habitación desde hace muchos años, en donde muchas familias poseen un carro que en ocasiones lo dejan frente a sus casas (en todo su derecho), he visto como muchos taxistas practican lo que llamo la estratagema del encierro: esto es, al dueño del vehículo privado, le pegan, bien pegado, búmper contra búmper, un taxi por delante de su carro y otro taxi igualmente por detrás y, en el lado de la calle; esto es, casi llegando a media calle, le colocan otro taxi, de manera que el vehículo de la familia queda enjaulado, sin poder moverse. El carro familiar no puede salir sino hasta que no les dé la gana a los carceleros del vecindario o que, arrepentido, el dueño de la casa no vuelva a dejar al taxi al frente una vez que aprendió la lección. E incluso, si en su casas lo vecinos tienen un garaje, muchas veces simplemente le parquean el taxi frente a la salida. 

Uno entiende a los taxistas, como cuando le dicen a La Nación que “honestamente, me paro frente al centro comercial (de Desamparados) porque salen muchos servicios,” pero eso no les da el derecho para que se estacionen adonde no tienen el campo asignado. También, por ejemplo, uno observa en la Plaza del Sol, como, para estacionarse en una larga fila, toman la bahía para los buses claramente señalada (y a veces se estacionan incomodando la entrada al parqueo de ese centro comercial). Y no se diga a los alrededores de las paradas terminales de buses: cualquiera de ustedes lo puede comprobar con sus propios ojos.  Por ello, un taxista entrevistado es capaz de decirle al medio periodístico de forma conminatoria, que ¿por qué [los usuarios] no van a buscar a un montón de piratas que andan ahí en las calles haciendo loco? O sea, si no les gusta, pues ¡jalen! 

No es que no haya multas para los taxis que se estacionan en zonas no aprobadas, dado que es de alrededor de ₡51.000, sino en que ciertamente no hay autoridades que las pongan (¿por qué será?), pero un avance podría ser el que las autoridades municipales, que son las que presuntamente otorgan los permisos para estacionarse en ciertas vías de la localidad, adviertan que sus policías también están autorizados para poner tales multas. Actuando así tal vez protegerían a los vecinos de los abusos descritos.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 15 de febrero de 2016

Tema polémico: conclusiones del proceso electoral municipal 2016

Hace una semana, los costarricenses fuimos convocados para elegir a Alcaldes, Regidores, Síndicos y Consejales de Distrito para cada uno de los 81 cantones y 8 intendencias. Una vez que hemos tenido los resultados preliminares por parte del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), podemos comenzar a sacar algunas conclusiones relevantes.

En primer lugar, el abstencionismo sigue siendo muy alto. Aunque el TSE  realizó una intensa campaña para motivar a los ciudadanos a ejercer su derecho al voto, lo cierto es que el porcentaje de personas que no votó fue superior, por mucho, a cualquier opción política. Sin duda, esta es una gran herida que sufre la ya de por sí debilitada democracia costarricense, pues aunque el abstencionismo ha disminuido según datos del TSE de 77% en las elecciones municipales de 2002 a 76% en las del 2006, el mismo porcentaje en las de 2010 hasta alcansar cerca del 65% en las de esta ocasión, lo cierto es que todavía estamos en niveles preocupantes. 

Gran porción del electorado sigue prefiriendo quedarse en casa o salir a pasear en lugar de apersonarse a las urnas, sea porque está disconforme con la oferta política o porque simplemente no ha interiorizado la importancia del sufragio, lo cual se evidencia en la continua caída del apoyo a la democracia en nuestro país que, de acuerdo con el estudio Latinobarómetro, ha caído en 27 puntos en el periodo 1996-2013. Esta situación enciende las luces de alarma, pues cuando la gente deja de valorar el sistema democrático, se fortalecen opciones que, por lo general, terminan en grandes atropellos a las libertades y derechos individuales. 

En segundo lugar, es claro que el Partido Liberación Nacional (PLN) recobró fuerzas. En esta ocasión, aproximadamente el 32% de los votantes prefirió a esta agrupación sobre cual otra, pese a que en 2014 sufrió una aparatosa derrota en las elecciones nacionales, lo que podría indicarnos que consiguió reponerse del fracaso gracias a la pésima gestión del Partido Acción Ciudadana (PAC) en el Poder Ejecutivo, que sin duda llevó a los electores a considerar que la oferta de "cambio" que presentó Luis Guillermo Solís ha resultado peor que aquello a lo que prometía combatir. 

No obstante, aunque es claro que 68% de los sufragantes no apoya a este partido, ese repudio no ha alcanzado fuerza tal como para motivar a las personas a darle un considerable y sostenible castigo político por las pésimas administraciones y los constantes escándalos de presuntos actos de corrupción cometidos por representantes de esa agrupación política. En este esenario, también resulta posible afirmar que los números no le auguran a los verdiblancos una empresa fácil. Las elecciones nacionales del 2018 requerirán, como mínimo, un 40% de los votos válidos para obtener la Presidencia y atomización de partidos políticos y consecuentes apoyos electorales no son precisamente elementos que le faciliten la tarea. 

En tercer lugar tenemos la pérdida de apoyos para partidos que parecían, en su momento, ser opciones para un cambio del statu quo. Hablamos del Partido Acción Ciudadana, el Frente Amplio y del Movimiento Libertario, cuyos resultados sugieren que su oportunidad para hacer las cosas diferentes comienza a esfumarse. En el caso del primero, ganar la Presidencia ha sido lo peor que le pudo pasar, pues demostró que no tenía el equipo ni la capacidad para cumplir las promesas de campaña y difícilmente logre contar con el apoyo y la confianza de los costarricenses en el futuro. Por su parte, los frenteamplistas, que pintaban como una fuerza en franco crecimiento -que le llevó a obtener 9 escaños en la Asamblea Legislativa en 2014- y tenían altas expectativas de alcanzar alcaldías en muchos cantones, terminaron siendo, por suerte, una gran decepción. A excepción de los barveños, los demás municipios sin duda celebrarán no ser víctima de la parálisis y la perversión comunista. Finalmente, el Movimiento Libertario confirmó lo que se sabía desde el pasado proceso electoral: su muerte. Los escándalos de corrupción en los que han estado ligados, en apariencia, miembros de ese partido así como el pésimo desempeño de la mayoría de los Diputados del periodo 2010-2014 y la todavía peor escogencia de candidatos para el 2014 en la mayoría de provincias, junto con la desgastada presencia de Otto Guevara, cuya credibilidad ha caído en picada, demuestran que la libertad se ha quedado sin casa definitivamente y deberá buscar otra bandera que la represente.

Como cuarta conclusión vale destacar el caso del Partido Nueva Generación. Pasó de ser una agrupación completamente desconocida, con una organización artesanal y sin recursos considerables, a convertirse en la sorpresa de este proceso. Obtuvo 4 alcaldías, decenas de regidores y parece que si sus líderes manejan bien las cosas, podría erigirse como una opción interesante a futuro. Su reto sin duda es motivar a la gente que no ha participado antes en política u ocupado puestos de poder en anteriores periodos a dejar la desidia a un lado y meterse de lleno en la política y en lo político. Asimismo, debe cuidar que en su intento de crecimiento, los valores originales no se prostituyan y evitar que figuras cuestionadas de otros partidos lo utilicen como refugio electoral, pasándole por encima a las personas que han estado desde el principio y no tienen "rabo que le majen", al tiempo que desencante a los electores al ver que son los mismos de siempre pero con otros colores. 

Finalmente queremos cerrar con el atípico caso de Johnny Araya. El político josefino, que parecía acabado después del fracaso electoral de 2014 con el PLN y con renuncia incluida, dio una gran sorpresa en el cantón central de nuestra capital. Nadie daba un centavo por él y terminó aplastando a sus competidores, lo que refleja la fuerza que mantiene su nombre entre los votantes de ese lugar, a pesar del desorden y de la basura que han infestado a la ciudad. Lamentablemente, cuando la gente no quiere cambiar, ni los desastres que caracterizan a San José los pueden hacer entrar en razón.

En fin, queda mucha tela por cortar y mucha discusión que dar, pero no pretendemos zanjar el debate acá. El tiempo nos dirá qué más se puede sacar de lo que vivimos hace una  semana.

martes, 9 de febrero de 2016

La columna de Carlos Federico Smith: algún día tendremos un nuevo aeropuerto

No parece que exista aprensión alguna entre los ciudadanos para que se planee la construcción de un nuevo aeropuerto que llegue a substituir al Juan Santamaría (me gusta más el viejo nombre de El Coco).  Hay dos cosas evidentes para considerarlo casi como indispensable con el transcurso de los años.  Por una parte, nuestro principal aeropuerto actual pronto estará muy rodeado de un desarrollo urbano que constituye una limitante a su expansión y, por la otra, porque la tecnología de la aviación ha evolucionado fuertemente hacia el desarrollo de aeronaves llamados de cuerpo ancho, y nuestro aeropuerto no está básicamente diseñado para ello.  De hecho, en el artículo de La Nación del 7 de setiembre, titulado “Construcción de aeropuerto en Orotina sufre nuevo traspié: Escogencia de terreno se atrasará 15 meses más,” se indica que “Actualmente, el Santamaría sólo tiene capacidad para recibir una sola aeronave de ese tamaño: el Airbus 340 de Iberia, para 250 pasajeros, que vuela a diario a Madrid.”

Es cierto que construir un aeropuerto no es cosa de un día para otro, sino que suele ser usual que pasen muchos años desde el inicio de la idea a su terminación. Por ejemplo, en el caso de aeropuerto de Orotina se estimó que estaría concluido hasta en el 2025, si bien ni siquiera me acuerdo de las fechas en que, por primera vez, se habló de la necesidad de tener dicho aeropuerto.  En todo caso, se había previsto (me imagino que por las autoridades del Consejo Técnico de Aviación Civil (CETAC)), que “en enero de 2014…se escogerían los terrenos y la apertura de la obra sería en el 2025”, de acuerdo con una pregunta que le formuló aquel diario a Eduardo Montero, actual vicepresidente del CETAC.

Lo lamentable es que ahora, en vez haberse ya elegido el terreno en enero del 2014, las nuevas autoridades de esa entidad han señalado que “la decisión no se tomará hasta finales del 2016.” Su argumento es que la responsabilidad de la decisión de posponerla fue tomada por la junta directiva administradora previa, hecho que hace que, por lo tanto, la fecha estimada del inicio de operaciones al público del nuevo aeropuerto sea el 2026, en vez del 2025. Cruzo los dedos para que no termine pasando como tantas obras que en nuestro país se han empezado en cierto momento y “nunca” se terminan, como son el caso de la ampliación de la avenida segunda en San José o la nueva carretera a San Carlos: averigüen ustedes cuándo fue que se iniciaron.

Lo triste es que, para el país, este atraso es un claro desperdicio de tiempo -36 meses- transcurrido entre la fecha en que se “anunció la intención de elegir una propiedad para el proyecto” y el momento en que ello efectivamente se hará.  Este atraso se refleja en una demora de 15 meses de aquella fecha en que estimó estaría terminado el aeropuerto en el año 2025.

Soy muy consciente de que hay cierto tipo de proyectos que requieren de un tiempo extenso desde que se concibe la idea hasta que esté a la disposición de los ciudadanos, pero esa es una fuerte razón por la cual hay que ser expeditos desde el principio, sin que se pierda un tiempo valioso.

Asimismo, en dicho artículo se indica que el análisis para escoger el terreno definitivo en que se construiría el aeropuerto costará $1 millón y que será financiado mediante una donación de la Cooperación Centroamericana de Servicios de Navegación Aérea (COCESNA), un organismo constituido por los diferentes países del área y que básicamente obtiene sus recursos provenientes de cobros a los clientes, por sus servicios a la aviación civil en la región.

Dicho estudio que financiaría COCESNA también “buscará espacios en Limón y San Carlos para construir aeródromos regionales”.  Esto parece ser apropiado dentro de los planes de crecimiento de la demanda de servicios, pero tengo muy presente cuando en cierto momento en nuestro cotarro se hizo mucho barullo acerca de tener un aeropuerto moderno regional en la Zona Sur, constituyéndose en el medio “indispensable” para lograr un mayor desarrollo de la región principalmente a través del turismo.  Ahora esta posibilidad no aparece para nada en esta programación de nuevos aeropuertos en el país.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 8 de febrero de 2016

Tema Polémico: hacia una cultura de la innovación

En su libro, ¡Crear o morir! Andrés Oppenheimer describe a los países latinoamericanos como enormes reservas de talento, con poblaciones con gran potencial creativo e innovador, que sin embargo, no está trascendiendo ni se traduce  con la velocidad necesaria en crecimiento de la economía ni reducción de la pobreza.

Resulta paradójico que aunque tengamos a la generación más preparada y educada de nuestra historia, esta cultura y creatividad no se transforme en muchos emprendimientos dinámicos y negocios lucrativos, al ritmo que otras economías en desarrollo lo están haciendo. Algo falta en la ecuación latinoamericana del desarrollo.

La respuesta es la pobre cultura de la innovación y el débil espíritu emprendedor de nuestra población. 

No nos debemos confundir. Aunque en América Latina, y particularmente en Costa Rica, el grueso del parque empresarial está conformado por micro, pequeñas y medianas empresas, la mayoría de estos emprendedores han tomado el riesgo y han decidido emprender más como una vía de escape ante la falta de oportunidades laborales, que como una oportunidad de negocios basado en el deseo de innovar y crear valor.


En Costa Rica, la Encuesta Nacional de Hogares Productores (Enhopro) del 2014 señalaba que si bien en el país existen cerca de 340 mil emprendedores, 63,2% de ellos tuvo razones de necesidad para iniciar su propia empresa. 

Estamos hablando de dos paradigmas muy diferentes entre los emprendimientos dinámicos o transformadores que tienen un impacto considerable sobre la capacidad de generar empleo y aumentos en la productividad, y quienes emprenden porque no tienen otra opción para vivir.

No se trata de restar el mérito de quienes inician una empresa para encontrar una forma de vida, pero la apuesta debe ser por aquellos emprendedores creativos que generan alto valor agregado a la economía. La clave está en crear una cultura que estimule la innovación productiva, dándole significancia y un protagonismo mucho mayor al emprendedor capaz de visualizar nuevas demandas y encontrar aplicaciones de mercado a nuevas tecnologías.

Y es que para que una economía crezca se debe mejorar el clima de negocios y los factores clave de la competitividad, la calidad de la educación y exportar productos de mayor valor agregado, pero para que esto suceda, necesitamos antes mejorar la percepción que nuestras sociedades tienen sobre el emprendedurismo. Siguiendo a Oppenheimer, nuestro país debe aprender a estimular y glorificar al emprendedor y al innovador.

¿Cómo podríamos tener al próximo Steve Jobs o al siguiente Elon Musk, cuando en nuestra sociedad se glorifica al futbolista, la modelo o el cantante, mientras se desconoce al innovador?

La promoción de una cultura de la innovación y el emprendedurismo, que genere un clima colectivo a favor de la creatividad y elogie a los innovadores es el paso previo, que desafortunadamente nos hemos dado, para ascender en la escalera del desarrollo hacia una economía basada en el conocimiento.

Oppenheimer nos recuerda que “de poco sirven los estímulos gubernamentales, ni la producción masiva de ingenieros, ni mucho menos los parques tecnológicos, sin una cultura de la innovación”. Alentar una cultura que convierta al innovador en un héroe es la clave para mejorar o reafirmar las percepciones acerca de nuestras propias capacidades como sociedad.

En julio del año pasado El Financiero mostraba los datos de una encuesta según la cual la mayoría de los jóvenes costarricenses aspiran a ser empleados públicos. Nada peor para una economía que necesita de jóvenes con deseos de emprender.


Esto refleja la imperiosa necesidad de promover una cultura que no penalice el fracaso, que interiorice la capacidad de tolerar el riesgo, que promueva jóvenes motivados para enfrentar dificultades, resolver problemas y trazarse objetivos ambiciosos. Como país necesitamos dar pasos concretos para promover una cultura de la innovación.