
En los últimos días hemos presenciado extraordinarios operativos anti droga en nuestro país, con novela incluida en cuanto a la continuidad de Fernando Berrocal a la cabeza del Ministerio de Seguridad Pública. Hemos sido testigos de enormes esfuerzos y gastos de las autoridades públicas para librarnos de este "flagelo tan temido para la sociedad". Todo esto involucra un transfondo interesante respecto al tema que está en el tapete: las drogas. En ASOJOD hemos venido sosteniendo la legalización de las mismas y a continuación vamos a exponer nuestras razones:
1. La decisión sobre inyectarse, inhalar y/o consumir drogas es exclusivamente individual. Las personas tienen el derecho de propiedad sobre sus cuerpos y vidas, razón por la cual pueden hacer con ellas lo que tengan a bien, siempre y cuando no afecten los derechos de propiedad de los demás. Cuando el Estado propone legislación para impedir el consumo de drogas, no sólo está coartando la libertad individual sino que le está diciendo a los ciudadanos que es el Estado y no cada uno de ellos, el que tomará la decisión sobre qué puede o no hacer el individuo. Evidentemente, se trata de anteponer un código moral (el del Estado) al de cada persona de modo que sea el primero el que define lo bueno y lo malo, protegiéndo al individuo inclusive de si mismo. Esto significa que no le permitirá a cada quién asumir las consecuencias de sus actos y por tanto, los está tratando como eternos menores de edad que deben permanece bajo su tutela, porque "no saben lo que hacen".
2. Con la legalización, el narcotráfico como tal desaparecería pues una vez que la actividad deja de ser subrepticia, no habría necesidad de esconderse para producir. Si se dejan de esconder, los productores ya no necesitarían mantener ejércitos particulares para su protección y sin estos ejércitos ya no se estarían las fuerzas armadas o las fuerzas policiales del Estado dedicadas exclusivamente a combatirlos. Recordemos que la violencia sólo genera más violencia: cuando el ejército colombiano se enfrenta a las FARC mueren decenas de personas, entre ellas ciudadanos inocentes que estaban en el momento y lugar equivocados; luego, las FARC responderán al ataque matándo a más inocentes, convirtiendolo en un círculo vicioso. Así pues, con la legalización se podría reducir el clima de violencia que caracteriza actualmente a esta actividad, tanto entre los grupos como entre los grupos y el Estado. Y si el Estado deja de dedicar dinero a la lucha contra las drogas, puede utilizar esos recursos para combatir otro tipo de problemas como los robos, las estafas, las violaciones, etc., en general, la violación de los derechos de propiedad de los ciudadanos que es lo que más afecta a los ciudadanos.
3. Mientras la droga sea ilegal, se fomenta la corrupción, tanto de políticos que brindan protección como de empleados públicos (oficiales de aduana, jueces, policías, etc.) que se hacen de la vista gorda ante la actividad a cambio de dinero. Si la droga se legaliza podría disminuir esa corrupción, pues si el político o empleado no tiene favores que vender, el narcotraficante no tendría por qué pagarles.
4. Si la droga se legaliza, su producción podría convertirse en una actividad formal como lo es la producción de licor y tabaco, empleando a miles de personas en dicha industria y mejorando significativamente su nivel de ingreso. Veamos un ejemplo: en nuestro país se discute el "problema" de que los indígenas de Talamanca cultiven marihuana. Pero si se legaliza, entonces los indígenas podrían dedicarse a su producción, pues en tantos siglos practicando la agricultura, algún conocimiento de técnicas de sembrado y de la calidad del suelo habrán adquirido. Si esto es así, podrían tener una ventaja comparativa respecto a productores de otros sectores y con ello ser más competitivos. Otra posibilidad es producir marihuana orgánica, aprovechando la tendencia del mercado mundial a privilegiar métodos de producción amigables con el ambiente. En este sentido, se podría conseguir un producto de buena calidad con un amplio mercado, ya grande de por sí. Un precedente: la marihuana hidropónica es hoy no sólo un método de producción novedoso y alternativo, sino también de excelente calidad según los conocedores. Tan es así que es mejor pagada que la "normal". Con la legalización, se evitaría otro problema en este ejemplo: la extorsión por parte de narcotraficantes en perjuicio de los indígenas para que se dediquen a la producción de marihuana. La ilegalidad de la marihuana fomenta precisamente que, en su afán de no ser encontrados, los narcotraficantes se internen en zonas de difícil acceso como las montañas de Talamanca y que, ante la ausencia de policía, obliguen a los indígenas a trabajar para ellos. Una vez legal, los narcotraficantes perderían el incentivo de adentrarse en la montaña, pues podrían producir en otras zonas donde los costos de producción sean menores. Los indígenas conservaría el know how, es decir, el conocimiento para producir la marihuana y podrían dedicarse a ello y luego comerciarla, tal como lo hacen con otros productos agrícolas, adquiriendo fuentes de ingreso que les permitan mejorar su nivel de vida sin depender de subsidios o ayuda estatal.
5. Las prohibiciones nunca funcionan realmente, pues no acaban con el problema que pretender solucionar. Veamos varios ejemplos: además de los casos del político quepuede ser financiado con dinero del narcotráfico para llegar al poder y desde allí defender a ese sector con prerrogativas totalmente clientelistas y del funcionario que recibe dinero a cambio de guardar silencio, está el problema del mercado negro. La prohibición de licor en la década de los 20 en Estados Unidos demostró que los involucrados no respetan reglas, precisamente porque operan fuera de ellas, razón por la cual incrementaron sus ventas. ¿Por qué? Porque existe una extraña propensión de grandes sectores de los consumidores de preferir lo prohibido. Se da mucho en el caso de personas que lo que desean es rebelarse contra el sistema consumiendo sustancias prohibidas. Si son legales, existe posibilidad de desincentivar el consumo en ese tipo de personas.
En ASOJOD siempre hemos defendido que es responsabilidad única y exclusiva del individuo preocuparse por su vida, su salud e integridad. Sólo el individuo sabe lo que es bueno y malo para él y sólo a él se le deben cargar las consecuencias de sus actos. Por tanto, no tiene justificación argumentar que se le debe quitar dinero a "A" para financiar la lucha antidrogas para beneficiar a "B", "C" o "D"; tampoco se vale decir que se debe destinar dinero de "A" para rehabilitar, atender, cuidar o curar a "B" luego de que este consumiera drogas. En este caso, sólo "B" debe cargar con las consecuencias de haber consumido drogas y no tiene el derecho de que otros carguen con ellas.
1. La decisión sobre inyectarse, inhalar y/o consumir drogas es exclusivamente individual. Las personas tienen el derecho de propiedad sobre sus cuerpos y vidas, razón por la cual pueden hacer con ellas lo que tengan a bien, siempre y cuando no afecten los derechos de propiedad de los demás. Cuando el Estado propone legislación para impedir el consumo de drogas, no sólo está coartando la libertad individual sino que le está diciendo a los ciudadanos que es el Estado y no cada uno de ellos, el que tomará la decisión sobre qué puede o no hacer el individuo. Evidentemente, se trata de anteponer un código moral (el del Estado) al de cada persona de modo que sea el primero el que define lo bueno y lo malo, protegiéndo al individuo inclusive de si mismo. Esto significa que no le permitirá a cada quién asumir las consecuencias de sus actos y por tanto, los está tratando como eternos menores de edad que deben permanece bajo su tutela, porque "no saben lo que hacen".
2. Con la legalización, el narcotráfico como tal desaparecería pues una vez que la actividad deja de ser subrepticia, no habría necesidad de esconderse para producir. Si se dejan de esconder, los productores ya no necesitarían mantener ejércitos particulares para su protección y sin estos ejércitos ya no se estarían las fuerzas armadas o las fuerzas policiales del Estado dedicadas exclusivamente a combatirlos. Recordemos que la violencia sólo genera más violencia: cuando el ejército colombiano se enfrenta a las FARC mueren decenas de personas, entre ellas ciudadanos inocentes que estaban en el momento y lugar equivocados; luego, las FARC responderán al ataque matándo a más inocentes, convirtiendolo en un círculo vicioso. Así pues, con la legalización se podría reducir el clima de violencia que caracteriza actualmente a esta actividad, tanto entre los grupos como entre los grupos y el Estado. Y si el Estado deja de dedicar dinero a la lucha contra las drogas, puede utilizar esos recursos para combatir otro tipo de problemas como los robos, las estafas, las violaciones, etc., en general, la violación de los derechos de propiedad de los ciudadanos que es lo que más afecta a los ciudadanos.
3. Mientras la droga sea ilegal, se fomenta la corrupción, tanto de políticos que brindan protección como de empleados públicos (oficiales de aduana, jueces, policías, etc.) que se hacen de la vista gorda ante la actividad a cambio de dinero. Si la droga se legaliza podría disminuir esa corrupción, pues si el político o empleado no tiene favores que vender, el narcotraficante no tendría por qué pagarles.
4. Si la droga se legaliza, su producción podría convertirse en una actividad formal como lo es la producción de licor y tabaco, empleando a miles de personas en dicha industria y mejorando significativamente su nivel de ingreso. Veamos un ejemplo: en nuestro país se discute el "problema" de que los indígenas de Talamanca cultiven marihuana. Pero si se legaliza, entonces los indígenas podrían dedicarse a su producción, pues en tantos siglos practicando la agricultura, algún conocimiento de técnicas de sembrado y de la calidad del suelo habrán adquirido. Si esto es así, podrían tener una ventaja comparativa respecto a productores de otros sectores y con ello ser más competitivos. Otra posibilidad es producir marihuana orgánica, aprovechando la tendencia del mercado mundial a privilegiar métodos de producción amigables con el ambiente. En este sentido, se podría conseguir un producto de buena calidad con un amplio mercado, ya grande de por sí. Un precedente: la marihuana hidropónica es hoy no sólo un método de producción novedoso y alternativo, sino también de excelente calidad según los conocedores. Tan es así que es mejor pagada que la "normal". Con la legalización, se evitaría otro problema en este ejemplo: la extorsión por parte de narcotraficantes en perjuicio de los indígenas para que se dediquen a la producción de marihuana. La ilegalidad de la marihuana fomenta precisamente que, en su afán de no ser encontrados, los narcotraficantes se internen en zonas de difícil acceso como las montañas de Talamanca y que, ante la ausencia de policía, obliguen a los indígenas a trabajar para ellos. Una vez legal, los narcotraficantes perderían el incentivo de adentrarse en la montaña, pues podrían producir en otras zonas donde los costos de producción sean menores. Los indígenas conservaría el know how, es decir, el conocimiento para producir la marihuana y podrían dedicarse a ello y luego comerciarla, tal como lo hacen con otros productos agrícolas, adquiriendo fuentes de ingreso que les permitan mejorar su nivel de vida sin depender de subsidios o ayuda estatal.
5. Las prohibiciones nunca funcionan realmente, pues no acaban con el problema que pretender solucionar. Veamos varios ejemplos: además de los casos del político quepuede ser financiado con dinero del narcotráfico para llegar al poder y desde allí defender a ese sector con prerrogativas totalmente clientelistas y del funcionario que recibe dinero a cambio de guardar silencio, está el problema del mercado negro. La prohibición de licor en la década de los 20 en Estados Unidos demostró que los involucrados no respetan reglas, precisamente porque operan fuera de ellas, razón por la cual incrementaron sus ventas. ¿Por qué? Porque existe una extraña propensión de grandes sectores de los consumidores de preferir lo prohibido. Se da mucho en el caso de personas que lo que desean es rebelarse contra el sistema consumiendo sustancias prohibidas. Si son legales, existe posibilidad de desincentivar el consumo en ese tipo de personas.
En ASOJOD siempre hemos defendido que es responsabilidad única y exclusiva del individuo preocuparse por su vida, su salud e integridad. Sólo el individuo sabe lo que es bueno y malo para él y sólo a él se le deben cargar las consecuencias de sus actos. Por tanto, no tiene justificación argumentar que se le debe quitar dinero a "A" para financiar la lucha antidrogas para beneficiar a "B", "C" o "D"; tampoco se vale decir que se debe destinar dinero de "A" para rehabilitar, atender, cuidar o curar a "B" luego de que este consumiera drogas. En este caso, sólo "B" debe cargar con las consecuencias de haber consumido drogas y no tiene el derecho de que otros carguen con ellas.
11 comentarios:
Uno de los grandes problemas que ocurre con el tema de las drogas y la percepción hacia las mismas es la vana o ingenua esperanza de que se puede ganar la famosa "guerra contra las drogas". Todas las semanas escuchamos que la policía antidrogas le dio un gran "golpe" al narcotráfico y que decomisó X cantidad de toneladas de narcóticos. Y mucha gente dice que "bueno que los agarraron", "hay que seguir adelante". Y vemos a las autoridades en diferentes partes del mundo diciendo que estamos cerca de "ganar" esta guerra contra el flagelo de la droga. No hay que ser ilusos, por una tonelada de droga que se decomisa, hay otro montón de toneladas que no se ven y que circulan a través de la lucrativa industria del narcotráfico. Es igual que las cucarachas, uno las mata, pero hay otras decenas, centenas o miles más que uno no ve.
Lo agravante, además de la falsa visión de la efectividad de la lucha antidroga, son los enormes recursos que se gastan para contener este negocio, negocio que funciona por partida doble: por un lado la prohibición contribuyó a que el narcotráfico se convirtiera en una lucrativa industria, pero por otro lado los funcionarios o burocrátas que luchan contra la droga, y por la cual hay que recompensarlos con un salario para buscar el supuesto fin de esta guerra antidrogas, que más bien se torna permanente.
Todo esto es absurdo, si las drogas se legalizaran -con regulaciones por supuesto- el narcotráfico no tendría el enorme impacto que ha tenido especialmente en América Latina, y todos esos millones para luchar contra la misma serían mejor utilizados para paliar la pobreza y el desempleo, que son los que precisamente en parte contribuyen a que mucha gente caiga en el consumo de drogas o en el narcotráfico.
Estoy de acuerdo con la legalización de drogas y los argumentos que uds han expuesto; sin embargo en donde podríamos llegar a diferir, y de momento no lo sé porque uds no lo han tratado con detalle, es el tema de la financiación estatal de la rehabilitación/atención/tratamiento, que al fin y al cabo no es sobre las drogas per se sino sobre el rol del estado.
Comparto con uds el entusiasmo por la libertad individual, con la correspondiente responsabilidad que le es intrínseca; sin embargo, no podemos asumir, por ejemplo, que un niño callejero cuyos padres lo introdujeron a las drogas deba "cargar con las consecuencias de haber consumido drogas". En el mundo occidental, tanto dentro del sistema legal como en las normas sociales, se supone que a los 18 años el individuo tiene plena capacidad de asumir responsabilidad por sus actos, ¿adónde dibujarían uds la línea?
Dejando de lado las drogas y refiriéndome al rol del estado de manera más general, mi concepción del liberalismo busca, hasta donde sea posible y sin caer en absurdos como la igualdad de la guapura, inteligencia, habilidad futbolística, etc, la igualdad de oportunidades, pero no de resultados (en lo primero coincide bastante con la izquierda, en lo segundo lógicamente no); hoy en día siendo la educación el más claro mecanismo para garantizar esto, para poner otro ejemplo. Los liberales minarquistas, que son la mayoría, concuerdan en que en un sistema de educación con bonos escolares se requiere financiación estatal para quienes no pueden pagarla. Supongo, aunque no sé, que los más extremistas, simpatizantes del anarquismo de mercado, solo favorecerían un esquema voluntario de financiamiento. Ante tal situación, me parece que habría una disyuntiva crucial: o asumir que una bondad inherente al ser humano, tan utópica como la ideada por Marx en la etapa final de su teoría de la historia, se encargaría por medio de la caridad de proveerle acceso de oportunidades a quienes por razones fuera de su responsabilidad no la tienen, o reconocer que de hecho muchos quedarían fuera, arriesgando crear un círculo vicioso de exclusión . ¿Qué posición toman uds respecto a esto?
Estoy de acuerdo con lo que proponen. El individuo es el dueño de sí mismo y sólo él es quien puede decidir sobre su bienestar. Los "ingenieros sociales" deben dejar la arrogancia de creer que pueden moldear la sociedad como un perdazo de arcilla. Es simple... No puede hacerlo y no deben hacerlo.
Vinicio plantea una duda válida. Más allá del tema de las drogas, esa duda sería (1) ¿Desde cuándo es el individuo responsable de sí mismo? y (2) ¿Aún cuando éste no lo sea, quién debe decidir por él?
(1) Yo creo que es claro que el individio no actúa conscientemente desde que nace y no puede decidir por sí mismo hasta un momento determinado. Creo que ese momento varía de persona a persona por lo que se ha optado por fijar edades arbitrarios en el que los individuos van ganando independencia (14 años para poder realizar contratos anulables, 18 para tener derechos plenos, etc.)
Precisamente es esta incertidumbre la que me lleva a pensar que la edad debe ser la menor posible. 18 años me parece bien, tal vez por costumbre, que sea cuando se alcanza la mayoría de edad. Pero no me parece que el cambio sea tan repentino. Una persona con 17 años y 364 días puede darse el lujo de ser irresponsable en muchos aspectos de su vida porque sabe que no cargará con las consecuencias de sus actos, mientras que una persona un día mayor ya de repente debe actuar responsablemente.
Me parece que esto debe manejarse de manera más gradual. Por ejemplo, que a los 12 o 13 años la peronsa sepa que si comente cierto tipo de delitos, será tratado como adulto. En fin... Me parece que la responsabilidad de uno mismo se debe promover y hacer muy evidente a todos, no sólo a los 18 años, sino antes...
(2) Mientras la persona "no es capaz de actuar" conscientemente, el problema es decidir quién está legitimado para decidir sobre ella. Por lo que dice VInicio, al menos en el tema de las drogas, es el Estado quien debe decidir. Este tema me parece muy delicado. No es un secreto que el Estado comete errores (al igual que los padres mientras crían a sus hijos). La pregunta sería, ¿qué fomenta más que el individuo sea responsable de sus actos?¿que sus padres decidan por él o que el Estado lo haga?
A mí me parece que los padres, como indivduos también responsables de sus actos son quienes deben decidir por sus hijos. Fueron ellos quienes por sus actos trajeron al mundo a otra persona. Son ellos, por lo tanto, quienes se deben hacer responsables. Pienso que permitirle al Estado que decida sobre los niños es perpetuar ese círculo vicioso de irreponsabilidad porque los niños aprenderán que Papá Estado está ahi para protegerlos.
En fin, pienso que se debe hacer un plan, digamos de 20 de duración. En el que el Estado empiece a sacar sus manos de todo. En ese período, como muchos padres son irresponsables precisamente porque el Estado ha fomentado esa irresponsabilidad, aceptaría que existan programas como los que Vinicio propone. Una vez vencido ese plazo, el Estado debe sacar sus manos del todo. Me parece que la gente debe dejar de pensar que tiene derecho a que se le cuide y que tiene derecho a que se decida por ella. Eso sólo se logrará no cuidándola y no decidiendo por ella.
Si un grupo de indivudios decide voluntariamente ayudar a aquellos que no han tenido padres responsables, que sean libres de hacerlo. Pero no esto sería una ayuda a la que no se tendría "derecho". Lo más paradójico es que pienso que este tipo de iniciativas serían muchos más efectivas que aquellas promovidas por el Estado. En el siglo XIX, época que los colectivista llaman "del capitalismo salvaje" fue cuando una gran parte de las organizaciones humanitarias más importantes hoy (un ejemplo notable es el Comité Intenacional de la Cruz Roja, fundado en 1863). En Panamá, los centros de rehabilitación Hogares Crea se constituyeron de manera enteramente privada y han logrado encargarse casi por completo de la rehabilitación de aquellos que desean dejar las drogas.
En fin, me parece que el Estado simplemente no debe seguir metiendo sus manos en la vida de las personas. La intervención debe ser mínima (para mentener la seguridad, y en casos de emergencia y pare de contar). El asignarle al Estado más funciones como la de rehabilitación el el caso de que se legalicen las drogas termina por empeorar más las cosas.
Rodman:
Muy acertado su comentario. Muchas gracias.
Vinicio:
Su comentario también es muy interesante y quisiera referirme a él. Ud toca un punto importante respecto a la legalización de las drogas como lo es el de quién debe cubrir el costo de la rehabilitación, tratamiento y atención. Para nosotros, y ya lo hemos dicho antes, así como la decisión de introducir sustancias en el organismo es una decisión personal, las consecuencias también deben ser exclusivamente personales. Es decir, quien debe cargar con los costos es única y exclusivamente el que metió droga a su organismo o, en su defecto, aquellos que deseen voluntariamente pagarlo (familiares, amigos, caridad, etc.) pero no debe pagarse por medio de impuestos o "contribuciones forzosas", término por demás contradictorio semánticamente, que se financian por medio de impuestos o exacciones monetarias.
No es justo ni moral que ud disfrute el momento, se eleve, alucine y todo eso y yo tenga que pagar su factura médica. Y esto aplica para cualquier ser humano. El tema del niño muchas veces se pone como ejemplo para despertar la compasión pero en lo particular yo no juzgo por la edad, sino por la condición de ser humano, de ser racional. Si, yo sé que es difícil ver a un niño drogado pero no por ello asumiré el costo de su atención médica pues no es mi culpa que él se encuentre en esa situación. No lo obligué a consumirla y no es justo que se le endilguen las responsabilidades a unos de los actos de otros.
Pero justamente el tema del niño despierta otra consideración: el límite de edad para hacer responsable de sus actos a las personas. Nos dicen que los 18 años pero yo pregunto: ¿no sabe ya un muchacho de 16 las consecuencias fisiológicas del consumo de drogas? El problema de poner un límite de edad es que ese límite es totalmente arbitrario, pues no existe ninguna correlación directa entre edad y responsabilidad: a veces gente mayor de 18 años es menos responsable que gente de 15 o viceversa.
Poner límites de edad para las cosas acarrea otro problema: definir el criterio que deje claro cuándo puede empezar el individuo a ser responsable de sus actos, pues el mismo argumento que establece los 18 sería válido para establecer los 21, los 25, los 30, los 50, etc.
Como ud bien dice, hay una relación entre libertad y responsabilidad. Si acordamos que un individuo es responsable de sus actos hasta que alcance la mayoría de edad, entonces estamos diciendo que es libre también hasta ese momento. Mientras, tendremos una persona que por 18 años se debe comportar como un esclavo, cumpliendo órdenes y viviendo de la forma en que otros le dicen que debe hacerlo. Para mi, en cambio, el ser humano es libre desde el momento que nace y debe ser responsable también desde ese momento. O'Rourke tenía una frase que decía más o menos así: "una noche, cuando era bebé, escuché a la cafetera silbar con toda fuerza. Quise tocarla y la criada me lo quiso impedir, pero mi madre dijo 'déjalo que la toque'. Desde ese momento comprendí el significado de la libertad".
Respecto a educación, es un tema que tocaremos en otro "Tema polémico" de cada lunes, pero de momento le adelanto algo. En ASOJOD estamos de acuerdo con la idea de los vouchers, pero como una opción de corto y mediano plazo. ¿Por qué? Porque sabemos que, de la noche a la mañana, es imposible traerse abajo el gasto estatal en educación. No somos anarquistas, creemeos en el Estado pero dedicado única y exclusivamente a la seguridad y administración de justicia. Al igual que con los drogadictos, yo no tengo ninguna responsabilidad de que alguna persona no pueda acceder a educación: no soy culpable de ello y por tanto no se me debe castigar por medio de un impuesto para financiarle los estudios a otros. Hacerlo es tratar al ser humano no como un fin, sino como un medio para que otros cumplan sus objetivos; y ese es el acto más inmoral y reprochable para mí.
Ahora, si ud quiere voluntaria y libremente financiar la educación de otros puede hacerlo. Y para eso hay fondos de caridad o becas. Pero en ese caso, ud está disponiendo de su dinero como mejor le parezca. Lo que yo no apruebo es que otros dispongan del mío sin importar la justificación. ¿Bien común? No creo en él, o por lo menos no como nos lo plantean normalmente: como superioridad del bienestar de los demás sobre mi bienestar egoista. Para mí, el bien común sólo se logra en tanto cada individuo pueda buscar su propio bienestar sin violentar los derechos de propiedad de los demás. ¿Ganarse el cielo? Soy ateo, así que no creo en nada que tenga que ver con dios ni con vida después de la muerte, por lo que no me interesa ganarme espacios en ningún lugar. No actuó para ser "virtuoso" y luego beatificado; sólo actúo por mi propio egoismo, por mi propio interés. Para mí ese es el único deber del ser humano: buscar su propio beneficio.
La única razón por la cual financiaría la educación pública es una razón egoista, de beneficio personal. Si ud me dice que hay que educar a la gente para evitar que se convierta en delincuente y para asegurarme que, en el futuro, no violenten mi derecho de propiedad, ahí sí accedería voluntariamente a dar parte de mi dinero. Pero vea que la gran diferencia es que, en este caso, actúo voluntariamente (no hay una expoliación de mis recursos por parte del Estado) y para alcanzar mi propio beneficio.
Alejandro
ASOJOD
Muy buen artículo!!!!!!!
Interesante es ver que el mayor problema en Costa Rica en materia de fármacos es justamente la arraigada costumbre de la automedicación, la cual se practica en aproximadamente 7 de cada 10 hogares, provocando así muchas más emergencias que el consumo mismo de drogas... sin embargo nunca he visto o sabido sobre operativos policiales de saqueo de casas para destruir botiquines, ni -por dicha- de arrestos de abuelitas por distribución, producción y consumo de remedios caseros.
Un estado tan despreocupado como el sugerido no sería viable, a menos que se tratara de un régimen totalitario. Por algo el "capitalismo salvaje" del siglo XIX evolucionó a Estados más interventores. Esa política de "sacar la mano" luego de 20 años, crearía indudablemente una generación de población descontenta, fácil presa de algún partido político que proponga medidas populistas. Por otro lado, si también se suprimen las escuelas (colegios, universidades) públicas, como el obrero raso va a estudiar y a conocer (suponiendo que finalmente la acepte) la noción del estado minimalista, con todas sus implicaciones?
Es significativo que las organizaciones mencionadas (Cruz Roja, etc) dieron paso un forma casi unánime a contrapartes estatales, durante el siglo XIX. Lo que antes fue una "limosna" se convirtió en un "derecho".
Suponiendo que se pudiera volver a un sistema similar al "capitalismo salvaje" del siglo XIX, qué forma de gobierno se utilizaría? cómo se elegirían los gobernantes? qué impediría que grupos opositores, de ideas "socialistas", tomen el control?
Interesado:
Puede que desde el punto de vista de la gobernabilidad democrática sea difícil un estado de la manera en que proponemos en ASOJOD. Por eso estamos diciendo que habría que implementar un cambio gradual y en el caso de la educación, el sistema de vouchers va en esa dirección.
Ahora, el debate comienza en el terreno deontológico, es decir, en el deber ser. Para mí no es moral ni justo que ud me haga responsable de sus problemas o carencias. Por ejemplo, sea ud obrero raso, madre soltera o drogadicto, yo no tengo la culpa de su condición y, por tanto, no se me debe castigar por ello; es decir, no se me debe expoliar mi propiedad para sacarlo a ud de su bache.
Creame que esa propuesta es la más alejada de un totalitarismo. El problema es que la gente es muy dada a usar alegremente los conceptos sin ocuparse de su significado. Es lo que pasa en el caso del uso de la palabra totalitarismo. El totalitarismo implica una estructura de poder totalmente horizontal y un irrespeto al imperio de la ley, pues como bien lo dijo uno de los principales expositores de esa doctrina, Luis XIV "El Estado soy yo". El totalitarismo es el grado máximo de coacción, pues si la ciudadanía no se pliega a la voluntad del dictador, este tiene a su mano todo un instrumental coercitivo (ejército, policía, tribunales, etc.) para obligarlos a hacer lo que él desea. Se trata de la noción weberiana de poder, según la cual A puede hacer que B haga lo que de otra forma no haría por su propia voluntad.
En ese sentido, el totalitarismo se caracteriza por un hombre o un grupo de ellos que utilizan a los demás como medios para alcanzar fines. En cambio, mi propuesta (y por eso la enorme diferencia) se caracteriza a tratar a cada ser humano como un fin en sí mismo, de modo que yo jamás utilice ningún mecanismo para obligarlo a ud a cumplir mis fines y viceversa.
Respecto al problema que ud plantea en el caso del obrero raso, mi respuesta se limita a decirle que la forma en que él acceda a la educación es un problema que sólo a él le compete resolver. Si alguien voluntariamente desea becarlo o educarlo, maravilloso, pues la elección es libre. Las organizaciones de caridad a lo largo de la historia han demostrado que existe gente muy preocupada por el desarrollo de sus congéneres y que están dispuestos a hacer esfuerzos por ellos. Sin embargo, a mi no me preocupa la salud, la educación ni el desarrollo de mis congéneres, por lo que no avalo que se me quite mi propiedad para transferirsela a ellos.
Nuestra realidad, en donde se le quita a unos para darle a otros, provoca es que la pobreza se convierta en un modus vivendi, pues la vida se vuelve más fácil siendo pobre y teniendo decenas de hijos que le asegurarán subsidios, becas y transferencias de recursos por parte del Estado. Ya no tienen que ganarse su dinero trabajando, sino que se vuelven parásitos que descansan en casa mientras otros nos partimos la espalda en el trabajo.
Finalmente, en cuanto al tema de elección que ud saca a colación, no veo que relación hay entre el la propuesta que hago y el sistema de elección directa y de democracia representativa. Puede funcionar en sistemas parlamentarios, presidencialistas, de elección directa o de elección indirecta. Incluso, puede funcionar en democracias participativas, pero con una cultura política más madura. Ahora, lo que si tiene validez es su pregunta respecto a cómo evitar que los partidos socialistas coopten los votos de gente descontenta. Pues bien, no hay más forma que demostrándole a la gente que cuando obtiene su dinero por su propio esfuerzo está alcanzando el éxito. Es una cuestión moral. Se trata de convencer pero jamás de obligar. Jamás propondría limitar la libertad de expresión, asociación, participación, etc. de los socialistas.
Si, al final, quienes convencen son los socialistas, quedará demostrado que la ciudadanía en cuestión tenía un nivel moral tan mediocre que merecía el infierno socialista. Probablemente los liberales huiríamos de ese nuevo régimen socialista pero los que se queden correrían la misma suerte que todos los regímenes socialistas anteriores: desabastecimiento, represión, hambre, pobreza, etc. El ser humano que crea, que innova, que produce sólo puede hacerlo en un ambiente de libertad y propiedad privada (con el respectivo derecho a obtener beneficios por su obra). Un régimen socialista es lo más alejado de ese ambiente, por lo cual se perdería el incentivo para crear y producir. Y si no hay nada que crear, no hay nada que repartir. El mismo descontento que sacaría a la propuesta liberal del gobierno, sacaría a la propuesta socialista: ingobernabilidad.
Alejandro
ASOJOD
ASOJOD, lo que pasa es que a mí no me interesa un debate puramente filosófico. Yo voy al pragmatismo. El comunismo o el anarquismo podrían sonar muy bien en teoría, pero no han podido ser implementados en forma sostenida en la práctica.
No es casual que la Inglaterra del siglo XIX, donde existía un capitalismo relativamente puro, haya derivado en el siglo pasado a modelos mucho más regulados estatalmente. Hoy en Inglaterre existe un seguro social muy eficaz, mantenido por el Estado. Asimismo, en los Estados Unidos, existe un sistema de subsidios a la gente pobre. Y a pesar de los vicios que Ud apunta, creo que no se puede generalizar en que invariablemente desemboca en parasitismo. En Costa Rica, sin ir más lejos, el sistema educativo ha servido para que muchas personas, de orígenes poco auspiciosos, hayan conseguido logros académicos y profesionales, que de otra forma hubieran sido muy difíciles (por no decir imposibles).
El tema de la educación también está ligado a la "cultura". Y es que, para que un sistema así sea sostenible, una mayoría de la sociedad debe estar convencida de su "justicia". Sería necesario que los que menos tienen (y quienes "simpatizan" con ellos), entiendan que no es una injusticia, la indiferencia o el desinterés (de los que estén en mejor situación) por su educación, salud y bienestar mínimo. Yo encuentro que esos conceptos, que podrían ser más o menos aceptables en ciertos círculos académicos, serían de difícil "venta" para la mayoría "de a pie". Y a fin de cuentas, si los votos de unos cuentan igual que los de los otros... ¿Cómo llegar a alcanzar esa "cultura política madura"?
Interesado:
La discusión no es necesariamente filosófica sino deontológica (lo filosófico puede ser ontológico). Es deontológico porque, hasta el momento, la legalización de drogas no existe en nuestro país, por lo cual se habla en el plano del deber ser.
Ud dice que el socialismo no pudo ser implementado aunque sonaba bien en la teoría. Pero ni siquiera eso es cierto, pues el mismo diseño teórico del socialismo ya tenía enormes fallas. Al respecto puede leer el libro "Socialismo" donde Ludwig Von Mises señala los errores teóricos de esa corriente y las inevitables consecuencias.
Respecto al tema de los subsidios en EEUU para ayudar a la gente pobre, en este blog habíamos publicado un artículo llamado "$9.000.000.000.000 de asistencia social no acabaron con la pobreza" (publicado el mes de noviembre de 2007, puede verlo en nuestro archivo) donde la autora revela que a pesar de tan enorme cantidad de dinero destinado a la guerra contra la pobreza, no ha sido posible reducirla.
Cambiando de tema, no confunda cultura política con educación pues no son lo mismo. No necesariamente las personas educadas tienen o no cultura política, porque dicha cultura es definida por Almondo como las opiniones, sentimientos y percepciones que tienen los ciudadanos de a) los actores políticos; b) de las instituciones y procesos y c) de sí mismos como ciudadanos. Un país relativamente bien educado como Costa Rica no tiene una adecuada cultura política porque falla en los tres criterios y sus opiniones no están institucionalizadas sino que son extremadamente volátiles. Inclusive, hay fluidez en los actores, en el sentido que aparecen y desaparecen constantemente y la ciudadanía no ha comprendido bien su papel como ciudadanos ni el papel de las instituciones en el desarrollo.
Ud puede considerar justo darle dinero u oportunidades a los más necesitados. No pasa nada malo con eso. Pero que quede claro que ud dispone sólo de sus recursos pero no tiene derecho sobre los míos. Yo no quiero dárselos a nadie, no quiero mantener a nadie porque yo trato a los demás como comerciantes, de modo que intercambio lo mejor que ellos tienen con lo mejor que yo tengo, y lo hago sólo sí ambos estamos de acuerdo en el intercambio. La caridad a mí no me da nada, por tanto, yo estaría dando pero no recibiendo. Y no apruebo esas prácticas con mis recursos. Si otros lo aprueban con los suyos es su problema, pero se vuelve mi problema cuando los otros lo aprueban con mis recursos.
Alejandro
ASOJOD
Alejandro, yo no estoy hablando de la legalización en si de las drogas, sin el concepto más amplio que Felipe planteó:
"En fin, pienso que se debe hacer un plan, digamos de 20 de duración. En el que el Estado empiece a sacar sus manos de todo."
Claro que el socialismo sonaba bien en teoría, al menos para los socialistas. Igual, me imagino que Ud piensa que su filosofía es irrefutable, pero dicha opinión no es unánime.
Tampoco dije que los programas de asistencia en USA fueran exitosos. De hecho, creo que mencioné que presentaban los vicios que Ud ya había mencionado. El punto es que, de un estado mucho menos proteccionista, a principios del siglo XX, hoy día USA ha implementado una seríe de medidas "paternalistas". ¿Por qué? ¿Involución?
Ciertamente la "cultura política" no es lo mismo que la educación, pero de alguna forma estaría ligada a ella. Me imagino que sería no sólo deseable sino indispensable, en el tipo de sociedad propuesta, que cada ciudadano pueda pensar en forma independiente para velar por sus propios intereses, sin caer fácilmente en propuestas populistas. Para mí es obvio que llegar a ese grado de independencia no sólo requiere un nivel mínimo de educación (como contamos en Costa Rica) sino una base "filosófica" sólida (ya que la religiosa está descartada). ¿Cómo conseguir eso?. Yo no me imagino al INA dando cursos de filosofía (bueno, de hecho, el INA no existiría).
Respecto a su último párrafo, bueno, creo que queda claro. Sin embargo, qué pasa cuando la mayoría de las personas que cohabitan con Ud (y por lo tanto, influyen en las leyes que Ud debe obedecer) no piensan igual? Qué pasa si esa gente apoya leyes que dicen que del 100% que Ud produce, debe dar un 30%, digamos, al "bien común"? (Por cierto, cree Ud que se deba pagar un impuesto considerado injusto o es moralmente aceptable evadirlo?).
Interesado:
Respecto a los primeros puntos de su respuesta ya me he referido en otras oportunidades. Ahora, me interesa tocar los temas que ud plantea al final: gente que no piensa igual que yo y evasión de impuestos considerados injustos. En el primer caso, cuando convivo con gente que influye en la formación de ley, hay todo un tema de regla de mayoría para decidir. Si soy parte de la minoría, no me queda más que aceptar la decisión mayoritaria. Pero, y aquí entro con el segundo tema, la decisión de la mayoría sólo puedo aceptarla cuando no viole mis derechos individuales.
Si eso sucede, yo tengo el derecho de desobediencia, pues no puedo aceptar ni reconocer la legitimidad de un ordenamiento que pretende aplastar mis derechos. Yo no pacto con mis asesinos, ni acepto normas que pretendan sacrificarme para el disfrute de otros.
Particularmente, con una tasa impositiva como la del 30% yo me mantendría en el país siempre y cuando existan otras medidas que compensen mi pérdida de libertad, como por ejemplo en los países escandinavos. Pero si a como están las cosas en CR se decidiera aumentar al 30% no dude que me autoexiliaría. Además, una tasa tan alta probablemente incrementaría la evasión pues para la gente sería más barato pagar contadores que maquillen sus libros que pagar un porcentaje tan alto.
Existe lo que se llama la Curva de Laffer, que establece que a mayor tasa impositiva, menor recaudación. Ese es un sostén científico a mi afirmación
Alejandro
ASOJOD
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