
Una vez más, el Gobierno de la República insiste con una nueva versión del paquetazo de impuestos, esta vez gracias al PAC, que literalmente empeoró los alcances y ha puesto los votos para aprobar una monstruosidad, una verdadera oda a la pobreza y a la miseria.
Pareciera que la única firmeza de doña Laura Chinchilla ha sido insistir en atollarnos este PACquetazo de impuestos, que sin duda, nos lleva hacia adelante -como ella prometió en campaña- en el inconfundible camino al despeñadero. Y del PAC, ni qué decir. "La Costa Rica que queremos" -su lema de campaña- es una Costa Rica sin ricos, sin personas deseosas de generar dinero, sin incentivos para ahorrar, con un Estado enorme y despilfarrador, que fomente el parasitismo cultural, de forma tal que unos reciban subsidios para vivir a costa de otros.
Gracias a esta inmoral alianza entre los socialdemócratas -sean tercera vía, conservadores o cualquier nomenclatura- los ciudadanos estamos a las puertas de ver cómo se aprueban nuevos impuestos, que representan el paño con el que los políticos irresponsables se secarán el sudor de la congoja, cuando creían que su idiotez y falta de seriedad iba a llevar al Estado a la bancarrota y se acabaría el dinero para financiar sus desfachateces.
Este paquetazo reloaded es peor que sus versiones anteriores. Además de convertir el impuesto de ventas en impuesto al valor agregado, crear impuestos a los servicios (especialmente educación y salud privadas), aumentar el impuesto selectivo de consumo e incrementar el impuesto de traspaso de bienes inmuebles, el nuevo texto incorporaría sandeces como impuestos de renta global y renta mundial, cálculos bastante abusivos de la renta presuntiva, incrementos en el impuesto de renta (incluyendo un nuevo tracto para salarios superiores a los 4 millones de colones), impuesto a zonas francas, impuesto a dividendos y utilidades y otra serie de verdaderas estupideces.
En ASOJOD hemos dicho, hasta la saciedad, que los impuestos son un robo y resultan mucho más descarados cuando se generan para salvarle la torta a políticos irresponsables, como contundentemente lo evidenció el Dictamen Negativo de Liquidación Presupuestaria que recién se aprobó en la Asamblea Legislativa. Cuando el gasto, el despilfarro, la irresponsabilidad, la falta de seriedad y la ineficiencia marcan la tónica de una gestión gubernamental, pedirle a los ciudadanos más recursos es, como mínimo, un insulto a su inteligencia y un verdadero y descarado robo a mano armada.
Y más que reafirmar nuestra convicción de que, en esas circunstancias, darle más recursos a este Gobierno es como llenar con agua un barril lleno de huecos, creemos que ya es suficiente la expoliación que nos hacen como para tener que incrementar nuestra cuota de sacrificio.
Por eso, ahora y siempre, le decimos NO MÁS IMPUESTOS. Con firmeza y honestidad, la Costa Rica que queremos es una muy distinta a la del PAC y PLN: es una Costa Rica próspera, donde se respete la propiedad privada, el derecho de los individuos a gozar plenamente del fruto de su trabajo, donde la competitividad y la competencia sean una realidad, donde el empresario tenga el papel que se merece, como generador de riqueza, donde las personas puedan echar a andar sus proyectos pronto y sin la intervención estatal. No la Costa Rica estatizada, corrupta, fabricante de miseria y parásitos, de burócratas y políticos trasnochados.
Pareciera que la única firmeza de doña Laura Chinchilla ha sido insistir en atollarnos este PACquetazo de impuestos, que sin duda, nos lleva hacia adelante -como ella prometió en campaña- en el inconfundible camino al despeñadero. Y del PAC, ni qué decir. "La Costa Rica que queremos" -su lema de campaña- es una Costa Rica sin ricos, sin personas deseosas de generar dinero, sin incentivos para ahorrar, con un Estado enorme y despilfarrador, que fomente el parasitismo cultural, de forma tal que unos reciban subsidios para vivir a costa de otros.
Gracias a esta inmoral alianza entre los socialdemócratas -sean tercera vía, conservadores o cualquier nomenclatura- los ciudadanos estamos a las puertas de ver cómo se aprueban nuevos impuestos, que representan el paño con el que los políticos irresponsables se secarán el sudor de la congoja, cuando creían que su idiotez y falta de seriedad iba a llevar al Estado a la bancarrota y se acabaría el dinero para financiar sus desfachateces.
Este paquetazo reloaded es peor que sus versiones anteriores. Además de convertir el impuesto de ventas en impuesto al valor agregado, crear impuestos a los servicios (especialmente educación y salud privadas), aumentar el impuesto selectivo de consumo e incrementar el impuesto de traspaso de bienes inmuebles, el nuevo texto incorporaría sandeces como impuestos de renta global y renta mundial, cálculos bastante abusivos de la renta presuntiva, incrementos en el impuesto de renta (incluyendo un nuevo tracto para salarios superiores a los 4 millones de colones), impuesto a zonas francas, impuesto a dividendos y utilidades y otra serie de verdaderas estupideces.
En ASOJOD hemos dicho, hasta la saciedad, que los impuestos son un robo y resultan mucho más descarados cuando se generan para salvarle la torta a políticos irresponsables, como contundentemente lo evidenció el Dictamen Negativo de Liquidación Presupuestaria que recién se aprobó en la Asamblea Legislativa. Cuando el gasto, el despilfarro, la irresponsabilidad, la falta de seriedad y la ineficiencia marcan la tónica de una gestión gubernamental, pedirle a los ciudadanos más recursos es, como mínimo, un insulto a su inteligencia y un verdadero y descarado robo a mano armada.
Y más que reafirmar nuestra convicción de que, en esas circunstancias, darle más recursos a este Gobierno es como llenar con agua un barril lleno de huecos, creemos que ya es suficiente la expoliación que nos hacen como para tener que incrementar nuestra cuota de sacrificio.
Por eso, ahora y siempre, le decimos NO MÁS IMPUESTOS. Con firmeza y honestidad, la Costa Rica que queremos es una muy distinta a la del PAC y PLN: es una Costa Rica próspera, donde se respete la propiedad privada, el derecho de los individuos a gozar plenamente del fruto de su trabajo, donde la competitividad y la competencia sean una realidad, donde el empresario tenga el papel que se merece, como generador de riqueza, donde las personas puedan echar a andar sus proyectos pronto y sin la intervención estatal. No la Costa Rica estatizada, corrupta, fabricante de miseria y parásitos, de burócratas y políticos trasnochados.
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